ISSN 2314-257X

Revista científica en línea, semestral,  sobre Historia política, social y económica argentina y latinoamericana. Publica artículos y documentos de trabajo originales e inéditos, comunicaciones, reseñas y críticas bibliográficas.

Vol. 26 Núm. 1 (2026)

Coordinadores Diego Ceruso y Carlos Álvarez

Presentación del dosier Cartografías regionales del 1º de mayo. Rituales, disputas y sentidos en la construcción de identidad del movimiento obrero y las izquierdas

Hace 140 años, un 1° de mayo de 1886 tuvo lugar una huelga que terminó en una brutal represión y posterior condena de trabajadores en Estados Unidos que pasaron a la historia como los Mártires de Chicago. Sobre aquel evento no es necesario detenerse en mayores detalles, dado que constituye uno de los eventos de alcance internacional más importantes y conocidos de la historia de los dos últimos siglos. Tres años después de aquellos sucesos, la fecha fue entronizada como día de memoria y protesta por la Segunda Internacional en París en reclamo de derechos elementales para los trabajadores, entre los cuales el fundamental giraba en torno a la jornada de ocho horas de trabajo. En 1890 el 1° de mayo fue conmemorado por primera vez, día que fue pensado como un evento único, pero que de inmediato comenzó a celebrarse año tras año de forma ininterrumpida hasta al presente y con un alcance planetario. El 1° de mayo constituye la única fecha laica de alcance mundial que es conmemorada en la mayoría de los países del mundo, hecho que superó los objetivos originales postulados para 1890.

La importancia que esta efeméride ha tenido desde su origen queda de manifiesto en que sus sentidos y representaciones siempre fueron disputados por diversos sectores, no solo entre los trabajadores y las izquierdas. Día luctuoso y conmemorativo para algunos, de celebración para otros, la fecha recorre toda la historia de los últimos 140 años a nivel internacional, pero sobre todo en Argentina. Desde la primera conmemoración de 1890, esta fecha ha formado parte del calendario nacional de diversos sectores que han entrado en disputa por sus significados. De esta forma, el presente dosier se inscribe en el marco de esta nueva conmemoración para analizar su derrotero en Argentina en diferentes geografías y temporalidades en la búsqueda de reponer las complejas tramas que caracterizaron a la construcción de esta tradición obrera permanentemente en disputa.

Conocido es que en Buenos Aires se realizó por primera vez en 1890 en el Prado Español situado en el barrio porteño de Recoleta y al año siguiente la manifestación se produjo por primera vez en la Plaza de Mayo. Las investigaciones que han tomado esta efeméride como objeto de estudio han sido pocas y las que trascendieron a Buenos Aires aún menos, constatación que nos llevó a considerar necesario un abordaje que amplíe el conocimiento sobre una fecha de singular peso histórico en una extensión temporo-espacial que abarca desde la Patagonia hasta el Norte durante el primer medio siglo de conmemoraciones en el país. Aquella masacre de obreros en Chicago abrió paso a sostenidas luchas por la jornada de ocho horas de trabajo que con el correr de las décadas fue obtenida en muchos países del mundo.

Hoy, 140 años después de aquellos eventos, resurge la discusión por la extensión de la jornada laboral en Argentina, aspecto que pone de manifiesto que sigue tratándose de una lucha en curso. Este dosier se propone, en el marco de un nuevo aniversario, aportar conocimiento sobre la disputa de sentidos en torno al 1° de mayo a partir de cinco estudios articulados. Con ello, además, buscamos una mirada integral que permita analizar las tensiones étnicas presentes en los enclaves productivos regionales, la conquista de la agencia femenina en las tribunas y organizaciones obreras y las profundas disputas ideológicas entre las diversas corrientes políticas por el sentido de la efeméride, destacando además una perspectiva federal y transfronteriza que recupera la vitalidad de los trabajadores más allá del centralismo porteño.

El artículo “El primero de mayo en Rosario. Organización obrera y construcción de una tradición proletaria (1890-1901)”, de Carlos Álvarez, reconstruye los primeros años de la efeméride en Rosario, una de las pocas ciudades del mundo que respondió al llamado internacional en 1890. El texto analiza el modo en el que el primero de mayo funcionó como un catalizador para la clase trabajadora, pasando de una convocatoria inicialmente socialista a una hegemonía anarquista que redefinió, también, el espacio público. El autor describe con detalle la disputa de sentidos: la tensión entre la “celebración encuadrada” que pretendían las autoridades y el “acto luctuoso y combativo” de los libertarios. Su valor reside en su capacidad para demostrar que esta tradición no fue una imposición vertical, sino una identidad construida desde las bases a partir de la cual Rosario forjó una tradición propia que desafió a la burguesía local y sentó los pilares de la organización federativa nacional.

