Anuario del Instituto de Historia Argentina, vol. 26, nº 1, e245, junio - noviembre 2026. ISSN 2314-257XDosier
Los partidos de izquierda y los 1° de mayo como campo de batalla (ciudad de Córdoba, 1935-1951)
Resumen: El artículo reconstruye los sentidos del Primero de mayo para los dos principales partidos de izquierda, el socialista y el comunista y los sectores sindicales vinculados a los mismos, en la ciudad de Córdoba entre las décadas de 1930 y 1950. El análisis se centra en el plano organizativo y en el eje discursivo-argumental que brindó contenido al día. Como hipótesis sostengo que, al interior de estos partidos de izquierda, el Primero de mayo sirvió para medir fuerzas y apoyos proletarios y para exponer posiciones y alianzas. Asimismo, el discurso del comunismo y del socialismo durante los Primero de mayo giró, bajo distintas marcas, en torno de la defensa de las libertades públicas. Si entre 1936 y 1943 la prédica antifascista aunó al Partido Socialista (PS) y al Partido Comunista (PC) con antiguos reformistas y organizaciones pro radicales, bajo el gobierno peronista estos partidos junto con referentes de los sindicatos opositores reivindicaron el origen clasista de la jornada y exigieron una efectiva democracia y el respeto a la independencia sindical.
Palabras clave: Partido comunista, Partido socialista, Primero de mayo, Disputas, Libertades.
Left-wing parties and May Day as a site of struggle and in defense of freedoms (Córdoba, 1935–1951)
Abstract: The article seeks to reconstruct the meanings attributed to May Day by the two main left-wing parties —the Socialist and Communist Parties— and the trade union sectors linked to them, in the city of Córdoba between the 1930s and 1950s. The analysis focuses on two main axes: the organizational dimension and the discursive-argumentative dimension that gave meaning to the day. As a hypothesis, I argue that within these left-wing parties, May 1st served to gauge strength and working-class support, as well as to present positions and alliances. Likewise, I contend that the discourse of communism and socialism during the May 1st celebrations revolved -under various forms-, around the defense of public freedoms. Between 1936 and 1943, antifascist advocacy united the Socialist Party (PS) and the Communist Party (PC) with former reformists and pro Radical organizations; under the Peronist government, these parties, together with leaders of the opposing unions, reaffirmed the class-based origins of the celebration and demanded genuine democracy and the respect for trade union independence.
Keywords: Communist party, Socialist party, May Day, Struggles, Liberties.
Introducción
En 1889, la Internacional Socialista o Segunda Internacional estableció la tradición de las manifestaciones internacionales del Primero de mayo, a manera de recordación anual y homenaje a las víctimas de los cruentos hechos desencadenados por la serie de huelgas obreras en reclamo de la jornada laboral de ocho horas ocurridos en mayo de 1886 en Chicago.
Uno de los historiadores más renombrados del siglo XX que propuso pensar el Primero de mayo internacional como el más ambicioso de los rituales obreros fue Eric Hobsbawm (1987). El autor nos invita a pensar como accesorios rituales las formalidades de iniciación, reunión, procedimiento y comunicación: los recorridos elegidos de las manifestaciones, los puntos de encuentro, el montaje de tarimas y plataformas en el que oradores ocupaban el centro, los lemas y símbolos como la bandera roja y los cánticos proletarios de lucha. Combinación anual de manifestación obrera y de fiesta, constituyó la afirmación de poder de una clase, la proletaria, con la conquista simbólica del espacio público. Cantos, carteles, banderas, proclamas, imágenes y discursos constituyen modos de expresión que contribuyeron a configurar un nosotros obrero.
En la Argentina, la conmemoración de los Primero de mayo fue, por lo menos hasta que el peronismo ingresó en competencia de sentidos y audiencia, una fecha prácticamente monopolizada por las expresiones de izquierda (anarquismo, socialismo, sindicalismo y comunismo) como un día evocativo de una lucha justa, de sangre derramada por el proletariado. Constituyó la fecha privilegiada del calendario, que los contó como protagonistas ineludibles, sin punto de comparación con la propuesta católica —muy minoritaria en términos de impacto y concurrencia— de celebración del día del trabajo. Un día al año con una cobertura periodística excepcional y en el que todas las miradas se posaron sobre los actos y manifestaciones organizados por estas tendencias de izquierda.
Uno de los primeros y más importantes estudios sobre el Primero de mayo en las décadas de mi interés en la Argentina es el de Aníbal Viguera, que analizó esta conmemoración desde 1890 hasta 1950 en la ciudad de Buenos Aires. Subrayo dos aportes para el presente estudio: el primero, que desde los inicios fue una fecha que combinó la lucha, la protesta y/o la demanda de leyes con el carácter festivo. De esta manera, desestimó el carácter de novedad que pretendió imprimirle el peronismo como fiesta del trabajo/de los trabajadores. El segundo, que en la década de 1930 se constituyó en una ocasión para expresar los problemas nacionales e internacionales como “La plena vigencia de la democracia y el sufragio, los intentos por conformar un ‘Frente Popular’, la guerra de España, la lucha antifascista y la Segunda Guerra Mundial…” (Viguera, 1991, p. 72). Para Tandil, Lucía Lionetti (1997) estudió esta fecha desde 1920 a 1943, marcando una ruptura en este último año con la institucionalización, junto con el 17 de octubre, de “una muestra de la alianza renovada entre el líder y ‘su pueblo’” (p. 404). En línea con Viguera, la autora afirmó que desde los años 30 el Primero de mayo evidenció la centralidad del movimiento obrero local en la ocupación del espacio público; no obstante, en los años 40 la jornada retóricamente se extendió desde el movimiento obrero local a todos aquellos que defendían las diversas libertades públicas amenazadas por el “peligro de la infiltración nazi en el país”, que denotaban la conflictividad de la época (p. 421). Los trabajos ya clásicos de Plotkin (1993) y Sigal (2006) se concentraron en el estudio de la ritualización de esa fecha desde 1944 a 1955 en Capital Federal y su exitosa peronización y nacionalización. Al respecto, Sigal sostuvo que el peronismo logró lo primero prohibiendo otras demostraciones; para lo segundo, conservó el feriado declarado por Alvear y lo asoció al día de la declaración de la Constitución. Por el contrario, para Río Cuarto, Camaño (2011) reconstruyó un proceso de peronización más complejo y tardío de la fecha.1
