Anuario del Instituto de Historia Argentina, vol. 26, nº 1, e252, junio - noviembre 2026. ISSN 2314-257XReseñas
Guiamet, J. (2023). El socialismo argentino y la cultura de masas. Dilemas y estrategias del PS en los años de entreguerras. Sáenz Peña: EDUNTREF
El socialismo argentino y la cultura de masas es el resultado de la tesis doctoral de Javier Guiamet, en la que reconstruyó el rol del Partido Socialista (PS) como un actor político, social y cultural clave en la Argentina de las décadas de 1920 y 1930. El interés del autor radica en observar de qué manera este partido se inmiscuyó en los asuntos relacionados con la cultura de masas de la época. Para llevar a cabo esta contribución, Guiamet se sirve de un amplio corpus documental, conformado por una diversidad de periódicos —entre ellos, el órgano del PS, La Vanguardia, así como Crítica, La Nación—; revistas como Caras y Caretas y Vida Femenina; libros y manuscritos de dirigentes socialistas; y versiones taquigráficas de las sesiones del Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires y de Junín. Su extensa labor documental y archivística se refleja en la densidad y complejidad del análisis que realiza a lo largo del libro. Con ello, logra vincular la palabra socialista con las discusiones públicas de la sociedad en torno a la cultura de masas en su momento de auge y expansión. Dicho de otro modo, al considerar central la cultura como potencial herramienta para ganar adeptos, y al insertarse los socialistas en el debate público sobre las formas en que se desenvolvía la cultura local, Guiamet da cuenta de las discusiones y posicionamientos del partido, expresadas a través de su órgano periodístico y en las intervenciones de sus representantes en los Concejos Deliberantes.
Este libro se inserta en el campo de la historia social y cultural, sumergiéndose en las discusiones historiográficas sobre los usos políticos de la cultura de masas y, sobre todo, por el papel que jugó el PS en torno a ello en una época plena de transformaciones sociales, políticas y culturales (Barrancos, 1991; Buonuome, 2016). En este sentido, dialoga con los trabajos que colocan el foco en las nuevas formas de producción y circulación de la cultura de masas durante las primeras décadas del siglo pasado (Karush, 2013; Gil Mariño, 2015), así como con las reflexiones más clásicas sobre la relación entre la modernidad occidental y la cultura local (Sarlo, 1998). Asimismo, su investigación contribuye a la historiografía que coloca el foco en las izquierdas y su vínculo con la cultura, a saber, Juan Suriano (2000) y Luciana Anapios (2016) al estudiar a los anarquistas, y Hernán Camarero (2007) sobre los comunistas.
Por otro lado, retoma los aportes de Leandro Gutiérrez y Luis Alberto Romero (2007) y Osvaldo Graciano (2008), quienes abordan la injerencia de los militantes y dirigentes socialistas en el acceso a la cultura letrada de los trabajadores, así como la agencia de los intelectuales de izquierda durante la Reforma Universitaria de 1918. Sin embargo, Guiamet se distancia de estos trabajos al señalar que pierden de vista el contexto de las transformaciones culturales que atravesaban a la Argentina en aquella época. Esa mirada invisibilizó, según el autor, las concesiones políticas que los socialistas debieron realizar para adaptar su proyecto social y cultural al público al que querían llegar. Así, su argumento central es que el PS convivió en una tensión por pretender insertarse en la difusión política y el proselitismo que podían ofrecer los nuevos medios de comunicación —como el periódico, el cine, la radio—, pero, a su vez, criticaban la influencia de los demás partidos burgueses sobre estos medios, así como en los entretenimientos deportivos que emergían con gran fuerza. Es decir, dentro del PS coexistieron dos afirmaciones que parecían contradecirse entre sí. Por un lado, buscaban hacer uso de los medios culturales para extender su ideología política a las masas, pero por otro, reprochaban a los demás sectores de la sociedad hacer justamente lo mismo que ellos. Esta tensión, a su vez, se vio reflejada en otros ámbitos de la cultura de masas, como los espectáculos teatrales y los deportes que convocaban a un público cada vez más amplio.
