Anuario del Instituto de Historia Argentina, vol. 26, nº 1, e244, junio - noviembre 2026. ISSN 2314-257XDosier
El Primero de mayo en Rosario. Organización obrera y construcción de una tradición proletaria (1890-1901)
Resumen: El Primero de mayo como objeto de estudio regionalmente analizado aún constituye una vacancia historiográfica en la Argentina. Rosario formó parte de las pocas ciudades del mundo que acompañó el primer llamado a conmemorarlo en 1890. Aquella fecha se corresponde con la etapa de formación del incipiente movimiento obrero en el país, pero su rol como catalizador de aquel proceso no siempre ha sido debidamente sopesado. En el presente trabajo analizamos el rol que el Primero de mayo tuvo en la formación del movimiento obrero rosarino y los significados y disputas que concitó entre corrientes ideológicas de izquierda y las autoridades.
Palabras clave: Primero de mayo, Movimiento Obrero, 1890, Rosario, Argentina.
International Workers' Day in Rosario. Labour organisation and the construction of a proletarian tradition (1890-1901)
Abstract: The first of May as a subject of regional analysis still constitutes a historiographical gap in Argentina. Rosario was one of the few cities in the world that accompanied the first call to commemorate it in 1890. That date corresponds to the stage of formation of the incipient workers' movement in the country, but its role as a catalyst of that process has not always been properly weighed. In this paper we analyse the role that the first of May played in the formation of the workers' movement in Rosario and the meanings and disputes it aroused between left-wing ideological currents and the authorities.
Keywords: International Workers' Day, Labour Movement, 1890, Rosario, Argentina.
Introducción
Si los patrones se tornan tiranos, es porque los excesos del obrero lo exigen
“Huelgas, sinónimo de guerra” (10 de mayo de 1890). La Capital
Clase trabajadora y movimiento obrero son conceptos con aires de familiaridad, pero que definen procesos diferentes. Mientras el primero refiere a la condición de clase desposeída de sus medios de producción, la segunda refiere a los repertorios organizativos y de lucha mediados por marcos ideológicos mayormente vinculados a las izquierdas. En este sentido, los derroteros de formación tanto de la clase como de un movimiento obrero responden a diversas variables. Sin embargo, hay un hito internacional que constituye un punto ineludible en la materialización de la clase trabajadora organizada de Rosario, y ese fue la conmemoración del Primero de mayo realizada por vez primera en el año 1890.
Los lazos de solidaridad entre inmigrantes fueron esenciales para enfrentar adversidades laborales y fomentar la conciencia de clase. El mutualismo por nacionalidad se integró con el movimiento gremial y sindical. Además, las “ideas avanzadas” de las izquierdas europeas, al ser adoptadas localmente, se expandieron entre los trabajadores. En poco más de tres décadas, estos grupos urbanos se consolidaron como clase, ensayando acciones colectivas para reivindicaciones materiales y simbólicas. El Primero de mayo constituyó la más significativa de este último tipo en el desarrollo y constitución de una tradición obrera (Hobsbawm, 2023), no solo por su dimensión interna y local, sino porque inscribían al proletariado nacional dentro de una dimensión transnacional.
Aquellos procesos de formación de la clase trabajadora rosarina han sido abordados con mayor profundidad por la historiografía (Álvarez, 2023, 2025; Falcón, 1984, 2005; Monserrat, 1989; Prieto, 2001); en cambio el Primero de mayo como fecha obrera resignificada, conmemorada y/o celebrada en los espacios locales, aún merece mayores investigaciones. Las producciones sobre la efeméride como objeto de estudio en sí mismo son escasas (Arias, 1986; Viguera, 1991; Teitelbaum, 2015; Poy, 2011; Reyes, 2016, 2021; Ceruti, 2021), a pesar de haber operado como “el más ambicioso de los rituales obreros” (Hobsbawm, 1987, p. 108) o haber significado, en el caso rosarino, el “acta de nacimiento” del movimiento obrero local (Falcón, 2005, pp. 139-140). En este sentido, nos proponemos un abordaje local de la experiencia rosarina que pueda sortear el lecho de Procusto de la historiografía presuntamente nacional, para conocer la singularidad que tuvo tal fecha para el proletariado de la ciudad.
A pesar de la escueta disponibilidad de fuentes para su abordaje local, buscaremos reponer la primera década de aquella efeméride proletaria en la ciudad de Rosario, la segunda en tamaño y desarrollo productivo del país por entonces. Si bien la fecha surgió del cónclave obrero de París de 1889, esta no tuvo una definición precisa sobre su realización y contenido más allá del reclamo de la jornada de ocho horas de trabajo y su dimensión internacional, por cuanto sus sentidos fueron disputados y definidos por las bases localmente (Hobsbawm, 2023). Entendemos que el Primero de mayo no constituyó sólo parte de la liturgia obrera, lato sensu, sino un puntal a partir del cual comenzó a erigirse un movimiento obrero organizado, donde esta fecha tuvo un peso nodal y fue disputada, interpretada y también combatida por los sectores burgueses. Entre 1890 y 1901 el proletariado local se fue consolidando de forma lenta pero sostenida, a pesar de la adversa coyuntura nacional abierta entre 1889 y 1895. Las tensiones entre las dimensiones celebratorias o luctuosas del Primero de mayo, así como las disputas por liderar su organización, constituyeron un punto central en la construcción de una tradición e identidad proletaria, por cuanto su realización anual no solo permite advertir el pulso vital del movimiento obrero en tiempos de reflujo y escasez de fuentes, sino también comprender cómo fue leído e interpelado por las autoridades y burguesías del período. A su vez, la realización del Primero de mayo durante los años más duros de la crisis constituyó un refugio ante las dificultades organizativas. Sostenemos que, a pesar de haber surgido como una propuesta socialista con una impronta celebrativa, desde su primera edición en 1890 primó la dimensión luctuosa y reivindicativa impresa por el anarquismo local.
El recorte seleccionado comienza en 1890, cuando a nivel internacional se conmemoró la fecha por vez primera y donde Rosario se contó entre las pocas ciudades que por entonces pudieron concurrir al llamado, junto con Buenos Aires, Chivilcoy y Bahía Blanca (Ceruti, 2021). En tanto, el cierre en 1901 responde a un cambio de coyuntura singular donde la fecha cobró nuevamente dimensiones mayores, al tiempo que presentó divisiones en su conmemoración en un contexto de organización obrera a escala local y nacional que cambió la historia del movimiento obrero en Argentina. El texto se divide en tres apartados, en el primero realizamos una breve introducción a las fuentes y corrientes ideológicas para el abordaje y comprensión de la realidad obrera rosarina; en el segundo abordamos el hito que supuso la celebración del primer Primero de mayo de 1890. Finalmente, nos adentramos en las dificultades experimentadas para su realización entre mediados de la década de 1890 hasta el cambio de siglo.
Fuentes para un movimiento obrero en ciernes
Las primeras manifestaciones del movimiento obrero en Rosario emergieron alrededor de 1888, entre ellas se destaca la creación de organizaciones anarquistas como el Circolo Anarchico y el Círculo Socialista Anárquico (Monserrat, 1989, p. 13). La inmigración de italianos, españoles, franceses y alemanes durante las décadas previas trajo consigo diversas ideologías de izquierda al país. Aunque estas corrientes empezaron a asentarse antes, su difusión pública se aceleró en los años 80 del siglo XIX en coincidencia con la creciente visibilidad de estas organizaciones en la prensa comercial.
