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Anuario del Instituto de Historia Argentina, 2010, nº 10, p. 165-198. ISSN 2314-257X
Universidad Nacional de La Plata.
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Instituto de Historia Argentina "Dr. Ricardo Levene".

Dossier : Lo que se cuenta sobre la revolución

La consolidación y difusión de un mito fundacional: La Revolución de Mayo en los textos escolares, 1880-1905

Marta Mercedes Poggi

UNTREF
martampoggi@yahoo.com.ar

Resumen
El proceso de construcción de la Nación argentina tuvo entre sus basamentos dos proyectos fuertemente vinculados, uno historiográfico y otro educativo. Ambos conformaron una nueva memoria histórica que tuvo en los textos escolares un importante difusor. Estos libros actuaron como inventarios de lo que era necesario saber de la Argentina. Historia y memoria otorgaron a la Revolución de Mayo un valor nodal y los textos de historia de la enseñanza oficial contribuyeron a la construcción y transmisión de la Revolución de Mayo como mito fundacional integrado y funcional al modelo de ciudadanía implementado a partir de 1880.

Palabras clave: Construcción de la Nación; Textos escolares; Revolución de Mayo

Abstract
The process of nation building of Argentina had as foundations two projects closely linked, one historiographical and other educational. Both projects build a new historical memory that had an important broadcaster in textbooks. These books acted as inventories of what was necessary to know about Argentina. History and memory offered a vital value to the May Revolution, and the educational system history texts contributed to the construction and broadcast of it as a foundational myth functional to the model of citizenship developed since 1880.

Keywords: Nation Building; Textbooks; May Revolution


Introducción

El proceso de construcción de la Nación emprendido en la Argentina en la segunda mitad del siglo XIX tuvo dos proyectos entre sus basamentos, uno historiográfico y otro educativo. Estos proyectos, y la fuerte imbricación existente entre ambos, fueron fundamentales para la concreción de la expansión de la ciudadanía y de la nacionalidad que los procesos de modernización política y económica requerían. (1) La construcción de la ciudadanía se enmarcó en una campaña pública que diseñó una imagen de destino grandioso. Esta visión reforzaba la fundacional creencia de la excepcionalidad y la grandeza argentinas. El positivismo imperante impuso una representación de la sociedad que se utilizó como instancia interpretativa del pasado nacional.(2) El proyecto historiográfico, muy valorado en su época, fue fundamental en la conformación de una nueva memoria histórica.(3) La historia se vio compelida a participar en la tarea de afirmación de la identidad colectiva nacional.(4)

Fue Bartolomé Mitre quien definió los valores y principios que identificarían la nacionalidad desde su origen, presidiendo y explicando su evolución y otorgó a la Revolución de 1810 un sitio privilegiado en ese proceso.(5) Articuló una narrativa genealógica autocelebratoria y creó una mitología nacional que justificara la Argentina futura. Su confianza en el destino nacional le permitió organizar "la historia de la Nación argentina, como historia de un pasado no concluso, abierto al presente y al porvenir".(6) Estos usos que hizo del pasado, consolidados en el centenario y prolongados con una eficiente pedagogía patriótica estatal, han sido ampliamente estudiados al igual que la importancia historiográfica de su obra y su incidencia en otros autores.(7)

La visión de Mitre, que definía a la nación por la emancipación, tuvo opositores. La polémica mayor fue con Vicente Fidel López que relativizó las implicancias del momento fundador al proponer una interpretación general del proceso histórico menos centrado en la Revolución de Mayo como ruptura.(8) El triunfo de Mitre con un dominio más seguro de los hechos no impidió que López, quien además fue autor de textos escolares y de manuales para maestros y profesores, ejerciera una gran seducción sobre sus lectores.(9)

La producción historiográfica tuvo en los textos escolares un importante difusor funcional al amplio proyecto educativo implementado.(10) La educación fue utilizada, piensa Oscar Oszlak, como vehículo privilegiado de una penetración ideológica caracterizada por una "creciente capacidad de creación y difusión de valores, conocimientos y símbolos reforzadores del sentimiento de nacionalidad que tendían a legitimar el sistema de dominación establecido." (11)

Los libros escolares, pautados al igual que los programas y en concordancia con éstos, ocuparon un destacado lugar en este proceso constituyéndose en su mejor rastro. La importancia e incidencia de los textos en la educación, especialmente en la primaria, han sido demostradas por estudios realizados desde la historia, la antropología, la sociología y las ciencias de la educación.(12)

A fines del siglo XIX los contenidos de los libros escolares, su tratamiento y presentación eran objeto de interés y discusión. La ausencia, en número y calidad, de buenos maestros en condiciones de afrontar los desafíos que los cambios educacionales pretendidos exigían inquietó a las autoridades.(13) Esta preocupación acrecentó la importancia de los textos. La centralidad del tema para la política educativa evidencia el rol que se les otorgó inicialmente y que fue fuertemente discutido en los años posteriores.(14) Figuras políticas y literarias de gran prestigio estuvieron ligadas a la difusión de textos de historia de uso escolar.

La historia argentina fue incluida como asignatura curricular, separada de la historia general, en 1861. Considerada alta enseñanza moral e intelectual contribuía a preparar al ciudadano para la vida pública, representaba al padre instruyendo a sus hijos y permitía reconocer los actos de virtud y heroísmo de los antepasados.(15) En la década del ochenta las autoridades educativas implementaron un sistema de control sobre los textos a utilizar en las escuelas. (16)

Este accionar, que se extendió por medio de licitaciones y concursos hasta 1904, es clave para reconocer en los libros aceptados y difundidos la visión del pasado que se transmitió y consolidó.

El Monitor de la Educación Común, publicación periódica del Consejo Nacional de Educación de distribución gratuita y difusión nacional, es una fuente de información primordial para determinar qué textos se utilizaron en este período. Las investigaciones realizadas por Rómulo Carbia contribuyen a inventariar los textos del período y su filiación historiográfica(17) Lilia Ana Bertoni, en investigaciones recientes, señala también la importancia otorgada a los manuales de enseñanza, enumera textos primarios y secundarios y analiza el valor otorgado a la enseñanza de la historia. Coincide con Fernando Devoto en destacar el rol argentinizador adjudicado a la escuela como aglutinante ideal para una sociedad de múltiples orígenes y en transformación permanente. (18) Con respecto a los contenidos, Fernando Devoto destaca la influencia de Mitre en la educación formal y la constitución de la historia liberal porteña en historia oficial.(19) Existen también estudios referidos a algunos textos en particular.(20)

Estos libros contribuyeron fuertemente a la constitución de explicaciones exitosas, compartidas por diferentes generaciones.(21) Participaron en la formación de la memoria al actuar como inventarios de lo que era necesario saber de la Argentina y constituir relatos identificatorios. Coadyuvaron a la internalización de las versiones naturalizadas con las que todo habitante conocía su historia y se reconocía en ella. Una historia utilizada para forjar una visión determinada del pasado.(22)

El éxito del proyecto historiográfico encargado de dotar de una Nación al Estado argentino se evidencia en la construcción de una gesta fundadora con un momento de nacimiento claro e identificable y un bagaje de elementos afectivos y simbólicos. Constituida como mito fundador, la Revolución de Mayo se transformó en un elemento simbólico del patrimonio memorístico y cultural argentino más allá de las diferencias culturales, étnicas o históricas.(23)

