AIHA Anuario del Instituto de Historia Argentina, vol. 26, nº 1, e248, junio - noviembre 2026. ISSN 2314-257X
Universidad Nacional de La Plata
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
Centro de Historia Argentina y Americana

Dosier

Las conmemoraciones del 1° de mayo en la Patagonia global de inicios del siglo XX. Luchas, organizaciones y representaciones del internacionalismo en un territorio sin fronteras

Gonzalo Pérez Álvarez

Instituto de Investigaciones Históricas y Sociales, Universidad Nacional de la Patagonia / CONICET, Argentina
Nicolás Gómez Baeza

Universidad Austral de Chile / Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, Chile
Cita recomendada: Pérez Álvarez, G. y Gómez Baeza, N. (2026). Las conmemoraciones del 1° de mayo en la Patagonia global de inicios del siglo XX. Luchas, organizaciones y representaciones del internacionalismo en un territorio sin fronteras. Anuario del Instituto de Historia Argentina, 26(1), e248. https://doi.org/10.24215/2314257Xe248

Resumen: Este artículo analiza el desarrollo de las conmemoraciones del 1° de mayo en la Patagonia austral durante las primeras décadas del siglo XX, considerando un territorio transfronterizo que abarca el actual sur austral de Argentina y Chile. En un contexto caracterizado por una débil presencia estatal y el predominio del capital privado, se examinan las prácticas conmemorativas como parte constitutiva de la formación sociocultural de la clase trabajadora regional. A partir de fuentes documentales, prensa obrera y comercial, y bibliografía especializada, se reconstruyen las formas que adoptaron estas conmemoraciones en distintos momentos del ciclo de luchas obreras, poniendo énfasis en su carácter internacionalista, su dimensión conflictiva, y las tensiones con los procesos de construcción nacional. El trabajo propone una periodización en tres fases –previa a 1917, el ciclo de radicalización entre 1917 y 1922, y el período posterior– mostrando cómo el 1° de mayo funcionó a modo de un espacio privilegiado de articulación política, identitaria y simbólica de una clase obrera atravesada por migraciones, experiencias compartidas y redes globales en un territorio concebido como frontera del capitalismo.

Palabras clave: 1° de mayo, Movimiento obrero, Patagonia austral, Internacionalismo.

May Day commemorations in global Patagonia at the beginning of the 20th century. Struggles, organizations, and representations of internationalism in a territory without borders

Abstract: This article examines the historical development of May Day commemorations in southern Patagonia during the early twentieth century, focusing on a transborder territory incorporating the actual southernmost part of Argentina and Chile. In a context defined by weak state presence and the control of private capital, May Day celebrations are analyzed as a key component in the sociocultural making of the regional working class. Drawing on archival records, workers’ and commercial press, and specialized historiography, the study reconstructs the forms these commemorations took at different stages of the local labor movement, emphasizing their internationalism, their confrontational dimensions, and their tensions with nation-building processes. The article proposes a three-stage periodization—prior to 1917, the cycle of labor radicalization between 1917 and 1922, and the subsequent period—demonstrating how May Day functioned as a privileged space for political, symbolic, and identity-based articulation within a working class shaped by migration, shared experiences, and global networks in a region conceived as a capitalist frontier.

Keywords: May Day, Labor movement, Southern Patagonia, Internacionalism.

Introducción

En este artículo se analiza el desarrollo histórico de las conmemoraciones del 1° de mayo en el territorio de la Patagonia Austral, al que delimitamos de acuerdo con las actuales provincias argentinas de Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego y la región chilena de Magallanes, durante las primeras tres décadas del siglo XX. Además, se realizan referencias parciales a la década de 1890 y las actividades durante la década de 1940. Se exploran prácticas enmarcadas en un período caracterizado por la escasa presencia del poder estatal chileno y argentino sobre esos territorios, donde el peso del capital privado fue casi omnipotente y en los cuales se conformó una clase obrera con diversos afluentes que, desde finales del siglo XIX, comenzó a desarrollar acciones de lucha, formular reivindicaciones, organizarse y editar publicaciones.

La conformación de esta clase fue, a su vez, fluida entre ambas vertientes de la frontera, la cual estaba lejos de funcionar como un límite; se trataba de un territorio integrado a ambos lados de la cordillera de los Andes, más aún en la zona austral donde se vincularon experiencias (Thompson, 1989), construcciones y representaciones en común.

Es en dicho marco, de múltiples actividades proletarias en un escenario dominado por las relaciones entre el capital y el trabajo casi sin mediaciones, que deben entenderse las acciones de conmemoración aquí relevadas. Este artículo avanza en la reconstrucción de estos hechos históricos, contribuyendo a las historias transfronterizas de la formación sociocultural de la clase trabajadora en la Patagonia Austral. Melgar Bao (1988), en un trabajo clásico acerca de la materia, destacó que la conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores fue un símbolo clave en el proceso de organización de la clase obrera, ya que condensaba la lucha entre la identidad de clase y la de nación: el internacionalismo, que potenciaba las actividades en torno al 1° de mayo, chocaba, al menos potencialmente, con las modalidades de construcción de las narrativas nacionales. Esa dimensión es aún más evidente en una región como esta Patagonia austral en la que centramos la mirada, donde la dimensión estatal aún no había consolidado su dominio y tampoco se había logrado “inventar” la idea de nacionalidad (Anderson, 1993).

Para esta reconstrucción hemos relevado, en forma directa, diversos insumos documentales, incorporando el registro del Archivo Histórico Provincial de Chubut y publicaciones periodísticas de la región, como Golfo Nuevo (de Puerto Madryn), El Avisador Comercial y El Pueblo (ambos de Trelew). Relevamos otras fuentes históricas, como memorias de colonos galeses (Jones, M., 1997a; Jones, L., 1966; Matthews, 2004) y escritos conmemorativos de esa comunidad. Para Magallanes, además de algunas fuentes empresariales o de gobernación, registramos los periódicos El Trabajo y El Socialista, de Punta Arenas, y El Esfuerzo, de Natales, así como otros más acotados en su marco temporal que registran las conmemoraciones del 1° de mayo. A nivel general, procesamos la bibliografía que ha trabajado estos temas.

El marco de los 1° de mayo en Patagonia: escenarios globales y transfronterizos

Como es sabido, el origen de los actos del 1° de mayo está bien alejado del Cono Sur. La ejecución de los “mártires de Chicago”, los anarquistas de la revuelta de Haymarket, relatada por la revolucionaria estadounidense Lucy Parsons a los obreros ingleses que empezaron a conmemorar la fecha, remeció al mundo de la militancia obrera e impulsó una de las pocas efemérides transversales al mundo del trabajo a escala global, junto con el Día Internacional de la Mujer Trabajadora (Linebaugh, 2016).1 El 1° de mayo fue un hito que traspasó las fronteras del mundo anglosajón, ícono de los internacionalismos, incluso en regiones hasta entonces escasamente integradas al capital global e imperial, y que este comenzaba a articular en sus circuitos. Así, la noticia de los mártires y los actos de conmemoración llegaron a la región patagónica.

En tiempos de la modernización capitalista, desde la segunda mitad del siglo XIX, la región puede ser concebida como una unidad geográfica debido a su dinamismo histórico, al menos desde Chiloé (incluyendo sus espacios continentales cercanos, como Maullín) hasta el Cabo de Hornos, e incluyendo los actuales territorios chilenos y argentinos. El mismo carácter histórico de esta macrorregión es lo que hace considerar la globalidad de sus procesos. Las redes de personas, capitales e informaciones que arribaron provenientes de Valparaíso, Buenos Aires, Londres, Liverpool, Hamburgo, Ferrol, Kiev y hasta de la colonia alemana de Namibia (Harambour Ross, 2025) nos ofrecen un desafío mayor: pensar los procesos históricos del capitalismo, y las relaciones entre capital y trabajo en la Patagonia, considerando la incidencia de procesos económicos, políticos y culturales, coloniales y revolucionarios, globalizados.

