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Anuario del Instituto de Historia Argentina, 2010, nº 10, p. 241-245. ISSN 2314-257X
Universidad Nacional de La Plata.
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Instituto de Historia Argentina "Dr. Ricardo Levene".

Reseña/Review

Bragoni, Beatriz y Mata, Sara (comp.) Entre la colonia y la república. Insurgencias, rebeliones y cultura política en América del Sur, Buenos Aires, Prometeo, 2008

Julián Carrera

UNLP/CONICET
julianrace77@hotmail.com


En líneas generales toda la obra es atravesada por una misma preocupación: superar definitivamente las viejas interpretaciones sobre la insurgencia y al mismo tiempo abandonar la perspectiva de casos cuyo empirismo se aleja de la comprensión de procesos más amplios. Todos los trabajos parten de algunos supuestos básicos ya casi irrefutables dentro de los estudios de las revoluciones de independencia hispanoamericanas. En primer lugar, se rechaza la idea de nación previa al Estado y de un proyecto político común de los revolucionarios. Asimismo, los movimientos emancipatorios no habrían sido el producto de la política borbónica que intentó recuperar el poder sobre sus colonias desplazando a los sectores criollos. En este sentido, la caída de España en manos napoleónicas como fiel expresión de la debilidad de aquel reino en el concierto europeo, sería un hecho fundamental para entender el surgimiento de movimientos autonomistas en las colonias hispanoamericanas. Los grupos revolucionarios entonces, no pueden ser considerados como entidades de antigua gestación con integrantes y proyectos bien definidos sino como expresiones surgidas de una situación inesperada que generó dos fenómenos novedosos: la militarización de la sociedad y la politización de grupos sociales hasta el momento ajenos a la política. Finalmente, en este nuevo período que se abre con la crisis y disolución del imperio español en América, se darían las condiciones para el acceso a la modernidad (o las modernidades) con el surgimiento de una nueva cultura política, la opinión pública y las prácticas electorales.

Una de las perspectivas que predomina en los trabajos es la inspirada en la teoría de la agencia y los estudios subalternos. Aquí la atención recae en la acción colectiva y de los actores subalternos que adquieren protagonismo con la expansión de la militarización y la guerra llevando adelante acciones tanto individuales como grupales. Estos análisis abandonan la idea muy extendida sobre subordinación de los sectores populares a la acción hegemónica de las elites e intentan descubrir experiencias relativamente autónomas en donde predomina la negociación antes que la coacción. Los distintos aportes contenidos en el volumen se distribuyen en tres dimensiones analíticas: por un lado lenguaje y cultura política; por otro, militarización e identidades y finalmente insurgencias y movimientos sociales.

Los estudios sobre cultura política siguen a los pioneros que cambiaron las interpretaciones clásicas sobre la modernidad hispanoamericana (Aninno, Guerra, etc.), es decir, aquellos que entendieron que los elementos que configuraron un nuevo pensamiento de tipo moderno fueron muy diversos y no provinieron de una misma fuente. Mónica Quijada, analiza el pensamiento político hispano a través de los discursos, panfletos y sermones que circularon en la época, los cuales presentan una serie de conceptos clave como soberanía, retroversión o derecho de resistencia todos los cuales contribuyeron a nutrir un imaginario político moderno que no se reduce sólo a los grupos ilustrados. En particular, la autora se preocupa por la penetración de la idea del carácter contractual del poder, entendido como el principio que defiende como única legitimidad política el consentimiento de la comunidad. El artículo de Fabián Herrero se focaliza en la densa trama política que se teje en Buenos Aires tras la revolución de mayo. En particular analiza la forma de hacer política de la oposición saavedrista ansiosa por recuperar el poder en abril de 1811. El episodio refleja el embrionario desarrollo de la opinión pública cultivada en cafés, espacios públicos y la difusión de pasquines que definen la imagen de los grupos en disputa y alimentan temores y esperanzas. Lidia Miranda también se ocupa de la cultura política en Buenos Aires en particular de la cuestión religiosa en la retórica de las luchas civiles a partir de 1820. La autora sostiene que en contraposición a la primera década revolucionaria caracterizada por ceremonias fastuosas la política rivadaviana posterior intentó a través de diversas medidas suprimir el bullicio y carácter tumultuario de la vida política y sobre todo disminuir la influencia de la religión en la sociedad. Sin embargo, esas reformas fracasaron y los grupos federales posteriores difundieron la imagen del unitario-hereje incorporando así la cuestión religiosa dentro de su retórica de guerra. Finalmente el trabajo de Jorge Conde Alarcón se ocupa de la importancia de la cuestión ceremonial en la vida política, en este caso en Nueva Granada. Su tesis plantea que a pesar de la adopción de formas republicanas, las fiestas cívicas no promovieron un cambio en el imaginario político y siguieron reproduciendo la imagen de la sucesión del trono propia del Antiguo Régimen. En este sentido las Cortes de Cádiz no se preocuparon por desarrollar mecanismos ceremoniales para crear un nuevo imaginario político y siguieron practicando los tradicionales.