El anarquismo se consolidó, de forma temprana, como la corriente hegemónica del movimiento obrero rosarino, pero lejos estuvo de ser homogénea. Dentro de ella se pueden delinear dos tendencias mayoritarias: los organizadores y los anti-organizadores o individualistas. Mientras los primeros bregaban por formas democráticas de organización obrera, de amplias libertades, los segundos entendían que toda forma organizativa entrañaba, per se, formas de control y autoridad que iban en contra de la libertad defendida por la anarquía. La primera de estas facciones comenzó a desplazar a la segunda en su rol hegemónico hacia la segunda mitad de la década de 1890, pero ambas siguieron habitando el campo ácrata en las décadas siguientes.
Un punto de relevancia en ese proceso organizativo de la clase trabajadora fueron los emprendimientos editoriales, los cuales, como sostiene Lobato (2009), constituyen fuertes indicadores del grado organizativo de la clase. Existieron en la ciudad periódicos obreros efímeros como El Fénix, El Artesano, y El Obrero Panadero (Accurso, 1992, p. 261), entre 1885 y 1888, que reflejaban el nivel de organización del movimiento obrero. A pesar de su corta vida, estas publicaciones, con enfoques socialistas y anarquistas, simbolizaban los cambios en el discurso proletario que comenzó a trascender la mera reivindicación salarial para abordar cambios sociales más amplios. La prensa obrera, junto con los gremios, marcaron el inicio de una conflictividad obrera más consciente y combativa en la década de 1880, en contraste con las luchas anteriores. Con dos ejemplares actualmente inhallables, irrumpió en 1893 La Tribuna del Trabajo, periódico de los panaderos rosarinos que salió en marzo y luego para el Primero de mayo de ese año.(“Movimiento Social”, 26 de marzo de 1893, El Perseguido, p. 4). En otros casos, en la difícil coyuntura de la crisis de aquel año, grupos como La Revancha juntaron fondos para publicar periódicos, pero estos no lograron ver la luz (“Rosario”, 18 de junio de 1893, El Perseguido, p. 4.). En 1895 aparecieron fugaces periódicos ácratas como La Nueva Aurora y La Verdad (Zaragoza, 1996, p. 183). En 1896 se publicó El Porvenir Social, periódico socialista de corta vida, pero que permite observar un crecimiento de la corriente en Rosario.
Tres periódicos anarquistas emergieron en el ámbito obrero, entre los cuales se destacó Demoliamo, fundado en 1893 y escrito en italiano. Este, de corta duración, abogó por la violencia como método de lucha, con claro perfil anti organizador. Se buscó, posteriormente, su reemplazo por otro llamado Humanitas, pero que no llegó a ser publicado (El Perseguido, 1894). Dos años después, también desde una línea antiorganizadora, La Libre Iniciativa se transformó en el vocero principal de dicha tendencia ácrata. Este periódico fue el contrapeso del intento organizador de ciertos sectores del anarquismo rosarino que, desde 1896, lanzaron su ofensiva con el periódico La Federación Obrera, desde cuyas páginas era celebrada la huelga solidaria de aquel año como parte de la “gimnasia revolucionaria”. Hacia diciembre apareció La Nueva Humanidad-Órgano de las clases obreras, diario que afirmaba ser la unificación de los esfuerzos de los dos antes nombrados (LNH, 1896). La experiencia fue breve, aunque finalmente, en 1899, un nuevo emprendimiento editorial llevaría el mismo nombre, pero su subtítulo sería “periódico sociológico” que buscaría revivir a La Libre Iniciativa, con tendencias más próximas a la organización obrera (Álvarez, 2025). Todas las publicaciones aquí recuperadas se publicaron en Rosario, aunque en el caso de algunas de ellas sabemos de su existencia a través de la prensa porteña. El circuito de nuevos proyectos editoriales eclosionó con mayor fuerza durante el ciclo de conflictividad que comenzó en 1895 y finalizó con las represiones de 1901 y 1902 en Rosario. Veamos ahora el rol que tuvo el Primero de mayo de 1890 como articulador del movimiento obrero local.
El Primero de mayo de 1890
El diario rosarino El Municipio se mofaba en 1888 de los obreros socialistas alemanes del Verein Vorwärts, primera agrupación socialista del país (Oddone, 1983), quienes en una asamblea conferenciaron en alemán ante la extraviada vigilancia del oficial Otamendi. Este, al no lograr comprender una palabra de lo que allí se discutía, decidió dar por terminada la asamblea, ante lo cual los germanos claudicaron de toda actitud contestataria y dieron cumplimiento al pedido policial. Días después, estos sacaron un comunicado que afirmaba que "el trabajo es la fuente de toda riqueza y cultura, y como todo trabajo útil para la colectividad no puede hacerse sino mediante el concurso de todos”. La página rosarina, con tono satírico, cerraba su cobertura con una diatriba donde afirmaba que "no necesita comentarios, es hasta dónde puede llegar la estupidez humana. ¡Qué un hombre laborioso quite un pedazo de pan que ha amasado con el sudor de su frente para sus hijos para darlo a un haragán!”. Con indisimulada imprecación cerraba la cobertura afirmando que “probablemente los socialistas no volverán a reunirse" (EM, 1888).
Además de no comprender la teoría del valor que permeaba en el planteo de los socialistas, los editores del diario cometían el yerro de vaticinar una corta vida a las asambleas obreras. No solo los trabajadores de izquierda siguieron reuniéndose, sino que dos años después de aquel suceso estos socialistas del Vorwärts fueron los promotores de aplicar las resoluciones del Congreso Obrero Internacional de París que el año previo habían determinado conmemorar el Primero de mayo como día internacional de los trabajadores (Tarcus et al., 2008),1 con el objetivo de que “el mismo día convenido los trabajadores intimen a los poderes públicos a reducir legalmente a ocho horas la jornada de trabajo y a aplicar las otras resoluciones del congreso internacional de París” (Dommanget, 1976, p. 113).
Un comité obrero rosarino se hizo eco de la invitación que se envió formalmente a los trabajadores del país el día 30 de marzo de 1890, desde Buenos Aires, para que acompañasen el pedido de leyes protectoras al Congreso Nacional (Oddone, 1975, p. 86), así como a organizar el acto del Primero de mayo en sus respectivas localidades. Este comité local, que se anunciaba como “un grupo de obreros reunidos”, invitaba el 26 de abril a que los trabajadores de la ciudad se apersonaran el día Primero de mayo. Lo hacía con el argumento de que “después de una larga y animada discusión y de un completo examen sobre las tristes condiciones en que se encuentra la clase obrera”, entendían era hora de comprender que “vivían”, por cuanto debían “cumplir la misión que nos impuso la naturaleza a nuestro paso por la tierra” (“Manifestación obrera”, 26 de abril de 1890, EM, p. 1.). Al margen de la mirada más telúrica y filosófica antes que materialista, resultan significativos los acuerdos que acompañaron a la convocatoria:
1° Adherimos con nuestros esfuerzos morales y materiales al congreso obrero internacional de París, para engrosar las filas de trabajadores reunidos del universo.
2° Para que el día 1° de mayo sea solemnizado con el más levantado propósito y nos traiga un resultado práctico, llamamos a todos los trabajadores sin distinciones para tan importante fiesta.
3° La reunión para la manifestación tendrá lugar en la plaza López a las 11 am para salir una vez reunidos a la 1 pm en manifestación, que recorrerá las calles siguientes. Saldrá la manifestación de la plaza López por Buenos Aires hasta la plaza 25 de mayo dando la vuelta por la misma, entrará por Comercio hasta Rioja, de esta doblará por Moreno, de Moreno a Salta, de Salta a la Plata, de esta a las Cadenas y de aquí a la quinta Huttelman, donde estará preparada para recibir a los manifestantes.
4° El local indicado es un punto espacioso para contener algunos centenares de compañeros, y como también se podrán pronunciar algunos discursos de actualidad, esperamos que no faltareis a la cita porque depende de nosotros traer el adelanto a nuestras mismas necesidades, y para conseguirlo es necesario unirnos como un solo hombre, en nombre de la solidaridad humana, y gritar en ese día como gritará con su potente voz toda la gran masa obrera universal:
¡Viva el 1° de mayo!