Lugar de memoria, construido y establecido por una colectividad en transformación y renovación, este lugar histórico fue instalado en las mentalidades individuales y colectivas nutridas de recuerdos y olvidos.(24) La memoria coloniza al pasado aunque se ancle en éste y lo organiza sobre la base de concepciones y emociones del presente.(25) Esta bidireccionalidad de interacción recíproca hace manifiestala importancia de la memoria como forjadora de la identidad e instrumento de dominio.(26)

Historia y memoria otorgaron a la Revolución de Mayo un valor nodal. Queda pendiente analizar el proceso de transmisión y los instrumentos utilizados para que los nuevos integrantes de esta Nación en formación incorporaran como propio ese legado. Es objetivo de esta investigación examinar e identificar qué versión del proceso revolucionario difundieron los textos de uso obligatorio de la enseñanza oficial entre 1880 y 1905 y establecer sus vinculaciones con la historiografía decimonónica en relación con la construcción de la Nación y la memoria.(27) En consecuencia se estudia en este trabajo, fundamentalmente a través de El Monitor de la Educación Común y los textos de historia de la enseñanza oficial, la construcción y transmisión de la Revolución de Mayo en los libros escolares como mito fundacional integrado y funcional al modelo de ciudadanía implementado a partir de 1880. En la primera sección se procede a analizar la versión de la Revolución de Mayo canonizada historiográficamente para establecer su filiación, separando las obras de los contemporáneos a los hechos de las posteriores. En la segunda, se establece la relación entre ésta versión y la Revolución de Mayo expuesta en los libros escolares y se señalan los rasgos esenciales del relato transmitido. El análisis se estructura en torno al valor, las características y las apelaciones sentimentales y simbólicas adjudicadas a la Revolución como mito fundador y, ulteriormente, a identificar en qué proyecto de Nación y Estado se encontraba inserto este mito. El período investigado abarca el ciclo delimitado por la implementación de mecanismos de control, difusión y homogeneización de los textos escolares entre 1881 y 1905 pues el análisis de los textos licitados o aprobados por concurso dentro de este marco temporal permite reconocer los contenidos conceptuales que las autoridades educativas buscaban difundir a nivel nacional.

La construcción historiográfica de un mito fundacional

Los primeros intentos

El propósito de construir una historia nacional se remonta a los años posteriores inmediatos a la revolución de Mayo, constituyendo el Ensayo histórico del Deán Gregorio Funes el primer intento orgánico.(28) Esta obra finaliza con las invasiones inglesas y se completa con el Bosquejo de nuestra revolución. Fue ésta la única historia nacional en circulación por un prolongado lapso y surgió, según su autor, ante "la absoluta falta de un libro que pudiese satisfacer la curiosidad de los que fueron nuestros padres y de las revoluciones que han precedido á nuestro estado actual..." (29) Funes advierte que el plan propuesto se extiende "hasta la gloriosa época de nuestra revolución, de que sólo daré un sucinto bosquejo" y que procurará no amontonar hechos sino destacar aquellos que permitieran conocer las costumbres, el genio nacional, las características del gobierno, los derechos imprescriptibles del hombre, y todo lo que enseñe a ser mejores. (30)

La producción de estos años iniciales se completa con obras de otros autores que comparten con Funes su carácter de testigos y partícipes de los episodios narrados. Estos autores no tuvieron como primer objetivo construir la historia nacional pero su difusión, incluso en las escuelas, y su utilización por parte de algunos historiadores posteriores revalorizan sus aportes a la configuración de la versión oficial del movimiento de Mayo.(31) El propósito explícito de la Vida del Dr. Mariano Moreno publicada por su hermano Manuel era estimular la imitación de quien empleó todas sus fuerzas para destruir al despotismo, en tanto que la Revista política de las causas de la Revolución de Ignacio Núñez respondía a un encargo oficial de propaganda e ilustraba al movimiento revolucionario de 1810 procurando obtener la protección de un gobierno poderoso.(32)

Funes considera que las invasiones inglesas marcaron el final de la infancia. Antecedentes de la revolución, sirvieron para dar al pueblo la posibilidad de conocerse y valorar los títulos que poseía para ser independiente.(33) Utilizando parejas nocionales opone al pueblo de Buenos Aires, naturalmente sensible y delicado, una España decrépita y tirana que agonizaba por su propia imbecilidad.(34) Entre los defensores de la patria ubica a las tropas y al entusiasmado pueblo. Pero, paralelamente, señala que sólo algunos patriotas con tacto político veían más allá de lo que el pueblo sencillo podía percibir.(35) En las Noticias históricas de la República Argentina también Núñez destina gran densidad de texto a las invasiones y las considera una de las épocas gloriosas de Buenos Aires, destacando que sus verdaderas consecuencias prepararon el terreno para la revolución porteña.(36)

Explicar la revolución presenta dificultades. Funes cuyo objetivo explícito es ser útil a la patria, advierte que se abstendrá de presentar hechos que las pasiones puedan tergiversar.(37) Describe la revolución, que puso fin a una pesada cadena de tres siglos de vigencia, como "hecha sin sangre, producida por el mismo curso de los sucesos, anhelada por los buenos, y capaz de producir los más ventajosos efectos". (38) La figura, y fundamentalmente la ejecución, de Santiago de Liniers constituye una de las tantas dificultades que provoca en Funes el intento de explicar una revolución que caracteriza como incruenta. En las múltiples menciones referidas a Liniers presentes en este texto se lo describe como un hombre sensible y compasivo, con mérito propio.(39) Pero, paralelamente, Funes destaca sus diferencias con el virrey con respecto a la formación de las juntas americanas en ausencia de Fernando VII. Si para Liniers las juntas eran origen de insurrección, para el Deán América tenía sobrados títulos para gobernarse sin depender de otro poder. Esta opción de Liniers, que Funes considera injuriosa para América, es testimonio de su fidelidad al gobierno español. (40)

Justificar la revolución implicaba destacar el clima de guerra civil en la que estaba sumergiéndose el Estado. Ya en el Bosquejo...señala Funes que los jefes de Córdoba, Potosí y Charcas, además de Lima, Montevideo y Paraguay se preparaban para una guerra feroz contra la capital y sus seguidores. Deja en claro su adhesión a la revolución y establece que hubo otros, muy ilusos, que no reconocieron la magnitud de las fuerzas que enfrentaban. Justa era para Gregorio Funes la causa de la revolución, pero la moderación que él aconsejaba no fue valorada en función de la seguridad del Estado.(41) El planteo se limitó a la alternativa entre la muerte de los conspiradores o la ruina de la libertad y "en fuerza de este dilema la junta ratificó su fallo, menos en la parte que correspondía al obispo, y hombres de otro temple cortaron unos días, que en otro tiempo habían corrido en beneficio de la patria". Una nota al pie completa el párrafo mencionando el lugar donde se llevó a cabo la ejecución de Liniers.(42)

Esa fuerza revolucionaria es la que lleva a Funes a comparar la formación de la Junta del 25 con un volcán "cuya explosión había de arruinar los tiranos del nuevo mundo, y establecer un orden político de nueva creación"(43) En este proceso revolucionario la tiranía fue extirpada por un grupo de hombres atrevidos que, aunque carecía de autoridad, reinaba en los corazones de los ciudadanos. También para Manuel Moreno la revolución es parte de un proceso natural acelerado por las injusticias y contrapone la caracterización negativa de los españoles con la calificación de las revoluciones americanas como justas, necesarias y legítimas, destacando la moderación y orden de la revolución local. (44)