Sobre la construcción identitaria podemos separar dos artículos. El primero es el de Nidia Areces quien focaliza su trabajo en la formación de nuevas identidades políticas, en este caso en el Paraguay independiente. La tesis plantea la temprana formación identitaria de la sociedad paraguaya surgida de un sentido de pertenencia promovido por la mediterraneidad del territorio, la vigencia de la lengua guaraní y algunas razones históricas. La invasión de los revolucionarios porteños habría fortalecido los lazos de solidaridad en la región que daría como resultado la creación de una nueva soberanía. La autora sostiene que en dicha construcción identitaria participaron necesariamente tanto las elites como los grupos subordinados. El segundo estudio sobre esta cuestión es el de Sergio Serulnikov. Se ocupa en particular de un caso novedoso de amotinamientos urbanos en La Plata en la década de 1780. Lo singular lo determina el carácter de los protagonistas, no son sectores marginales sino vecinos bien posicionados que reaccionaron contra las tropas españolas instaladas en la ciudad para enfrentar la rebelión de Tupac Amaru. El autor plantea que esa presencia militar extraña vulneraba la honra de los vecinos y cuestionaba su autorepresentación, lo cual, habría generado un sentimiento antipeninsular. Estos motines estarían reflejando la emergencia de la política callejera como prueba de los sentimientos de derechos adquiridos por los vecinos fortalecidos en este caso por el rechazo de las fuerzas tupamaras.