El libro se divide en seis capítulos, y en cada uno de ellos Guiamet se propone examinar las distintas expresiones culturales que surgieron durante aquella época y dar cuenta de la intervención del PS en cada una de esas áreas. En el primer capítulo aborda las concepciones propias del PS en torno a la cultura, por un lado, y la cultura de masas, por otro. Bajo una lógica sarmientina y de la Segunda Internacional, el partido se autoconcebía como el medio necesario por el cual las masas debían instruirse. Esto es un punto central puesto que el libro en su totalidad está vinculado a las formas en que entendían las transformaciones de la sociedad, el rol del partido y la capacidad de agencia que podía alcanzar la clase trabajadora. El objetivo de este primer capítulo radica en comprender la relevancia del escenario cultural para los socialistas ya que concebían a la cultura como la herramienta primordial para extender su ideología y alcanzar un público más amplio, pero también para instruir a las masas en torno a la política, la moral y el tiempo libre. Un ejemplo claro de ello es el valor que le otorgaban a la fundación de bibliotecas con el propósito de que los obreros pudieran zambullirse en la cultura letrada. Según la mirada socialista, ello produciría una transformación gradual y completa de la sociedad que redundaría en una masa de trabajadores educados y elevados culturalmente. En este sentido, Guiamet contextualiza la injerencia partidaria en torno a la apertura democrática producto de la Ley Sáenz Peña de 1912, así como la proliferación de espectáculos, los cuales dieron el pie para que los socialistas se sumerjan en la cultura como un punto fundamental de su programa político.
Esa multiplicidad de entretenimientos de los años 20 y 30 significaba una difícil adaptación para los socialistas al tener que conciliar su política con los espectáculos masivos. Al respecto, en el segundo capítulo el autor analiza los shows teatrales, los cuales tuvieron un auge sobre todo con el género chico. Estas, al ser obras de una duración menor, permitían una mayor circulación de personas que consumían dicho esparcimiento. Aunque con prevenciones, el PS se mostró más permeable respecto a este tipo de consumo popular. Es por ello que, en vez de volcar toda su crítica, los socialistas incorporaron paulatinamente en sus páginas de La Vanguardia las novedades del género chico, sainetes y comedias, reconociendo así su convocatoria masiva, y buscando aprovechar su integración a fin de atraer nuevos votantes y militantes. Respecto a esto último, Guiamet señala la importancia que le otorgó el partido a estos repertorios, pues hacia la segunda mitad de la década de 1920, en el momento de auge del género chico, el PS comenzó a hacerlos parte en sus actos partidarios. A su vez, estos se vieron favorecidos por la creación en 1933 del «Teatro del Pueblo, La Plata», dirigido por Guillermo Korn, en el que se presentaron obras propias y de carácter pedagógico para con las masas trabajadoras. De esta manera, este capítulo busca dar cuenta de las formas que tomaron los socialistas para disputar la centralidad y la atención de la población consumidora de teatros, tanto a través de funciones propias, reseñas y apertura de nuevos espacios.
El tercer capítulo gravita en torno al cine, los usos y las concepciones de los socialistas. Si bien luego de la Primera Guerra Mundial creció el cine político en general, Guiamet señala que esta tradición no estaba arraigada en la cultura argentina, por lo que el PS se convirtió en una especie de pionero al emplear la pantalla para fines educativos y proselitistas. Hacia mediados de la década de los 20, la proyección de propaganda política en estos ámbitos ya no resultaba una novedad para el PS, y dichas campañas continuaron en los años siguientes. Así, la idea principal de este capítulo es demostrar cómo el cine, al igual que las otras experiencias culturales, se convirtió en un medio para transmitir sus ideas y alcanzar un mayor número de trabajadores. Al poseer un lenguaje más accesible que el teatro y la radio, el cine funcionó como una herramienta de educación y difusión para alcanzar un público más amplio. Ya sea con producciones propias o incorporando filmes extranjeros que consideraban apropiados para un público de masas, su propuesta apuntaba a engrandecer la moral trabajadora; y en esa apuesta criticaban las obras cinematográficas que únicamente tenían como fin entretener, señalando, especialmente, a las producciones de Hollywood.
El cuarto capítulo examina las implicancias de la radio en la sociedad, sobre todo a cuentas de su rápido crecimiento. Este se debió, en primer lugar, a que el empresariado inmigrante —principalmente— invirtió su capital donde percibió que se podía desenvolver un negocio favorable; y, en segundo lugar, al público consumidor que adquiría los aparatos receptores en función de la categoría de «oyente», gracias a la cual se construyó una intimidad imaginaria entre el locutor y el espectador. Naturalmente, al ser un espacio que llegaba a cientos de personas, el PS pretendía encontrar un lugar en la radio para difundir sus ideas, aunque como advierte Guiamet, el lenguaje radiofónico no les permitió innovar del todo como sí ocurrió con el cine. En cualquier caso, este capítulo recorre las intervenciones y reformulaciones de un nuevo lenguaje al que debían adaptar sus discursos, como lo hicieron al transmitir sus conferencias, acortando su duración, o buscando apelar a las amas de casas y sus usos del tiempo libre.