La región fue objeto de proyectos coloniales para el desarrollo de economías de extracción y commodities. Conocida es la invasión de los ejércitos chileno en la Araucanía y argentino por el supuesto “Desierto” (Pampa y Patagonia) que usurparon tierras (Barbería, 1995) a las naciones mapuche-huilliche y aonikenk, entregándolas a colonos de origen europeo para fines productivos agrícola-ganaderos e industriales. También son sabidos los avances de estancieros, capitalistas ganaderos, auríferos y misioneros, fomentados por los estados nacionales para colonizar territorios indígenas (selknam, kaweskar y yaganes) en Tierra del Fuego y los canales australes occidentales y más meridionales hasta, por lo menos, la Isla Navarino.

Si bien todo lo anterior da cuenta de una serie de hitos y aristas explicativas locales, su carácter global se encuentra en la similitud con otros procesos de fundación de modernidad capitalista en territorios con instalación o delegación estatal imperial-coloniales: Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Canadá, entre otros, donde el Imperio Británico dominaba por aquellos años del siglo XIX. También el oeste de América del Norte en el proceso de expansión fronteriza del ferrocarril al alero del estado estadounidense, o las explotaciones mineras y agrarias del África de los imperios alemán (hasta la Primera Guerra Mundial) o belga, fueron ejemplos de las consolidaciones soberanas de estados en favor del capital y detrimento de poblaciones indígenas, a través de lo que se conoce como colonialismo de asentamiento.2

Estos procesos de imposición civilizatoria conllevaron el establecimiento a escala local de las divisiones mundiales del trabajo propias de la modernidad contemporánea, desarrollando socioculturalmente las clases sociales. Con base en una “gran divergencia”, utilizando el término de Pomeranz (2000), las comunidades europeas se diferenciaron de las que colonizaron y explotaron, reconfigurando esas sociedades como espacios de frontera del capital, bajo criterios jerárquicos donde la propiedad de la tierra o el capital perteneció a sujetos imperiales o colonos, y en las cuales las categorías racializantes, sexuales y etarias produjeron las sociedades capitalistas. Esto se observó, por ejemplo, en el predominio de británicos en el control de la producción estanciera de la Patagonia Austral, mientras que mestizos locales argentinos y chilenos eran posicionados en labores de fuerza propias del peonaje rural estacional. La supervisión, y por tanto el disciplinamiento ejercido mediante diferentes prácticas en cada uno de los rubros (donde predominó el ganadero), fue el escenario cotidiano donde se forjó la lucha de clases (Thompson, 1979).

La región patagónica vivió años de crecimiento económico al iniciarse el siglo XX, durante los cuales las actividades propias del capitalismo lograron un amplio desarrollo en extensión (Iñigo Carrera y Podestá, 1997). La importancia que en esa fase histórica adquirió la Patagonia, por poseer el único paso marítimo que conectaba el océano Atlántico y el Pacífico, el aumento del precio de la lana (potenciado por la Gran Guerra), y una etapa de fuerte acumulación originaria, generó la conformación de grandes fortunas privadas. Si bien la ovejería fue el rubro más relevante en la Patagonia austral y Tierra del Fuego, otros fueron la minería del carbón y el oro (Martinic, 2004; Bascopé, 2010), así como las labores portuarias, o de mar y playa (Pérez Álvarez, 2023). Para el caso de Aysén debe sumarse la actividad forestal (Rodríguez Torrent, 2021), y para Chiloé la agricultura de subsistencia que configuró tanto las dinámicas sociales internas como la necesidad de la emigración masiva hacia el sur patagónico (Morales Barrientos, 2025).

Este desarrollo del capitalismo en la Patagonia debe entenderse a partir de consecuentes procesos migratorios. Si bien la llegada de ovejeros británicos desde Malvinas en 1877 conformó una primera fuerza de trabajo para la fase de instalación de las estancias, la mayoría del proletariado que desarrolló el movimiento obrero local llegó desde la década de 1890 (Gómez Baeza, 2025; Bitterlich, 1995).3 La actual región de Aysén, mientras fue territorio de colonización, se ha considerado como una excepción al no haberse relevado evidencia sobre el desarrollo de movimiento obrero organizado desde inicios del siglo XX (Osorio, 2015, p. 122).

Es así cómo se generó una formación de clases sociales en la región patagónica, que tuvo también un carácter global. Los pobladores originarios fueron incorporados como trabajadores asalariados en tareas muy específicas, y el avance de la extracción e industria capitalista exportadora demandaba un colectivo de cuerpos que no tuviese otra forma de sobrevivir más que la venta de su fuerza de trabajo. Muchos de los migrantes de origen europeo se convertirían en propietarios de tierras, administradores o gerentes, o se dedicaron a otros rubros como el comercio. Si bien los trabajadores que arribaban a la región accedían con relativa facilidad a diversas formas de sobrevivir alternativas a la venta de su fuerza de trabajo, merced al uso de bienes naturales aún no privatizados (Iñigo Carrera, 1984, 1988) o a través de la ocupación de tierras todavía no transformadas en propiedad privada, esto no impidió que se generase un reclutamiento de mano de obra que llevó incluso a la “abundancia de brazos” (ver Pérez Álvarez, 2020; Gómez, 2019).

La composición de la clase obrera patagónico-fueguina fue, por lo tanto, internacional desde su mismo origen, como ya sucedía en el Atlántico sur, sea en Buenos Aires o Montevideo. Trayectorias como la del español Antonio Soto, el ruso Simón Radowitsky o el alemán Kurt Wilkens, anarquistas de las primeras décadas del siglo XX, dan cuenta de cómo los procesos migratorios enmarcados en el capitalismo global formaron tanto al trabajo como al capital.

Chiloé fue quizás el territorio más significativo, al menos cuantitativamente, para explicar la formación de la clase obrera patagónica. Desde antes de la instalación del capitalismo, en el siglo XVIII, la población chilota navegaba los canales australes, y hasta fines del siglo XX lo hacían mediante los servicios de navegación de diversa índole, llegando incluso al Cabo de Hornos. En lo que respecta al período de expansión capitalista que aquí analizamos, sus viajes se motivaban por la minería aurífera y la ganadería ovina (Saldívar et al., 2025). Son múltiples los trabajos que han dado cuenta de sus grados de participación en el desarrollo de la organización proletaria regional, desde los más tradicionales Borrero (1974) y Bayer (1974; 2009), quienes describen el proceso de organización obrera en Santa Cruz, hasta el aporte de Mancilla Pérez (2019; 2024). La evidencia recogida por Güenaga (1997) sobre la conformación del movimiento obrero patagónico, y en particular del protagonismo de la Federación Obrera de Magallanes (FOM) en la construcción de la organización proletaria en Santa Cruz, iluminó lo que Mancilla registró acerca del protagonismo chilote en estos procesos.4

El 1° de mayo en la Patagonia austral: indicios en tres períodos

Adentrarse en el 1° de mayo en la Patagonia austral de esta etapa implica una lectura que establezca menores diferencias a partir de los marcos nacionales, al ser en gran parte de sus dimensiones una consecuencia de circulaciones en escalas locales y globales. A continuación, analizamos la evidencia sobre las conmemoraciones en tres períodos del movimiento obrero en la Patagonia. El primero es anterior al ciclo 1917-1922, observando las huelgas y organizaciones iniciales y la génesis de las actividades en torno al Día Internacional de los Trabajadores. Posteriormente se trabajará el álgido período de lucha de clases que se ubica, con mayor intensidad, entre 1917 y 1922. Como tercer apartado ubicamos las conmemoraciones desarrolladas luego de ese año y hasta las décadas del 30 y 40 del siglo XX.