“Era el ritual de la clase, la comunidad, la lucha y la unión” dice Hobsbawm, con oponentes al movimiento que quisieron apropiársela o resignificarla (1987, p. 112). Él pensó en los nazis, pero en la Argentina podríamos mencionar a los nacionalistas (Rubinzal, 2008), a los católicos y a los peronistas que abogaron por instalar ese día como una jornada de armonía entre clases. En sus análisis de los Primero de mayo internacional como un conjunto de rituales de lucha y de autoafirmación de clase, Hobsbawm mostró una unidad de la clase y sus organizaciones hacia los adversarios externos. En esa línea, Viguera afirma que en la Argentina de los años 30 y 40 fue un evento que instaló problemáticas internacionales y nacionales expresadas, por ejemplo, en la disconformidad con gobiernos considerados fraudulentos, ilegítimos y cercanos al fascismo. Sin embargo, esta visión supone la unidad de pensamiento y acción y homogeneidad de los obreros. Mi propuesta en este trabajo es abordar la conmemoración del Primero de mayo en la ciudad de Córdoba como una puesta en escena de poderes y un espacio de lucha de las fuerzas proletarias y de agendas propias de dos de las corrientes de izquierda que decían representarlas: el socialismo y el comunismo. En otras palabras, las disputas por la imposición de los sentidos de esa fecha, y las formas de canalizarlas o expresarlas en este día, que tuvieron socialistas y comunistas. Ubico el análisis entre los años 1935 y 1951, un tiempo extenso para captar rupturas, continuidades y matices propios de una conmemoración que en sí misma proyectó las cambiantes relaciones entre ambos partidos, así como con los poderes públicos. De esta manera, 1935 y 1940-1941 sirven de ejemplo de organización separada y en competencia del evento, contrapuesta a los años 1936-1939 y 1942-1943 de alianzas coyunturales en vistas a los frentes populares. Con el segundo golpe militar la conmemoración se prohibió a último momento en 1944 y 1945, pero ya el gobierno pretendió darle una impronta propia con una central obrera oficialista acorde al discurso de armonía de clases. Impronta y discurso conciliador que no lograría institucionalizarse fácilmente (Lionetti, 1997), sino que fue combatido por los partidos de izquierda y el movimiento obrero opositor, que en las ciudades de Córdoba y de Río Cuarto (Blanco, 2016; Camaño, 2011) resultaron significativos por lo menos hasta 1948. El intento de hegemonizar el evento en clave oficialista se acentuó con el primer gobierno peronista, en el que se desarrollaron diversos actos conmemorativos con diferentes jerarquías. En ellos socialistas y comunistas compitieron en la marginalidad hasta que en 1952 sus actos fueron prohibidos definitivamente.
En el análisis abordo dos ejes: el plano organizativo (lugares y recorridos, tiempos y duraciones, sociedades organizativas, nóminas y jerarquías de oradores) y el plano discursivo-argumental que brindó contenido al día (banderas proclamadas, principales ejes sostenidos, demandas, aliados y adversarios). ¿Cómo incidieron las desavenencias partidarias y la disputa misma entre socialistas y comunistas por el mundo del trabajo organizado en los preparativos de esa fecha insigne? A lo largo de los años ¿qué nos dicen las constancias y las originalidades de las conmemoraciones de las lecturas que socialistas y comunistas hicieron de los contextos políticos e ideológicos? Por último, ¿qué impacto y repercusión tuvo para los partidos de izquierda en la conmemoración misma la incorporación del peronismo en la disputa por los sentidos del Primero de mayo, sumándose a ellos y a los católicos?
Como hipótesis sostengo que, al interior de los partidos analizados, el Primero de mayo sirvió para medir fuerzas y apoyos proletarios y para exponer posiciones y alianzas. Asimismo, y a pesar de los vaivenes e interrupciones políticas institucionales vivenciados a través de casi dos décadas y de los cambios en los compañeros de ruta, que el discurso de los partidos de izquierda durante los Primero de mayo giró, bajo distintas marcas, en torno de la defensa de las libertades públicas. Si entre 1936 y 1943 la prédica antifascista aunó al Partido Socialista (PS) y al Partido Comunista (PC) con antiguos reformistas y organizaciones pro radicales, bajo el gobierno peronista referentes de los gremios “autónomos” o “libres” (es decir, opositores) y el PC y el PS reivindicaron el origen clasista de la jornada y exigieron una efectiva democracia y el respeto a la independencia sindical.
La principal fuente trabajada fue la prensa local de tirada masiva: los diarios La Voz del Interior, Los Principios, El País y Córdoba, que me brindaron abundante información e imágenes acerca de los preparativos, la organización, las vacilaciones, el desarrollo y las repercusiones de las conmemoraciones anuales del Primero de mayo, detallando recorridos, actores intervinientes, discursos y dificultades o cambios en la realización de los eventos. El grado de cobertura y de seguimiento que realizó la prensa comercial provincial —de distinta tendencia política-ideológica— se destaca por sobre las más escuetas comunicaciones brindadas por corresponsalías y publicadas en la prensa partidaria nacional. De todas maneras, también consulté los periódicos Tribuna Socialista y la revista Frente Único, el diario La Vanguardia y documentación partidaria sobre el socialismo local.
Los Primero de mayo en la ciudad de Córdoba en las décadas de 1930 y 1940
La conmemoración en Córdoba también comenzó en 1890, como en otros lugares del país y del mundo, por decisión del Primer Congreso de la Segunda Internacional. Los años siguientes fueron manifestaciones masivas con música, banderas rojas y concentraciones en las plazas San Martín (1891) o General Paz organizadas por socialistas o anarquistas bajo la tónica de la demanda, ya sea por la creación de sindicatos o reivindicaciones de clase. La fecha sirvió a los trabajadores para crear un campo de memoria propio, disruptivo y en confrontación parcial con la burguesía, pero no apelaron tanto como esta al pasado provincial y nacional para el invento de una tradición, sino a un pretérito ubicado en Europa, reconocido como propio por el internacionalismo proletario (Ansaldi, 1996). A diferencia de ciudades como Buenos Aires y Rosario, aquí los incidentes de violencia durante los primeros años de la conmemoración de la fecha fueron mucho menores. A medida que las organizaciones sindicales se fortalecían, organizaban los Primero de mayo sobre la base de mitines, huelgas y el abandono de los lugares de trabajo. Empero, cuando convocaban a ocupar el espacio público poco se diferenciaban de los actos organizados por los universitarios o los partidos políticos (Vagliente, 2015).
