AIHA Anuario del Instituto de Historia Argentina, vol. 26, nº 1, e249, junio - noviembre 2026. ISSN 2314-257X
Universidad Nacional de La Plata
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
Centro de Historia Argentina y Americana

Artículos

La Fundación Rockefeller y la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial. La relación con la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias

Miranda Lida

Universidad de San Andrés / CONICET, Argentina
Cita recomendada: Lida, M. (2026). La Fundación Rockefeller y la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial. La relación con la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias. Anuario del Instituto de Historia Argentina, 26(1), e249. https://doi.org/10.24215/2314257Xe249

Resumen: En este trabajo nos concentraremos en la relación de la Fundación Rockefeller, entre otras instituciones científicas norteamericanas, con una de las instituciones argentinas de mayor relevancia durante la Segunda Guerra Mundial en el terreno científico: la Asociación Argentina para el progreso de las Ciencias (AAPC), fundada en 1933. Se trata de una institución clave para entender el apoyo de la FR a la promoción de la investigación científica en la Argentina, dado que fue la primera institución abocada a fomentar la especialización en investigación científica. La construcción de ese vínculo no fue automática, sino que se dio de manera progresiva para fortalecerse durante la Segunda Guerra Mundial, en diferentes etapas. La FR llegó a tejer una relación estrecha con AAPC entre los años 1940-1943. Se trabaja con los archivos originales de ambas instituciones.

Palabras clave: Fundación Rockefeller, Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias, Segunda Guerra Mundial, Historia de la Ciencia, Historia Argentina.

The Rockefeller Foundation and Argentina during the Second World War. The relation with the Argentine Association for the Progress of Sciences

Abstract: This article examines the relationship between the Rockefeller Foundation (RF) and other American scientific institutions and the Argentine Association for the Advancement of Science (AAPC), one of the most prominent scientific organizations in Argentina during the Second World War. Founded in 1933, the AAPC was the first institution in the country to promote specialization in scientific research, making it a central node in the RF's broader strategy of supporting scientific development in Latin America. Rather than emerging spontaneously, this relationship developed gradually and intensified through distinct phases over the course of the war, reaching its closest expression between 1940 and 1943. The article draws on the original archives of both institutions.

Keywords: Rockefeller Foundation, Argentine Association for the Progress of Science, Second World War, Science History, Argentine History.

Introducción

Desde hace varios años, se han multiplicado los estudios en torno de las redes transnacionales construidas por instituciones filantrópicas y científicas de los Estados Unidos en diferentes países de América Latina. En principio, los estudios se enfocaron sobre todo en el período de la guerra fría cultural (Petra, 2008-2009; Plotkin, 2014; Miceli, 1993; Quesada, 2015; Navarro, 2011), pero también ha comenzado a prestársele atención a los años previos (Cueto, 1994; Rayez y Ramacciotti, 2021; Korndörfer y Ramacciotti, 2021; Lida, 2020), desde antes de la Segunda Guerra Mundial. Sobre todo, a través de diversos trabajos que iluminan la actividad de la International Health Division de la Fundación Rockefeller (FR), cuya actividad se extendió por diversos países latinoamericanos, en general con apoyos locales, tanto políticos como científicos, con una fuerte preocupación por avanzar en investigaciones y políticas sanitarias en torno de las enfermedades endémicas y otros problemas de salud pública (Ramacciotti, 2017, 2019).

Se sabe, en efecto, que esta presencia no era menor incluso desde la década de 1920. En lo que respecta a la Argentina, su actividad se intensificó en los años que coincidieron con la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que la coyuntura bélica introdujo muchas dificultades en el orden internacional. Además, este período estuvo jalonado por el golpe de Estado de 1943 en la Argentina, impulsado por militares que mostrarían un creciente compromiso con el nacionalismo católico (Lida y López, 2023). Este golpe tuvo fuerte impacto en el campo científico y universitario, dado que dejó cesante a un importante número de profesores e investigadores; en este contexto, la FR debió afrontar un cambio institucional que le dejaría escaso margen de acción en la Argentina de los años venideros.

El trabajo que presentamos procura pensar algunos aspectos de la especificidad de estos años que coincidieron con la Segunda Guerra Mundial. Por un lado, el hecho de que los Estados Unidos, beligerantes a partir de 1941, no sufrieran las hostilidades en su propio territorio, en comparación con una Europa sometida a creciente devastación, en gran medida ocupada por regímenes fascistas, hizo posible que las universidades norteamericanas se mantuvieran en actividad. Se mostraron así capaces de implementar políticas específicas para acoger académicos exiliados provenientes de los países ocupados por el Eje, en gran medida judíos, cuya recepción y establecimiento se dio a través de programas facilitados tanto por el gobierno como por la Fundación Rockefeller y otras instituciones (se habían implementado políticas similares con los exiliados del franquismo luego de la guerra civil española) (Gemelli, 2000; Krohn, 1993; Lamberti, 2006). Los recursos humanos que incorporó les proporcionaron a las universidades norteamericanas una fuente de creciente prestigio y les darían capacidad de atracción a nivel global.

El éxodo masivo de científicos hacia EE.UU., entre otros países del Nuevo Mundo, coincidió durante el nazismo y la guerra con una fuerte parálisis de las instituciones científicas europeas, en especial en los países ocupados por el Eje, mientras que las universidades norteamericanas no solo salieron renovadas gracias a la savia proporcionada por los exiliados, sino que pudieron mantenerse en actividad y comenzaron a volverse una opción atractiva para investigadores de América Latina. Mientras tanto, el gobierno norteamericano, en manos de Franklin D. Roosevelt, enarbolaba la política de la “buena vecindad”, en nombre del panamericanismo, lo cual implicaba un creciente interés de la política exterior norteamericana hacia América Latina, de ahí la creación de una agencia específica para fortalecer los vínculos como fue la Oficina de Asuntos Interamericanos (Cramer y Prutsch, 2012, Sadlier, 2012).

En este trabajo, nos concentraremos en la relación de la FR, y otras instituciones científicas norteamericanas, con una de las instituciones argentinas de mayor relevancia en esta coyuntura en el terreno científico: la Asociación Argentina para el progreso de las Ciencias (AAPC), fundada en 1933. Se trata de un actor clave para entender el apoyo de la FR a la promoción de la actividad científica, dado que la AAPC fue la primera organización abocada plenamente a fomentar la especialización en investigación científica a través de becas nacionales e internacionales en todas las disciplinas, a la par que desarrolló desde los años treinta un programa de subsidios (Lida, 2022). Contó con financiamiento tanto público como privado para sostener este incipiente sistema científico mientras que el Estado nacional dictaría una ley para garantizarle su financiamiento regular.