Ahora bien, si el cine y la radio habían logrado captar la atención y el tiempo libre de las masas rápidamente, los deportes también ganaban terreno al respecto. Esta cuestión aparece examinada en el quinto capítulo, en el cual Guiamet explora los mundos del fútbol y el boxeo principalmente. Si bien hasta 1930 el turf había dominado el escenario de los espectáculos deportivos, los socialistas se pronunciaron en contra desde sus inicios debido a su asociación a las élites. Por su parte, el pugilismo también fue denostado debido a su carácter «bárbaro» y, a la par, por el negocio capitalista que identificaban detrás de la «espectacularización de las trompadas». Ahora bien, en torno al fútbol, las críticas fueron, al menos, más apacibles que las efectuadas frente a otros deportes. Este era comparado por los socialistas con el espectáculo de las manos ya que, sostenían, que a pesar de ser un deporte de contacto, era menos violento. Por ello, el PS destacaba a aquellos equipos que mostraban un buen comportamiento en el campo de juego. Con todo, la idea central del capítulo está puesta en apreciar de qué manera el deporte era considerado por los socialistas como un elemento fundamental en la elevación moral del pueblo, aunque esto se veía opacado por la intervención de lógicas del capitalismo y por los sentimientos nacionalistas que suscitaban los deportes cuando las competiciones incluían extranjeros.
Por el contrario, en el último capítulo Guiamet analiza las grandes hazañas reivindicadas por los socialistas, que daban cuenta, según su visión, de los héroes y el progreso moderno. Destacaban en las páginas de La Vanguardia proezas como el cruce a nado del Río de la Plata de Lilian Harrison, la navegación aeronáutica al cruzar el Atlántico, los récords de los motociclistas, la unión de los puertos de Arcachon (Francia) con el de Buenos Aires de Vito Dumas, entre otras empresas épicas. El autor apunta que, si en los deportes mencionados en el capítulo anterior el PS colocaba bajo su crítica al nacionalismo que suscitaban las competiciones deportivas, ello no sucedía en el caso de las hazañas y demostraciones atléticas. Estas reivindicaciones socialistas estaban ligadas a su arraigo científico y la idea de una necesidad de modernización de la Argentina. Al respecto, ellos se presentaban como un partido moderno, que no seguía un caudillo, sino un programa desarrollado sesudamente, con lo que pretendían extender esta idiosincrasia a todos sus ámbitos de intervención. De esta manera, Guiamet pretende dar carnadura a las concepciones socialistas de lo moderno, el progreso y, sobre todo, los personajes que se adecuaban a estas lógicas: aquellos que traían consigo las innovaciones técnicas y científicas en sus respectivas áreas.
Para finalizar, es necesario destacar la forma en que los capítulos están enlazados. Su escritura y desarrollo permiten acompañar la idea general del libro en torno a cómo los socialistas concibieron la cultura como un medio de disputa frente a las élites y la burguesía con sus consumos de clase. A lo largo de la obra, Guiamet logra exponer con claridad la noción pedagógica que los socialistas pretendían otorgarle a la cultura y al tiempo de ocio para formar una clase trabajadora con conciencia de clase, pero también instruida técnica y científicamente. Por último, el autor explicita la relevancia de vincular estas temáticas en torno a una perspectiva de género para abordarlas con mayor profundidad, futuramente, en trabajos que coloquen el foco en las experiencias de las mujeres y el consumo cultural, así como la noción de masculinidades que gravitaron alrededor de la carga viril que poseían las hazañas épicas del último capítulo. En suma, El socialismo argentino y la cultura de masas es un libro clave cuyos aportes resultan sustantivos para comprender el desarrollo de la cultura de masas y las estrategias de las izquierdas frente a esos desarrollos. Las cavilaciones del Partido Socialista como actor político atento al devenir de los procesos culturales en la Argentina de principios del siglo pasado, develan las concesiones ideológicas que realizó con el fin último de ganar adhesión e instruir a las masas obreras.
Referencias bibliográficas
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Recepción: 02 diciembre 2025
Aprobación: 02 febrero 2026
Publicación: 01 junio 2026