Durante las décadas de 1930 y 1940 en la ciudad de Córdoba la influencia de comunistas y socialistas en los distintos sectores productivos y de servicios replicaba a grandes rasgos la representación a nivel nacional; igualmente la diversificación de centrales obreras y sus provisorias unificaciones respondían más a las fluctuaciones políticas internacionales que repercutían en la política del PC que a las realidades locales. Acorde con una economía predominantemente rural y con una estructura industrial desarrollada sobre la base de la industria liviana, el mayor número de sindicatos se correspondió con estos sectores, donde eran poderosos los comunistas. La presencia anarquista en la ciudad se encontraba en los gremios de cocineros y pasteleros, panaderos y oficios varios, los cuales tenían vinculaciones con la FORA V Congreso (Ferrero, 2009).2 En estos años las preocupaciones políticas y económicas de las dirigencias sindicales estuvieron centradas en la defensa de los principios del liberalismo político sostenidos por los aliados y la exigencia por el respeto de la Constitución y el ejercicio de las libertades civiles y políticas, mientras a nivel económico las demandas giraron en torno a la lucha contra el desempleo y el aumento en el costo de la vida.
En estas décadas los rituales del Primero de mayo giraron en torno de una manifestación pública al aire libre para generar impacto y adhesión, que contó con un punto de concentración, marcha o recorrida a otro lugar de encuentro, disertantes, cantos de himnos (que con los años viraron de los proletarios al nacional) y desconcentración. El marchar juntos para un punto de encuentro, el escuchar a oradores con mensajes que pretendían ser esclarecedores, el entonar cánticos o enarbolar banderas o carteles eran acciones que aunaban a los asistentes en una identificación obrera.
Sin embargo, las conmemoraciones de los Primero de mayo en Córdoba también denotaban fricciones y diferenciaciones en el apoyo obrero entre el comunismo y el socialismo locales. Cito como ejemplo 1935, año en el que la Federación Socialista de Córdoba rechazó la invitación de conmemoración unificada del Primero de mayo realizada por los sindicatos de carpinteros y albañiles pues consideraba lesivo agruparse con “aquellos que suponiéndose más revolucionarios pierden hasta el control de sus actos” (“Por qué rechaza la Fed. Socialista de Córdoba una propuesta de Frente Único para festejar el Primero de mayo”, 1 de mayo de 1935, La Vanguardia), y provocan desmanes, como en otras ocasiones. La crítica evitaba mencionar a comunistas o a los ya minoritarios anarquistas, pero es probable que se haya referido a los primeros, dada la adscripción ideológica de las dirigencias sindicales de la construcción. En contraposición, la entidad resaltaba el autocontrol y el comportamiento público acorde. Por otro lado, justificaba la decisión en que ya venían trabajando con antelación en los preparativos. El acto del PS, realizado el mismo Primero de mayo por la tarde congregó, según La Voz del Interior, unas 3000 personas y logró la adhesión de la Federación Obrera Local, aunque el diario no mencionaba ningún orador obrero. El evento consistió en la reunión y discurso en dos paradas separadas por una manifestación en la zona pericéntrica de la ciudad correspondiente a la seccional 2ª. En la esquina de Humberto Primo y San Martín se desarrollaron los discursos de representantes del partido. Primero, dos dirigentes locales sobre los motivos de la creación de ese día. Les siguió Guillermo Korn, diputado nacional socialista por Buenos Aires y miembro del Comité Ejecutivo, quien en su alocución evidenció las internas programáticas que en ese momento estaba sufriendo el partido. Su postura, arengando al abandono del gremialismo prescindente, al mayor compromiso del partido con el sindicalismo y la política obreras y por la conquista directa del poder, representaba el pensar de la Federación Socialista Cordobesa y el ala izquierdista que unos días después sería derrotada en el VII Congreso Extraordinario del PS (Blanco, 2018, p. 95). Entre los adversarios externos Korn situaba a la burguesía y al fascismo, responsables de una situación de injusticia social que los obreros con su acción deberían dar fin. Luego de una recorrida por calle San Martín hasta La Rioja y por esta hasta la Casa del Pueblo, desde cuyos balcones el diputado provincial y miembro de la Junta Ejecutiva local Arturo Orgaz arengó a los presentes, la manifestación se dio por diluida. Los discursos, tarimas y manifestaciones fueron acompañados por otros rituales: las bandas de música, los himnos obreros y el estruendo de bombas, aunque la prensa recalcó el ambiente calmo de la conmemoración.3
Los Frentes Populares y la unificación política-sindical en el Primero de mayo
En 1930 se funda, promovida por sindicalistas y socialistas, la Confederación General del Trabajo (CGT), con la intención de dotar de mayor poder de negociación al movimiento obrero, más allá de las diferencias ideológicas o partidarias. Hasta diciembre de 1935 la CGT estuvo dominada por los sindicalistas, pero desde 1936 será liderada por los socialistas y también pasará a estar integrada por los comunistas que disolvieron su propia central cuando el partido adhirió a la estrategia de los frentes populares. Este cambio de liderazgo provocará en 1935 la división de la CGT en dos centrales: una de preeminencia sindicalista (CGT Catamarca), que desde 1937 hasta su disolución en 1943 se llamará Unión Sindical Argentina, y otra mayoritariamente socialista (CGT Independencia) que contó con el apoyo comunista. La central que mantuvo el nombre de CGT fue la Independencia, que sufrió una nueva escisión en 1943, motivada por disputas en la distribución de los cargos (Horowitz, 2001).
Desde mediados de 1935, con el inicio de la política de los frentes populares del PC, los puntos de cooperación entre el PS, el radicalismo (ambos presentes en el Congreso de la Nación) y el comunismo con las centrales obreras se multiplicaron. El cambio de la estrategia comunista a favor de la formación de los frentes populares permitió el acercamiento entre los sindicatos comunistas y socialistas para la conmemoración de 1936.
De 1936 a 1939 los actos conjuntos entre el PS, el PC y la Federación Obrera local/Provincial (FOP), nucleados en el Comité Primero de Mayo, más la adhesión de la Federación vecinal (1937 y 1938) y de entidades del arco antifascista como el Comité de Ayuda al Pueblo Español, el Centro Republicano Español y la Federación Universitaria de Córdoba (FUC) (1937) —todos representados en los diversos oradores—, evidenciaban las alianzas concretadas de Frente Popular antifascista entre ambos partidos. En efecto, en 1938 encontramos juntos al PS y al comunismo —nucleados en la FOP— y además a un representante de la anarquista FORA. Esta coalición se manifestaba en la adhesión de sindicatos dirigidos por comunistas: la Asociación Limitada de Trabajadores de Ómnibus, caleros y mosaiquistas; anarquistas: los gastronómicos y los panaderos; y socialistas: la Unión Ferroviaria. También estaban presentes otros actores políticos y sociales, como el Partido Socialista Obrero (escisión por izquierda del PS), la Federación Vecinal (presidida por Pascual Matassini, vinculado al radicalismo) y el Comité de Ayuda al Pueblo Español, asociado a las campañas de solidaridad con la España Republicana, representado por Gregorio Bermann. En 1939 el panorama era similar.4 A diferencia de 1935, cabe destacar el despliegue de los actos y el gran protagonismo obrero en ellos. El Comité Pro Primero de Mayo, compuesto por los partidos comunista y socialista y delegados sindicales, se constituyó en el organizador del acto principal, el Primero a la tarde.