A pesar de tratarse de una asociación civil surgida al margen del Estado, para mediados de la década de 1940 el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública la presentaba en su boletín como una agencia bajo su órbita, como si se tratara de una dependencia estatal (Boletín del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública de la Nación Argentina (1942). V (33), 1066). AAPC se convirtió en una institución abocada a alentar el desarrollo de políticas científicas: presentó proyectos de ley en el parlamento para darle a la ciencia un fuerte respaldo a través del financiamiento de institutos de investigación, dedicaciones exclusivas en cátedras universitarias, formación de recursos humanos a través de concursos para becas nacionales e internacionales en instituciones de primer nivel. AAPC puede ser considerada en este sentido como un neto antecedente de la creación del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas) que tendría lugar en 1958, bajo el influjo del desarrollismo (De Asúa, 2010; Hurtado, 2010; Feld, 2015). De hecho, en 1933 cuando se fundó AAPC se discutió la idea de fundar un Consejo nacional de investigación como el que se establecería años después.

Además, la AAPC se vinculó internacionalmente con instituciones de distintos países. Con la FR tejió un temprano vínculo, facilitado por el hecho de que AAPC fue impulsada y dirigida por Bernardo Houssay, quien se convertiría años después en el primer científico laureado en América Latina con el Premio Nobel de Medicina y tuviera una trayectoria destacada como titular del prestigioso Instituto de Fisiología de la Universidad de Buenos Aires, al que acudían médicos de diferentes países del cono sur a especializarse. Su labor tuvo el reconocimiento de diversas instituciones científicas de los Estados Unidos y recibió apoyo financiero directo de la Fundación Rockefeller. De hecho, para 1943 Houssay se convertiría, según se consigna en los archivos de la FR, en “el científico vivo más destacado de América Latina, un hombre en el que los agentes de la FR tienen completa confianza” Informe de Frank Hanson, 5 de enero de 1943).

Sin embargo, la construcción de ese vínculo no fue automática, sino que se dio de manera progresiva para terminar por fortalecerse durante la Segunda Guerra Mundial. En principio, AAPC se relacionó con la ciencia francesa, sin embargo, con el correr del tiempo se orientaría decididamente a los Estados Unidos y, en especial, se vincularía con la FR (Lida, 2024). De hecho, de los 14 becarios argentinos que hacían estudios en Estados Unidos en 1940, tan solo la mitad estaba financiada por fundaciones norteamericanas como la Guggenheim o la Rockefeller; la otra estaba costeada por instituciones argentinas, en especial, la AAPC Carta de Houssay a Lambert, Buenos Aires, 26 de enero de 1940).

Este artículo se centra en mostrar que la construcción de esta relación, que se consolidó luego de 1939, tuvo diferentes etapas. En efecto, la FR llegó a tejer una relación estrecha con AAPC entre los años 1940 y 1943, brindándole facilidades para acompañar sus actividades. Sin embargo, por razones políticas, y debido a la irrupción del golpe militar que tuvo lugar el 4 de junio de 1943, AAPC perdió el apoyo del gobierno, lo cual la dejó en una posición endeble. Mientras el gobierno argentino mantenía una posición neutral ante la Segunda Guerra Mundial, Bernardo Houssay se pronunciaba abiertamente a favor de los aliados, lo cual le valió su expulsión, y de muchos de sus colegas, de la Universidad de Buenos Aires. Pese a la delicada coyuntura, fue precisamente en 1943 cuando se verificó el pico más alto de colaboración entre ambas instituciones.

El artículo se organiza en dos secciones. En una primera, presentamos las características de AAPC, los mecanismos con los que contaba para alentar y sostener la investigación científica y sus estrategias para posicionarse internacionalmente; en segundo lugar, veremos cómo se construyó el vínculo con la FR, cómo se consolidó y llegó a alcanzar una centralidad tal que hizo posible que la FR le confiara a AAPC montos crecientes que le permitieron multiplicar su oferta de becas. Por fin, en las conclusiones reflexionaremos acerca del modo que se interrumpió esta relación a raíz del golpe militar de 1943. Para el abordaje de este tema, contamos con las fuentes oficiales de la AAPC, el epistolario de Bernardo Houssay y, además, trabajamos con fuentes provenientes de los archivos de la FR. El cotejo simultáneo de las fuentes tanto de la institución argentina como de la norteamericana permite iluminar las estrategias de ambos actores a la vez, así como dar cuenta de su imbricación con la escena política, tanto nacional como internacional.

Fundación, propósitos y funcionamiento de AAPC

A fines de 1933, en una reunión a la que asistieron Houssay junto con los científicos Enrique Butty (ingeniería), Horacio Damianovich (química), Juan Bacigalupo (agronomía), Venancio Deulofeu (química), Pedro J. Elizalde (medicina), Lorenzo Parodi (botánica), Alfredo Sordelli (microbiología), Juan C. Vignaux (matemáticas), Adolfo T. Williams (física), muchos de ellos profesores en la Universidad de Buenos Aires, tuvo lugar la sesión constitutiva de AAPC. Fundada con el propósito de promover el “mejoramiento de la investigación científica en la república, acrecentamiento y expansión de los centros existentes y la creación de ambiente propicio” (Archivo de AAPC, 1933) para su desempeño, con una preocupación por darle prioridad a la formación de los jóvenes, promoviendo que viajaran al exterior para su formación y, en general, la internacionalización de la ciencia en Argentina (AAAPC, Libro de Actas 1, 6 de diciembre de 1933, foja 1). Desde el primer día se discutió la naturaleza de la asociación por crear y, en especial, su relación con el Estado, pero en principio se la declaró “ajena a toda oficialización” Libro de Actas 1, foja 2, 6 de diciembre de 1933, AAAPC). Por tratarse de una asociación de científicos que aportarían una cuota mensual, puede decirse que AAPC en principio pertenecía a la órbita de la sociedad civil y de hecho se preveía que con el importe de las cuotas de los asociados se costearían becas y subsidios.