¡Viva la fraternidad obrera universal!
La Comisión Internacional (“Manifestación obrera”, 26 de abril de 1890, EM, p. 1.)
Esta capacidad organizativa no surgía ex nihilo, sino que ya existía cierta experiencia de reunión para conmemorar cada marzo a la Comuna de París (Ceruti, 2021). Mientras la convocatoria socialista en Buenos Aires insistía en una dimensión más festiva para el encuentro, como día de “unión fraternal y fiesta universal de obreros” (Viguera, 1991, p. 56), en Rosario los trabajadores remarcaban la dimensión de manifestación solemne —inclusive cuando la convocatoria hablase de “importante fiesta”—, la cual no sólo buscaba la reunión y concentración de los asalariados en el punto señalado, sino su peregrinación de más de 50 cuadras hasta el punto de llegada. Sería un esfuerzo baladí pretender analizar semánticamente el uso de los términos festejar, celebrar y conmemorar, puesto que eran utilizados indiferentemente en la mayoría de los casos. Lo singular, y que dota de contenido a tales conceptos, es su materialización práctica, que es dónde se libraba la batalla por los sentidos del Primero de mayo.
A diferencia de la convocatoria capitalina, que estipulaba una concentración proletaria en el Prado Español, o en caso de lluvia en el local socialista Vorwärts (Marotta, 1975), en Rosario no había interés de concentrar, sino de marchar, sin plan alternativo en caso de inclemencia climática. Además de la demostración pública había una dimensión confrontativa en el hecho de marchar hacia la plaza principal de la ciudad, la cual estaba rodeada por los poderes terrenales de la municipalidad y jefatura política, así como espiritual de la catedral. Aquí podemos observar una forma de ocupación del espacio público por parte de los obreros que no buscaron unir los extremos por el camino más corto, sino ampliar el circuito para manifestarse ante los poderes y en las calles céntricas de la ciudad. Finalmente, el circuito iría hacía la barriada obrera periférica en las faldas de la Refinería Argentina de Azúcar, allende al Paso de las Cadenas, un amplio cruce ferroviario que oficiaba como frontera entre el casco urbano y la zona industrial proletaria (Prieto, 2020a, p. 65). Allí tomarían la palabra diversos oradores para un público que ya estipulaban en varios centenares, tal como la elección de la quinta Huttelman indicaba en la convocatoria de los días previos. Expresamos aquello en potencial porque ese era el plan original, pero que no logró desarrollarse completamente.

El clima fue inclemente en la madrugada de aquel Primero de mayo de 1890 y dejó las calles anegadas y repletas de lodazales. No obstante, a las 11 del mediodía, tal lo acordado, unos 800 trabajadores se congregaron en la plaza López escoltados por sólo seis bomberos a caballo (“Rosario”, 3 de mayo de 1890, La Prensa, p. 6.). Debieron diseñar una ruta alternativa a la original, producto del estado de las calles, pero que sostuvo su paso por la plaza principal para finalizar en un céntrico solar en la intersección de las calles Entre Ríos y Urquiza. El número de manifestantes fue más que halagüeño si consideramos que hacia 1887 la ciudad contaba con 50.914 habitantes (Primer Censo Provincial de 1887, 1888). La procesión estuvo antecedida por banderas negras y rojas (“La anarquía en acción”, 18 de mayo de 1890, EP, p. 2.), entre las cuales una rezaba "1° de Mayo-Fraternidad Obrera Universal" (“La manifestación”, 2 de mayo de 1890, La Capital, s/p.), al tiempo que se proferían vivas a la “unión fraternal”, a los “obreros del universo y al primero de mayo” (“La manifestación de ayer”, 2 de mayo de 1890, EM, p. 1.). El intendente Mazza dio la orden a bomberos y guardiacárceles de estar armados con sus Remington en las inmediaciones de la Plaza 25 de Mayo, lo cual permite dimensionar no sólo que los obreros marcharon de forma confrontativa y no se dejaron amedrentar, sino que aquello constituyó una provocación para las autoridades, interpretada como “mieditis” por parte de un medio local (“La manifestación de ayer”, 2 de mayo de 1890, EM, p. 1.). Se trataba de consignas internacionalistas, paganas y subversivas marchando por las puertas de las autoridades nacionales, eclesiásticas y del orden.
Ya en el punto de cierre tomaron la palabra Domingo Lodi, Giovanni Ibaldi, Rafael Torrent, Máximo Schultz y Alfonso Jullien, representantes de las colectividades italianas, españolas, alemanas y francesas respectivamente. Se trataba, específicamente, de las cuatro nacionalidades que fueron arribando al país producto de fuertes persecuciones ideológicas y políticas, como ya hemos mencionado. Mientras Lodi remarcó la importancia de cultivarse intelectualmente para evitar ser atropellados por los explotadores, Ibaldi propuso formar una federación obrera que no tuviese tendencia política ni religiosa puesto que "en el trabajo caben todos los partidos y todas las sectas, sino pura y exclusivamente para obtener y consolidar la emancipación del hombre". Desde un postulado socialdemócrata, el español Torrent sostenía que al ser la Argentina un país "democrático por excelencia" debía apoyar toda iniciativa tendiente al mejoramiento de los obreros. Para ello también postulaba la formación de una federación, pero a diferencia del interlocutor precedente, mocionaba que fuese por nacionalidad. Cerraron finalmente los oradores germano y francés, de quienes no disponemos de transcripción. Creemos que todavía, a instancias de 1890, resulta difícil adscribir a estos obreros a corrientes ideológicas puras, sean estas socialistas o anarquistas. Predominaba cierta pulsión militante de miras amplias con precisiones estratégicas más vagas y porosas, las cuales comenzaron a delimitarse y definirse con el correr de los meses (Dickmann, 1949, p. 137).
Aquel primigenio acto finalizó al cabo de cinco horas y se erigió en una fecha llamada a ser parte nodal de la liturgia proletaria. Al cerrar el evento se mandó un telegrama a Buenos Aires firmado como Comité Provisorio en el cual informaban que los obreros de Rosario, en número de mil, "festejaron" el Primero de mayo acorde al orden del día, en solidaridad con el Congreso Internacional Obrero a pesar del mal clima, con una demostración imponente, pero de orden, tranquilidad y animación. Dos días después se reunieron en el Café La Vieja Bastilla para dar forma a la federación obrera (“La manifestación de ayer”, 2 de mayo de 1890, EM, p. 1.). De esta manera, las dos principales tendencias de las izquierdas en la ciudad recorrieron parte del camino juntas, pero las desavenencias llegaron pronto. En línea con lo acordado el Primero de mayo, el domingo 4 se reunieron los miembros del comité provisorio en el café señalado a los efectos de materializar la propuesta de crear una entidad federativa. En la reunión se determinó el pago de una cuota societal de $0.50 a los efectos de sufragar los gastos que la misma erogaría, así como la creación de una comisión encargada de resolver el alquiler de un local propio. Se formó también una comisión para estudiar si era cierto el rumor de que algunos obreros habían sido represaliados por sus patrones por sumarse al acto (“Reunión de obreros”, 4 de mayo de 1890, La Capital, s/p.). Por su parte, Lodi mocionó por emular los estatutos de la sociedad de Buenos Aires y Bachetti pidió que se formalizaran unos estatutos provisionales hasta tener la copia de los capitalinos (“Comité Internacional Obrero”, 6 de mayo de 1890, EM, p. 1.). Hasta aquí, en materia organizativa, el peso del socialismo se sostuvo.