Jessica Blanco nos presenta el artículo “Los partidos de izquierda y los 1° de mayo como campo de batalla (ciudad de Córdoba, 1935-1951)”. Allí disecciona con precisión cómo el 1° de mayo en Córdoba fue un termómetro para medir las fuerzas y tensiones entre socialistas y comunistas. El texto analiza la evolución de los discursos, desde la unidad antifascista de los años 30 hasta la resistencia frente al avance del peronismo, que intentaba transformar el día de lucha en uno de “armonía social”. La autora explora la conquista del espacio público —como el caso de la emblemática "calle ancha"— y destaca un hito fundamental: la irrupción de la oratoria femenina en la década del 40. Al cuestionar la creencia de un movimiento obrero monolítico, Blanco revela las fricciones internas y las disputas por el sentido de la fecha —incluso observando a los católicos—, ofreciendo un análisis detallado de cómo las izquierdas cordobesas defendieron su identidad clasista y su autonomía sindical, hasta su prohibición definitiva

Por su parte, el artículo de Ayelén Burgstaller, “”Entonces ¡QUE VIVA el 1° de Mayo!'. Las conmemoraciones anarquistas en Salta y Tucumán en la década de 1920”, se adentra en el Norte argentino para examinar cómo el anarquismo utilizó el 1° de mayo como una plataforma de agitación y denuncia. Analiza con agudeza la prensa ácrata de la época para mostrar un movimiento que, lejos de ser marginal, estaba profundamente conectado con las realidades de la industria azucarera. La autora describe las veladas, las giras de propaganda y los conflictos en los ingenios, donde el reclamo por las ocho horas seguía vigente cuarenta años después de Chicago. Su principal aporte consiste en descentrar la historia obrera al tiempo que rescata la dimensión regional y étnica, analizando la explotación de las comunidades indígenas en Orán y la capacidad de la militancia para amalgamar la lucha urbana con la de los trabajadores rurales. El texto ofrece una lectura esencial para entender la vitalidad y las fracturas internas del anarquismo en un contexto de represión y cambios sociales profundos.

Mariana Pereyra, con su artículo “El avance de la presencia femenina en los Primeros de Mayo de la década del 30: una mirada desde la provincia de Mendoza”, presenta un estudio sobre la metamorfosis de los rituales obreros mendocinos. El texto analiza cómo las mujeres pasaron de ser figuras con escasa visibilidad que solo organizaban festivales anexos, a convertirse en oradoras y líderes de las marchas a partir de 1936. La autora vincula este avance con hitos concretos: las huelgas en las fábricas conserveras y la solidaridad con la Guerra Civil Española, que permitieron a las mujeres ocupar un espacio público históricamente masculinizado. Su perspectiva de género permite resquebrajar el mito del “trabajador varón” e iluminar la agencia femenina en la que participaron renombradas figuras como Florencia Fossatti e Isabel Otero. Su indagación, que reconstruye las prácticas rituales y simbólicas, permite comprender cómo las relaciones de género dentro de la clase trabajadora se transformaron al calor de la lucha social y política de los años 30.

Por último, Gonzalo Pérez Álvarez y Nicolás Gómez Baeza, en “Las conmemoraciones del 1° de mayo en la Patagonia global de inicios del siglo XX. Luchas, organizaciones y representaciones del internacionalismo en un territorio sin fronteras”, nos trasladan a una Patagonia donde la frontera entre Argentina y Chile era, para los trabajadores, una línea invisible en el marco de un territorio poroso. El artículo analiza cómo el 1° de mayo funcionó como un símbolo de unidad en un territorio dominado por el capital privado y el aislamiento. Los autores recorren tres períodos clave que enriquecen la investigación habilitando, además, un registro comparativo a partir de diversas cronologías y en consonancia con una perspectiva transfronteriza y global. El texto examina con detalle las pertenencias étnicas, las tensiones de género y ofrece una mirada de la Patagonia como un nodo vibrante del internacionalismo proletario que desafió las narrativas nacionales.

En definitiva, este recorrido federal demuestra que el 1° de mayo no fue un ritual estático, sino un catalizador de identidades locales profundamente conectadas con sus realidades regionales. Al rescatar estas experiencias, el dosier busca reconstruir una historia obrera y de las izquierdas más plural y compleja, donde el género, la etnia y la política se entrelazan para cuestionar el centralismo de las narrativas tradicionales. Por último, en un aspecto no menor, este conjunto de trabajos logra poner en valor el uso de la prensa obrera y de las izquierdas y los archivos regionales como fuentes vivas, permitiendo que la voz de los trabajadores y trabajadoras y sus organizaciones recupere su lugar en una narrativa histórica que, en ocasiones, les fue negada o simplificada.

Publicado: 2026-06-02

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