Sin embargo, pronto comenzaría a tejer una estrecha relación con el Estado, cuyo apoyo económico solicitó desde un primer momento. Ahora bien, AAPC no solamente apelaría al auxilio del Estado bajo la forma de una subvención ocasional, sino que se propuso reclamar el dictado de una ley que le diera financiación estable, de modo que pudiera tener estabilidad en la oferta de becas, tal como se expresa en un documento elevado a la Cámara de Diputados

Hemos creído que en nuestro país era preferible fundar una institución no oficial, aunque sus miembros pertenecen a las universidades nacionales, pues debe organizarse la ayuda privada y no depender solamente del auxilio oficial. (…) La Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias (…) merece recibir una ayuda del gobierno para sus fines, que son de adelanto del país. En ese sentido se dirige a la Honorable Cámara de Diputados solicitando un subsidio que le permita iniciar inmediatamente sus tareas. A tal fin, nos permitimos proponer el siguiente anteproyecto de ley: Artículo 1. Destínase la cantidad de 200000 pesos con el fin de impulsar las investigaciones científicas (…) Anualmente se incluirá en la ley general de presupuesto nacional (AAPC, Subsidio, 2 de agosto 1934).

El recurso al Estado es considerado decisivo para poner en marcha una asociación que, sin embargo, conservaría su carácter no oficial, de modo de preservar su autonomía. La apelación a los poderes públicos para la obtención de recursos y para alcanzar la sanción de una ley, ocupó un renglón de importancia en su agenda y, a su vez, le demandó gestiones reiteradas, desde un primer proyecto elevado al Congreso en 1934, hasta su sanción y reglamentación en 1937. Mientras tanto, AAPC construyó un discurso público en el que puso en juego la necesidad de que la Argentina contara con instituciones científicas financiadas por el Estado, algo que creía urgente a la luz del proceso de consolidación de las universidades argentinas y el incremento de sus matrículas que siguió a la reforma universitaria.

La ausencia de instituciones específicas para la promoción del desarrollo científico era vista como un síntoma de “atraso” estructural para el país, un discurso que está presente desde los años treinta. Nos apartamos en este sentido de Hurtado y Busala, quienes sitúan la aparición de este discurso en una coyuntura posterior, desde el primer peronismo al desarrollismo (Hurtado y Busala, 2002). Además, es necesario tener en cuenta que el impacto de la crisis económica de 1929 y el aliento que brindó al proceso de sustitución de importaciones por la vía de la industrialización fue también aliciente para impulsar la ciencia. En efecto, la articulación entre ciencia, técnica, industria e incluso la formación de expertos al servicio del crecimiento económico vertebró desde un comienzo la agenda de AAPC. Ambos argumentos aparecen enlazados en el texto fundante, claro y enfático de Houssay “Debe ayudarse a la ciencia argentina” de 1934, texto al que se le dio amplia difusión pública:

En la realidad actual, el adelanto de las ciencias en un país es el índice más seguro para conocer su verdadera situación en el mundo civilizado. (…) Los países latinoamericanos son aún atrasados en este terreno (…) Nuestro país debe optar entre querer ser o no querer ser una gran potencia en la obra de la civilización humana. (…) También es la ciencia la base de la industria moderna; se habla de crear industrias argentinas, pero ellas sólo serán fuertes y prósperas si se apoyan en una base científica. La investigación es hoy una necesidad para un país cuyas industrias quieran sobrevivir en el mercado mundial” (Barrios Medina y Paladini, 1989, pp. 271-272).

Más todavía, los fundamentos de la ley 12.338 que el presidente Agustín P. Justo presentó a la consideración del Congreso Nacional a fines de 1934 siguen esta misma argumentación:

La ciencia es la primera fuente de poder y de riqueza, pues a su trabajo incesante se debe el adelanto técnico e industrial de un país, que le permite mantener y mejorar su posición en la competencia mundial, asegurando su libertad económica y aun política (…) Todas las grandes naciones contribuyen al acervo de los conocimientos (…) No sólo las grandes potencias económicas (…) Puede afirmarse que un país que no cultiva la ciencia por cuenta propia va a la rastra del resto del mundo y no ha completado su ciclo de emancipación (AAPC, 1947, p. 7).

El proyecto de ley establecía que se le asignarían a AAPC títulos públicos por valor de un millón de pesos, cuya renta tendría a disposición para financiar becas internacionales; se dispuso también que los concursos y el proceso de selección de los becarios quedaría a cargo de la asociación, que debía presentar al gobierno las ternas de los candidatos, que serían refrendadas por el Poder Ejecutivo; finalmente, se establecía que AAPC debía rendir cuentas periódicamente de los fondos. En este contexto, AAPC sacó una declaración pública para visibilizar su labor, al modo de una declaración de principios en la que se articulaba el reclamo de la asociación:

Debe dotarse a las materias científicas universitarias de laboratorios dedicados a la investigación permanente, con personal consagrado exclusivamente a esas tareas y con fondos e instalaciones apropiadas. Esto es urgente e imprescindible para que nuestras universidades cumplan con su deber de contribuir a la cultura mundial, como centros de creación de conocimientos y para que puedan formar a los investigadores y técnicos capaces que el país necesita para su jerarquía, su independencia y su adelanto (AAAPC, Libro de Actas 1, 4 de agosto 1936, foja 125).

La obtención de apoyo del Estado fue el resultado de la capacidad de organizarse por parte de un colectivo de científicos que se conformó para peticionar frente a los poderes públicos, construyó un discurso acerca del papel de la ciencia, elaboró proyectos de ley y reclamó subsidios. Más todavía, las gestiones frente a las autoridades no se detuvieron una vez conseguida la sanción y reglamentación de la ley 12.338, dado que continuó haciendo nuevos trámites para mejorar las condiciones de las becas que ofrecía. Por ejemplo, logró que a los becarios que viajaban al exterior se les reconociera un tipo de cambio favorable (en la década de 1930, debido a la crisis internacional, se implementó la intervención desde el estado sobre el tipo de cambio y se fijó un desdoblamiento de sus valores) y también se reclamó que este beneficio se extendiera a las suscripciones a revistas especializadas y a la compra de libros e insumos importados destinados a la investigación, algo que a la larga terminaría siendo concedido. Es decir que se lograría que los principales gastos para sostener la actividad científica que requirieran divisas extranjeras pudieran realizarse con un tipo de cambio más favorable. De igual modo, AAPC logró exenciones impositivas en el impuesto a los réditos (impuesto que se estableció en la década de 1930 ante la crisis económica, equivalente al impuesto a las ganancias), tanto para sus becarios como para la propia asociación (AAAPC, Libro de Actas 1, 11 de diciembre 1935, foja 104; Libro de Actas 2, 1940-1941, foja 40-41). Por fin, hizo gestiones similares ante empresas de navegación tanto nacionales como extranjeras para obtener descuentos en los pasajes.