Una semana después, en el mismo café público, se informó que el nuevo local de la prístina sociedad estaría en la casona Clavé de calle San Lorenzo entre Corrientes y Entre Ríos, al tiempo que se acordó comprar útiles y confeccionar un sello institucional compuesto por un globo terráqueo atravesado por dos manos aferradas con la leyenda “Solidaridad”, rematando la semicircunferencia superior con el nombre de la entidad, Federación Internacional Obrera del Rosario y la inferior con Consejo Local (“Reunión obrera”, 13 de mayo de 1890, EM, p. 2.). La joven federación no logró hacer pie no solo producto de los desencuentros ideológicos entre tendencias, sino por las peripecias de la crisis económica de aquellos años que tuvieron un profundo impacto sobre el campo obrero organizado. Saldos negativos en materia inmigratoria, deterioro de las condiciones de vida y sobre todo en la disponibilidad de empleo y salarios fueron las características de ese ciclo. Si bien no es objetivo de este trabajo dar cuenta del derrotero particular del movimiento obrero rosarino, resulta importante remarcar que esta experiencia federativa logró ser reflotada y constituida dos años después como Sociedad Internacional Obrera (Falcón et al., 1993; Monserrat, 1989; Pianetto et al., s. f.). Aquello fue producto de las deliberaciones colectivas en el marco del Primero de mayo de 1890, un hito que supuso un salto cualitativo en materia de organización obrera tanto a nivel local como nacional (Poy, 2012, p. 27), al tiempo que demostró la fragilidad en que se sustentaba la colaboración entre socialistas y libertarios. Es menester remarcar que en ambas experiencias federativas se sostuvo la dimensión internalista, algo que caracterizaba mayormente al movimiento obrero de entonces.
Si bien resulta innegable que el tono del manifiesto final ponía en evidencia el rol que tuvo el socialismo local en la organización del acto, tal como en Buenos Aires (Pianetto et al., s. f., p. 64), creemos que no resulta atinado afirmar que haya tenido características similares al capitalino (Falcón, 2011, pp. 44-45). Sostenemos esto en la medida en que tuvo una concepción originalmente diferente, signada por la dimensión movimientista del acto, interpeladora y no sólo peticionante ante los poderes públicos. Que anarquistas y socialistas hayan marchado juntos constituye un hecho singular, en el cual no sólo se manifiesta visible y evidente el rol desempeñado por los segundos como organizadores y representantes de las convenciones parisinas, sino también la impronta más confrontativa en la que se señalaba la presencia de banderas rojinegras y cánticos durante la marcha. Esto se reveló más notorio a la luz del tiempo cuando los socialistas remarcaron, un año después, que no estaban dispuestos a convertir el 1° de mayo en un día funesto para los trabajadores, dejando en manos de los “provocadores ácratas” un acto que pondría en peligro a los obreros ante la represión policial. Agregaban que su objetivo era celebrar dignamente el día, sin buscar conflictos con los patrones ni con la policía ya que todo ello “profanaría” el objetivo del día (“Sin título”, 18 de abril de 1891, Vorwärts. Organ für die Interessen des arbeitenden Volkes, p. 1.). Eso es justamente lo opuesto a lo que aconteció en Rosario, donde se buscó disputarles el espacio público a las autoridades y desfilar ante los Remington de las fuerzas de seguridad.
Al tiempo que los socialistas buscaban remarcar la importancia de la fecha como celebración obrera (Viguera, 1991), pocos meses después de aquel originario Primero de mayo los anarquistas de Rosario colgaron grandes carteles en memoria de los “ahorcados de Chicago” (“La marcia de’ miserabili”, 16 de noviembre de 1890, La Miseria, p. 4), reponiendo una dimensión singularmente diferente de aquella que el cónclave parisino le había asignado a la fecha. Esto tuvo lugar el 11 de noviembre, que, junto con el Primero de mayo, se consolidó como la segunda fecha de mayor importancia para los libertarios, en la medida en que era el aniversario de la ejecución de los “reos” de Chicago (Suriano, 2001, p. 318). De esta forma, tomaban como propia una fecha diferenciada de aquella instalada —y fuertemente compartida— por sus pares socialistas.
Por otra parte, entendemos que la diferencia no es solo en cómo se desarrolló la manifestación en Rosario y sus divergencias con la concentración porteña, sino también en que no resulta del todo posible admitir una dimensión festiva compartida por todo el proletariado bajo la impronta socialista (Viguera, 1991). Esto ha sido también puesto en discusión para Buenos Aires, donde con posterioridad a 1890 el peso del socialismo en su organización también perdió preponderancia en manos libertarias (Poy, 2011, pp. 35-36). El diario rosarino La Capital muy rápidamente se vería perturbado por la irrupción de estos sectores combativos, por cuanto afirmaba que eran "traidores que violan los principios sacrosantos de las instituciones" con sus "anuncios de revolución pegados en las vías públicas del Rosario y Buenos Aires" (“La prensa burguesa y la anarquía”, 21 de diciembre de 1890, EP, p. 2.). En manifestaciones futuras la represión siempre estuvo dirigida específicamente a los actos libertarios, no a los socialistas, lo que generó que las autoridades marcaran una diferencia entre la celebración encuadrada de los segundos y la dimensión altiva y conmemorativa de los primeros.
Esto no es sólo un dato con respecto al Primero de mayo, sino una singularidad de la composición ideológica del proletariado rosarino, en el cual, muy tempranamente, los socialistas comenzaron a perder su hegemonía en manos de los anarquistas, quienes desde entonces y por décadas, fueron el relevo hegemónico que marcó el ritmo de la organización y conflictividad obrera en Rosario (Falcón, 1987). Aquel Primero de mayo de 1890 fue singular en la medida en que, a pesar de ser convocado y movilizado por los socialistas, tuvo una impronta particularmente ácrata que se volvió tendencia en las conmemoraciones venideras. Ahora veremos las dificultades que tuvo el movimiento obrero local para sostener el Primero de mayo en los años de mayor profundización de la crisis económica.
Reflujo y reorganización
"El 1° de Mayo ha caído tanto en desuso que al paso que va, dentro de poco solo los
burgueses serán los que los festejen"
Miscelánea (Mayo de 1895). La Verdad
En los días previos a la primera celebración del Primero de mayo de 1890 el diario porteño La Prensa señalaba como justos los reclamos del manifiesto que convocaba al encuentro en el Prado Español, pero entendía completamente injustificado lo reclamado en la medida en que ninguna de aquellas causas denunciadas constituía un peligro para la clase obrera en la Argentina (“La fiesta obrera de hoy”, 1 de mayo de 1890, La Prensa, p. 5.). En tono similar, como vimos, lo entendía un furibundo editorial del diario La Capital de Rosario, el cual remarcaba el valor sacrosanto de las instituciones de este país. Lo que resulta singular es el cambio de posición del diario rosarino El Municipio, el cual dio completa cobertura a todo lo ocurrido entre el Primero de mayo de 1890 y el posterior derrotero de la organización obrera de allí surgida. Sin embargo, un año después, en el marco de la efeméride en cuestión, su tono viró sensiblemente. Sostenía que las causas obreras eran, a la postre, indiscutibles, no obstante, resultaba inconcebible que en el país se replicasen las formas de manifestación que se practicaban en Europa, donde "el pobre trabajador gime y muere de escrófulas y anemia", por cuanto tienen allí razones suficientes y justificadas para la huelga, pero que aquí no pasarían de "absurda tentativa violenta". Con un claro perfil moralista que terminó por caracterizar la línea editorial de este diario, sostenía el apotegma de que los obreros debían reunirse a discutir sobre sus necesidades, aunque fuera "apoyándose en las teorías de Proudhon", pero absteniéndose de convocar huelgas que perjudicasen al trabajador (“El primero de mayo y la cuestión social”, 1 de mayo de 1890, EM, p. 1.).