Las primeras referencias: hasta 1916

Abarcamos aquí un período que incluye desde las primeras ocupaciones estables de origen estatal y/o del capital en la Patagonia, y con ello del inicio de la conformación de rasgos de existencia de una primigenia clase obrera, hasta mediados de la segunda década del siglo XX. Para la segunda fase, que integramos en el ciclo de luchas 1917-1922, ya la región había sido incorporada (al menos en términos generales), al capitalismo global y empezaba a serlo a los respectivos mercados nacionales argentino y chileno.

En 1875 se produjo la primera huelga relevada en la Patagonia Austral, cuando los trabajadores del carbón reclamaron aumento salarial, al tiempo que las autoridades recurrieron al trabajo forzoso de obreros deportados para reiniciar las actividades (Auzoberría et al., 2022, p. 65). Para 1896, trabajadores de Punta Arenas realizaron una huelga de tres días y al año siguiente conformaron la Unión Obrera, hasta hoy el primer registro de organización sindical en la Patagonia Austral. Su actividad inicial fue la primera conmemoración del día internacional de los trabajadores de la que se tenga registro allí. Con una “velada artística” reivindicaron la fecha, formulando una colecta en favor de los detenidos en la cárcel local: "Celebró su primera fiesta anual del 1° de Mayo a solo 11 años de la tragedia de Chicago, con asistencia de gran número de sus miembros y algunos invitados. La velada fué muy variada cumpliéndose estrictamente el programa formulado" (Unión Obrera (6 de mayo de 1897, El Magallanes).

En el noreste de Chubut (Ibarra y Hernández, 2005) hemos registrado la primera huelga durante 1886, en el marco de la construcción de una vía férrea que conectaría un punto del Valle Inferior del Río Chubut (que desde entonces se transformaría en el poblado de Trelew) con Puerto Madryn, ubicado en el Golfo Nuevo (Dumrauf, 1993; Pérez Álvarez, 2020), una distancia de unos 70 kilómetros. Para iniciar la obra se hizo imprescindible la provisión de trabajadores, arribando en el Vapor Vesta alrededor de 400 inmigrantes de origen europeo.

En diciembre de 1886 estos obreros paralizaron la construcción en reclamo por las promesas incumplidas de tierras y la insuficiente provisión de agua. El gobernador Conesa respondió enviando al comisario “a objeto de castigar a los culpables”, por “haberse declarado en huelga parte de la peonada de esa empresa, cometiendo abusos y desórdenes” (Dumrauf, 1993, p. 65). Nombró un destacamento fijo para controlar la obra, que pasó a estar bajo constante supervisión policial hasta su finalización.

Scandizzo (2023) señala que, durante la década de 1890 en Carmen de Patagones, por entonces un nodo comercial y portuario del norte patagónico, se conformaron grupos de propaganda libertaria. El 1° de mayo de 1892 (a solo seis años de los sucesos de Chicago y a dos de los primeros actos realizados en el país) se registran, hasta hoy, los primeros rasgos de una conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores en la Patagonia, colocando carteles: “con las leyendas ‘Viva el 1 de Mayo’, ‘Viva la Revolución Social’ y ‘Abajo la autoridad’. Esa acción de propaganda culminó con el arresto de Giovanni Bellini, activo militante anarquista, y de otra persona, de apellido Vidal” (Scandizzo, 2025, p. 12).5

Si bien esta referencia está situada en la Patagonia norte, da señales de que las conmemoraciones del 1° de mayo empezaban a impactar en la macrorregión. Los sindicatos por oficio que darían nacimiento a la FOM en 1911 continuaron esa tradición. En 1905, apareció en circulación un periódico llamado 1º de Mayo, editado por J. Enrique Ojeda C., sin atribuirse ser órgano de una organización obrera. El siguiente registro que se tiene de las conmemoraciones del Día Internacional de los Trabajadores corresponde a dicha publicación, y puede dividirse en dos partes.

El primero es la referencia al significado de la efeméride, mediante la circulación del número inicial del periódico, el 1° de mayo de 1905. Allí se publicaron reflexiones sobre la fecha, comenzando con un saludo: “En este día de memorables recuerdos para la causa de los hijos del pueblo, vaya nuestro más cordial afecto para todos aquellos que se cobijan bajo la bandera de la unión social” (“Nuestro saludo”, (1 de mayo de 1905). 1º de Mayo, p. 1.).

El número siguiente describía lo que ya denominaban la “Fiesta del Trabajo”, que incluyó una “banda de músicos alemanes” que encabezó la columna de dos cuadras de extensión. Hubo comidas y oratorias de obreros sobre diversos temas, como la solidaridad internacional con los trabajadores rusos y japoneses en el marco de la guerra que azotaba a ambos países: “son víctimas del actual sistema autócrata, matándose ambos por defender lo que llaman patria y que no es otra cosa que una lucha de intereses en que ambas naciones están empeñadas por conquistar el mercado” (“La celebración de la Fiesta del Trabajo en Punta Arenas (20 de mayo de 1905) 1º de Mayo, p.1).

A medida que pasaban los años, las conmemoraciones se expandían a distintas subregiones de la Patagonia. Según Scandizzo (2020), en 1912 se celebró por primera vez ese día en Neuquén, con un acto de fraternidad en torno a “un modesto lunch”. Durante 1914 y 1915 la Agrupación Cultural Arte y Progreso realizó obras de teatro a modo de conmemoración y en los siguientes años se sucedieron otras manifestaciones. En Santa Cruz, Miguel Auzoberría (2011) registra que a fines de abril de 1910 propietarios de Río Gallegos expresaron su preocupación al gobernador ante la novedad de que los obreros planeaban realizar una actividad en torno al 1° de mayo. Esto sucedía en el marco de los festejos por el centenario de la revolución de mayo argentina, ocurrida en 1810, evidenciando la contradicción entre una conmemoración que resaltaba la unidad internacional de la clase, frente a otra que construía la idea de una comunidad de intereses entre los habitantes del territorio que reclamaba como propio el estado argentino.

El gobernador respondió que solo habilitarían las actividades obreras que no generasen “perturbaciones” a la “tranquilidad pública”. Señala Auzoberría (2011, pp. 146-147) que la matriz de esa carta “será un discurso habitual en el Territorio de Santa Cruz en los años venideros: la “diferenciación” entre el obrero “bueno”, del obrero “malo”, es decir, la diferencia de aquel sumiso y trabajador, de aquel “agitador”, “ácrata” o “maximalista” según el tiempo que le toque actuar”.

La Federación Obrera de Río Gallegos invitó a conmemorar el 1º de mayo de 1910 con un “almuerzo campestre” en la imprenta del periódico El Antártico. El gobierno prohibió el acto y señaló al director, Diego León Meneses, como un “agitador” e “instigador de desórdenes”. Auzoberría narra que los trabajadores se concentraron en ese local, siendo acusados de poseer armamento: el periódico fue allanado y 14 personas resultaron detenidas. Por la noche las actividades hubieran continuado en la cancha de pelota, recorriendo “las calles de la población en columna y con nuestra bandera social” (Libro Copiador Gobernación del Territorio de Santa Cruz. Año: 1910. Archivo Histórico Provincial. Solicitud de la Federación Obrera), según la carta remitida por la Federación Obrera.

La gobernación solo autorizó una reunión en el paraje “Río Chico”, al que consideraban “adecuado para este género de reuniones y que alejan del centro de esta capital los posibles disturbios que vienen manteniendo en sobresalto al vecindario”. Además, ordenaban un itinerario estricto para la marcha, exigiendo que la actividad debía ser disuelta para las cinco de la tarde.

La policía, junto al subprefecto, intervino contra la concentración obrera en la sede del periódico, provocando las citadas detenciones, que generaron un relevante conflicto social. En los días posteriores las autoridades del Territorio remitieron comunicaciones directas al presidente de Argentina, asegurando por telegrama que no habían negado “permiso reunión Obrera Local” y que “20 cabecillas, agitadores encabezados por director ‘El Antártico’, periódico instigador de desórdenes y atentado (…) actitud resistencia a la autoridad habiéndose proveído de armas y gran número de munición”.