Lo más importante quedaría sin embargo en el tintero. AAPC diseñó un proyecto de ley integral para el desarrollo científico de la Argentina que comprendía no sólo mejorar significativamente el aporte del Estado a AAPC —el monto propuesto en este nuevo proyecto equivalía a seis veces lo que recibió por la ley 12.338—, sino a la vez, más importante, construir un sistema científico a nivel nacional basado en dedicaciones exclusivas para los científicos establecidos en sedes universitarias, de tal modo de alentar el fortalecimiento de los institutos de investigación (AAAPC, 6 de septiembre de 1940, Libro 1, fojas 274-276). A la par, propuso que las universidades establecieran sus propios sistemas de becas, de modo de no hacer recargar sobre AAPC y la Comisión Nacional de Cultura (creada en 1933 en el marco del estado nacional) el grueso de la oferta de becas disponibles en el país (Lacquaniti, 2022; Lida, 2022).1 Más todavía, contemplaba que se establecieran mecanismos que les garantizaran a los becarios internacionales sus puestos de trabajo a su regreso:

Art. 1°. Acuérdese a la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias la cantidad anual de 250 mil pesos moneda nacional.
Art. 2. La Asociación deberá destinar dichos fondos a los fines siguientes:
a) costear investigaciones metódicas en temas especiales (gastos y sueldos);
b) para asegurar la dedicación exclusiva a la investigación;
c) para sostener las investigaciones de personalidades que desarrollen una labor original, intensa e importante, con dedicación exclusiva;
d) enviar becados al extranjero;
e) ayudar a la adquisición de bibliografía necesaria para la realización de investigaciones originales, a la coordinación de la existente en el país y a subvencionar las publicaciones periódicas de instituciones estrictamente científicas (AAAPC, Libro 1, 17 de marzo de 1938, foja 189; 16 de marzo de 1939, y foja 221).

Otras propuestas incluyeron la necesidad de favorecer la creación de “cátedras de investigación”, con dedicaciones exclusivas; la creación de un sistema de becas o “préstamos de honor” para los estudiantes universitarios a fin de incrementar el número de graduados en disciplinas con escasa matrícula como las matemáticas e ingenierías, carreras en torno de las cuales AAPC expresó una constante preocupación dado que las consideraba claves para el desarrollo (AAPC, 1935; AAPC, 1942); la multiplicación de institutos de investigación; la disponibilidad de recursos para la invitación a especialistas extranjeros; la apertura de una línea de becas de perfeccionamiento para graduados latinoamericanos para que se formaran en la Argentina, a fin de posicionar al país en la región. (AAAPC, Memoria y balance del ejercicio del año 1938-1939, Libro 1, foja 249). AAPC había redoblado su apuesta como se ve: aspiraría a la construcción de un sistema científico a nivel nacional en el que AAPC debía articularse con las universidades, que saldrían reforzadas en caso de que se extendieran las dedicaciones exclusivas.

Así, el papel del Estado en la ciencia fue más relevante en este período de lo que se suele reconocer, lo cual permite relativizar la idea de que las políticas estatales ingresaron en períodos posteriores tales como el golpe de 1943, el peronismo o incluso el desarrollismo impulsado por Arturo Frondizi a partir de 1958 (Hurtado, 2010). Es cierto que AAPC nunca fue una agencia del Estado dado que desde su fundación preservó su lugar “no oficial” como estrategia para conservar autonomía en sus decisiones, pero el vínculo con el Estado fue orgánico a partir del momento en que los poderes públicos dictaron una ley para financiarla, sustentado en el reconocimiento de su aporte tanto para el desarrollo económico como para la proyección internacional del país. Así, su diálogo con los poderes públicos fue constante, aunque no logró sacar a flote su proyecto más ambicioso: la sanción de una ley que hiciera realidad la idea de fundar un sistema científico que tuviera por eje exclusivo la investigación, en el que se pudieran articular las universidades nacionales con la propia AAPC.

La consolidación del vínculo con la Fundación Rockefeller (1939-1943)

La construcción de la relación entre AAPC y la FR se dio en un contexto de creciente presencia de las instituciones científicas norteamericanas en la Argentina, que buscaban fortalecer los intercambios entre ambos países y, en especial, las becas. A fines de la década de 1920, en ocasión del viaje del presidente electo de los Estados Unidos John Edgar Hoover, se anunció el lanzamiento de unas becas concedidas por la Universidad de Harvard para graduados de la Universidad de Buenos Aires (The New York Times, 16 de diciembre de 1928; 17 de octubre de 1930). Era claro el interés por fortalecer su influencia en la región, de ahí su aliento a lograr acuerdos bilaterales a través de instituciones y agencias específicas, tales como el Institute of International Education (IIE), la Division of Cultural Affairs y la Division of Latin American Affairs del Departamento de Estado. Sin embargo, a pesar de estos incipientes acercamientos, fue durante la coyuntura de la Segunda Guerra Mundial que se afianzaron los vínculos con Estados Unidos, y con la FR en particular.

Tengamos en cuenta que, desde la finalización de la Primera Guerra Mundial, diferentes países de Europa incentivaron su diplomacia cultural con América Latina y, en especial, se destacaron las iniciativas dirigidas a promover los intercambios de investigadores. Surgieron así diversos institutos de cooperación bilateral fundados para alentar que los científicos europeos difundieran sus investigaciones en la Argentina, tales como el Instituto de la Universidad de París, el Instituto de Cultura Itálica y el Instituto Cultural Argentino Germano (Buchbinder, 2019; López Sánchez, 2007; Lida, 2019). El intercambio con instituciones norteamericanas en un principio sufrió la competencia de la diplomacia cultural de diferentes países europeos, incluidos aquellos sometidos a regímenes fascistas.

En rigor, AAPC había establecido desde sus primeros tiempos una estrecha relación con Francia, tanto con el Instituto Pasteur como con otras instituciones. Por ejemplo, una de las becas internacionales que ofrecía AAPC desde su fundación estaba íntegramente financiada por el laboratorio francés Millet y Roux, farmacéutica que se instaló en 1909 en la Argentina y, más tarde, en 1930, en el contexto de la crisis económica, fortaleció su presencia gracias a la creación de un laboratorio propio. Preocupados por la falta de personal capacitado, el laboratorio ofreció a AAPC el monto equivalente a una beca externa anual a graduados en medicina o biología que desearan formarse por un año en institutos de investigación franceses. Así, a partir de 1935, AAPC concedió dos tipos de becas diferentes, por un lado, las que costeaba directamente con los fondos concedidos por la vía del subsidio estatal, de temática y país de destino de libre elección (incluso de ciencias humanas), y por otro lado las becas Millet y Roux, orientadas a ciencias biológicas que se ofreció todos los años hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, orientadas específicamente para viajar a Francia (el vínculo se restableció al finalizar el conflicto).