No disponemos de mayores coberturas para estos años centrales de la crisis que desde 1889 venía profundizándose, pero esta nota resulta por demás elocuente en al menos dos aspectos. En primer lugar, la mención al pensador ácrata francés no es cosmética, sino que hace referencia a las tendencias libertarias que ya se manifestaban por entonces como mayoritarias entre los anarquistas de la ciudad; en segundo lugar, permite deducir un intento de huelga en el marco de la conmemoración de mayo que el diario desalentaba y buscaba obturar. Ya un año antes, La Capital, a una semana del acto, afirmaba que la acción directa era una declaración de guerra y que carecía de sentido la huelga general que se había proyectado para aquel día en 1890 (“Huelgas, sinónimo de guerra”, 10 de mayo de 1890, La Capital, s/p). Algunos sectores socialistas también lo interpretaban de esa forma, por cuanto el problema de la huelga comenzaba a ponerse en discusión (“Las huelgas”, 28 de febrero de 1891, El obrero, p. 2.). Las fuentes disponibles no nos permiten determinar si efectivamente esta tuvo lugar o no un año después, pero el intento del medio de prensa por restituir la dimensión celebratoria que entendían legítimamente habían levantado los socialistas un año antes se encontraba en entredicho ante el interés más confrontativo de los gremios locales que buscaban convertir a la fecha en un acto de lucha reivindicativo.
Para los socialistas, el Primero de mayo no tenía que ser un “día consagrado a la resistencia de los trabajadores”, sino una “advertencia a los poderes públicos”, por cuanto todo trabajador que pudiera ausentarse al trabajo sin tener por ello un perjuicio, debía hacerlo (“Sin título”, 18 de abril de 1891, Vorwärts. Organ für die Interessen des arbeitenden Volkes, p. 1). En tanto, para los anarquistas sí debía constituir un espacio de conmemoración y lucha desafiante de las autoridades. Así, de manera progresiva comenzaban a diferenciarse dos estrategias distintas entre ambas corrientes, la acción política para los socialistas y la acción directa para los libertarios (Falcón, 2011).
En este sentido, la preocupación del diario rosarino ante las tendencias más combativas del mundo gremial, se manifestaban más notorias un año después, cuando finalmente se consolidó el proyecto federativo local con la creación de la Sociedad Internacional Obrera, entidad de corta vida que a finales de 1893 desapareció producto del endurecimiento de la represión estatal (Monserrat, 1993, p. 156). Sin embargo, durante su año de fundación participó del segundo congreso de la Federación de Trabajadores de la Región Argentina, primer intento federativo de alcance nacional (Abad de Santillán, 2005, p. 54). Para ello envió como delegado a Rafel Torrent, pero con el mandato de no adscribir a ningún partido y bregar por la emancipación proletaria con independencia de los posicionamientos políticos. De esta forma, la sociedad obrera rosarina se encolumnaba dentro de la minoría ácrata de aquella primera experiencia obrera nacional (Pianetto et al., s. f., p. 65). Esto permite observar cómo, en tan sólo dos años, se pasó de una iniciativa organizativa liderada por los socialistas a un cambio de manos donde la voz cantante comenzó a estar monopolizada por los crecientes sectores ácratas de la ciudad.2
Aun en lo más profundo del ciclo recesivo, que comenzó a menguar hacia 1895, resultó dificultoso sostener proyectos sindicales y editoriales para los obreros, inclusive el mismo Primero de mayo. En 1893, el diario rosarino La Razón mencionaba que se aproximaba la “temible fecha” proletaria en ciertas regiones. Mientras se enfatizaba un tono celebratorio en algunos países, en otros concitaba completa indiferencia. Esta última versión parecía ser la que asignaba a Rosario este medio, puesto que daba cobertura internacional a la efeméride, pero nada decía de ella en la ciudad (“El 1° de Mayo en Europa”, 30 de abril de 1893, La Razón, p. 1.). Todo parece indicar que aquel Primero de mayo no fue posible realizar su conmemoración toda vez que la situación económica lo impedía. Aquel año la represión sobre el anarquismo cobró mayor impulso después de que se denunciara un presunto complot libertario. Todo esto se intensificaba en una provincia bajo estado de sitio después del alzamiento armado llevado adelante por miembros de la Unión Cívica Radical. El mismo dejó un saldo de más de un centenar de muertos, los organismos municipales bajo control de los insurrectos y la provincia acéfala, la cual fue recuperada por los poderes estales después de su intervención militar y el enjuiciamiento de los rebeldes (Prieto, 2022).
Lo cierto es que, a pesar de esa coyuntura, la Sociedad Internacional Obrera se sostuvo todo ese año. Al mismo tiempo, sectores ácratas italianos pudieron publicar el periódico Demoliamo, el cual ya era anunciado en octubre entre los obreros porteños de la colectividad (“Movimento Sociale”, 14 de octubre de 1893, La Riscossa, p. 3.) y salió a la luz un mes después en el marco del 11 de noviembre (“Hoy”, 11 de noviembre de 1893, Demoliamo, p. 1.). Por su parte, los panaderos de Rosario estaban en comunicaciones con sus pares porteños y santafesinos a los fines de organizar un congreso del gremio durante el mes de mayo (“Comunicati”, 1 de julio de 1893, Lavoriamo, p. 2.), lo cual permite inferir que no todo fue la quietud que indicaba La Razón.
Aquí aparece otro aspecto singular de la experiencia rosarina. En Buenos Aires los desencuentros estratégicos e ideológicos entre socialistas y ácratas conllevaron a la división del Primero de mayo en dos actos separados después de 1891, donde los primeros denunciaban que las acciones violentas de los libertarios hicieron que el orden se viera perturbado y conllevara a la represión policial (Weil, 2019, p. 32). Más aún, los libertarios llegaron a negar el rol organizador de los socialistas y afirmaban de forma retrospectiva que el Primero de mayo de 1890 fue “una manifestación espontánea para quienes veían en ella un principio importante de agitación obrera” (“El 1° de Mayo”, 1 de mayo de 1896, El Oprimido, p. 1.). En Rosario, por su parte, no existió tal división; simplemente, el acto quedó en manos anarquistas durante varios años, al cual se sumaron los socialistas.
Si bien no disponemos de coberturas pormenorizadas para 1894, los informes destacaron que ese año el evento transcurrió sin desórdenes y se esperaba que en 1895 fuese igual (“1° de Mayo”, 1 de mayo de 1895, El Municipio, p. 1.). Hacia 1894 la presencia del socialismo organizado no dejaba lugar a dudas y la locación del club Vorwärts de Rosario era informada en la calle Buen Orden 411. Estos, desde el año siguiente, darían cuenta de que el Primero de mayo de 1895 los encontró celebrando con manifestaciones por las principales calles de la ciudad en aquel día de “regocijo para los trabajadores de todo el universo” (“El 1° de Mayo en la Argentina”, 4 de mayo de 1895, La Vanguardia, p. 3.). Pero lo que resulta interesante es que, como balance, un año después informaban, desde su nuevo periódico local–llamado El porvenir social– que el año 1895 había sido muy agitado, con numerosas huelgas (“Movimiento obrero durante el año 95”, 1 de febrero de 1896, El Porvenir Social-Periódico Socialista Semanal, p. 2.). Como sostuvimos, la cobertura de estos años fue casi nula, pero sabemos que el Primero de mayo se conmemoró y fue en el marco de un año de aparente conflictividad, lo cual coincide con el cierre del ciclo recesivo de la crisis iniciada en 1889 y que hacia 1895 comenzó a presentar signos de recuperación que se tradujeron en el crecimiento de la organización y la conflictividad obrera.