Destacaban que controlaron la situación sin caer en ningún incumplimiento de la ley ni privación de derechos, y asegurando la detención de 14 “sediciosos”. En la continuidad del mes de mayo se desarrollaron nuevos conflictos en la región sur de Santa Cruz, entre ellos de los obreros empleados en los frigoríficos, y en el norte en torno a quienes trabajaban en la línea de ferrocarril de Puerto Deseado (Auzoberría, 2011, pp. 152 a 154). La aparente “pacificación” del territorio (Luque y Martínez, 2005) se logró mediante detenciones y deportaciones, que garantizaron los “festejos” del centenario.

Ya se ha argumentado que en Magallanes el período de huelgas y represión más intensa comenzó a fines de 1912, en las estancias de la Explotadora en Tierra del Fuego (Iriarte, 1915; Gómez Baeza, 2020). Sus protagonistas fueron los obreros organizados en torno a la FOM. La misma organización convocó a la conmemoración que, según indicaba El Magallanes, era parte ya de “la cultura peculiar, que enaltece a nuestro pueblo”:

se llevo (sic) a cabo ayer la celebracion (sic) de la fiesta del trabajo en esta ciudad. Atendiendo a la peticion (sic) de la Federación Obrera, las fabricas (sic), talleres, casas de comercio, etc., cerraron sus puertas para darles a sus empleados un dia de descanso i (sic) con el fin de que el programa fuese cumplido con la lucidez que los obreros deseaban (“La fiesta del trabajo (2 de mayo de 1912)”, El Magallanes).

Es interesante observar el contraste entre los escenarios de mayor confrontación en los espacios laborales y estas “celebraciones” que se realizaban en Punta Arenas. Para el año siguiente, 1913, la organización fue similar, con protagonismo de la Escuela Popular Nocturna y su director, Juan Bautista Contardi, la Cruz Roja, el Hospital de Caridad y los presos de la cárcel de la ciudad por intermedio del alcalde. Estos últimos, según indica El Magallanes, “manifestaron a la Federacion (sic) su reconocimiento por el obsequio almuerzo i (sic) cigarrillos que se les hizo” (“El 1° de Mayo. Hermosa conmemoración" 2 de mayo 1917, El Magallanes).6

En 1913 se realizó el primer acto por el 1º de mayo en la región noreste del Chubut, desarrollado en Gaiman por “los obreros del ferrocarril y muchos otros”. En la prensa se destacó:

El número de manifestantes era de bastante importancia, saliendo en columnas bien formadas, por las calles del pueblo, entonando el Himno de los Trabajadores y haciendo flamear pañuelos y banderas rojas. El espectáculo llamó la atención por ser la primera vez que esto acontecía en el Chubut (“El 1° de Mayo. Hermosa conmemoración” (2 de mayo de 1913), El Avisador Comercial).

Matthew Henry Jones, cronista de la historia de Trelew y figura relevante de la política local, rememoraba esas jornadas en las décadas iniciales del siglo XX:

por aquellos años, la conmemoración del primero de mayo fue un espectáculo, con despliegue de fuerzas policiales para mantener el orden en el desfile que siempre se organizaba después de los encendidos discursos que se pronunciaban en la Plaza Independencia, no siendo raro que algunos de los más entusiastas terminaran esa noche en algún calabozo de la comisaría local. Ese día las calles del pueblo se encontraban desiertas, por cuanto la gente tenía temor de que ocurrieran incidentes (Jones, 1997a, p. 117).

El ciclo 1917-1922

De 1917 a 1922 se establece un ciclo de luchas en el movimiento obrero de la Patagonia, con un punto de quiebre en la masacre de los huelguistas en Santa Cruz, finalizada al iniciarse ese último año. Esta fase, donde la organización de gremios, huelgas y boicots se sucedían con mayor frecuencia e intensidad, fue de particular relevancia para la historia regional, que experimentó una ruptura de su estructura económica. Tras el fin de la Primera Guerra Mundial se derrumbó el precio de la lana y, tras la plena apertura del Canal de Panamá al tránsito bioceánico de los buques cargueros, se canceló parte del carácter estratégico que tenía el Estrecho de Magallanes.

Una característica importante del movimiento obrero en Magallanes y de sus conmemoraciones del 1° de mayo, fue su transversalidad en una clase obrera extensa en rubros, nacionalidades (a pesar de las mayorías chilotas en las estancias y frigoríficos) y de género. El periódico de los trabajadores de mar y playa de Punta Arenas, La Voz del Marino, publicó en 1917 el discurso y declamación de poesía de “la Compañera Sra. Clorinda Alvarado”, indicando que fue aplaudido con entusiasmo (“El Primero de Mayo Su Celebración” (6 de mayo de 1917). La Voz del Marino). Aquella participación femenina no era ni una excepción ni una novedad (Gette, et al., 2025). A inicios de 1917, se reunió por primera vez el Centro Femenino de Magallanes (CFM), que constituido con el objetivo de “procurar el mejoramiento moral y material de todas sus asociadas, teniendo como finalidad la completa emancipación económica y social de la mujer” (CFM). Agregaban que era una sociedad cosmopolita “y de oficios varios, por lo tanto, pueden ingresar a ella todas las obreras de cualquier oficio o profesión y de cualquier nacionalidad” (“Estatuto de la Sociedad Centro Femenino de Magallanes” (15 de febrero de 1917). El Socialista, p. 2).

Con el internacionalismo que les caracterizó desde el inicio, esta organización de mujeres trabajadoras se ocupaba de ordenar las actividades conmemorativas del 1° de mayo. En su primera velada, realizada en el local de la FOM, las mujeres socias o simpatizantes entraban gratis (los hombres pagaban cincuenta centavos), y se destacaron presentaciones teatrales además de oratorias y otras actividades.7 Al año siguiente, el periódico El Socialista de Punta Arenas indicaba que las actividades conmemorativas “baten el record de las celebraciones anteriores” (sic) (“El 1° de Mayo” (9 de mayo de 1918). El Socialista, pp. 1-2.). En esa ocasión, la obrera gráfica Amelia Uribe brindó un discurso, publicado en el periódico, que enfatizó aspectos como la diferencia salarial respecto de los hombres, además de cuestionar la pasividad de la mujer chilena “que tiene fama de beata”. Su discurso terminó con un “¡viva! a la Federación Obrera y otro al 1° de Mayo. ¡Viva!” (“Discurso a la manifestación del Primero de Mayo” (9 de mayo de 1918). El Socialista, p. 2). La participación de las organizaciones de mujeres en los actos del 1° de mayo en Punta Arenas tuvieron continuidad, según se registra en los actos de 1922 desde El Trabajo, con la Agrupación Femenina (La conmemoración del 1° de Mayo (3 de mayo de 1922). El Trabajo, p 1.).

A pesar del dinamismo evidenciado en los distintos espacios de esa ciudad, la brecha entre lo urbano con tintes cosmopolitas y conectada al mundo, y espacios productivos rurales altamente aislados, se hacía notar en estas conmemoraciones. Si bien en la edición de 1915, se registra el desarrollo de actividades en Natales y Porvenir, dos pueblos cercanos a los territorios estancieros y a frigoríficos ganaderos, como “conferencias sobre el significado de dicha fiesta y de los anhelos de las clases trabajadoras” (La fiesta del trabajo (3 de mayo de 1915 El Magallanes), otros espacios más alejados vivían otra realidad.

Un ejemplo era lo sucedido en Tierra del Fuego, donde los estancieros no cumplieron con el acuerdo de dar libre el 1° de mayo, impidiendo la realización de la “Fiesta del Trabajo”. En una columna del periódico El Trabajo de la FOM, se indicaba que en dichas estancias “sin escepción se obligó al personal a trabajar en ese día, atropellando así esos capataces la firma de su administrador jeneral (sic) Sr. Cameron, puesta al pie del contrato” (Gómez Baeza, 2024).8 Esto nos habla del contexto de discrecionalidad con que los empleadores, ya sea los patrones capitalistas o los mandos medios como capataces, permitían o impedían la conmemoración.