AAPC también se acercó a la embajada gala en Buenos Aires para solicitar algunos beneficios tales como nuevas becas costeadas por el gobierno francés a la que pudieran acceder los argentinos, como así también algunas facilidades para los investigadores enviados a Francia por AAPC, tales como rebajas en pasajes, en el alojamiento e incluso extensiones de las estancias en el exterior (en general, de un año adicional). En 1938, AAPC alcanzó un importante acuerdo con la embajada francesa mediante el cual ésta se comprometió a otorgar seis becas para científicos argentinos (un número importante para la época) para especializarse en universidades o laboratorios franceses (AAAPC, Libro 1, 3 de noviembre de 1937, fojas 173 y 208; 9 de diciembre de 1938). No obstante, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939, y luego con la invasión de Francia por el nazismo, el proyecto quedó en suspenso (solamente una vez concluida la guerra la beca fue restablecida) (AAAPC, Libro 1, 12 de diciembre de 1939, foja 247). El financiamiento de Millet y Roux, dirigido a sostener la formación de médicos y biólogos en laboratorios franceses, se vio también interrumpido. En ese contexto, la labor de AAPC se orientó decididamente hacia la academia norteamericana.

En ocasión de un viaje de Houssay a Estados Unidos en 1936, por un congreso de medicina, aprovechó la oportunidad para tejer contacto con instituciones científicas norteamericanas en nombre de AAPC; por ejemplo, se contactó con la American Association for the Advancement of the Sciences (AAAPC, Libro 1, 17 de abril de 1936, fojas 112-113 y 238-239; 12 de septiembre de 1939). Pero fue, sobre todo, durante la guerra que los intercambios internacionales impulsados por AAPC se decantaron definitivamente hacia la academia norteamericana. Tengamos en cuenta que el conflicto alteró la dinámica del funcionamiento de varias disciplinas académicas y también de sus instituciones. El hecho de que los Estados Unidos no se hubiesen involucrado desde un comienzo en la guerra, facilitó las cosas. Fue entonces cuando los intercambios se aceleraron.

En 1939, Waldo Leland, presidente del American Council of Learned Societies (ACLS), federación de asociaciones científicas de Estados Unidos, visitó la Argentina y ante esa noticia AAPC se apresuró a entrar en relación; lo mismo se hizo en lo que respecta a la American Association for the Advancement of the Sciences (esta última contaba con financiamiento de las fundaciones Carnegie y Rockefeller) (AAAPC, Libro 1, 12 de septiembre de 1939, foja 238). A través de estos contactos, AAPC esperaba encontrar mecanismos para facilitar el envío de becarios argentinos a Estados Unidos, dado que las puertas se le cerraron en Europa con la creciente ocupación nazi de gran parte del continente. Para entonces, diversas instituciones científicas norteamericanas habían reforzado su presencia en la Argentina de la mano de la política de la predicada “buena vecindad” de F. D. Roosevelt. Así se advierte por ejemplo a través de la beca concedida a la médica Perlina Winocur (que tenía una labor destacada como pediatra y además estaba a cargo de Sanidad Escolar en Buenos Aires) por la American Association of University Women para trabajar en el John Hopkins Hospital, o bien la que le fue concedida a la arquitecta Carmen Renard, para hacer estudios de posgrado en Barnard College, dos becas que se sumaban a las que ya había promovido la Universidad de Harvard a fines de los años veinte (Women research abroad brings scientific reward. The New York Times, 2 de mayo de 1937) (Buenos Aires Girl wins 1200$ Barnard Award. The New York Times, 13 de mayo de 1940). Asimismo, en 1940, cuando se celebró el VIII Congreso Científico Panamericano en Washington, organizado por la Unión Panamericana fundada por Leo Rowe, hubo tres investigadores argentinos que participaron como becarios internacionales de AAPC en los Estados Unidos (AAAPC, Libro 1 21 de junio de 1940, foja 268).

En 1940, mientras Francia era invadida y ocupada por los nazis, dando origen al régimen de Vichy, la relación de AAPC con Francia se interrumpió, mientras que se intensificaban los contactos con Estados Unidos. Ese año Buenos Aires recibió la visita de Robert Lambert, agente de la Fundación Rockefeller, quien ya había viajado a la Argentina y había tenido ocasión de ver de cerca la labor desempeñada por Houssay en el Instituto de Fisiología, dado que desde la década de 1920 trabajaba por fortalecer los vínculos con diferentes países latinoamericanos, con especial interés en la formación de los médicos, una preocupación que ocupaba de primera importancia en la agenda de la FR.2 Estos contactos permitieron que AAPC continuara ofreciendo sus becas internacionales a pesar del cierre que se produjo en Europa con la guerra. Contaron con el asesoramiento directo de los agentes de la FR acerca de las instituciones más convenientes según los perfiles de cada candidato: Houssay en particular escribía para solicitar recomendaciones e información acerca de los principales especialistas en las universidades, institutos y hospitales, datos que ayudaban a la inserción de los becarios externos de AAPC. Es de destacar que la Fundación Rockefeller concedió financiamiento para extender las estancias de los becarios de AAPC (en especial, los que venían mejor recomendados por Houssay) e incluso subsidió la compra de aparatos especializados de laboratorio para que pudieran llevarse de regreso a la Argentina, como ocurrió en el caso de uno de los becarios más prestigiosos, discípulo de Houssay, el médico Eduardo de Robertis.

Además, AAPC se vinculó con otras instituciones impulsadas por los Estados Unidos. Fue significativa la colaboración de Nelson Rockefeller, a través de la Interamerican Affairs Office, fundada en 1940 con la finalidad de fortalecer la diplomacia cultural de Estados Unidos en América Latina, de intensa labor en estos años signados por la preocupación por encontrar apoyos a nivel continental para los aliados, en nombre del panamericanismo (AAAPC, Libro 2, 1 de abril, fojas 1-2, 34-35, 74, 99; 29 de octubre de 1941, 7 de agosto y 11 de diciembre de 1942). Esta agencia se involucró directamente con instituciones científicas de la Argentina, con el asesoramiento de AAPC. Así, por ejemplo, en 1942 brindó respaldo financiero al Instituto Miguel Lillo de Tucumán, especializado en botánica, gracias a la mediación de un becario de AAPC, para la donación del Gray Card Index, publicación especializada en taxonomía botánica que según las autoridades de AAPC constituyó “una donación de alto valor científico y económico” ( Libro 2, 11 de diciembre de 1942 foja 90). La relación con la Fundación Guggenheim fue también fluida dado que esta apoyó, al igual que la FR, a los investigadores argentinos para que pudieran prolongar parcialmente sus estadías en Estados Unidos; fue igualmente asiduo el contacto con Harvard, una universidad que venía fortaleciendo su presencia en la Argentina, tanto es así que cursó una invitación a los directivos de AAPC en 1941 (AAAPAC, Libro 2, 29 de octubre de 1941, foja 34-35). Otras universidades como la de Michigan o Santa Clara, en California, ofrecieron becas dirigidas exclusivamente a graduados argentinos.