Sin embargo, los libertarios encolumnados en el periódico La Verdad fustigaban sobre la falta de compromiso con el Primero de mayo y afirmaban que estaba cayendo en desuso,3 lo cual permite conjeturar que su organización durante el lustro siguiente a 1890 fue por demás dificultosa. Interpelaban a una sociedad llamada Comité Central Anárquico que eran, según ellos, quienes convocaron al Primero de mayo, pero con escaso éxito ya que, de acuerdo con esta ala opositora, los verdaderos anarquistas no se sumaban a la farsa de marchar con estandarte, música y bombas inofensivas, sino que peleaban a diario por cambiar el mundo (“Miscelánea”, Mayo de 1895, La Verdad, p. 3). En este sentido, se encolumnaban con los sectores de El Perseguido que veían el Primero de mayo socialista como una degeneración (Poy, 2011).
Esto resulta significativo en la medida en que podemos observar una concepción diferente de la fecha proletaria ya no sólo entre corrientes distintas, sino entre tendencias al interior de la mayoritaria. Para estos sectores aquella forma de manifestar y recordar a los Mártires de Chicago no era más que una mascarada inofensiva. Según sostenían, por ese motivo aquel sector libertario se había abierto del acto, dejó de convocarlo, razón por la cual “el 1° de Mayo cayó, como cae todo movimiento que no sea puro y espontáneo” (“Rasgos históricos”, 11 de noviembre de 1895, La Verdad, p. 3.). Esto nos permite no sólo adentrarnos en dos miradas ácratas divergentes sobre el sentido del Primero de mayo, sino que también expone parte del problema por el cual la fecha no logró conmemorarse durante aquellos años centrales de la década, amén de las razones estructurales de la coyuntura nacional.
Al calor del recupero económico de 1895, la organización y la conflictividad crecieron con más de 40 huelgas declaradas y triunfales para los obreros (Munck et al., 1987, p. 38). De esta forma, estos grupos anti organizadores comenzaron a perder el rol hegemónico detentado hasta entonces. Sectores opositores presionaban a los obreros rosarinos para conformar sociedades de resistencia (“Obreros del Rosario”,1 de agosto de 1895, La Unión Gremial, p. 3.), lo cual marcaba el cambio de estrategia entre tendencias. Resulta sintomático de ello el relevo de la prensa individualista por otras experiencias organizadoras que se observan por esos años, lo cual conllevó, al cabo de poco más de un año, la desaparición de esta importante hoja antiorganizadora llamada La Verdad (“La fuerza de la razón”, 21 de junio de 1896, La Revolución Social-Órgano Comunista Anárquico, p. 4.) y el surgimiento de La Federación Obrera (“Notas varias”, 15 de diciembre de 1896, La Revolución Social-Órgano Comunista Anárquico, p. 3.) o La Nueva Humanidad en 1899, propiciados por los sectores organizadores (“Periódicos”, 23 de abril de 1899, El Rebelde, p. 3.).
El año 1896 fue singularmente conflictivo ya que tuvo lugar la Huelga Grande (Prieto, 2020b), como dieron en llamarla los obreros. Se trató de una lucha que se extendió a través de lazos de solidaridad y que, nacida en el seno de los obreros ferroviarios de Tolosa, al poco tiempo se había expandido nacionalmente, dimensión por la cual se la ha considerado como la primera huelga general de la historia argentina (Pianetto et al., s. f., p. 67). Aquella medida de fuerza fue particularmente activa en Rosario, lo cual permite inferir un elevado nivel de organización y disposición al conflicto durante aquel año. No obstante, a pesar de ello, no hubo cobertura sobre el Primero de mayo. Los socialistas no informaron desde su órgano de prensa ninguna actividad en Rosario, lo que sí hicieron para Santa Fe. Sólo sabemos que pudo haber tenido lugar en la medida en que un medio local publicó una editorial sobre la fecha, en la cual señalaba, en tono paternalista, el apotegma de que los actos de violencia que despertaba en Europa no tenían razón de ser en estas tierras, por lo cual hacía “votos porque la tranquilidad de hoy reine siempre en el círculo de los nobles y abnegados hijos del trabajo” (“El 1° de Mayo”, 1 de mayo de 1896, La Razón, p. 1.). En el mismo tono lo indicaba otro diario rosarino, que vaticinaba que el Primero de mayo seguramente “pasaría casi desapercibido” puesto que sus reclamos no reflejaban la realidad local (“El 1° de Mayo”, 1 de mayo de 1896, El Orden, p. 1.).
Para el año siguiente su cobertura se haría más evidente, pero a partir de remarcar precisamente su ausencia. Entendía ese mismo diario que no había entre los gremios rosarinos movimientos tendientes a la organización del Primero de mayo, lo cual congratulaba por indicar que el proletariado local marchaba por el buen camino de la civilidad (“1° de Mayo”, 30 de abril de 1897, La Razón, p. 1.). Una exhortación similar realizaba El Municipio, que discurría con exorno sobre la importancia de la efeméride y su justa causa, pero remarcaba el alejamiento que el país tenía con aquellas condiciones que hacían de la fecha un reclamo atendible en Europa, pero sin brindar cobertura con respecto a la ciudad para ese día (“1° de Mayo”, 1 de mayo de 1897, EM, p. 1.). Además del tono paternalista que la prensa comercial presentaba sobre la conmemoración proletaria,4 lo hacía desde un discurso performático y disciplinador que buscaba inducir a la tranquilidad en los Primeros de mayo antes que describirlo en esos términos. La ausencia de cobertura directa sobre la organización del acto en el marco de esos años de recomposición del campo gremial permite sospechar una maniobra editorial antes que una vacancia de acciones proletarias. Sin embargo, las fuentes de que disponemos no nos permiten avanzar más allá de estas hipótesis.
No obstante, nuestro postulado quizás halle asidero en un detalle. Cuando los libertarios individualistas se mofaban de sus pares organizadores por la manera en que conmemoraban y ritualizaban el Primero de mayo, donde utilizaban estandartes y “bombas inofensivas”, esto último no constituye un dato cosmético o metafórico. Efectivamente los obreros marchaban por las calles cantando, dando vivas y mueras y musicalizando la procesión, pero también arrojaban bombas de estruendo caseras que no solo buscaban hacer notorio el paso de las columnas obreras a la distancia, sino imponer su presencia amenazante. Esto podía parecerle poca cosa a quienes defendían la dinamita magnicida como símbolo de acción directa, pero no lo era para la burguesía local ni para las autoridades. El gobernador de Santa Fe, Luciano Leiva, en 1897 dio orden a la policía para prohibir toda manifestación pública obrera donde hubiese bombas, pero por añadidura restringió los encuentros a punto tal que aquel año no se permitió la celebración del Primero de mayo en los locales gremiales ni en las calles, al tiempo que tampoco estaba permitido el encuentro de más de cuatro personas en las inmediaciones de los locales societales (La Vanguardia, 1897).