En Chubut, la clase dominante regional pasó de un relativo apoyo a la organización obrera (siempre que se limitase al aspecto gremial) al enfrentamiento frontal contra los trabajadores desde 1919. Dos años antes, en 1917, ya encontramos una organización conformada en Gaiman, que realizaba actividades por el 1º de mayo: el Centro Juan Bautista Alberdi. La manifestación superó las 150 personas que marcharon desde el ferrocarril hasta la plaza, por la avenida Eugenio Tello. El principal orador fue el presidente del centro, Ángel Petrarca, destacando su filiación socialista y el llamado a la neutralidad ante la guerra.

El periódico El Avisador Comercial, de Trelew, reivindicó la resignificación que, para ellos, tenía esta fecha, al no registrarse los hechos violentos de antaño.9 En ese marco destacó el acto en Gaiman y su desarrollo pacífico, pero criticó la oposición a la guerra: el editorialista sostenía que esa guerra era una batalla contra la autocracia, y por eso debía ser apoyada por los obreros. Durante 1918 la Sociedad Obrera de Oficios Varios de Madryn informó que realizarían un acto por el 1º de mayo, solicitando el cierre de comercios y talleres. Se realizó un asado, una subasta de objetos (entre ellos un busto de yeso, que se remató a $100), y se recibieron donaciones de comerciantes y particulares, que incluían alcohol y cigarros.

En Trelew esta fecha se conmemoró por primera vez: se convocaron en el local del Centro Obrero Tierra y Libertad (España, s.f.), organizando una fiesta campestre. El 1º de mayo comenzaba a tener mayor presencia en la zona, pero también se visualiza la lucha ideológica alrededor de esta fecha. Estos actos en Trelew y Puerto Madryn, parecieran estar más cerca de la “fiesta del trabajo” que de un día de “protesta y combate”.

El 1º de mayo de 1919, pocos meses después de la “Semana Trágica” en Argentina, se realizaron actos en Trelew, Madryn y Gaiman. Los obreros de Trelew prepararon un programa que contempló la reunión en su local para inaugurar el escudo de la sociedad, y una manifestación hasta la plaza Independencia, con varios oradores. Por la noche, se realizó una velada en el teatro Verdi a fin de recaudar fondos para la biblioteca. En Gaiman, el Centro “La Antorcha” realizó una manifestación y un acto con discursos, luego una conferencia sobre el movimiento obrero en Europa y América, y cerró la jornada con una comida en el Hotel Chubut. Pusieron frente a su local una bandera roja con la inscripción “Loor a los mártires de Chicago –1 de Mayo de 1919- el socialismo va en marcha– nadie lo detendrá”. En Madryn la Sociedad Obrera organizó una manifestación, asado, carrera de embolsados, rifas y una función de cine en la Sociedad Española, donde tomaron un vermouth y un jerez. Al finalizar la manifestación, encabezada por una bandera roja, hablaron algunos dirigentes y se cantó el himno del trabajo. Como vemos la lucha por el sentido del día seguía presente.

Durante los siguientes años se realizaron nuevas huelgas en el noreste chubutense (Gatica et al., 2005) y constantes actividades en torno al 1° de mayo, aunque su fuerza menguó con relación a lo sucedido en 1919. El 30 de abril de 1920 el periódico El Pueblo publicó en su tapa el programa de la Liga Patriótica (López, 2003), instando a dejar de lado la conmemoración del 1º de mayo y hacer eje en las fechas que unían la nación. Para 1920 sólo registramos una conmemoración por el 1º de mayo: en Trelew se realizó un acto en la plaza central, y luego una velada en el teatro Verdi. En el marco de las medidas que los obreros venían realizando, y del posicionamiento de los periódicos en contra de sus reclamos, es posible que estos hayan dejado de cubrir los actos y de publicar los comunicados de sus asociaciones. Solo El Avisador Comercial (periódico que era el menos opositor a las acciones proletarias) relevó este acto.

Imagen 1

Fuente:Nürnberg, Aliaga y Cursaro, 1994: foto 29.

Durante abril de 1921 se realizó en Madryn una asamblea obrera: en ella un delegado de Puerto Deseado explicó la situación de la extensa huelga que allí se desarrollaba. Se decidió ayudarlos enviando víveres y dinero, y conmemorar el 1° de mayo (Sindicato de O. Varios (23 de abril de 1921). Golfo Nuevo, p. 1). El acto se inició con el himno “universalmente aceptado”, la Marsellesa, escuchado “en religioso silencio” (La conmemoración del 1 de Mayo (7 de mayo de 1921). Golfo Nuevo, p. 1.). Bailaron luego hasta la salida del sol, y la aurora se recibió con una orquesta de mandolines y guitarras. A las 10 salió la manifestación de la sociedad obrera y se realizó el acto con oradores; después comieron un asado y hubo remates. Asistió una delegación de empleados de comercio, y los ferroviarios hicieron una conferencia a cargo del delegado de Puerto Deseado; no hay datos de actos en Trelew y Gaiman (Gatica y Pérez Álvarez, 2012).

Para Comodoro Rivadavia, y en general la región sur de Chubut, recuperamos trabajos de Cabral Marques y Crespo (2006), Cabral Marques (1995), Crespo (2011), Carrizo (2006) y las producciones de Ceballos (2005, 2006), quien abordó de modo específico el registro de las conmemoraciones del 1° de mayo en esa porción del territorio. Ceballos (2005) reseña la evocación comodorense en 1918, luego de las huelgas de 1917 (Torres, 1995), donde se expresó el conflicto entre capital y trabajo. También en 1917 se había creado la Federación Obrera Departamental (FOD), que reunía petroleros, estibadores, panaderos, ferroviarios, troperos, gastronómicos, obreros y empleados del comercio, los que organizaban la conmemoración del 1° de mayo (Crespo, 2011, p. 85).

Una fuente clave de esta conmemoración son las fotografías resguardadas (Nürnberg, Aliaga y Cursaro, 1994), donde se destaca la pancarta de la Federación Obrera Petrolífera, un cartel contra el comerciante M.M. Venter llamando al “boicott y sabotaje”, otro “contra los carniceros”, “los obreros de Comodoro Rivadavia a los mártires de Chicago” y un cartel en cirílico (evidenciando la importante presencia de obreros de ese origen) reivindicando la reciente revolución soviética en Rusia. Además, se destaca la importante presencia de prensa entre los trabajadores, no advirtiéndose presencia femenina en las primeras filas. Sí pueden verse algunas mujeres al fondo de la imagen, paradas en las puertas de las viviendas, quizás demarcando su lugar supuestamente restringido a las labores del hogar.

Imagen 2

Fuente:Nürnberg, Aliaga y Cursaro, 1994, foto 28.

En la Imagen 2, fechada con mayor imprecisión entre 1918 y 1919, señala otra conmemoración del 1° de mayo, en la esquina de 25 de mayo y San Martín. Allí el único cartel visible reseña “Viva la Federación Obrera Departamental, Viva el 1º de Mayo, Abajo la burguesía”, y se destaca la importante presencia de menores de edad, algo muy propio del mercado de trabajo de la época en la Patagonia (Mases, 2014, 2021).

En 1921 y 1922 los actos en Comodoro Rivadavia tuvieron numerosa concurrencia, con un programa a cargo de la FOD y la paralización total del trabajo. Resalta la importancia que se le daban a las “veladas teatrales”, realizadas el 30 de abril de 1922 y el 1º de mayo, con las obras: “Ramón el Albañil” o “El crimen de la Miseria”. Además, se dio lectura pública a un poema de Pietro Gori, anarquista italiano y autor de varias obras artísticas.