La revolución fue el primer paso. La capital no llegó al extremo de declarar la independencia, esfuerzo que Funes considera prematuro y contrario a la ley de acrecentamiento progresivo, pues el intervalo entre la libertad y la servidumbre era inmenso. Además, eran pocos los que podían ejecutar y sostener el proceso revolucionario pues si bien entre los americanos estaban los que anhelaban los derechos sociales, también había tímidos, egoístas sin amor a la patria e ignorantes. Usar el nombre de Fernando VII fue, por tanto, el único medio de salvación a su alcance.(45) Núñez destaca al pueblo como digno de estimación y asombro, de costumbres suaves, espíritu de independencia, aversión al fanatismo e igualdad de condición. Pueblo de un país que sin ayuda exterior debió ponerse a la cabeza de un continente. Entre las causas de la revolución encuentra que la intolerancia, arbitrariedad e incapacidad de España hicieron imprescindible un proceso de civilización y moralización autónomo, acompañado de un espíritu activo y emprendedor.(46)

Analiza la revolución, pero no centra su atención en el día 25 y, sin quitarle méritos, considera que fue improvisada y encabezada por pocos hombres. En su gobierno destaca la defensa que Moreno hizo de los intereses y de los derechos de igualdad y libertad del pueblo.(47)

La revolución generó movimientos en todas partes. "Todo se agita, todo fermenta" y los pueblos hasta aquí sometidos a servidumbre bendicen la nueva época. Para Núñez aunque los españoles de Paraguay, Montevideo y Perú estaban en posesión de todos los recursos y del material bélico y tenían "una influencia sobre los naturales poco menos que absoluta", a los seis meses de instalado, el gobierno revolucionario tenía un carácter imponente dentro y fuera del virreinato. Lima, Montevideo, Paraguay y los jefes de Córdoba, Potosí y Charcas se opusieron a la capital y a sus adherentes pero sólo consiguieron aumentar el "entusiasmo ardiente de los patriotas". El gobierno, al no poder convencer a los jefes de provincia, meditó usar la fuerza para "dejar a los pueblos el uso expedito de su libertad". (48) Sostener la causa de la patria era el objetivo y motivó el envío de expediciones al interior respaldando a los pueblos hermanos contra quienes se opusieran a la propagación del nuevo sistema, la voluntad de los pueblos y la causa de la libertad. (49)

El ciclo de los testigos presenciales se cierra iniciándose una etapa nueva que resultará fundamental en la historiografía argentina. Este primer tramo dejó instalada la caracterización de la Revolución de Mayo como gloriosa, justa y legítima. El uso de parejas nocionales permitió constituir un enemigo cargado de defectos y un nosotros excepcional. Un nosotros, originado en las Invasiones Inglesas, conformado por unos pocos patriotas que sabían lo que hacían y eran respaldados por el pueblo y las tropas. Revolución incruenta que supo usar la fuerza cuando la situación lo hizo necesario.

Fueron los hijos de la revolución quienes la transformaron en mito fundacional de la nueva Nación. El rescate del pasado se hizo en un momento de clivaje político en el que la cultura romántica brindó los instrumentos intelectuales para generar la imagen de un destino nacional y proyectar el futuro desde el pasado.(50) Las dudas con respecto a los objetivos del movimiento del 25 de mayo fueron reprimidas por la construcción deliberada que desarrollaron los hombres de la Generación del 37 con relación al ideario romántico de la Nación. Esta construcción que incluyó la reinterpretaron de la documentación entendiendo "nación" en términos tanto políticos como históricos y culturales culminó con Mitre y López. (51)

El prólogo de Julio Núñez de 1857 a la obra de su padre es representativo de esta transición. Opina Núñez que los hechos gloriosos de la historia argentina, sólo en medio siglo, bastarían para llenar gruesos volúmenes y que al heroísmo y la abnegación de la Nación deben su existencia cuatro repúblicas formadas tras la independencia del virreinato. Agrega que el historiador no debe ser parte de los hechos que relata y que es tiempo de consignarlos pues la posteridad ha llegado ya para los próceres de la patria. Se complace, por tanto, con la aparición de la Galería de Celebridades de Bartolomé Mitre. Estas obras, considera, reavivan las glorias y los sufrimientos comunes, únicos lazos válidos de unión entre las provincias de la antigua República.(52) Las palabras de Núñez que acompañan la obra póstuma de su padre pivotean entre la producción de una generación contemporánea a la revolución e iniciadora de la historiografía nacional y otra que utilizará estas raíces para concretar una transformación profunda en la historia nacional y en la memoria colectiva.

La canonización historiográfica

La construcción de la Nación argentina tras la batalla de Caseros incluyó un proyecto historiográfico que fue fundamental para la conformación de la memoria colectiva. Esta etapa se inicia con la Galería de Celebridades y prosigue con la Historia de Belgrano. Mitre que cita, entre otros, a Manuel Moreno, Gregorio Funes, Ignacio Núñez, Pedro de Angelis y Luis Domínguez, otorga a sus propios escritos el mérito de la verdad de los hechos y las consideraciones de éstos deducidas y construye un relato identificatorio de fuerte y perdurable impacto en la memoria social.(53) Ambas obras de Bartolomé Mitre ejercieron una gran influencia sobre los autores de textos escolares.(54)

Las biografías de los hombres ilustres brindan a la posteridad modelos a imitar y admirar. (55)

Mitre considera la historia patria fecunda en hombres notables cuya gloria "es la más rica herencia del pueblo argentino, y salvar del olvido su vida y sus acciones, es recoger y utilizar esa herencia, en nuestro honor y nuestro provecho." (56) Utiliza la biografía de Belgrano como reflejo de la conciencia pública de su época y como hilo conductor para plantear su visión de la revolución, centrando su argumento en el desarrollo gradual de la idea de independencia del pueblo argentino. Este desarrollo, asociado a la transformación de las conciencias individuales, implicó la alteración de la vida civil y la constitución política y económica de la región. (57)

Mitre inicia la historia argentina con Solís pero afirma que las Invasiones Inglesas y, especialmente, la trascendental Revolución de Mayo son los fundamentos del heroico pasado nacional. (58) Es en ese momento que "la opinión pública hará su primera manifestación de soberanía, y empezarán a destacarse de la masa del pueblo, los que le han de guiar en esta evolución y en su próxima revolución" comenzando una época caracterizada por la presencia de nuevos actores, un nuevo derecho y una nueva fuerza.(59)

Describe las invasiones cuidadosamente y esta descripción está presente en los textos escolares. (60) Explica que los invasores encontraron un ejército popular en el que "cada ciudadano era un soldado y cada soldado un héroe".(61) Este pueblo sin el que nada se podría haber hecho es el de Buenos Aires. Pueblo armado, serio y culto que gestó su individualidad al adquirir conciencia de su valor y ver su victoria festejada en Hispanoamérica.(62) Las invasiones destruyeron el andamiaje colonial, ampliaron el forum argentino y despertaron tanto el espíritu público como el espíritu guerrero en las clases animadas por el civismo.