En estos años llama la atención la ausencia de eventos propiamente partidarios, al tiempo que la multiplicidad de actos obreros más allá del principal del Primero de mayo a la tarde. Desde los partidos de izquierda, esto puede interpretarse como un esfuerzo unificador con los otros partidos y entidades policlasistas aunados en una iniciativa frentista antifascista. Del lado de las organizaciones sindicales, puede pensarse como una especie de refuerzo obrero desde distintas direcciones, pero también como una pretensión de diferenciación y espacios de exclusividad de tendencias obreras identificadas con uno u otro partido, representados indirectamente. Así, el 30 de abril de 1936 a la noche tanto la Federación Obrera Local como el Comité Pro Primero de mayo habían organizado actividades simultáneas en espacios cerrados en la zona de la seccional 2da. La primera con tertulia artística y cultural con conferencia alusiva a la fecha y cobro de entrada; el segundo con velada artística que incluyó cine, el canto de la Internacional (de orientación comunista) e Hijos del Pueblo (anarquista), y la conferencia del comunista Miguel Contreras (“Comité Pro Primero de Mayo” (30 de abril de 1936) La Voz del Interior). Esta división se replicaba al día siguiente: la primera organizó un mitín de protesta por la mañana en la plaza General Paz y el Comité Pro Primero de Mayo el acto en el mismo lugar pero a las 15 h y en el que se solicitaba la presencia de mujeres. Cabe aclarar que los actos del mismo Primero de mayo se prohibieron a último momento por disposición del Jefe de Policía, dependiente del gobierno provincial demócrata.5 En 1938, el mismo Primero de mayo hubo dos actos: uno por la mañana, en el que hablaron delegados de la FOP y de la FORA, y el principal de la tarde organizado por el Comité Pro Primero de Mayo, que tuvo una gran cobertura periodística (“Los actos del Primero de Mayo siguen preparándose en los Centros y Gremios” (30 de abril de 1938) Diario El País). Lo mismo ocurrió en 1939, cuando el Comité Pro Primero de Mayo realizó el Primero un acto matutino que duró tres horas, en plaza General Paz con recorrido hasta Olmos y Rivadavia donde hablaron representantes sindicales y a la tarde hubo una gran concentración. En la tarde y noche anterior la FOP había organizado un festival, con conferencia del delegado de la CGT sobre los problemas de la clase obrera a nivel nacional e internacional (“Cobraron extraordinaria lucidez los actos obreros conmemorativos del Primero de Mayo” (3 de mayo de 1939) La Voz del Interior).
Entre las demandas económicas concretas sobresalía la originaria de la conmemoración en cuanto a la exigencia de la semana laboral de 40 horas, además de la mejora salarial para elevar el nivel de vida obrero y contra el encarecimiento de las condiciones materiales. En términos político-ideológicos, desde una postura antifascista y anticlerical que aunaba a todos los adherentes, se defendían los ideales democráticos y la libertad, la lucha y la unión obreras. Asimismo, se condenaba la represión al comunismo y la ley de residencia, la influencia nazi en el país y la política de los países totalitarios para con los obreros.6
Respecto del uso del espacio público, 1937 inauguró un despliegue obrero significativo, con la integración centro-periferia a través de la formación en los barrios de varias columnas sindicales7 (que años posteriores variaron entre tres y siete) que convergieron en la plaza General Paz como primer punto de concentración y escucha de oradores. El recorrido se efectuó por arterias céntricas de la seccional 1ª hasta la plaza Vélez Sarsfield. Si en 1937 la manifestación marchó por San Martín-Independencia hasta Bv. San Juan y por esta hasta la plaza, al año siguiente el itinerario logró realizarse directamente de norte a sur. Por algunas horas se produjo la apropiación obrera y consecuente democratización de la avenida General Paz, la “calle ancha”, la principal arteria y un referente urbano fundamental en Córdoba, que reunía en su tramo central edificios de índole civil, socio-cultural y religiosa. Entre los primeros se encontraban la Casa de Gobierno provincial y la Caja Popular de Ahorros; entre los segundos, las sedes del Jockey Club, el Club Social, la Universidad y el teatro Rivera Indarte; entre los últimos, la sede de la Acción Católica de Córdoba hasta 1938, la iglesia de Santo Domingo y el colegio para niñas de la Congregación Jesús María. Tal vez esto explique la denuncia del diario Los Principios de que en ese recorrido los manifestantes, —seguramente empoderados en el frenesí de las multitudes— gritaran “¡Miajas no!; ¡Franco no! ¡Frailes no!” (“Se efectuó el Primero el mitin de las entidades obreras” (3 de mayo de 1938) Los Principios) Sin embargo, el despliegue espacial de 1938 no pudo repetirse en 1939, cuando los manifestantes se concentraron nuevamente en calles del centro norte (seccional 2ª) (“Cobraron extraordinaria lucidez los actos obreros conmemorativos del Primero de Mayo” (3 de mayo de 1939) La Voz del Interior). El año 1938 constituyó el primero de los años estudiados en el que se mencionaba la participación activa de mujeres pertenecientes a diversas entidades.8
Por otro lado, 1939 aportó la novedad de la celebración por primera vez en la ciudad del “Día del obrero católico”, que constó de una misa celebrada por el arzobispo Fermín Lafitte en la céntrica iglesia de Santo Domingo, sobre la avenida General Paz, seguida de una conferencia a la salida del templo sobre la encíclica Rerum Novarum y la cuestión social. Finalizó con el canto del himno nacional que aunó a los presentes.9 La disputa católica por el significado del día y por los espacios públicos se mantuvo los años siguientes con misas realizadas mayormente en iglesias pericéntricas de la ciudad. Lo que para los sectores de izquierda constituía el recuerdo de una jornada oscura y una posibilidad de reclamo de derechos, para los católicos era una mera celebración enfatizando la idea de armonía social. Esta versión del Primero de mayo como día del trabajador y celebración, contrapuesta a la recordación comunista y socialista que aunaba reclamos y fiesta con la recordación de la lucha obrera, se continuó rememorando y llegó a imponerse como la única lectura legítima a través del movimiento político inaugurado por Perón, aspecto que luego retomaré.