Luego de haber pasado por la ciudad de Trelew (donde tuvo un rol relevante en una huelga), Antonio Soto se trasladó a Río Gallegos al iniciarse 1920 donde, al poco tiempo fue elegido secretario general de la Sociedad Obrera local. Una de sus primeras iniciativas fue la adquisición de una imprenta para editar el periódico 1º de Mayo. Nuevamente, como fue en 1905 en Punta Arenas, quedaba en evidencia la centralidad de esta conmemoración como emblema de la anhelada unidad internacional del proletariado.

Era el inicio del proceso que generaría las huelgas de la Patagonia Trágica o Rebelde, donde desde ese Río Gallegos de apenas 4.000 habitantes, aparentemente tan lejano a los principales ríos de la “historia”, se conmovería la política regional y nacional (Bayer, 2009, p. 31-32). Las acciones obreras conseguirían sus reivindicaciones en términos formales, aunque, como es conocido, luego estas no fueron cumplidas por la patronal. Durante 1921 los trabajadores volvieron a luchar para que sus conquistas se plasmasen en la realidad: el incumplimiento de la palabra hacía aún más flagrante la injusta situación vivenciada (Andújar et. al, 2016; Pérez Álvarez, 2022). El movimiento obrero se encontró ante esta nueva confrontación en soledad y no pudo enfrentar la violencia patronal y estatal (Bayer, 2009, p. 106).

Nuevamente el 1° de mayo emergió como punto de encuentro de la masacre y de su denuncia: fue en la edición extraordinaria de esa fecha en 1922, cuando en El Marino, órgano de prensa oficial de la Federación Obrera Marítima, se publicaron una serie de impactantes datos sobre los primeros fusilados:

Estación Jaramillo: a 500 metros de la estación, lado Puerto Deseado, en el campo de Baldomero Cimadevilla, seis fusilados. Lado sur por la vía, uno a flor de tierra, cadáver de Antonio Leiva. En el mismo lugar, al norte de la vía, tres fusilados. A 300 metros del pueblo, lado Puerto Deseado, al sur de la vía, cincuenta fusilados (Bayer, 2009, p. 227).

El rol de esta conmemoración resurge en otra referencia de Bayer (2009, p. 259), cuando reseña el asesinato durante 1922 en Puerto Santa Cruz de dos miembros de la Federación Obrera: Domingo Islas, español, y el delegado de los albañiles, Miguel Gesenko, ruso. Gesenko habría desarmado al presidente de la Liga Patriótica local durante la manifestación del 1° de mayo de 1921 (aunque en otra descripción Bayer consigna que ese hecho sucedió el 12 de junio). Más allá de esa duda, se observa que el 1° de mayo aparecía aquí como un día de clara confrontación, al modo en que lo describía Jones para el noreste de Chubut.

Esa dinámica fue quebrada por la masacre de Santa Cruz, como parte de una ofensiva patronal-estatal que sumaba una serie de contundentes ataques contra el movimiento obrero regional, iniciada por la represión a los obreros del frigorífico de Puerto Bories, durante 1919 en Natales, y la quema del local de la FOM, en Punta Arenas durante julio de 1920. Analizando un hecho del año 1923, Auzoberría, Huenul, Luque y Martínez, sintetizan que:

el miedo instalado tras los fusilamientos y el estricto control social desalentaron todo tipo de medidas de acción directa por parte de los trabajadores. Los actos perpetrados por el Ejército tuvieron así un alto impacto en las organizaciones sindicales; de hecho, no se registraron otras actividades sino hasta la década de 1930 (2022, p. 78).

En Magallanes observamos un cambio en el sentido del 1° de mayo desde 1919, a partir de un hecho considerado la obertura del ciclo de radicalización y represivo para el movimiento obrero patagónico: la Comuna de Natales. El levantamiento de los obreros del Frigorífico Bories de la Explotadora, culminó con el asesinato de 6 trabajadores y el apresamiento de otros varios. Esto implicó, por ejemplo, que durante mayo de 1919, El Trabajo de la FOM destacase la visita a los compañeros mantenidos en un “cautiverio inmerecido”, para los actos en Punta Arenas (La Celebración del 1° de Mayo (11 de mayo de 1919). El Trabajo, p. 1).

A su vez, El Socialista reportaba de manera directa sobre lo sucedido en Punta Arenas (las protestas de diciembre de 1918 y el asesinato de un obrero) y Natales en los últimos meses, contrastándolo con las luchas proletarias del mundo. El 1° de mayo de 1920 en Natales se registraron actos multitudinarios, desde la romería a la tumba de los mártires, hasta actividades sociales en la plaza pública. En palabras de Arriagada: “Para los trabajadores de Puerto Natales el 1° de mayo de 1920 sería una celebración de mucha solemnidad y nostalgia al recordar a los camaradas muertos” (Arriagada, 2010, p. 168). La solidaridad de la clase trabajadora en Magallanes persistió hacia los compañeros que permanecían en la cárcel de Punta Arenas en los actos de 1921. De acuerdo con Harambour Ross después de “marchar por la mañana hasta el cementerio, para rendir homenaje a los compañeros caídos, un grupo de dirigentes, junto a la estudiantina La Popular, visitó en la cárcel a los detenidos por la rebelión de Natales” (Harambour Ross, 1999, p. 168). Era un 1° de mayo posterior al incendio y masacre de la sede de la FOM, por lo que los homenajes se referían también a aquellas víctimas de la sedición patronal-militar de “guardias blancas”, parte de las Ligas Patrióticas locales de Punta Arenas (Vega Delgado, 1996).10

El cambio de tenor y la ausencia de la pomposidad pública que poseían los primeros actos, se evidenciaron desde el comienzo de los mayores ataques represivos. En este caso se observó un tono menos festivo, poniendo el eje de la conmemoración en la solidaridad con los presos o el recuerdo de quienes fueron brutalmente asesinados.

Luego de 1922, entre luchas, reordenamientos y la “fiesta del trabajo”

Una situación de retraimiento de las luchas, y también de las conmemoraciones del 1° de mayo, se sostuvo durante los años siguientes, hasta que llegó la crisis de 1929-30. Ese acontecimiento, que en otros lugares se destacó como un momento de quiebre, aquí se encontró con una región ya sumida en el estancamiento, tanto económico como de la dinámica obrera. Ese será el tono general del período posterior, donde el día internacional de los trabajadores iba perdiendo su carácter más confrontativo para avanzar en tendencias de jornadas con rasgos “festivos” o de intentos de rearticulación de un movimiento obrero debilitado por el ataque patronal-estatal.

A la vez, al avanzar la imposición estatal sobre estos territorios, también se consolidaba la reivindicación en clave nacional, quebrándose la lógica sin fronteras anterior a 1922. Ello se hacía más evidente en el territorio argentino, donde a la conmemoración proletaria se le contraponía, por su cercanía, el festejo “de mayo” (en torno al aniversario de la revolución del 25 de mayo de 1810). Ambas dinámicas, convergiendo con la ya citada derrota de las perspectivas más radicalizadas del movimiento obrero y el fortalecimiento de una línea de mayor intervención y regulación estatal, restringía el antiguo día de lucha obrera a una “fiesta del trabajo”.