Pero las invasiones inglesas también pusieron en evidencia dos razas distintas. Una acostumbrada a dominar y en cuya reacción pesaban elementos étnicos, sociales y políticos y otra que recién tomaba conciencia de su importancia, fundamento de su particularismo nacional.(63) Colonia y metrópolis no constituían una sustancia homogénea y el único vínculo existente entre ambas, la persona del monarca absoluto, excluía la idea de una patria común. Esta debilidad orgánica originó la teoría revolucionaria(64) A criterio del autor, los cabildos entrañaban el principio de la soberanía popular aunque en esfera limitada. En ellos brotaría la chispa revolucionaria y democrática pues en teoría representaban al pueblo, en tanto que los cabildos abiertos eran congresos populares donde el voto directo decidía.(65)

Emancipado por los sucesos y con un fuerte sentimiento de nacionalidad el pueblo pasa, en opinión de Mitre, de siervo a par de los españoles tras vencer las tropas de una de las naciones más importantes del mundo. Sin embargo, este pueblo mayoritariamente criollo aún no acierta a definir sus ideas y no comprende que únicamente falta su voluntad para ser independiente. Exclusivamente la minoría ilustrada que lo comprendió pudo dirigir una revolución que la masa aceptó como una ley a cumplir pacíficamente. Esa minoría activa, inteligente y previsora ordenó con mano invisible la marcha de todo el pueblo, imprimiendo una dirección fija y formas regulares a un proceso revolucionario sin sacudimientos ni violencia. Pero nunca, según Mitre, dejó esta minoría de representar las necesidades y aspiraciones colectivas de la mayoría, que a su vez le trasmitía su impulso y su espíritu.(66)

El patriotismo local iba tomando consistencia. Mitre hace referencia al pueblo agolpado en masa, la presión popular dueña de la fuerza real y la existencia del país argentino, pero es patriotas la denominación que impone. Considera que "la historia de la revolución empieza desde este día, en que ella se opera en las conciencias de los hombres que debía acaudillarlas, mucho antes de que se manifieste en hechos materiales". (67) Los patriotas, respaldados por los patricios y otros cuerpos, trabajan activamente en reunir los elementos de un gobierno nacional y se transforman en los directores de la revolución. La democracia se abre camino sin que nadie tenga aún conciencia de los cambios que se operaban. En el marco de esta democracia embrionaria el partido de la independencia meditaba como establecer un orden de cosas fundado en la justicia. Mitre honra con la gloria a estos primeros patriotas que querían fundar una nación libre e independiente y plantea un interesante juego entre la elite dirigente y la masa popular, el pueblo y las tropas. (68)

Los directores patriotas no tenían aún conciencia clara de sus fines inmediatos. Pero la masa criolla "...poseída de un verdadero espíritu nacional, obedecía a la impulsión recibida, pero se dejaba guiar por las cabezas visibles, sin las cuales nada serio podía intentarse". (69)

Destaca el buen sentido, la cautela y la perseverante energía con se ejecutó un plan de medios simples pero de gran fortaleza de espíritu como corresponde a un pueblo en toda su fuerza viril. (70) Una solución se alcanza, según Mitre, cuando hay unidad de pensamiento o cuando un carácter enérgico subordina a las voluntades y la Sociedad de los Siete tenía la serenidad de espíritu y la fortaleza de ánimo que la dignidad de la justicia de la causa y la majestad del pueblo ameritaban. Eligieron como teatro de operaciones el terreno legal y contando con el apoyo de la fuerza armada y la opinión impusieron a la revolución el sello de grandeza que la distingue entre todas las revoluciones. Sin violencias, pero con las tropas acuarteladas y preparadas, con el sustento de la razón y la conveniencia pública "sacudiendo el pueblo con dignidad sus cadenas y tomando su actitud de soberano con un aplomo y una moderación de que la historia del mundo presenta pocos ejemplos" concretaron una transición sin convulsiones.(71)

El pueblo es el nuevo actor en la escena política. Está en la plaza pública pero no discute y marcha en columna cerrada respaldando los grandes movimientos que deciden su destino. Su actitud es pasiva pero decidida y "...esperaba tranquilo el resultado de las deliberaciones de sus representantes legítimos y confundido en las masas compactas de los batallones nativos, esperaba la señal de sus jefes para intervenir con las armas, si fuese necesario." (72)

Los dirigentes no querían la participación activa y directa del "populacho" pues temían desórdenes y no querían que la sangre manchara el triunfo de la libertad. Estos excesos, dice Mitre, "sólo podrían evitarse manteniendo la agitación en las regiones superiores de la sociedad, para resolver la crisis por medios puramente pacíficos y parlamentarios".(73) El pueblo que participó en la reconquista y depuso a Sobremonte era la gran reserva de la revolución. Desatado el torrente sólo se lo podía guiar confundiéndose con él y esto lo lograran los patriotas, amantes de los derechos del pueblo y la conservación del orden, con un lenguaje moderado y firme.(74)

El Cabildo del 22 de mayo es el inicio de una revolución con formas orgánicas y propósitos deliberados. Considerado como congreso popular y primera asamblea soberana este Cabildo inauguró la libertad, proclamó los derechos del hombre en la patria argentina, marcó la última hora de la dominación española y formuló políticamente una revolución "...municipal en su forma, y nacional o más bien, indígena en sus tendencias y previsiones". (75) Pero cuando la voluntad popular legalmente expresada fue desconocida, y los patriotas se desconcertaron, fue el pueblo el que resolvió la situación. Ese pueblo inmenso que llenó las avenidas y la plaza vibrante de indignación conformó una nueva entidad "que a la manera de las guerrillas que aclaran la marcha de los ejércitos, era precursora del pueblo próximo a moverse en masa". (76) Pueblo que intimida a los españoles, confraterniza con las tropas y en el que se destaca la juventud.(77)

"Nadie durmió aquella noche en Buenos Aires, esperando con impaciencia las luces del nuevo día, que debía ser el más memorable de la Historia Argentina".(78) Así presenta Mitre una revolución sin bayonetas que puso fin al poder colonial e inauguró una nueva soberanía. El cabildo no creía posible que de una colonia esclavizada surgiera repentinamente una nueva entidad, pero un pueblo circunspecto y concentrado que quería saber de que se trataba estaba bien preparado para la lucha.(79) Al referirse a las causas eficientes de la revolución Mitre señala que a principios de 1810 la revolución estaba consumada en la esencia de las cosas, la conciencia de los hombres y las tendencias invariables de la opinión. Los conatos reprimidos en otras áreas, la invasión napoleónica y la actitud de los nativos de Buenos Aires convergieron hacia el establecimiento de un gobierno propio, emanado de la voluntad popular y representante legítimo de los intereses de todos. Para conseguirlo era indispensable una revolución que, que como todas las grandes revoluciones, "...fue el producto espontáneo de gérmenes fecundos por largo tiempo elaborados y la consecuencia inevitable de la fuerza de las cosas. Su primer paso y primer acercamiento a la independencia fue la revolución económica que marcó la emancipación comercial. (80)

En esta gran revolución Mitre destaca el derecho de soberanía retrovertida en el pueblo y considera a Moreno numen de la revolución democrática y eje de su contenido político. (81)

La formación de la Primera Junta fue espontánea y popular. Beruti escribe los nombres de los embajadores del nuevo soberano que el pueblo acepta por aclamación. (82) Paralelamente se decretan las expediciones al interior portadoras de las órdenes de la nueva autoridad. Los patriotas no pierden tiempo para propagar la revolución invitando a los pueblos a seguir su ejemplo, reuniéndose en asambleas populares y nombrando diputados para formar un congreso donde expresar libremente su opinión y decidir su suerte. El pueblo parece tener todo previsto y en quince días sale la expedición que lleva sus mandatos en la punta de sus bayonetas. Donde prevalece la libertad, el pronunciamiento es unánime; donde no, el gobierno infunde terror a sus enemigos. La ejecución de Liniers, el héroe de la Reconquista y la Defensa devenido en "ilustre víctima", es ejemplo del sacrificio que un proyecto de esa envergadura requería. (83)