En Rosario, específicamente, la prohibición del uso de bombas de estruendo estaba regulada desde agosto de 1874, y sólo estaba permitido en los patios municipales para las celebraciones patrias del 25 de mayo y del 9 de julio (Ordenanza del 18 de agosto de 1874). A su vez, en 1895 se complementó con otra disposición que aumentaba la pena y consideraba la explosión de bombas dentro de la categoría contravencional de portación de armas (Orden 226, 20 de agosto de 1895, Memoria de la Gefatura Política del Rosario, 1895 y 1896). Aquí podemos observar cómo el uso de bombas callejeras en las procesiones proletarias del Primero de mayo contravenía la antigua ordenanza y suponía una afrenta que fueran usadas para festejar una conmemoración apátrida, aspecto inconcebible para los poderes públicos.5 De esta forma, la ausencia de cobertura del Primero de mayo por esos años nos presenta el revés del tapiz, donde la insistencia mediática por la moderación de los obreros nos dice más sobre el tono poco celebratorio que la fecha parecía tener, a punto tal que llegó a ser prohibida su realización. Así, de manera indiciaria, podemos comprender que el Primero de mayo fue una fecha particularmente problemática para las autoridades y sectores burgueses, al tiempo que se complejizaba su liturgia con la incorporación de bombas de estruendo que, dentro de los niveles de histeria que generaban los célebres magnicidios en Europa a manos anarquistas (Albornoz, 2021), se volvieron inadmisibles para las autoridades. Por otra parte, la aparente ausencia de conmemoraciones callejeras de los años previos, siguiendo la lógica indiciaria, podría permitirnos sospechar que estas tenían lugar en espacios cerrados, posiblemente gremiales o societales, toda vez que la prohibición de su celebración en dichos sitios pareciera confirmarlo.
La escasez de cobertura también es notoria desde el periódico socialista La Vanguardia, que no brindó reportes de Rosario por el Primero de mayo en lo que resta de la década, lo cual no es indicador de la ausencia de la conmemoración, sino de la imposibilidad del socialismo local de acompañarla. Solo señaló un intento de celebración para 1899 propuesto por la sociedad Fratellanza Republicana, el cual llamaba a que pronto se organizaran los obreros en centros socialistas (La Vanguardia, 1899). Hacia el año 1900 afirmaba que se celebraría el día proletario en más de una docena de ciudades y localidades, entre las cuales no estaba Rosario (“En el interior”, 1 de mayo de 1900, La Vanguardia, p. 2.), al tiempo que, entre la lista de agrupaciones socialistas adheridas a nivel nacional, estaban San Cristóbal, Esperanza y Rafaela por Santa Fe, siendo notoria la ausencia rosarina que supo acompañar los orígenes de la efeméride. Más aún: para aquel año que abría un nuevo siglo, sólo la Estación Alcorta reportaba haber celebrado el Primero de mayo en toda la provincia santafesina (“Partido Socialista Obrero Argentino y En las provincias”, 5 de mayo de 1900, La Vanguardia, p. 1.).
El cambio de siglo traería novedades en materia organizativa. Mientras los socialistas no tenían información sobre el Primero de mayo del año 1900 en Rosario, una joven Virginia Bolten informaba, con la concinidad que la caracterizaba, que en la recientemente creada Casa del Pueblo (Suriano, 2001, p. 49) se habían concentrado los trabajadores para conmemorar la fecha, pero que luego de la disertación del reconocido libertario Rómulo Ovidi, la compañera Teresa Marquissio propuso manifestarse en las calles. Tomaron una bandera con la inscripción ¡Viva la Revolución Social! y marcharon al grito de vivas a la anarquía y mueras a los burgueses, al tiempo que manifestaban por las puertas de los diarios El Municipio y La Capital, que insultaron, para finalizar en la plaza Santa Rosa. En aquel punto conferenciaron algunos obreros hasta que la policía buscó disolver la concentración, obligando al trabajador Manrique a arriar la bandera rojinegra; Manrique, junto a Virginia Bolten y Teresa Marquissio, se negaron (La Protesta Humana, 1900). El diario ácrata porteño celebraba aquella valentía de salir a la calle y resistir a la policía como un ejemplo para sus pares capitalinos, lo que permite inferir que la prohibición de manifestarse públicamente fue desafiada por los proletarios en aquella oportunidad.
Por su parte, el diario La Capital omitió esta información y afirmó que la fecha había sido celebrada en completa paz "sin manifestaciones tumultuosas ni ostentaciones ridículas", y que había tenido lugar a puertas cerradas en dos locales obreros diferentes (“El 1° de Mayo”, 2 de mayo de 1900, La Capital, s/p.). Que remarcara la existencia de dos celebraciones paralelas resulta de importancia en la medida en que aparece una división en la conmemoración. Si bien no tenemos elementos que nos permitan afirmar una taxativa división entre anarquistas y socialistas, aquello sucedió al año siguiente, cuando a pocos días del inicio de mayo fue creado el Centro Socialista Rosarino. A partir de allí se perfilaron dos celebraciones diferenciadas.
En 1901 el Primero de mayo contó con dos momentos que configuraron una novedad de la conmemoración/celebración —que se extendió por al menos dos décadas—. En primer lugar, una marcha conjunta entre socialistas y anarquistas que partió desde la plaza San Martín hasta la plaza Santa Rosa y atravesó las principales calles de la ciudad (La Protesta Humana, 1901). Con ello estaban rediseñando el patrón de ocupación del espacio público (Franco et al., 2024), donde la primigenia plaza López y la Refinería ya no eran los epicentros. En el trayecto la banda de música interpretó el “Himno 1° de Mayo”, la “Marcha Social” y el “Himno de los trabajadores”. Que la fecha era disputada y concitaba intereses en propios y ajenos lo remarcaba el hecho de que el diario La Capital afirmara que los trabajadores pasaron por su puerta al grito de “¡Viva La Capital!”, hecho inverosímil toda vez que, un año antes, la procesión había insultado al diario (La Capital, 1901). En el punto de encuentro conferenciaron proletarios de ambas tendencias y se leyeron poemas. Se esperaba la visita de Alberto Ghiraldo en una plaza que contó con una concurrencia estimada de unos mil obreros (El Municipio, 1901).
En segundo lugar, luego de la desconcentración, en horas de la noche los militantes de las principales tendencias se dirigieron, de forma diferenciada, a los respectivos espacios que anarquistas y socialistas tenían dispuestos para aquellos eventos. Los primeros realizaron una velada familiar en la Casa del Pueblo con la interpretación del drama social de Pietro Gori “1° de Mayo” y otras tertulias, mientras los segundos se reunieron en el local de la sociedad Felice Cavallotti donde tuvieron lugar diversas conferencias, entre ellas la de Alfredo Torcelli que viajó desde La Plata (El Municipio, 1901) para proferir un discurso sobre la separación de la Iglesia y el Estado (La Vanguardia, 1901). Que ambas corrientes contaran con la presencia de respetables dirigentes, provenientes de lejanos lugares para participar de aquel encuentro de Rosario, permite dimensionar la importancia que la ciudad adquiría en calidad de campo de disputa proletaria,6 pero también cómo la presencia de personalidades respetadas del campo proletario podía generar mayor interés y asistencia (Teitelbaum, 2015, p. 174).
Este nuevo Primero de mayo volvió a cobrar el brillo de antaño, con una notoria ocupación del espacio público, pero sobre todo con la singular condición de establecer lazos solidarios entre socialistas y anarquistas en la celebración del acto conjunto, para abrir paso a celebraciones individuales. Pocos días después de aquel Primero de mayo nacería, a nivel nacional y con el concurso de ambas corrientes ideológicas, la Federación Obrera Argentina, el segundo intento federativo de escala nacional, llamado a ser el gran articulador del movimiento obrero argentino en las dos décadas siguientes. Sin embargo, resulta singular, y quizás necesario, forzar la temporalidad un poco más, puesto que, en octubre de 1901, una muy violenta huelga en la Refinería Argentina de Azúcar de Rosario terminaría con la muerte de Cosme Budislavich (Stavisky, 2017), quien fue recuperado como el primer mártir del movimiento obrero argentino por el anarquismo. Desde entonces el movimiento ácrata no solo tendría a los mártires de Chicago, también tendría al de Rosario, pero eso ya constituye parte de otra historia.