Durante 1923 en Comodoro Rivadavia la jornada tuvo presentaciones de periódicos y se sumó la participación de un delegado de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA). Para el año siguiente, y en el contexto de una modificación en la administración de los yacimientos petroleros vía un mayor peso de la intervención estatal, las actividades se articularon en torno a la representación de “Hijos del Pueblo” y “La Fiesta del Trabajo”. Lo más novedoso, para el “lado argentino”, fue el uso del concepto de “fiesta” y el cobro de entrada a los eventos, para recaudar fondos destinados a crear una “escuela racionalista”.11 Un delegado de la FORA presentó la disertación “Anarquismo Heroico”, también a beneficio del proyecto escolar, que empezó a funcionar durante ese año con 46 alumnos en turno mañana y tarde (Ceballos, 2005).12

Para 1925 la FOD planteó un discurso que reivindicaba la línea de día de lucha “...la bandera de la emancipación vuelve a desplegarse ondeando y llamando a todos los desheredados, a todos los hijos de la gleba a la gran batalla de la reivindicación social” (Ceballos, 2005). Durante 1926 se marchó por las calles con estandartes y banderas y se expresaron varios oradores (Ceballos, 2005). Al año siguiente la FOD representó “El Puñal de los Troveros” y en 1928 realizaron actos planteando su “desprecio e indiferencia a los ‘prohombres’ locales que con afán enfermizo no cejan en sus empeños hasta encumbrar en nuestro medio a los ‘pollerudos’ de la Liga Patriótica”. El programa incluía recaudaciones a beneficio de los presos sociales y la Escuela Racionalista, logrando importante asistencia a pesar de la ausencia de la mayor parte de los obreros petroleros “sometidos a un régimen más riguroso y disciplinado” (Ceballos, 2005).

En 1929 y 1930 se evidencia que la conmemoración del 1º de mayo se encuentra en una encrucijada entre la continuidad de la jornada de protesta (que igualmente podía tener rasgos festivos) y el inicio de un modelo únicamente restringido a la lógica de una “fiesta del trabajo”. La FOD organizó veladas proyectando películas reivindicativas, con diversos oradores. Quizás por el marco de la crisis económica y el comienzo de la dictadura de Uriburu, en 1931 no hubo acciones; fueron retomadas durante 1932, con actos de la UGOP (Unión General Obreros Petroleros, cercano al Partido Comunista y adheridos al Comité de Unidad Sindical Clasista) y la FOD, y una marcha por la ciudad (Ceballos, 2005).

En 1933 las autoridades territorianas (Perrén y Pérez Álvarez, 2011) prohibieron los actos del 1° de mayo (luego de las grandes huelgas de 1932, ver Camarero, 2007, Andújar, 2014), y para 1934 y 1935 pasaron a realizarse a cargo del Círculo Socialista. Durante los siguientes años (1936, 1937), se hicieron evidentes las tensiones por el creciente rol del Partido Socialista en las conmemoraciones. De 1938 a 1943 participaron otras organizaciones, como la Liga de Defensa de los Derechos del Hombre, la Asociación de Trabajadores del Estado (Parcero y Calello, 2008), la Unión Cívica Radical, FORA, Sindicato Obreros y Empleados Petroleros, Sindicato de Choferes, obreros fideeros y la Junta Regional Pro-Refugiados de España (Eraso, en prensa). Iban tomando centralidad las actividades con modalidad “festiva”, en especial los eventos deportivos y las veladas artísticas ya sin la pasada carga reivindicativa.

Para el noreste de Chubut no hemos relevado mayor actividad en torno al 1° de mayo a partir del punto de inflexión de 1922. Como ya lo marcamos es probable que los medios de prensa evitasen el registro de las nuevas jornadas, pero no registramos acciones proletarias en torno a esta conmemoración hasta avanzada la década del 30. El 1° de mayo de 1935 el Sindicato de Oficios Varios de Trelew realizó una marcha por la ciudad y frente al kiosco de la plaza central hablaron varios oradores: “insultando a jefes de gobierno y a representantes de gobiernos extranjeros (…) todo ello ante la impasible actitud del Comisario de Policía, Sr. Abondanza, el que inexplicablemente no intervino para poner fin a semejante libertinaje" (Jones, 1997b, p. 27). La siguiente referencia a una actividad por esta fecha ya fue completamente en clave de “día de fiesta”: “Adhiriéndose a los festejos por el Día del Trabajador, el Club Independiente organizó tres bailes populares” (Jones, 1997b, p. 229).

En Magallanes, la década de 1920 significó un profundo reordenamiento de la organización obrera. Tras más de una década en el marco de la FOM, en 1924 apareció un periódico que permanecería en la historia de la prensa obrera de Natales y del territorio de Última Esperanza, al norte de Magallanes: El Esfuerzo. Su primer número rezaba “Órgano Oficial de la Federación Obrera Local”, expresando la autonomía de los obreros de dicho territorio (con una importante llegada a espacios rurales, donde se repartía gratis) respecto de lo realizado en Punta Arenas.13

Para el 1° de mayo de 1925, se describía la actividad realizada en Natales desde la Federación Local, destacándose los números artísticos: piano, declamación de poesía y oratoria (“Ecos del 1° de Mayo” (10 de mayo de 1925). El Esfuerzo, p. 1). A diferencia de otras conmemoraciones, la sucedida en 1926 se describía en página interior y sin vistosidad como “fría, apacible, con un gesto evidente del inerte. (…) No obstante este aparente letargo, “la Organización” dió una función teatral para las familias obreras y simpatisantes (sic) a nuestra causa” (“Ecos del 1° de Mayo” (9 de mayo de 1926). El Esfuerzo, p. 3). Ello reflejaba que, por aquellos años, el movimiento obrero magallánico pasaba por momentos no solamente de re-organización, sino también de fragmentación, en paralelo con dos procesos nacionales que sin dudas incidieron en su composición y orientación: la demanda transversal al gobierno central chileno para la obtención de la ciudadanía mediante la inclusión de Magallanes como provincia (1927), y la represión al movimiento sindical que impulsó la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo, de gran impacto en Magallanes y Natales.14

En la década de 1930 se visualiza una composición diferente, al alero de la institucionalización de las organizaciones proletarias de Chile, consolidándose una mixtura de narrativas internacionalistas junto al relevo de temáticas contingentes locales y nacionales. Durante esa década, las legislaciones laborales nacionales comenzarían a ser aplicadas en la ahora provincia magallánica. Fue en dicho marco que un sindicato legal, el Sindicato Profesional de la Industria Ganadera y Frigorífica de Magallanes, comenzó a publicar en 1930 un periódico llamado El Productor. Además de las remembranzas a los mártires de Chicago, que hacían pensar en la mantención del internacionalismo, en las actividades del 1° de mayo de 1931 muchos sindicatos dedicaron alabanzas o críticas a quienes gobernaban, entre ellos a Carlos Ibáñez del Campo, o hablaron de temas de interés netamente local, como la necesidad de un Mercado Municipal (La Fiesta del Trabajo (4 de mayo de 1931). El Productor, p. 1).

Al año siguiente, se realizó una modesta actividad, debido a las restricciones impuestas como consecuencia de la crisis económica y política que atravesaba Chile, producto de la Gran Depresión (El 1° de Mayo: protesta universal (7 de mayo de 1932). El Productor, p. 4). La tónica internacionalista, al menos en las remembranzas y la retórica, se mantuvo durante esa misma década. Por ejemplo, en la conmemoración organizada por el Centro Cultural Obrero “Juventud” en 1935, que logró reunir una pluralidad de organizaciones proletarias en el Teatro Politeama de Punta Arenas, se dedicaron palabras a los mártires de Chicago y entonaron las canciones “Hijos del Pueblo” y “La Internacional” (Ecos del Homenaje del día Primero de Mayo (29 de mayo de 1935). Cultura Obrera, p. 1).

Conclusiones

A lo largo del artículo rastreamos diversos rasgos que evidencian cómo las conmemoraciones del 1° de mayo funcionan a modo de indicador clave acerca del desarrollo y características del movimiento obrero, al menos para la etapa histórica aquí trabajada. Es así como durante el período inicialmente demarcado (aquel que propusimos extender hasta 1916) se observaron las primeras conmemoraciones, en una Patagonia aún sin fronteras y mucho más teñida por el internacionalismo, tanto en sus características generales como en la particular configuración y las perspectivas ideológicas predominantes en su movimiento obrero (socialismo, anarcosindicalismo, entre otras). Estos rasgos se compartían con un desarrollo de esa organización proletaria, expresado en mutuales, sindicatos y las primeras federaciones obreras que agrupaban a los trabajadores casi sin distinción de oficio o tarea.