Mitre consideraba que su obra pondría fin a la discusión sobre si "nuestros padres" pensaban o no en constituir una patria libre e independiente en 1810. Su versión es la de un movimiento preparado maduramente.(84) Una revolución memorable que, realizada por una población diminuta y heterogénea, fundó seis repúblicas y constituyó cuatro naciones con los incoherentes elementos del virreinato proclamando la igualdad de derechos y razas. Pero Mitre diferencia la Nación argentina entre las sudamericanas. Su carácter extraordinario es resaltado por poseer "desde muy temprano los gérmenes de una sociedad libre en el sentido de la espontaneidad humana".(85) Al cotejarlo con Paraguay concluye que no resulta factible que un país atrasado y oprimido, sin espíritu por el predominio de sangre indígena, tuviera idéntica explosión de entusiasmo ante la revolución a la del pueblo porteño.(86)

Pero esta nación argentina libre, independiente y rica se diferencia internamente pues dos fueron las colonizaciones del territorio. Mitre desmerece la corriente mediterránea en tanto valora la del Plata y considera a Buenos Aires el alma y la cabeza de un cuerpo informe, destacando que la primera constitución política argentina fue votada por un solo municipio. (87) Una democracia genial anidaba pero no estaba desprovista de problemas, pues los instintos democráticos se daban junto a vicios del molde colonial, siendo el más grave la ignorancia del pueblo. En la historia de Mitre ni la Argentina es como América del Sur, ni el interior como Buenos Aires.(88)

La versión de Mitre de la Revolución de Mayo es la de un movimiento preparado maduramente. Figura política de primera línea, Mitre buscó unificar al país bajo patronazgo porteño. Su personalidad como hombre político encuentra en su obra histórica un fuerte vehículo de penetración y difusión ideológica. Entre 1857 y 1887 dio forma a una perspectiva de la revolución cada vez más ecuménica e integradora que incluía sectores sociales y fuerzas regionales en el origen de la Nación. Los protagonistas principales, los conductores, la minoría ilustrada porteña; como protagonista secundario, el pueblo, la reserva, que no discute. Mitre interpela al interior preservando el liderazgo porteño y consolida una imagen de excepción en el continente.(89)

La concepción historiográfica de Mitre tuvo en Vicente Fidel López su más notorio opositor.(90) Mitre centra la historiografía en el nacimiento de la Nación, en tanto López se concentra en la historia del reducido grupo dirigente que creó al Estado. El historiador se identifica con su héroe colectivo, la burguesía liberal porteña que fundó la Argentina, en un presente oscuro para esa clase dirigente que identifica con la Nación.(91)

López se distanció de Mitre al considerar a la República Argentina como una evolución espontánea de la nacionalidad y la raza española. Esto implica que es la historia colonial la que revela el desarrollo incipiente de una sociedad que desembocó en manifestaciones espléndidas y constituyó una vigorosa nación capaz de brindar inmensos servicios a la humanidad. Para López los mismos principios y acontecimientos obraban desde fines del siglo XVI ligando la historia colonial con la Revolución de Mayo.(92) Consideraba que el presente, hijo del pasado, es el padre del porvenir y en concordancia con esto afirmó que "la revolución se produjo como una emergencia natural de sus propios antecedentes sin solución de continuidad".(93) Esta concepción de la historia nacional incide en la estructura de los textos y López no dedica en su manual para maestros un capítulo especial para la Revolución de Mayo.(94) Critica y señala deficiencias en la colonización española pero lo hace porque lo considera necesario por su influjo en la revolución y en el carácter nacional y destaca siempre la moderación y sensatez de la administración española.(95) Entiende que "nuestros padres", siendo el virreinato de la raza y la corona española, estuvieran trastornados por los sucesos peninsulares y considera preferible estar sometido a alguien de igual raza que a Napoleón.(96) Además, aún no había consenso para la separación pues el conjunto de la opinión se conformaba con meras reformas.(97)

En coincidencia con Mitre hace mención a los "argentinos" tras la derrota de los ingleses y agrega que con la publicación del Triunfo Argentino el término adquiere significación de epíteto de la nación política y militar. (98) Comparten también la idea de que la victoria extendió la fama militar de Buenos Aires por toda Sudamérica y la valorización de la capital tanto ante el resto del continente como puertas adentro. Dice López que Buenos Aires dio un ejemplo audaz e influyó en el interior para socavar el antiguo respeto que le tenían a las autoridades y a los españoles y remarca que, que como "todos sabemos" las ciudades mediterráneas se caracterizan por la estrechez del ambiente. Llega a calificar de "calaverada" imprudente al motín del Alto Perú y plantea que "el único pueblo que podía haber ayudado a esos patriotas era Buenos Aires; pero es que las cosas no estaban prontas, ni los ánimos bastante resueltos a hacer una revolución general que cambiara las situación del Virreinato".(99) Esto no impide que la indignación que causó en la ciudadanía la "represión sanguinaria en nuestras provincias de Perú" acentuara el rechazo a los mandones y definiera una voluntad resuelta a castigar a los tiranos.(100) Agrega que todas las revoluciones sudamericanas fueron vencidas menos la de Buenos Aires que triunfó desde su inicio.(101)

La situación era un volcán a punto de estallar. Los jefes y los principales patriotas deliberan y Moreno es quien define la situación. Ante la caducidad del gobierno español Buenos Aires puede y debe hacerse cargo convocando al pueblo para resolver por mayoría qué hacer. La oposición provocó protestas de los patricios y los ciudadanos más influyentes que amenazaron con movilizar a las tropas y al pueblo. Al sesionar el Cabildo Abierto como asamblea se aglomeraban en la plaza el pueblo en masa, soldados y oficiales pues "el gobierno de lo propio es un derecho natural".(102) No podía ser Cádiz, ni ningún español que se hubiera quedado en España los que gobernaran, sino Buenos Aires la que debía nombrar un gobierno compuesto por los hijos del país, herederos únicos y legítimos de los conquistadores con derecho a gobernar su tierra de nacimiento. (103) Un abanico de respuestas se abre ante el choque entre legitimidad tradicional y "la fatalidad de los sucesos complicados con el desarrollo social del país,..."(104) López habla de la fuerza bruta de una multitud apasionada que para impedir que los europeos la contrariaran podrían llegar a la injuria o el maltrato, y de patriotas revolucionarios, apoyados por una multitud agitada dispuesta a seguir a sus decididos jefes. Pertenecían al partido americano oficiales y soldados de los Patricios y Arribeños, y "los ricos propietarios" nacidos en el país, más algunos españoles de influjo. También lo integraba la porteña juventud ilustrada, brillante y brava.(105)

El gran día de la emancipación había llegado con una plaza colmada. Similar es el planteo de López y Mitre al respecto. Los que "hacían cabeza" estaban respaldados por las firmas de una multitud de ciudadanos. (106) Constituir un gobierno con los tres poderes y formar un Departamento Militar eran las prioridades. Para lograrlo se comunicó a las provincias que "...el pueblo de Buenos Aires acababa de decretar la creación de un nuevo gobierno...", se recomendó el envío de diputados y se ordenó la formación de dos ejércitos, uno para garantizar la libertad de elección en las provincias del interior y el otro al Paraguay con los mismos fines.(107) En Córdoba el pueblo era revolucionario y esperaba entusiasmado las tropas porteñas, pero en Paraguay el resentimiento por el progreso de la Buenos Aires virreinal y los gérmenes del criollismo y la anarquía, indujeron al país a "clausurarse". (108)