Palabras finales
Entendemos que el Primero de mayo, antes que como efeméride, merece ser analizado, ex proprio iure, como proceso histórico situado. La escasez de fuentes y el trabajo de reconstrucción dificultan postular conclusiones definitivas, por cuanto ensayaremos algunas reflexiones finales. Esta aproximación a la más importante fecha del calendario obrero y de las izquierdas en el país—al menos con posterioridad a la Revolución Francesa y a la Comuna de París—, nos permite adentrarnos en la experiencia rosarina para conocer cómo se llegó al Primero de mayo de 1890 y cómo esta fecha se erigió en el centro organizador de los primeros esfuerzos federativos del incipiente movimiento obrero local. Aquel hito de 1890 en la ciudad catalizó procesos organizativos de la clase trabajadora que posibilitaron la formación de un movimiento obrero en vías de consolidación.
Por otra parte, como pudimos observar, a pesar de surgir movilizado por los socialistas, quienes le imprimieron un cariz celebratorio y sobrio, el acto se vio fuertemente interpelado por sectores anarquistas que buscaron transformarlo en una fecha de movilización urbana, de ocupación del espacio público, con fuerte sentido memorístico y conmemoratorio de los Mártires de Chicago. Esto demuestra que la fecha no puede ser leída como una creación e imposición vertical, sino que fue llenada de sentidos —siempre bajo disputa— por las bases obreras. Al mismo tiempo, en tensión con el costado celebratorio, lo singular fue su condición movimientista, contestataria y desafiante de los poderes públicos. Era una forma de manifestación social confrontativa que buscaba captar la atención social y forzar los límites legales. En tanto, constituía un punto de encuentro para fortalecer los lazos sociales y gremiales entre los obreros y sus familias.
Si aquel Primero de mayo de 1890 en Rosario se diferenció del capitalino, con el paso de los años compartió el hecho de ser un acto particularmente libertario (Poy, 2011), pero en el caso local no por la intransigencia socialista de no admitir las formas ácratas de plantearlo, sino por adolecer del peso suficiente para hacerlo en su relevo. Durante aquella primera década el Primero de mayo constituyó el acto de organización más convocante y privilegiado cuando la correlación de fuerzas impedía mayores cotas de organización, al tiempo que su ritualización concitaba diferencias en torno a su significado, contenido y forma, dimensión problemática entre corrientes ideológicas, así como entre facciones. De aquel originario acto y movilización de 1890 surgió la base de acuerdo para la primera experiencia federativa del movimiento obrero local —también nacional—, lo cual constituye a la fecha en un hito organizacional de la clase trabajadora antes que en una mera fecha celebratoria. Entendemos que estas páginas constituyen un aporte al reponer la historicidad de este proceso desde una perspectiva local y regional, colaborando en subsanar una relativa vacancia historiográfica y resituando al Primero de mayo desde su real dimensión como parte constitutiva de la más antigua tradición proletaria.
Financiamiento
Esta investigación se inscribe en el marco de mi Beca Interna Doctoral del CONICET, así como en el del proyecto de investigación y desarrollo “Conflictividades situadas. Espacios locales en Santa Fe y Entre Ríos de los últimos años del siglo XIX y a finales de los sesenta del siglo XX”. UNR. 2023 -2026. PID SECYT-UNR. Res. C.S. N° 335/2023.
Agradecimientos
Quisiera agradecer a la historiadora Agustina Prieto por su amabilidad en compartir parte de sus registros en torno al Primero de mayo por ella recogidos del diario La Capital, fuente hoy de muy dificultoso acceso. A pesar de existir, no se encuentra del todo disponible por la falta de interés y una política archivística abierta a la historiografía adoptada por la actual gestión del diario en cuestión. Todas las menciones a esta fuente son deudoras al aporte de la mencionada colega.
Fuentes documentales utilizadas
Comisión Internacional (26 de abril de 1890). Convocatoria obrera al primero de mayo. [Documento impreso].
Comité Provisorio Obrero (1° de mayo de 1890). Telegrama al Congreso Internacional Obrero. [Documento manuscrito/telegráfico].
Falcón, R. (2011). Orígenes del movimiento socialista en Argentina [Mimeo].
Monserrat, A. (1989). Origen y consolidación del anarquismo en Rosario (1888-1910) [Informe final CONICET]. CONICET.
Orden 226, Suplemento 2 (20 de agosto de 1895), Memoria de la Gefatura Política del Rosario, años 1895 y 1896, Imprenta El Orden, 1897, Biblioteca del Museo de la Ciudad de Rosario “Wladimir Mikielievich”.
Ordenanza del 18 de agosto de 1874, Digesto compilación de ordenanzas y decretos entre 1860 y 1889, Año 1890, Biblioteca San Martín de Rosario.
Pianetto, O., Galliari, M. y Veci, M. (s. f.). Formación de clase y acción sindical en una estructura agroexportadora. Argentina 1889-1930. El movimiento obrero en Rosario 1880-1910. Mimeo. [Informe CLACSO].
Primer Censo Provincial de 1887 (1888). Buenos Aires: Compañía Sudamericana de Billetes de Banco.
Sin título (18 de abril de 1891), Vorwärts. Organ für die Interessen des arbeitenden Volkes, p. 1
Prensa gráfica citada
La Federación Obrera, Rosario, 1896.
La Libre Iniciativa, Rosario, s/f.
La Nueva Aurora, Rosario, 1895.
La Tribuna del Trabajo, Rosario, 1893.
Demoliamo
Hoy (11 de noviembre de 1893), , p. 1.
Socialistas en Buenos Aires (20 de marzo de 1888), El Municipio, p. 2.
El Municipio (EM)
Socialistas en Buenos Aires (20 de marzo de 1888), El Municipio, p. 2.
Manifestación obrera (26 de abril de 1890), El Municipio, p. 1.
El primero de mayo y la cuestión social (1 de mayo de 1890), El Municipio, p. 1.
La manifestación de ayer (2 de mayo de 1890), El Municipio, p. 1
Comité Internacional Obrero (6 de mayo de 1890), El Municipio, p. 1
Reunión obrera (13 de mayo de 1890), El Municipio, p. 2.
1° de Mayo (1 de mayo de 1897), El Municipio, p. 1.
La fiesta de los obreros (2 de mayo de 1901), El Municipio, p. 1.
El Obrero
Las huelgas (28 de febrero de 1891), El Obrero-Defensor de los intereses de la clase proletaria, p. 2
El Oprimido
El 1° de Mayo (1 de mayo de 1896) El Oprimido, p. 1.
El Orden
El 1° de Mayo (1 de mayo de 1896), El Orden, p. 1.
El Perseguido (EP)
La anarquía en acción (18 de mayo de 1890), El Perseguido, p. 2.
La prensa burguesa y la anarquía (21 de diciembre de 1890), El Perseguido, p. 2.
Movimiento Social (26 de marzo de 1893), El Perseguido, p. 4
Rosario (18 de junio de 1893), El Perseguido, p. 4.
A los compañeros (31 de mayo de 1894), El Perseguido, p. 4
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Periódicos (23 de abril de 1899), El Rebelde, p. 3.
La Capital
La manifestación (2 de mayo de 1890), La Capital, s/p.,
Reunión de obreros (4 de mayo de 1890), La Capital, s/p.
Huelgas, sinónimo de guerra (10 de mayo de 1890), La Capital, s/p.
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La marcia de’ miserabili (16 de noviembre de 1890), La Miseria, p. 4.
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Cambio de nombre (19 de diciembre de 1896), La Nueva Humanidad-Órgano de las clases obreras, p. 1.
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Movimiento obrero durante el año 95 (1 de febrero de 1896), El Porvenir Social-Periódico Socialista Semanal, p. 2.
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La fiesta obrera de hoy (1 de mayo de 1890), La Prensa, p. 5.
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Varias (13 de mayo de 1900), La Protesta Humana, p. 3
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Notas
Recepción: 27 agosto 2025
Aprobación: 23 enero 2026
Publicación: 01 junio 2026