Algunas de esas características empezaron a modificarse durante el período de confrontaciones más álgidas, cuando las conmemoraciones adquirieron su mayor dinamismo, al calor del surgimiento y la consolidación de sindicatos y federaciones, el desarrollo de huelgas, boicots y negociaciones colectivas. Los conflictos obreros surcaban uno y otro lado de la Patagonia austral, y esa misma dinámica se impulsaba también desde el Estado y la patronal: el ataque de estos últimos, y también la lectura de algunas fracciones obreras sobre la dificultad de plasmar sus propósitos más radicalizados, incrementaron el peso de corrientes ideológicas reformistas, que sembraron una perspectiva de mayor corporativismo y/o de impronta “nacionalista” (de acuerdo con la vertiente de la cordillera donde desarrollaban sus labores) en el movimiento obrero regional.

Esos mismos rasgos se observan en el desarrollo de las conmemoraciones del 1° de mayo, adquiriendo ciertas características corporativas (donde fracciones específicas de trabajadores desarrollaban sus propios actos, que previamente tendían a realizarse de forma colectiva), de menor confrontación (algo remarcado por periódicos y crónicas) o donde se consolidaba la perspectiva de vivenciar una “fiesta del trabajo”. Las masacres obreras de 1919 (Natales), 1920 (Punta Arenas) y 1921 (Santa Cruz), a las que deben sumarse las detenciones masivas en Trelew durante 1919, las constantes deportaciones en Comodoro Rivadavia y Gallegos, y otros procedimientos represivos, lograron quebrar el ímpetu más radical de esa organización proletaria. A su vez, se profundizaba la lucha ideológica, con la actuación de organizaciones como la Liga Patriótica, que reivindicaba el nacionalismo y buscaba romper las perspectivas internacionalistas de la clase obrera.

Si bien desde 1930 se consolidó el imaginario de la “fiesta del trabajo” y se construía una mayor conexión con los procesos a nivel nacional, ya fuera en Argentina o Chile, el internacionalismo permaneció presente en las conmemoraciones. La experiencia de relaciones capital-trabajo sin fronteras de esa clase obrera patagónica, al menos hasta la década de 1920, había sentado bases que durante el siguiente decenio aún se identificaban en las prensas y las conmemoraciones del 1º de mayo allí relatadas. Como plantea Harambour Ross:

El internacionalismo no era, en las tierras australes, ni un discurso, ni una utopía, ni la excusa para defender intereses ajenos a los de los propios trabajadores. Era una realidad confirmada cada temporada de ir y venir saltando la alambrada buscando el trabajo, el sustento, o bien la libertad y el asilo entre períodos de represión” (Harambour Ross, 1999, p. 170).

El desarrollo de la “Fiesta del Trabajo” en años venideros, deberá ser materia de otras revisiones, así como indagar sobre la particular relación entre organizaciones de mujeres y el internacionalismo sin fronteras del 1° de mayo. Queda claro aquí que la historia de las y los trabajadores en la Patagonia posee elementos que la unifican como una experiencia de sujetos que habitaban un mismo territorio fragmentado en dos Estados, en el cual se desarrollan procesos globales, como los actos del 1° de mayo, provenientes de la veloz circulación de información en un movimiento obrero que ya era global para esas décadas de 1880 y 1890.

La consolidación de los Estados nacionales en los territorios patagónicos implicó una cierta (pero no total) nacionalización de las identidades de clase, y por tanto de las conmemoraciones que conllevan. Continuaron, por tanto, existiendo características de un internacionalismo que nunca se abandonó del todo, ya sea porque cada tanto volvían a emerger las reivindicaciones de antaño, como porque fracciones relevantes de la clase seguían vivenciando, en términos de su experiencia concreta de vida, esa alternancia ahora transfronteriza. La Patagonia sin fronteras para el trabajo se cerraba un poco más, pero nunca impidió el desarrollo de una solidaridad que duraría generaciones, como demuestran los parentescos y amistades cultivadas a uno y otro lado de la, lamentablemente ahora sí, establecida frontera.

Fuentes Documentales Utilizadas

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Notas

1 En muchos países no es un feriado, o tiene nombres diferentes al de Día Internacional de los Trabajadores (en Estados Unidos se llamó “Loyalty Day” desde 1947, en base al arraigado anticomunismo).
2 La bibliografía sobre el desarrollo del capitalismo en el marco de los colonialismos de asentamiento es inmensa, especialmente para el caso británico.
3 Hay evidencia de que los británicos inicialmente desarrollaron formas de producción colonizadora basada en economías familiares, con escasa mano de obra contratada, y que se formaron como una clase con privilegios, ocupando puestos de confianza del capital, en base al componente étnico-nacional que les entregaban las redes imperiales. La tendencia fue a la endogamia y a no mezclarse con los obreros de otros orígenes. Para un testimonio que ejemplifica a los ingleses (“gringos”) desde su desinterés de organizarse con el resto de los trabajadores.
4 Cabe aclarar que, si bien se concuerda con la noción de que a escala global Patagonia se configuró como una frontera del capitalismo donde ocurrían interacciones para su reproducción o resistencias, consideramos que las relaciones laborales y militantes de las clases trabajadoras que aquí se analizan, además de las del capital que no son objetivo específico de este estudio, tuvieron una circulación sin límites que los estados no pudieron o no quisieron controlar. Por lo tanto, la idea de una Patagonia “sin fronteras” se acomoda más a la experiencia cotidiana de estos sujetos.
5 Cita como fuente al periódico El Perseguido del 22 de mayo de 1892.
6 El Magallanes. Similares descripciones se encuentran para años venideros, como en 1917 donde se describe la “Fiesta del Trabajo que los obreros de todo el mundo celebran”. Véase: La Fiesta del Trabajo. Su celebración en esta ciudad. Las visitas de los obreros (2 de mayo de 1917). El Magallanes.
7 El Centro femenino y el Primero de Mayo (12 de abril de 1917). El Socialista, p. 2; Algunos detalles de la velada del 1° de Mayo (26 de abril de 1917). El Socialista, p. 1; La velada del sábado (17 de mayo de 1917). El Socialista, p. 2.
8 Los capataces de la Explotadora y el 1° de Mayo (16 de mayo de 1915). El Trabajo, p. 1. Se ha expuesto este caso como un ejemplo de control laboral discrecional de parte de los supervisores más directos (capataces de estancias de capitales británicos), aislando a los trabajadores de Tierra del Fuego.
9 El 1° de Mayo y la guerra (5 de mayo de 1917). El Avisador Comercial.
10 De acuerdo con el citado autor, los hechos se desencadenaron luego de que la FOM se negase a asistir a comicios patrióticos, dos días antes del atentado que terminaría con la vida de decenas de afiliados.
11 Hijos del Pueblo era un himno revolucionario con el que solían comenzar algunas veladas libertarias y la fiesta del trabajo parece ser una representación teatral. Las escuelas racionalistas eran una iniciativa anarquista que propiciaba la libertad de enseñar y aprender sin el control de la escolarización formal estatal o eclesiástica.
12 En todos los casos la autora cita la correspondiente fuente del periódico El Chubut, de la localidad petrolera, con su respectiva fecha y número de página. No repetimos las citas por economía de caracteres.
13 Este periódico tuvo dos períodos: el inicial va desde 1924 a 1927, finalizado por la desaparición de su editor Miguel Ángel León Rabanales, en el marco de la represión del régimen de Carlos Ibáñez del Campo. El segundo período, donde representó al Sindicato de Campo y Frigorífico de Última Esperanza, fue entre 1933 y 1957.
14 Conocido es el caso de la desaparición forzada del editor de El Esfuerzo, Miguel Ángel León Rabanales, en 1927.

Recepción: 28 enero 2026

Aprobación: 02 marzo 2026

Publicación: 01 junio 2026



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