La historia de la revolución argentina es, a criterio de López, el testimonio de los fracasos del gobierno representativo y federal. Estas críticas lo alejan de Mitre. (109) Considera que comenzar con una rebelión fue normal, pero las condiciones fatales en las que nació la Junta la forzaron a convertirse en un poder militar agresivo que con su prepotencia destruyó las garantías del antiguo régimen y las formas que moderaban el poder público. Surgida del voto público, la pasión popular y la poderosa máquina de guerra derivaron en una concentración despótica de la autoridad.(110) La revolución cumplió la función de darnos una patria independiente pero no una organización libre y representativa que sustituyera la sensatez de la que destruyó pues faltaba el contrapeso social que da coherencia a los pueblos y vida orgánica a los partidos. (111)

Mitre y López coinciden en la valoración de la significación histórica de las invasiones inglesas para la Argentina, especialmente para Buenos Aires. Concuerdan también en el carácter excepcional de esta nación en el contexto sudamericano y de Buenos Aires con respecto al interior. Pero la Revolución de Mayo no es para López, que revaloriza la herencia española, ni un quiebre ni un movimiento preparado. López describe el ascenso y la agonía de la burguesía liberal que lideró la revolución. Narra la historia de un fracaso, de una revolución que otorgó la independencia a estas tierras pero que no pudo generar una válida organización sustitutiva. Su relato carece del optimismo que caracteriza la propuesta de Mitre. Una propuesta en que las ideas orientadoras y la indagación erudita convergen en una sola trayectoria hasta conformar un ejemplo exitoso de historiografía liberal-nacional, última expresión del historicismo romántico.(112) Mitre da cuenta, a la vez, de pasado, presente y futuro. Destaca un proceso unificador en el que confluyeron todas las corrientes que a través de su choque lograron un resultado superador. La Nación es el sujeto principal de la historia y la revolución de la independencia sirvió para profundizar las cualidades de una sociabilidad igualitaria apta para el republicanismo y la democracia. Incluyó la obra historiográfica previa en sus textos y articuló en un relato histórico sobre el mito de los orígenes de la nacionalidad, Vinculó la revolución de independencia con el porvenir de una Argentina predestinada para la grandeza y lo concibió como única lectura histórica posible. Esta lectura prácticamente sin variantes fue la impuesta por la enseñanza oficial. Es esa visión optimista la que recogen los textos escolares utilizados entre 1880 y 1905.

La Revolución de Mayo en los textos escolares. Mito fundacional de la Historia Nacional

Pocos fueron los textos escolares que se utilizaron para la enseñanza de la historia argentina antes de 1880. Entre sus autores se encontraban Edelmiro Casas Redruello, Lorenzo Jordana, Luis Domínguez, Juana Manso, Juan María Gutiérrez. Se destacaba entre ellos Clemente Fregeiro, docente e historiador, cuya obra dio origen a textos de diferentes autores, como Antonino Luna, Antonio Baash, Santiago Estrada, que utilizaron los datos aportados por el autor simplificándolos. (113) Fregeiro se involucró en la polémica historiográfica. Adhirió a la línea mitrista de erudición y documentalismo y fue legitimado por Mitre. Acusó a López de fomentar la oposición entre porteños y provincianos. Ambos autores, López y Fregeiro, alcanzaron buenos niveles de ventas.(114) A partir de 1880 entraron en circulación textos de Nicanor Larrain, Benigno T. Martínez, R. Cambón, Mariano Pelliza y Alfredo Grosso. (115) Una opinión favorable de Mitre era fundamental para los autores que no se privaban de hacerla constar en los prefacios de sus escritos, además de incluir tanto citas como alusiones a su obra.

Algunos de estos libros, como el Compendio de Juana Manso, se utilizaron largo tiempo. Gradualmente, el número de textos y autores se fue incrementando. A partir de 1883 se realizaron licitaciones para abastecer las escuelas con los textos necesarios.(116) El consenso de las autoridades educativas con respecto a la necesidad de controlar y uniformar los libros escolares se fue acrecentando con el transcurso de la década. Los programas, y los libros con ellos, cambiaban asiduamente. (117)

Considerados sustento esencial de la labor docente los textos debían responder a los programas fielmente.(118) Los concursos realizados para la selección de textos escolares en 1891, 1893, 1898 y 1901 contribuyeron a incrementar la cantidad de libros en circulación.(119) En 1901 se presentaron 1318 libros de los cuales 122 eran de historia.(120) Pero, para esa fecha, la opinión mayoritaria a favor de los textos había desaparecido y los libros escolares perdieron la centralidad en el proceso educativo.(121) El concurso que debía realizarse en 1904 fue suspendido y en 1905 el Inspector Técnico General Pablo Pizzurno aconsejó, a título de ensayo, que el personal directivo y los docentes eligiesen los libros a utilizar fundamentando su decisión ante la Inspección General.(122) Se cerró de esta manera una etapa singular de la historia de la educación argentina que otorgó a los textos, y a su control por parte del Estado, un lugar fundamental.

Los libros escolares impuestos por las licitaciones y concursos realizados entre 1883 y 1901 comparten características comunes. Están divididos en capítulos o lecciones y, en varios casos, en parágrafos numerados.(123) Algunos comienzan con una definición de historia y una apreciación de la importancia de su estudio.(124) La mayoría incluye láminas entre las que se destacan los retratos, entre otros, de Liniers, Moreno y San Martín. Las tropas inglesas invadiendo Buenos Aires en 1806, el Cabildo Abierto del 22 de mayo, el cabildo de Buenos Aires, forman parte de las ilustraciones que acompañan las explicaciones. Los que presentan apéndice incluyen en los éstos cuadros, tablas cronológicas, listas de batallas, listas de trofeos, el texto del Himno Nacional. (125) Los cuestionarios de recapitulación eran usuales. (126) La historia general estaba representada fundamentalmente por la traducción y adaptación de un texto de Ernest Lavisse realizadas por Juan Tufró que incluye referencias a las invasiones inglesas, el 25 de mayo, las expediciones libertadoras y datos biográficos de San Martín y Bolivar.(127) En los libros de historia argentina el énfasis estaba puesto en el estado del país a fines del siglo XIX, el significado de las fechas patrias, los rasgos biográficos de personajes destacados y, muy especialmente, en los acontecimientos principales realizados para conseguir los fines de la Revolución de Mayo.(128)

La Revolución de Mayo tuvo en los libros escolares un lugar de privilegio y una alta densidad de texto. El año de 1810, el mes de mayo, la semana del 25 y el día 25 son mencionados en forma particularmente destacada en los textos utilizados en las escuelas. Estas menciones resaltan la importancia de este período como "testigo del espléndido triunfo de la santa causa de la libertad y la democracia en la vasta extensión de Sud América".(129) Origen de la emancipación y fecha de la desaparición de los "mandones españoles" del Río de la Plata, el 25 es considerado el día más memorable de la historia patria. Principio de una nueva época, fecha digna de conmemoración, es el momento supremo que marca el paso de colonia esclavizada a nación libre.(130) En esta fecha "los patriotas de Buenos Aires", por medio de una revolución, se liberaron del despotismo del gobierno español.(131)