Ahora bien, la colaboración de AAPC con la Fundación Rockefeller y con las instituciones norteamericanas en general no puso en riesgo su autonomía. A través de una mirada atenta al modo en que AAPC gestionaba sus intercambios ante las instituciones norteamericanas se puede advertir que se hallaba muy lejos de ello. De hecho, AAPC tenía en claro que no estaba dispuesta a convertirse en un apéndice de las agencias norteamericanas, en especial, con respecto a la FR. Se había consolidado gracias al reconocimiento y el financiamiento del Estado argentino, que sostenía la mayor parte de sus becas en el extranjero. La tesitura con la que encaró el vínculo con Estados Unidos se advierte, por ejemplo, a través de los insistentes pedidos a la embajada de Estados Unidos a fin de lograr que, a través del gobierno norteamericano, AAPC pudiera obtener descuentos para los pasajes en barco. En 1939, luego de varias conversaciones con el embajador Norman Armour, logró un primer avance: una rebaja de 50% en un único boleto al año para los becarios de la asociación. La decisión resultó decepcionante: en la memoria y balance de ese año, se reiteró el deseo de extender a todos este beneficio.

Cabe destacar los términos en los que se argumentaría el asunto: “esperamos que esta franquicia se acuerde a nuestros cuatro becados anuales, con lo cual se daría una buena prueba de que la buena vecindad se refiere también a las cosas culturales” (AAAPC, Libro 1,12 de diciembre de 1939). Claramente no había una posición de subordinación frente a las agencias norteamericanas ni tampoco una silenciosa aceptación de algo que era percibido como netamente insuficiente. Incluso en carta a Lambert, el agente de la Fundación Rockefeller, Houssay escribía: “las compañías norteamericanas son las únicas que no conceden rebajas, pero parecen preferir la política del dólar3 a la de la buena vecindad” (Carta de Houssay a Lambert, 9 de enero de 1941). En 1941, por fin, AAPC logró un descuento del 20% en los boletos de barco para los becarios, incluido su núcleo familiar. A fines de 1941, ese porcentaje se elevó al 25%. Ese mismo año se produjo la creación en Argentina de la Flota Mercante del Estado que permitiría mejorar las tarifas, más económicas, tanto es así que la FR comenzó a interesarse por esta empresa (Carta de Lambert a Houssay, 29 de mayo 1942).

El reclamo de que la “buena vecindad” no podía limitarse a pura retórica expresaba una fuerte determinación por parte de AAPC de defender su gestión con autonomía con respecto de la Embajada de Estados Unidos y, en general, con respecto a las instituciones científicas norteamericanas, incluida la FR. Ahora bien, la preocupación no iba dirigida simplemente a obtener facilidades, sino además algo intangible: alcanzar reconocimiento para la producción científica local. Esta era, de hecho, una preocupación de fondo en Houssay, que se traslucía en lo que le escribía Eduardo De Robertis cuando estaba en Estados Unidos: “supongo que allí siguen ignorando a la Argentina y que su pequeña producción científica es casi desconocida”. (Carta de Houssay a Robertis, 15 de enero 1940b) Houssay les recordaba además a los becarios que debían dar a conocer con orgullo sus experiencias de investigación en Argentina, en especial en el Instituto de Fisiología. A otro de sus discípulos, Virgilio Foglia lo instaba a ser enfático acerca del valor científico del trabajo realizado en el país:

Si alguno niega la acción diabetógena en perros normales, levántese y diga: en nuestro instituto, desde 1932 se inyectan animales sin cesar y en cinco años (…) la diabetes hipofisaria se obtiene en la mayor parte de los casos por inyección intraperitoneal de extracto alcalino anterohipofisario. (…) Si le permiten hacerlo, presente lo anterior por escrito: Foglia y Houssay, Acción diabetogénica de los extractos de hipófisis anterior4, o si no, como discusión suya (Carta de Houssay a Foglia, 3 de marzo 1938).

Más todavía, le insistiría en la necesidad de fortalecer la producción científica en lengua española, en contraste con el inglés: “publicaremos siempre en castellano, como es nuestro deber. Aparecerán síntesis en otros idiomas” (Carta de Houssay a Foglia, 3 de marzo 1938), le escribía a Foglia. A De Robertis a su vez le enfatizaba que “aunque pueda convenir que publiquemos en inglés algunos resúmenes de nuestros trabajos, debemos mantener el idioma castellano y prestigiarlo” (Carta de Houssay a Robertis, 15 de enero 1940). No era menor la preocupación por la difusión en el norte de los avances científicos del sur, un desvelo insistente de Houssay, en tono desafiante para con cualquier prejuicio acerca de la capacidad sudamericana de generar conocimiento. No había una actitud condescendiente con la academia científica norteamericana. De hecho, AAPC no se propuso volverse dependiente de agencias norteamericanas, entre ellas la Rockefeller, sino lograr reconocimiento de las agencias de Estados Unidos. Ello entrañaba sin embargo un riesgo: que se la percibiera como mera extensión de la academia norteamericana, algo por demás delicado en un momento en que recrudecían las presiones de Estados Unidos para que la Argentina se alineara con los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, cosa que no haría con claridad hasta bien avanzada la guerra.