Divisiones entre comunistas y socialistas en el movimiento obrero y conmemoración diversificada del Primero de mayo
La unidad entre socialistas y comunistas se mantuvo hasta que los últimos pretendieron alinear a la CGT a la política soviética de neutralidad (por el pacto de no agresión entre la Unión Soviética y Alemania firmado en agosto de 1939).10 En consecuencia, en octubre de 1940 los socialistas fundaron una nueva entidad: la Comisión Cooperadora de la CGT (CCCGT), a la que la FOP estuvo integrada hasta noviembre de 1940.11
La nueva división repercutió debilitando la representación sindical, a pesar de la coincidencia en las demandas a los poderes públicos. El acercamiento entre ambas centrales obreras locales se produjo recién un año después, cuando el ataque de Alemania a la Unión Soviética en junio de 1941 condujo nuevamente a los comunistas a sumarse al frente antifascista. Sin embargo, en Córdoba el golpe de junio de 1943 encontrará a los socialistas en la CCCGT, liderada por el ferroviario Bruno Herrera, y a los comunistas en la ahora Unión Obrera Provincial, luego reemplazada por el Comité Interclasista (Ferrero, 2009).
Las desavenencias entre comunistas y socialistas en el movimiento obrero como consecuencia de la política internacional y el cambio de alineamiento de la Comintern respecto de la Segunda Guerra Mundial impactaron en la conmemoración diversificada del Primero de mayo (Partido Socialista, 1940, p. 85). En efecto, en el bienio 1940-1941 el PS y el PC organizaron actos por separado, acompañando a las centrales sindicales de su orientación, la CCCGT y la FOP, respectivamente. El primer año hubo dos eventos tanto el 30 como el Primero: por un lado, el PC con entidades gremiales realizaron un acto el día previo; por otro, la velada con conferencia en la Casa del Pueblo del PS tuvo, como en aquel 1935, un tinte netamente partidario. El Comité Pro Primero de Mayo fue el encargado de la organización del acto de ese día, bajo la ya tradicional dinámica: encuentro en plaza General Paz— Uso de la palabra— Recorrido —Uso de la palabra— Desconcentración. Esta vez fueron tres las columnas que convergieron en la plaza, mientras el recorrido se circunscribió a la seccional 2°. Todos los oradores pertenecían y representaban a sindicatos adheridos a la FOP, aunque varios de ellos eran al tiempo dirigentes comunistas, como Isaac Blatt, Carlos Pérez y Carlos Céliz. Por otro lado, el PS organizó un acto público con oradores del partido en las esquinas de Colón y General Paz, con una manifestación que finalizó en la Casa del Pueblo.12
En 1941 se produjo una competencia explícita entre ambos partidos y las centrales obreras existentes, la FOP comunista y la reciente CGT local de inclinación socialista. El Primero de mayo hubo cuatro actos: uno a la mañana de la Juventud Radical y tres a la tarde en la seccional 2ª, dos de ellos simultáneos: el de la CGT a las 14.30, en Olmos y Rivadavia con marcha previa desde dos sindicatos miembros, y el de FOP a las 14 en la plaza General Paz. Por último, el propiamente partidario del PS, pero ya no como instancia previa, sino luego de los actos obreros. Fue a las 17 en Olmos y General Paz con recorrido hasta la Casa del Pueblo. Si bien el punto de encuentro de la FOP guardaba una mayor tradición obrera, según La Voz del Interior el de la CGT fue el más concurrido, con discursos que giraron en torno a la exigencia de mejora económica de los obreros y a la defensa de la democracia y en contra de los gobiernos totalitarios.13
El bienio 1942-1943 correspondiente al gobierno de Ramón Castillo fue particularmente lesivo para las libertades públicas. Se declaró el estado de sitio, se limitó el derecho de reunión y se promovieron vigorosas políticas anticomunistas que dificultaron las relaciones entre el Departamento Nacional del Trabajo y los sindicatos de conducción comunista (Horowitz, 2001).
Como mencioné más arriba, la invasión alemana a territorio polaco anexado por la Unión Soviética en junio de 1941 reactivó la estrategia de los frentes populares. Desde ese año el PC, el PS, más el radicalismo y los independientes conformaron un frente antifascista a través de tres organizaciones: la Acción Argentina (integrada principalmente por socialistas), la Agrupación Pro Unidad Democrática (de mayoría comunista) y la Confederación Democrática Argentina de Ayuda a los Pueblos Libres (comunistas, radicales e independientes), que luego del golpe de Estado de junio de 1943 fueron clausuradas, aunque incidieron en la constitución de la Unión Democrática en 1945 (Achával Becú, 2010). En 1942, esta alianza en la lucha antifascista se manifestó en el acto organizado por la CGT con el apoyo del PS, el PC y agrupaciones vecinales.14
Las conmemoraciones del Primero de mayo de 1942 y 1943 nos recuerdan los actos de 1936-1939 por la realización conjunta del acto central entre el PC,15 el PS y las centrales obreras FOP y CGT; por el gran despliegue obrero previo, materializado en seis columnas convergentes en la plaza General Paz; por la concurrencia; por la adhesión de entidades universitarias, vecinales y juveniles; por el recorrido que llegaba hasta la plaza Vélez Sarsfield (vía San Martín-Independencia y Bv. San Juan, como en 1937); por la invitación a las mujeres trabajadoras; y por la pluralidad de los oradores (que en 1943 hasta incluía al diputado nacional radical Manubens Calvet, como símbolo de la alianza electoral democrática antifascista para enfrentarse al candidato oficialista, el conservador Patrón Costas).16 Ambos períodos de años coincidieron con las alianzas policlasistas del Frente Popular y de la primera Unión Democrática que tomaron el Primero de mayo como demostración de fuerzas ante los adversarios, “las fuerzas reaccionarias”. Las alocuciones en torno al sentido de la lucha que simbolizaba la fecha, ya comunes a los Primero de mayo. A estas se sumó el énfasis en discursos y cartelería en el cumplimiento de los derechos consagrados en la Constitución suprimidos por el estado de sitio y en la unidad nacional de los autodenominados partidos democráticos nucleados en la Unión Democrática para oponerse a un gobierno considerado fraudulento.17 Ambos se hacen inteligibles si recordamos que unos meses antes la FOP lideró un paro con el objetivo de restablecer
la normalidad constitucional en el país, levantamiento del estado de sitio, libertad de prensa, de reunión, de asociación y de palabra; respeto a la voluntad popular, a la letra y al espíritu de la ley Sáenz Peña; respeto a las autonomías provinciales... (Un paro parcial obrero se producirá hoy en el país (4 de marzo de 1943). Diario La Voz delInterior.)