El régimen colonial es juzgado como un escollo que dificultaba el progreso. América, llegada a su mayoría de edad, podía ya ser dueña de sus actos y "su población, sus riquezas, su extensión territorial y sus progresos de todo género, exigían que estos pueblos gozasen de su autonomía".(132) Sin embargo, no fue la independencia el primer pensamiento revolucionario de los argentinos que ambicionaban la libertad sin pretender aún liberarse del dominio español. Pero la actitud de España, al intentar imponerse, provocó la guerra.(133) En este planteo la Revolución de Mayo se analiza como preliminar de la grandiosa epopeya que culminaría en Ayacucho (1824) con la victoria definitiva.(134) Esta gesta, que tenía por propósito crear una nación en el territorio virreinal y darle por fundamento el derecho de sus habitantes para formar una nueva asociación política, tuvo su cuna en Buenos Aires.(135)

La presentación de la revolución se acompaña con reflexiones relativas a su modalidad. Calificada reiteradamente como revolución gloriosa, la causa de Mayo justifica el eco que la posteridad debe repetir de generación en generación.(136) La junta gubernativa y el grito de libertad se formularon en presencia de un pueblo nuevo, en defensa de los intereses fundamentales de la región y para legar a la posteridad una patria independiente.(137) Manso elogia un proceso revolucionario que había pretendido "cambiar la faz de un mundo" constituyendo una empresa grandiosa que inmortalizó a los hombres de 1810.(138) La dimensión del 25 de Mayo se extrema al juzgar que inauguró el glorioso período de la independencia de todo el continente, resaltando que su ideología halló un eco de simpatía en toda la América Meridional.(139) Los autores destacan que predominaron el derecho y la razón pues los "hijos del país" evitaron los tumultos para lograr la transformación política a la que tenían derecho y que no hubo ni derramamiento de sangre ni violencia.(140) Se consideraba que esta transformación pudo concretarse pues "las bases del nuevo orden de cosas fueron acordadas a la manera de las democracias antiguas" con la declaración de una voluntad que implicaba el fin de la soberanía de los virreyes.(141)

En los textos escolares, la Revolución de Mayo tiene como antecedentes directos las invasiones inglesas. Juzgadas como la última hora de la dominación española, configuran las jornadas preparatorias de la revolución.(142)Para Fregeiro, en 1807 se produjo "el nacimiento de un pueblo dotado de la conciencia de su razón de existir, de su poder material, de su influjo moral entre los pueblos anónimos que constituían socialmente la colonia española, desde México hasta el Río de la Plata".(143) La revolución se perfila así como un acontecimiento que excede el marco local.

Las alabanzas y críticas que se utilizaron para construir un pasado original y grandioso permiten identificar los actores involucrados y destacar su actuación. Los textos señalan que todos los pueblos americanos, a excepción de Paraguay, abrazaron y sostuvieron la revolución de Buenos Aires. Paraguay es utilizado como contraejemplo y se remarca que, con una posición concentrada y equívoca, repelió la revolución sin comprenderla y que su libertad fue producto de la guerra de independencia argentina.(144) A esta visión de un Paraguay egoísta y aislado se contrapone la de un pueblo argentino caracterizado por una innata disposición a la perfección y el progreso que, además, difundió con valentía las ideas de emancipación.(145)

Los textos abundan en elementos tendientes a reforzar la adhesión emocional a la patria con diferentes niveles de apelación sentimental y simbólica. Pasado, presente y futuro se anudan cuando se hace referencia al legado a las futuras generaciones, la sangre derramada y el entusiasta amor patriótico que al paso del ejército revolucionario se despertaba cotidianamente en los habitantes de todas las provincias.(146) Frases como "nadie durmió aquella noche en Buenos Aires, pues todos sus habitantes estaban convencidos de que el siguiente día sería el más memorable de la Historia Patria" (147) o "...el hermoso sol de Mayo que, radiante, iluminó la frente erguida del heroico pueblo argentino", jugaron un importante papel en el establecimiento de estas adhesiones. (148) Los listados de trofeos, la alusión a símbolos nacionales, como las cintas azul celeste y blanco que entusiasmaron al pueblo y se convertirían luego en la enseña nacional, eran otras de las estrategias empleadas. (149)

Algunos de estos textos utilizan un "nosotros" inclusivo con la intención de implicar al lector en el desarrollo de la acción y reforzar la vinculación entre el pasado estudiado y el presente del alumno.(150) Estos libros se constituyen de esta manera en el mejor rastro del proyecto educativo de la generación del ochenta dada la centralidad que les fuera adjudicada en el proceso de enseñanza-aprendizaje en esos años cruciales para la formación de la Nación. La información que se pretendió enseñar y las apelaciones simbólicas y sentimentales que utilizaron contribuyeron a consolidar la importancia de la Revolución de Mayo como inicio, núcleo y eje de la historia argentina y construir su carácter excepcional y único. Un hecho de tales características se correspondía naturalmente con una Nación también excepcional y única.

Mito fundacional de la Nación Argentina

Poco a poco la Nación argentina fue perfilándose. Casi inexistentes antes de la revolución francesa las guerras nacionales legítimas y gloriosas tienen su origen, en la versión traducida y adaptada para las escuelas argentinas por Juan Tufró de las Nociones de Historia General según E. Lavisse, en pueblos que han querido formar naciones, en pueblos que quieren ser libres. Estos pueblos consideraron que tenían derecho a formar un Estado y "un Estado así formado por el consentimiento de sus habitantes es una Nación". (151)

El uso por parte de los autores de diversos vocablos para designar esos habitantes es significativo. Tanto al referirse a las invasiones inglesas como a la revolución utilizan "pueblo", "pueblo revolucionario", "revolucionarios","patriotas", "criollos", "ciudadanos de toda condición", "ciudadanos en masa", "hijos de la tierra", "hijos del Río de la Plata", "hijos del país", "americanos", "multitudes...(152)

El pueblo argentino, en los textos escolares, nació en 1807 al derrotar a los británicos defendiendo la patria.(153) Esta victoria alteró el orden político y Buenos Aires, que nada podía esperar de las autoridades coloniales, convocó al vecindario para deliberar sobre su propia suerte.(154) Mientras "ideas confusas de independencia agitaban los espíritus, sin que por eso hubiese llegado aún el momento en que la conciencia del pueblo ya formada, le diese una seria convicción de sus derechos" el partido patriota se iba gestando. (155) La Sociedad de los Siete pretendía la independencia del país y la formación de un gobierno nacional.(156) Listos para reivindicar los sofocados derechos de la patria y darle un lugar entre los pueblos libres sus integrantes adoctrinaban partidarios, organizaban y dirigían la revolución.(157) La idea de independencia surgió naturalmente ante el avance napoleónico. En Buenos Aires el rechazo al cambio de dominación fue un ensayo que condujo a liberarse de cualquier otro yugo puesto que "...los americanos, empezando a presentir sus derechos de hombres libres y que habían comprado con su sangre el de defender su patria, dignos por su valor de protegerla, entendían que su papel de colonos había finalizado, y que esa independencia debía ser en provecho del país y no de un puñado de hombres." (158)Su aspiración era gobernarse sin intervención de un poder extraño. (159)