En este contexto, la FR se mostró interesada en estrechar vínculos con Argentina, no sólo porque reconocía la trayectoria de la obra llevada a cabo por Houssay en AAPC, sino además porque consideraba que era especialmente relevante fortalecer vínculos cooperativos con la Argentina en las vísperas de 1943, que debía ser un año electoral y que podría abrir la promesa de que se decantara por los Aliados. Así las cosas, no caben dudas de que para la FR el fortalecimiento de vínculos con AAPC fue una estrategia pergeñada en un momento de incertidumbre. Como AAPC tenía un carácter semioficial, debido al reconocimiento que gozaba por parte de las instituciones estatales, la apuesta entrañaba un fin netamente político. Ahora bien, el proyecto original que se había considerado en el seno de la FR había sido en principio ofrecer un financiamiento de más de 10 mil dólares para usar en becas de hasta tres años de duración, y así había sido comunicado a AAPC que había prometido hacer un programa específico con estos fondos, para disciplinas en ciencias naturales con escaso desarrollo hasta entonces en el país (no en vano, ese subsidio sería acordado por la Natural Sciences Division de la FR). En todo momento, AAPC aspiró a que ese programa durara los tres años como máximo de los que se habló inicialmente y, de hecho, así lo comunicó Houssay a la FR, luego de que se debatiera la cuestión en reunión del colegiado directivo de la asociación.5 (Carta de Miller a Houssay, 1942; Carta de Houssay a Miller, 1942).

Sin embargo, la recepción de la propuesta de la FR no estuvo exenta de debates internos en AAPC: hubo reparos frente a esa generosa oferta, dado que se temía que AAPC perdiera autonomía frente a la FR. No obstante, Houssay defendió la aceptación de los fondos de la fundación norteamericana siempre que AAPC conservara plena autonomía de decisión (en torno de los nombramientos, los criterios para la evaluación de los postulantes y la autonomía en la selección de candidatos) de modo de garantizar que no se convirtieran en una estrategia para subordinar a AAPC. Por otra parte, también en la FR la decisión fue controvertida. Se trataba de una política algo diferente de las que solía implementar en América Latina, dado que financiaría a una agencia semioficial (si bien con fuertes vínculos con el estado) para administrar fondos de investigación, en cuyas decisiones la FR se abstendría de participar, en medio de una coyuntura con cierta incertidumbre en Argentina dado que en 1943 se avecinaba un cambio de gobierno.

Pese a las vacilaciones, en un principio la FR parecía dispuesta a mantener la oferta, pero luego de una entrevista de Houssay con el gobierno nacional, este le comunicó a Harry Miller, responsable de la Natural Sciences Division de la FR, que el gobierno argentino prefería que el acuerdo beneficiara principalmente a la Comisión Nacional de Cultura, y solo eventualmente a AAPC. Houssay le informó esta situación y trató de convencer a Miller de que la FR debía mantener vigente la oferta. Para la FR, esta noticia resultó incómoda y sumamente frustrante (“su carta fue una decepción”, le escribió sin ambages Miller a Houssay en diciembre de 1942) dado que la FR no tenía una buena imagen de la Comisión Nacional de Cultura (CNC), debido a que esta agencia se hallaba conducida por figuras enroladas en el nacionalismo y el fascismo, como Matías Sánchez Sorondo y Carlos Ibarguren. En una acotación al margen en la carta recibida de Houssay (según copia depositada en los archivos de la FR), se califica a la CNC como “¡una organización dominada por la política!”,6 lo cual es indicativo de que la iniciativa del gobierno argentino no habría de prosperar. (Carta de Houssay a Miller, 29 de septiembre 1942; Carta de Miller a Houssay, 3 de diciembre 1942). Frente a esta situación, la FR optó por modificar su propuesta: ofreció un monto de 5.000 dólares para becas por un solo año a AAPC, sin ningún compromiso ulterior de la FR, a no ser que esta lograra mejorar su relación con el gobierno argentino, condición que Bernardo Houssay, en nombre de AAPC, aceptó. La decisión de reducir el apoyo que prometió, aunque sin retirarlo, obedeció a la expectativa de que el cambio de gobierno previsto para 1943 mejorara las condiciones para profundizar la cooperación: “La acción propuesta sólo tiene una duración de un año, ya que se espera que las negociaciones con el nuevo Gobierno que se elegirá el año próximo en Argentina desemboquen en un acuerdo sobre un proyecto de cooperación”. (Informe de Frank Hanson, 5 de enero 1943). Así escribió Frank Hanson, responsable de la Natural Sciences Division de la FR, en el informe que acompañaba la decisión de conceder a AAPC un subsidio de 5.000 dólares finalmente por tan solo un año.7 (Informe de Frank Hanson, 5 de enero 1943).

La Fundación Rockefeller se mostraría satisfecha por los resultados obtenidos (Houssay hizo llegar detallados informes de las becas a las que se destinó ese fondo), pero la experiencia no se repitió: las condiciones habían cambiado sustantivamente luego del golpe militar del 4 de junio de 1943. AAPC intentaría una vez más reeditar esa experiencia de colaboración hacia el fin de la Segunda Guerra Mundial, pero recibió sólo una escueta respuesta en la que se informaba que resultaba “poco aconsejable” pensar en algo semejante a fines de 1945, cuando Argentina se encaminaba a celebrar las elecciones de febrero del siguiente año que llevarían al poder a Juan Domingo Perón. A través del intercambio entre Miller, en nombre de la Natural Sciences Division, y el propio Lewis Hackett, ambos de la FR, se puede advertir que la decisión respondió a la incertidumbre suscitada por el contexto político argentino, que no permitía augurar que el acuerdo con la AAPC se pudiera sostener:

Recibí una carta suya (de Houssay) fechada el 28 de septiembre. En cuanto escribió, la situación general volvió a cambiar radicalmente. En varias ocasiones hemos discutido aquí la conveniencia de renovar el apoyo a la AAPC, y lamento tener que informarle, y al profesor Houssay a través de usted, de que las autoridades no consideran factible conceder una nueva subvención en este momento. Tal vez recuerden que nuestra subvención inicial de 5.000 dólares se concedió con la esperanza de que yo pudiera negociar con el ministro de Educación una subvención a mediano plazo, probablemente de 3 a 5 años a partes iguales, para que la AAPC pudiera realmente planificar un programa durante un periodo razonable de tiempo. No podré ir a la Argentina en un futuro próximo, y según advierto las condiciones, casi seguro que no podría obtener del Ministerio las garantías que desearíamos. Esta es una de las principales razones por las que la propuesta no puede ser considerada en este momento. (Nota de Miller a Lewis Hackett, 28 de noviembre 1945).