De los cánticos proletarios de 1935 y 1936 al silencio de los años posteriores retornamos a la entonación de canciones en 1943, aunque esta vez se trató del himno nacional.18 Historiadores como Hiroshi Matsushita (1986) han interpretado el uso de la bandera nacional y el canto del himno en los actos obreros como indicadores de cambios ideológicos experimentados por el movimiento obrero entre 1930 y 1943 en cuanto a la conformación de una conciencia nacional y el abandono del principio de prescindencia política, factores clave que explicarían su apoyo a Perón. Considero que, en esta delicada coyuntura de conformación de un frente democrático con apoyo sindical para las elecciones presidenciales, la entonación del himno podría interpretarse como un gesto de unión para la defensa nacional sobre los intereses particulares. En otras palabras, suspender la proletarización de la fecha para nacionalizarla. Bajo esta lógica podrían entenderse las palabras de Fernando Nadra, el representante de la FUC, acerca de que el Primero de mayo ya no era el día de los trabajadores, sino “de la Patria” porque era el trabajo de todos los que hacían “la grandeza de la Nación” (“Numerosa y entusiasta fue la manifestación en celebración del día de los trabajadores”, 3 de mayo de 1943, Diario La Voz del Interior).
De todas maneras, en este bienio hay ciertas actitudes y discursos que llaman a relativizar esta unión. Primero, en 1942 la FOP reconoció que iba a realizar un acto propio, pero que decidió adherir a los de la CGT para unir fuerzas “dada la gravedad del momento” (“Numerosa y entusiasta fue la manifestación en celebración del día de los trabajadores”, 3 de mayo de 1943, Diario La Voz del Interior). Al año siguiente, el discurso pro soviético del delegado de la ahora Unión Obrera Provincial, el panadero comunista Hugo García, ensalzando la batalla de Stalingrado como el símbolo de la lucha del pueblo ruso por “la libertad de todos”, contrastaba con las alocuciones de los demás oradores, quienes también hablaron de la guerra mundial y de la necesidad de la solidaridad entre países, pero enfatizaron la relevancia de la “unidad nacional democrática” (“Numerosa y entusiasta fue la manifestación en celebración del día de los trabajadores”, 3 de mayo de 1943, Diario La Voz del Interior) lograda en la CGT afín al comunismo presidida por el socialista Francisco Pérez Leirós.
Los Primero de mayo izquierdistas durante el peronismo: de la marginalidad a la prohibición
En materia de política exterior, el nuevo gobierno militar surgido del golpe de Estado de 1943 mantuvo la neutralidad ante la Segunda Guerra Mundial, mientras en política interna la mayoría de las provincias fueron intervenidas, el Congreso Nacional disuelto por decreto y los actos de propaganda política y sindical prohibidos.
En Córdoba, la intervención federal disolvió los poderes Ejecutivo y Legislativo, mientras a nivel municipal la renuncia del intendente radical Latella Frías a fines de junio marcó el comienzo de una irregularidad institucional que se prolongó hasta 1958. La actividad gremial, en correspondencia con lo que sucedía en todo el país, fue reprimida mediante la intervención de la CGT local, la clausura de todas las entidades sindicales y —por disposición del gobierno nacional— la suspensión de asambleas, de reuniones públicas y de comisiones directivas gremiales.
Sin embargo y a diferencia de Buenos Aires, en Córdoba las dirigencias sindicales con una trayectoria vinculada al comunismo y al socialismo, como la de la federación de la construcción, el Centro de Empleados de Comercio y los sindicatos de gráficos, metalúrgicos, pintores, entre otros, no fueron cooptados por el peronismo. Puntualmente, gremialistas como Cruz Ramírez y Carlos Pérez (construcción), Miguel Contreras (fundador de la Federación Obrera Provincial en 1919), Carlos Pérez Céliz (gráfico), Hugo García (panadero), Manuel Pelliza (tranviario), Isaac Blatt (comercio) y los hermanos José y Jesús Manzanelli fueron contrarios a Perón. De todas maneras, resistieron mejor en sus partidos que como gremialistas. Lo mismo puede decirse de los socialistas Miguel Ávila (sastre), Bruno Herrera (ferroviario), Mariano García (mercantil) y Lucio Luna (maderero) (Blanco, 2016). Esta particularidad de fuerte oposición al gobierno militar y al peronismo condicionó las relaciones que mantuvieron comunistas, socialistas y peronistas con el movimiento obrero organizado.
En el contexto político proscriptivo del gobierno militar, en 1944 los actos gremiales o similares en alusión al Primero de mayo realizados en espacios cerrados o abiertos fueron prohibidos por la policía. Solo se permitió un paro simbólico de transporte de diez minutos. Sin embargo, resulta interesante como novedad la intrusión gubernamental en la fecha que se presentó este año: si en la ciudad de Córdoba los actos resultaron prohibidos, en Capital Federal el principal orador fue Perón, en calidad de secretario de Trabajo y Previsión, con el deseo manifiesto de implantar la costumbre de que esa fecha, “ferviente homenaje a la noble dignidad de toda labor humana”, sirviera para que los titulares de esa cartera comunicaran lo realizado en ese ámbito. Asimismo, reforzaba el discurso iniciado desde su asunción en esa cartera sobre el accionar rupturista del Estado en favor del bienestar general y la armonía social entre las clases, al tiempo que identificaba como enemigos sociales a quienes perturbaban el gremialismo con “ideologías extranjeras”.19
Así, desde 1944 y a través de la prensa y la performance misma de la fecha, el gobierno militar fue instalando progresivamente la idea del Primero de mayo como la fiesta del trabajo y de los trabajadores, sentido que ya había sido ensayado durante las presidencias radicales (Viguera, 1991). Con los años, el peronismo consolidó el giro en la celebración de un presente de esplendor y dignidad en contraposición a un pasado oprobioso de lucha, represión y sangre derramada. El cambio de dirección incluyó la apropiación del espacio público en plazas y calles y la instauración del desfile de las reinas del trabajo. De todas maneras, las antiguas corrientes ideológicas de izquierda continuaron realizando sus propios actos, aunque ahora en locales cerrados y con un discurso de lucha relegado respecto del festivo gubernamental (Lobato, 2024; Sigal, 2006).