Otro conjunto de trabajos lo podemos agrupar en torno a la compleja relación entre los dirigentes y las bases por un lado, y la capacidad de obtener adhesiones por parte de los líderes insurgentes por el otro. El trabajo de O’Phelan Godoy intenta desmitificar algunas visiones sobre los proyectos de insurgentes y revolucionarios en torno a los sectores más postergados como los indios, esclavos y las castas. A través del análisis de tres contextos distintos, la rebelión de Tupac Amaru, las cortes de Cádiz y las guerras de independencia la autora advierte que las medidas para eliminar las ataduras que sometían a aquellos sectores sometidos (abolición de señoríos y de la esclavitud, supresión de tributos, repartimientos, etc.) respondían más a cuestiones de coyuntura, para obtener el apoyo de esos sectores en la guerra, que a programas políticos estructurales. Sara Mata se ocupa de la función que cumplieron algunos caudillos insurgentes en al Alto Perú al término de las sublevaciones indígenas en 1811. En este momento se expandirían diversos grupos armados por la zona al mando de caudillos que apoyaban la insurgencia. La autora propone ver a estos agentes como "puentes etnológicos" entre la sublevación indígena y las guerrillas que se propagan tras la derrota del ejército revolucionario en Guaqui. Como sugiere el trabajo de O’Phelan, aquí también se ve que las promesas de eliminar la mita y el tributo eran estrategias para captar la adhesión de los indígenas. Mata concluye en que estos caudillos fueron pieza calve para mantener un clima insurgente en la región mientras esperaban a los ejércitos revolucionarios. El trabajo de Marcelo Marchionni se ocupa de un caudillo en particular pero no tanto de la relación con las bases sino con las elites. Estudia la relación entre el Güemes y las elites salteña y jujeña. En principio el autor parte de la idea de que los conflictos que se desarrollan entre ambas elites propios del período de guerra sino que tienen antecedentes coloniales. No obstante, las exigencias de la guerra obligaron a una centralización del poder y las claves del conflicto con Güemes deben rastrearse en el beneficio de los fueros a los gauchos, las contribuciones forzosas que gravaban a los sectores acomodados y la prohibición del comercio con el Alto Perú. Todas medidas que generaron una gran tensión entre el caudillo y las elites afectadas directamente por las medidas. Sobre la relación conflictiva entre líderes militares y sus subalternos se ocupa el estudio de Raúl Fradkin. Siguiendo la teoría de James Scott sobre los dominados y el discurso oculto, el autor considera una sublevación de sargentos en el ejército directorial como una muestra de la extrema politización de los sectores subalternos y la capacidad de negociación que estaban adquiriendo. En este hecho el discurso oculto irrumpe en escena como el derecho a reclamar de los de abajo ante la violación de los "pactos" de obediencia de los de arriba. Silvia Ratto analiza la participación indígena en el proceso independentista pero a diferencia de los otros autores se ocupa de grupos no sometidos por la sociedad colonial, es decir, en zonas de frontera. La autora indaga acerca de la vinculación de esos grupos en el movimiento revolucionario y plantea la idea de pluralidad de situaciones e intereses y que sólo en casos puntuales se puede ver un apoyo definido hacia el bando patriota o revolucionario. En definitiva lo que intenta destacar es la capacidad de acción y negociación de estos grupos indígenas ante las distintas situaciones e interlocutores que se les presentan y rechazar la idea de sometimiento pasivo a los bandos en disputa. Oriana Pelagatti se encargó de estudiar otro de los múltiples actores que participaron en el proceso de independencia: el clero. Focaliza su análisis en la función de los capellanes en la justificación moral de la acción revolucionaria en el ejército sanmartiniano. La autora sostiene que tanto San Martín como el gobierno revolucionario chileno pretendían que los clérigos legitimaran el nuevo orden político. En definitiva el accionar de estos religiosos terminó siendo otra estrategia más para captar adhesiones entre el complejo mundo popular que estaba lejos del apoyo decidido y homogéneo a la causa revolucionaria.

El libro concluye con un artículo de síntesis de Hilda Sábato. Allí la autora destaca cuatro núcleos temáticos que se ven reflejados en los distintos artículos: la transición a la modernidad, ideas y lenguajes políticos, violencia política y finalmente inclusión y exclusión de la polis. En el primer punto destaca la línea interpretativa fundada por François Guerra aunque cuestiona su carácter lineal y su vinculación excesiva con el liberalismo. Empero, Sábato reconoce en la obra de Guerra su apertura a pensar en varias modernidades. En el segundo punto, Sábato subraya la revalorización de la esfera simbólica en la vida política y la utilidad del concepto de imaginario colectivo acuñado por Baszko. Sobre la violencia colectiva propone interpretarla como algo habitual en la vida política e intentar captarla en sus distintas dimensiones. Finalmente el abordaje de la cuestión de la inclusión política debe abandonar definitivamente la idea de la política como un asunto de las elites e incorporar a los sectores postergados como participantes conscientes y activos de los procesos.

En síntesis, si bien la obra por la temática y el espacio que pretende abarcar resulta un tanto desbalanceada en cuanto a las regiones analizadas (la mayoría de los trabajos se ocupan de espacios del antiguo virreinato de Rio de la Plata) es un aporte importante que le ofrece al lector la agenda más actual sobre los estudios de insurgencia sudamericana con los nuevos enfoques y perspectivas que abandonaron definitivamente las interpretaciones tradicionales encorsetadas en esquemas nacionalistas.

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