A pesar de que para 1945 se había agotado cualquier expectativa de recomponer el acuerdo con la FR tal como había sido concebido originalmente en 1942, AAPC procuró mantener una relación estrecha tanto con la FR, como con las universidades y la ciencia de Estados Unidos. De hecho, gran parte de los becarios internacionales de AAPC continuaría orientándose hacia las instituciones científicas norteamericanas. Sin embargo, el fin de la guerra comenzaría a introducir grandes cambios. Por un lado, el proceso de reconstrucción europea y la liberación del nazismo permitió que la ciencia y las academias europeas, en especial, francesas, volvieran a la actividad. En este contexto, por ejemplo, AAPC reactivó su anterior acuerdo con el laboratorio francés Millet y Roux. Por otro lado, el ascenso del peronismo en la Argentina modificaría la relación de AAPC con el Estado y, a la larga, sus becas internacionales quedaron interrumpidas. Las convocatorias no se cancelaron de inmediato una vez producida la llegada de Juan Domingo Perón al poder, pero en la práctica estuvieron en suspenso a partir de 1946 dado que el ministerio que debía aprobar la designación de los becarios decidió no hacerlo, lo cual implicó que las becas no pudieran ser asignadas: según la ley 12.338, era función del Poder Ejecutivo aprobar la erogación del gasto. De esta manera, el sistema de becas externas de AAPC, que llegó a financiar un total de 47 científicos argentinos a formarse al extranjero (a lo cual debe sumársele un total de 111 becas internas, para desarrollar investigación en instituciones universitarias argentinas) quedó bloqueado. Uno de los científicos argentinos que vio impedida la oportunidad de obtener una beca externa de AAPC fue el físico José Antonio Balseiro (AAAPC, Libro 3, 4 de junio de 1948, fojas 62-64). A comienzos de 1949, la asociación resolvió que no volvería a llamar a ese concurso, a propuesta de Houssay, y se concentraría solamente en las becas nacionales. (AAAPC, Libro 3, 25 de agosto de 1949, fojas 93-94; AAAPAC, Anuario 1958, 1958). En ese contexto, se volvía un sinsentido apostar a cualquier nuevo acuerdo con la FR.

Conclusión

La relación entre la AAPC y la FR se consolidó durante la Segunda Guerra Mundial, momento clave en el que AAPC alcanzó el pico en lo que respecta al número de becarios que logró financiar en el extranjero y, en especial, en Estados Unidos (25 de los 29 enviados al exterior durante el conflicto estuvieron destinados a instituciones norteamericanas). Para la FR, la proyección de la Argentina en el terreno científico podría llegar a convertirla en un polo científico regional, algo que era visto con aliento por la Fundación Rockefeller dado que el idioma inglés podía interponer un obstáculo en su relación con América Latina. En las propias palabras de Lambert: “animamos a los jóvenes profesores de fisiología de Sudamérica a que acudan a ustedes en lugar de venir a Estados Unidos, sobre todo en los casos en los que el profesor no habla inglés” (Carta de Lambert a Houssay, 13 de noviembre1941).

Para 1942-1943, como se vio, los vínculos con la FR se habían estrechado tanto que se contemplaba un acuerdo en colaboración que en principio fue concebido para un plazo de tres años. La incertidumbre de las circunstancias hizo que se recortara a un año, sin posibilidades de continuar o repetir, dado que la FR consideró que el contexto no resultaba en absoluto favorable luego del golpe militar de 1943 y la apertura democrática que se dio a partir del llamado a elecciones para febrero de 1946, que dieron el triunfo a Perón. Si bien AAPC había intentado acercarse al gobierno militar en esos años (llegó a pedir una entrevista con el general Pedro Ramírez) éste entró en colisión con el campo científico y universitario, muy movilizado políticamente en el campo antifascista.

En los meses subsiguientes, tuvieron lugar cientos de cesantías en las universidades, incluidas la del propio Houssay. La intervención del gobierno militar sobre las universidades fue leída como un gesto oscurantista por parte de un gobierno percibido en ámbitos universitarios y antifascistas como de abierta inclinación por el Eje. Ahora bien, esta imagen de los militares que comandaron el golpe hizo perder de vista la creciente preocupación que diferentes voces dentro del Ejército venían demostrando desde los años treinta por la ciencia, en su articulación con la industria, la técnica y la defensa y, sobre todo, durante la guerra. El general Mosconi y el coronel Manuel Savio alentaron, de hecho, tanto la fundación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales en 1922 como Fabricaciones Militares, esta última en 1941.

La preocupación por la ciencia, que se percibía estrechamente asociada a la defensa, así como también, en un sentido más amplio, al desarrollo nacional, se afianzó desde la década de 1930 de la mano del crecimiento industrial. En este sentido, el gobierno militar, presionado por el contexto bélico global y por los Estados Unidos, no tardó en demostrar su preocupación por el campo científico. Poco después del golpe, circuló el proyecto (que se discutió en la Sociedad Científica Argentina, así como en AAPC) de establecer una agencia que centralizara toda la actividad científica en el país, proyecto que fue recibido con rechazo y preocupación en AAPC; también se comentó un eventual decreto que regularía las becas internacionales concedidas por instituciones argentinas como AAPC (AAAPC, Libro 2, 4 de agosto y 20 de octubre de 1943, fojas 126-129 y 136-140). Todo esto fue percibido como una injerencia netamente autoritaria, pero a la vez revelaba la preocupación que el área había comenzado a despertar entre los militares. De esta manera, la interrupción de la colaboración entre AAPC y la FR se dio en el marco de un cambio de época para el desarrollo científico y universitario en Argentina.

Agradecimientos

Agradezco la generosidad de Karina Ramacciotti, quien me facilitó copia de documentos del Archivo de la Fundación Rockefeller vinculados con AAPC. Agradezco además a los evaluadores del Anuario.

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Notas

1 La Comisión Nacional de Cultura y AAPC se diferenciaban en su composición, relación con el estado y perfil cultural, científico e incluso político-ideológico. La CNC dependía directamente del Estado. Durante la década de 1930, tuvo un perfil marcadamente nacionalista y estuvo a cargo durante varios años de Matías Sánchez Sorondo.
2 Robert Lambert fue un agente de larga trayectoria en la FR, que viajó por América Latina desde la década de 1920, promoviendo en especial la formación de los médicos y la modernización de las escuelas de salud pública (véase Korndörfer, 2020).
3 En inglés en el original. Traducción libre de la autora.
4 En inglés en original. Traducción libre de la autora.
5 Carta de H. H. Miller a Houssay, 25 de febrero de 1942 y respuestas de Houssay del 13 y 23 de marzo de 1942. Folder AAPC, box 4, 301.D. Rockefeller Archive Center.
6 En inglés en el original. Traducción libre de la autora.
7 Traducción de la autora.

Recepción: 27 mayo 2025

Aprobación: 19 julio 2025

Publicación: 01 junio 2026



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