Hacia 1945 el panorama sindical de Córdoba estaba dividido en varios frentes representativos que pujaron por su presencia en los actos del Primero de mayo. Ese año los actos conmemorativos organizados por el Comité Pro Primero de Mayo conformado por variados sindicatos constaron de una concentración obrera en plaza General Paz con recorrido hasta la Vélez Sarsfield. Los fracasos en las tratativas organizativas previas desnudaban pujas partidarias en el interior del movimiento obrero. En efecto, ahora debemos considerar tres centrales obreras: la flamante Federación Obrera de Córdoba, de tendencia oficialista; la CGT liderada por el socialista Bruno Herrera y el Comité Intersindical —miembro de la junta ejecutiva del Comité Pro Primero de Mayo—, de orientación comunista. Las críticas cruzadas entre los tres organismos oficialistas, atentatorios a la unidad obrera o portadores de ideologías extrañas a los intereses gremiales impidieron acercar posiciones. A último momento, los actos programados por el Comité Pro Primero de Mayo y por la Federación Obrera de Córdoba fueron prohibidos.20
En 1946 los actos propiamente partidarios del PC y del PS volvieron a concentrarse el 30 de abril a la tarde y a la noche en espacios cerrados. Otra novedad es que, a diferencia de otros años, se destacó la agenda femenina, ya sea por su presencia, oratoria o exigencia de derechos, en un giro acorde con los impulsos que desde el gobierno militar se venían dando en la materia (Valobra, 2018). Sendos actos fueron acompañados de proclamas o manifiestos publicados en la prensa abogando por la mejora económica de los trabajadores. El del PS recalcó la celebración de un nuevo aniversario de la Constitución Nacional para reforzar la institucionalidad quebrada por el golpe y repudiar cualquier sistema de esclavitud, fuese el fascismo, el imperialismo o el nacionalismo. Cabe recalcar esta asociación nacionalizadora de la fecha con la jura de la Constitución realizada por el socialismo en una fecha previa a la efectuada por el peronismo (Sigal, 2006).
El PC exigió el restablecimiento de las relaciones con la Unión Soviética, la igualdad de derechos laborales y políticos entre hombres y mujeres, la independencia sindical desde los propios trabajadores y el cumplimiento de la legislación obrera. El Primero de mayo se realizaron tres actos: el primero a la mañana, organizado por el Comité Pro Primero de Mayo que nucleaba a la Unión Obrera Local y a los autodenominados “obreros libres”, que conservó la ya tradicional concentración y recorrido entre las plazas General Paz y Vélez Sársfield. Entre las demandas se encontraban la independencia y unidad de los trabajadores y mejoras en la legislación obrera. El segundo fue organizado a las 14.30 por la CGT ahora oficialista. La CGT local de signo izquierdista dirigida por Bruno Herrera, contraria a la CGT nacional y a las directivas de la cartera nacional de Trabajo, en julio de 1945 fue reorganizada en línea con las directivas sindicales y políticas nacionales (Blanco, 2016).
El punto de inicio fue la plaza General Paz, pero con un nuevo trayecto por Humberto Primo y San Martín que terminaba en la plaza homónima, la principal de la ciudad, con lo que se inauguraba un nuevo recorrido para los eventos sindicales oficialistas. La Voz del Interior anunció otro acto del PS en la Casa del Pueblo el Primero de mayo a las 16, con oradores propiamente partidarios.21 Cabe destacar la recuperación por parte del PS del propio Primero de mayo, aunque probablemente haya evitado solaparse con el obrero oficialista para lograr autorización policial.
Desde 1947 a 1951 el acto principal del Primero de mayo continuó organizado por la CGT local afín al peronismo, recuperando la marcha previa en columnas hacia la plaza General Paz (1947) o con acto en Colón y General Paz (1949) y/o con recorrida y acto final en la plaza San Martín (1947 y 1950). A nivel discursivo, los oradores promocionaron la campaña oficial por el control de precios o acusaron al capitalismo del elevado costo de vida (1947). Con los años, los signos oficialistas fueron acrecentándose: en 1949 la CGT distribuyó a los gremios adheridos carteles y fotos del presidente y de su esposa; al año siguiente, ya la palabra del ministro de Asuntos Gremiales, del gobernador y de Perón (desde Capital Federal) invadieron el acto. En 1951 la intervención local del Partido Peronista adhirió al acto, se cantaron el himno y la marcha “Los muchachos peronistas”, y se apoyó la reelección del presidente.22
Por el lado de los sindicatos autónomos o “libres” y del PS y del PC, 1947 es el último año de demostración de fuerzas de la oposición sindical y política en cierta igualdad de condiciones con el peronismo. Tal vez esto se explique porque en julio de ese año la CGT local pudo imponerse como la única central sindical, y en los meses siguientes logró la integración de los sindicatos que aún no se le habían adherido a través de la neutralización total de los resabios izquierdistas presentes en ellos (Blanco, 2016).
Sin embargo, en esa coyuntura de 1947 de fragmentación favorable al oficialismo, poco se entienden los actos simultáneos y en competencia en espacios abiertos que organizaron sendos partidos el 30 de abril a las 19, el PC con un mitin en las esquinas de Colón y Rivadavia, y el PS con concentración en General Paz y Colón, en el sector centro norte de la ciudad que desde hacía años más propiamente los identificaba. El acto central opositor del Primero de mayo fue organizado por el Comité Intersindical Pro Primero de Mayo, al que adhirieron los sindicatos autónomos y la FUC. Fue el Primero de mayo a la mañana, pero en un lugar cerrado, el estadio del Córdoba Sport Club, y retomó las críticas de 1946 tanto del movimiento obrero como de los dos partidos de izquierda. Así, en línea con lo apuntado por Lobato (2024) a nivel nacional, reivindicaron la fecha en sentido revolucionario, como día de lucha, protesta y rebeldía. Asimismo, se pronunciaron por “una real independencia y democracia sindical, por el fiel cumplimiento y ampliación de la legislación obrera y por la reducción del costo de la vida” (“El día de los trabajadores fue conmemorado con diversos actos”, 2 de mayo de 1947, Diario La Voz del Interior) y denunciaron a la CGT por extorsiva y contraria a los intereses de los trabajadores, manteniendo la bandera de la libertad, la independencia y la democracia sindicales y exigiendo la igualdad laboral entre hombres y mujeres.23
El quiebre peronista de la resistencia izquierdista en los sindicatos que se produjo en el bienio 1947-1948 se puso de manifiesto en las conmemoraciones del Primero de mayo. En efecto, de 1948 a 1950 sólo aparecieron consignados actos propiamente partidarios del PC o del PS como competencia cada vez más marginal ante la maquinaria sindical oficialista de la CGT. En 1948 el PC realizó un acto el mismo Primero de mayo, en el que se destacó, al igual que dos años atrás, la oratoria femenina. Ese año parece ser su último día de los trabajadores en el período analizado. En 1950 el partido se limitó a reproducir la declaración de su par nacional por la fecha. El PS estuvo presente en 1949, 1950 y 1951 con almuerzos y actos con oradores hombres y mujeres en la Casa del Pueblo los días 29 o 30 de abril.24 Cabe aclarar que los eventos partidarios previos del PS contaban con una tradición de años y, como afirma Reyes (2021) estaban pensados como un encuentro de la familia socialista, con cuadros artísticos y/o conferencias de sus principales dirigentes. Sin embargo, con el peronismo esa actividad preliminar se fue convirtiendo en la principal expresión por el Primero de mayo, hasta su negación definitiva.
Hay que entender estas marginaciones en un contexto restrictivo de las libertades públicas. Entre 1950 y 1951 el PS sufrió un allanamiento a su sede y al igual que el comunismo padeció las detenciones de numerosos afiliados que estuvieron en la cárcel durante varios meses.25 De ese modo, la ocupación del espacio público por parte del peronismo pudo ser posible sin necesidad de competir con la oposición, debido a los obstáculos impuestos a los demás partidos.
En 1952 el PS no pudo replicar la reunión por “prohibición oficial, en cuyo cumplimiento fuerzas policiales procedieron a hacer desalojar el salón de actos de los concurrentes” (“El día de los trabajadores fue conmemorado ayer por la CGT” (2 de mayo de 1952). Diario La Voz del Interior). Mientras, el acto de la CGT cambió de escenario público, de las plazas al frente de su sede. La injerencia oficialista incluyó la presencia de autoridades provinciales y municipales y la entonación del himno nacional, la canción del trabajo, y las marchas de la CGT y de “Los muchachos peronistas”.26
Si en años anteriores la conmemoración del 1º de mayo en Córdoba por parte de otros grupos políticos y sindicales era permitida en lugares cerrados o abiertos pero en días anteriores o en horarios marginales, a partir de 1952 se convirtió en un evento exclusivo y excluyente de la CGT, a través de la prohibición oficial de los actos socialistas, los únicos que desde 1949 subsistían solitariamente.27 En 1953 y en respuesta a los atentados terroristas del 15 de abril contra una manifestación favorable al gobierno, la policía allanó las sedes de la Unión Cívica Radical y del Partido Demócrata e interrumpió violentamente una reunión radical. Las detenciones de dirigentes radicales, socialistas y comunistas,28 la restricción de la libertad de expresión y de reunión que permitiera el debate de ideas y de plataformas partidarias y la censura o autocensura impuesta a los medios de comunicación, vinieron a completar un cuadro de intolerancia política y control de la oposición más generalizado que durante el gobierno militar de 1943-1946.
A modo de cierre
En el artículo me propuse reconstruir los sentidos del Primero de mayo para los dos principales partidos de izquierda, el socialista y el comunista y los sectores sindicales vinculados a los mismos, en la ciudad de Córdoba entre las décadas de 1930 a 1950. Las reuniones por la fecha se realizaron el día previo o el Primero de mayo, tanto en locales cerrados como en la vía pública.
Las conmemoraciones durante el propio día y al aire libre fueron las más efectivas a nivel de ocupación del espacio público, notoriedad, repercusión y participación popular. Los años 1936-1939 y 1942-1943 en los que el PC y el PS rememoraron juntos la fecha fueron los de mayor despliegue obrero, con varios actos en distintos días y horarios y oradores que representaron a los diversos sectores que adhirieron a los eventos, encolumnados en una prédica antifascista y democrática. La mayor visibilidad se evidenció en la organización previa en columnas para marchar, en el número de actos y en la irrupción espacial al centro mismo. En 1939 apareció la primera competencia por el sentido de la fecha, de índole católica. Durante el gobierno militar de 1943-1946 y el peronismo el foco estuvo puesto en la reivindicación revolucionaria de la fecha, en contraposición al discurso dignificador obrero y de armonía de clases que estos gobiernos pretendieron imponer.
Mención aparte merece la agenda femenina. A lo largo de los años observamos que las mujeres pasaron de ser inexistentes a invitadas como espectadoras y luego protagonistas como oradoras, al tiempo que se exigió la igualdad de derechos. Si en los años estudiados de la década de 1930 se invocaba la presencia de las mujeres, que llegaron a tener una participación activa, en los años 40 la mayor visibilidad fue notoria. De los dos partidos estudiados, al darles la palabra a las mujeres en 1946 el PC se adelantó al PS, que lo replicó unos años después. Esta impronta tuvo su correlato en 1951 cuando se estrenó el voto femenino, con candidatas comunistas nacionales y provinciales (Barrancos, 2008). En Córdoba, el PC fue el que más candidatas a legisladoras incluyó en sus listas, seguido por el PS y el partido peronista (“Candidatos en los comicios de Córdoba”, 10 de noviembre de 1951, Diario Córdoba).
El énfasis del trabajo no estuvo puesto en la construcción de la fecha como inventora de tradiciones proletarias o sentidos unívocos respecto del ser obrero ante otros grupos sociales (Hobsbawm, 1987); o en cómo las problemáticas internacionales y nacionales se expresaron en demandas concretas que en ciertos años (1936-1939 y 1942-1943) aunaron a una pléyade de actores diversos que tenían al antifascismo y a la defensa de las libertades públicas como preocupación común (Viguera, 1991). Tampoco en comparar con otros espacios los ritmos de peronización del Primero de mayo (Lionetti, 1997) y la resistencia de los partidos de izquierda al fenómeno (Camaño, 2011). Si bien estas aristas fueron contempladas en el artículo, el interés principal estuvo puesto en mostrar cómo la conmemoración del Primero de mayo fue un campo de disputas (de grupos obreros, espacios, recorridos, días y horarios, oradores, reivindicaciones, demandas y mensajes) entre los partidos comunista y socialista e incluso al interior de este, como fue el caso de 1935. Las fricciones y competencias son fáciles de advertir en 1935 y cuando la posición del PC en política internacional dividió a los dos partidos. Sin embargo, aún en los años que ambos partidos conmemoraron juntos la fecha, la multiplicidad de eventos protagonizados por los mismos o sus centrales obreras afines, los discursos reveladores de intereses particulares o la confesión de las organizaciones conjuntas a último momento son indicadores de pujas internas que repercutieron en conmemoraciones izquierdistas del Primero de mayo fracturadas en sus significados y fortaleza. En este sentido el Primero de mayo en la ciudad de Córdoba —y seguramente en otros espacios—no fue una manifestación única ni unívoca, pensando en los actos en sí, en la categoría y representación de los oradores y en los mensajes transmitidos.
Durante el peronismo, la fragmentación izquierdista se exacerbó con actos propios, aunque bajo el mismo discurso de lucha e independencia proletaria. El gobierno anuló las diversidades: primero con la marginación del discurso y acción comunista y socialista al 30 de abril y luego con su prohibición, al tiempo que la maquinaria oficialista le imprimió su sentido de día del Trabajo.
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Notas
Recepción: 28 octubre 2025
Aprobación: 11 febrero 2026
Publicación: 01 junio 2026