La soberanía popular vincula las Invasiones Inglesas con la Revolución de Mayo. Y esta soberanía encontró en el cabildo, asamblea popular que deponía virreyes y autoridad que representaba los intereses populares, el ámbito propicio para desarrollarse.(160) Precursor del 25 de mayo, el Cabildo del 14 de agosto de 1806 fue pedido por el pueblo en ejercicio de su soberanía, uso de su fuerza y su iniciativa.(161) La participación popular es destacada insistentemente al explicar la Revolución de Mayo. La gran agitación que desde el 14 de mayo de 1810 reinaba en Buenos Aires desembocó en la convocatoria del 21, considerada como una decisión del pueblo para expresar su voluntad. El Cabildo Abierto del 22 es calificado como memorable congreso que pretendía sacudir el yugo, ampliar la senda del progreso y trocar la librea del esclavo por la túnica del hombre libre. Ese día el pueblo agolpado pedía gobierno libre y con la Revolución de Mayo así formulada la causa nacional triunfó.(162) Ese mismo pueblo en masa desilusionado por el accionar del cabildo, se levantó armado pidiendo la formación de una junta de su entera confianza y Cisneros fue doblegado por el encono popular. (163) Estas fuerzas impulsaron a los desalentados patriotas que, al contar con apoyo masivo, reaccionaron exigiendo lo decidido el día 22.(164)

Pueblo, dirigentes, tropas, parecen conformar una unidad de objetivos y acción. Pero, paralelamente, se mencionan las dudas que la comisión directiva de la revolución tenía con respecto a la inclusión de la juventud en el proceso y su pretensión de que ésta "robusteciese la autoridad de sus resoluciones sin ejercer la influencia directa de la acción". Para cuando debieron desatar "los diques del torrente", confundidos en sus filas le imprimieron serenidad y una "dirección saludable". (165) Constituidos en "tiernas y lozanas esperanzas de la patria" los jóvenes serán quienes lancen a la faz de un pueblo impresionado las mágicas palabras de "¡patria, libertad o muerte!" (166) Manso alude a la "tormenta popular" que se formaba, a "oleadas humanas", "grupos sin número", "turbas", "muchedumbre indignada", "inmenso gentío, silencioso y grave", "la justa ira de los ciudadanos", "las masas condensadas en la Plaza Mayor".(167) Es la actitud de ese pueblo la que motiva la renuncia de Saavedra a la Junta del 24 al apercibirlo de su error; es su furia la que llena de gente los cuarteles. La intriga del 24 sublevó al pueblo que se agolpó en el cuartel de los Patricios y todos los patriotas "bajo la dirección de hombres eminentes en cuyos talentos tenían fe" buscaban que se cumpliera con la voluntad popular. Es el pueblo armado el que se aglomera el 25 en la plaza, a pesar de la lluvia, dispuesto a imponer su voluntad al cabildo. Ante la presencia de esta entusiasta vanguardia, los diputados trataban de contener la impaciencia del pueblo mientras que las tropas permanecían acuarteladas porque no se quería recurrir a la fuerza para lograr el triunfo de la causa popular.(168) El 25 de mayo la causa del país encuentra su cauce. La Primera Junta surge de la decisión del pueblo. La lista que presentan French y Beruti, a quienes obedecían grupos de patriotas armados, fue confeccionada libremente por el pueblo inaugurando el sufragio libre para designar a quienes dirigirían sus destinos y representarían su soberanía.(169) La proclamación de la Junta produjo regocijo general. Todos los ciudadanos se felicitaban en nombre de la patria, la libertad y del triunfo del pueblo pues la autoridad política "pasaba sin violencia a manos de americanos acreditados por su patriotismo, sus virtudes y su talento".(170) Las colonias españolas estaban apartadas del resto del mundo por un régimen opresor y para que una nación pueda ser bien dirigida es preciso que sea libre de gobernarse ella misma y "...el pueblo deseaba crear, en nombre de su propia soberanía, los poderes que en adelante debieran regir sus destinos".(171) Esta misma opinión pública estará a favor de reconocer transitoriamente a Fernando VII, para luego desconocer toda dominación extraña.(172)

La versión escolar de la Revolución de Mayo centró la atención en los porteños. Pero la Junta no podía encerrarse en estrechos límites y "trató de extender su esfera de acción, llevando a todos los pueblos la idea de revolución y buscando en ellos los elementos necesarios para combatir a los enemigos que iban a asediarla" (173) Las resistencias que oponían las autoridades de Córdoba, Montevideo, Chuquisaca y Paraguay auguraban desolación para la Patria pero la junta de Buenos Aires, sin tomar en cuenta los riesgos y sacrificios que reclamaba una lucha tan desigual, resolvió resistir a unos e imponerse a otros para sostener la emancipación que el pueblo le confiara.(174) Con respecto a las expediciones al interior las calificaciones varían entre necesarias para obligar a todo el territorio a seguir el movimiento de Mayo; auxiliares de los pueblos hermanos que coincidían con Buenos Aires pero que no podían manifestarse por la gran influencia que conservaban los mandones del régimen caído; libertadoras para propagar las ideas y los propósitos liberales del gobierno establecido en la capital; portadoras de las órdenes de la nueva autoridad y "chispa eléctrica que debía inflamar todos los pueblos con el entusiasmo santo de la independencia". (175) Los textos explican que al difundirse las noticias se formaron "autoridades que fueron los agentes celosos que la Junta de Buenos Aires tuvo en los pueblos del interior, que desde luego quedaron militarizados".(176) La ejecución de Santiago de Liniers, reconocido como el héroe de la reconquista, es mencionada brevemente en los textos e incluida entre las acciones necesarias para salvar la Patria. Pues donde hubo reacciones la Junta impulsó con firmeza la Revolución, demostrando que era digna de la misión confiada.(177)

Los fines de la revolución están claramente expuestos. Se señala primero que un territorio colonial debía ser convertido en asiento de una nación, con la consiguiente lucha armada que esto implicaba y segundo que el pueblo, o sea la colectividad de ciudadanos, debía sustituir al rey como soberano. La transformación del colono en ciudadano es clave en este proceso y una nueva forma de gobierno emanada de la voluntad libre y del libre y espontáneo consentimiento, su consecuencia.(178) En los textos, el pensamiento de Moreno, jefe del partido democrático y el más alto ejemplo que brindó la revolución, postula la libertad e independencia a que tenían derecho todos los americanos y la necesidad de organizar la administración civil, militar y económica sobre nuevas bases.(179)

Estas sustentarían un nuevo Estado acorde con las necesidades de una Nación argentina que los textos indican como previa a la revolución y al Estado que ésta originará.

Esa Nación nacida, en los textos analizados, con las invasiones inglesas emprende con la Revolución de Mayo un camino común. Núcleo y punto de partida de la historia nacional es igualmente inicio del proceso de independencia a nivel americano. La gloria adjudicada al proceso revolucionario es motivo de orgullo para sus herederos. Heroica e incruenta convoca a todos, a los argentinos del pasado que la llevaron a cabo, a los del presente que con su estudio incorporan al mismo tiempo sentido de pertenencia y de deber contraído con la gesta y sus autores, y a los ciudadanos del futuro, responsables de este patrimonio compartido.

Conclusiones

La conformación y expansión de la ciudadanía fueron tareas prioritarias en la República Argentina a fines del siglo XIX y principios del XX. La construcción de la Nación requirió la implementación de un proyecto de entidad nacional que determinara los valores y contenidos conceptuales y emocionales de una identidad compartida. La historiografía y la educación, articuladas entre sí, fueron pilares sólidos de este proceso y contribuyeron a la integración de las nuevas generaciones y la nacionalización de la ingente población extranjera que arribaba al país.

La formación de una historiografía compenetrada con un proyecto identitario nacional se originó poco tiempo después de acaecida la Revolución de Mayo. Este proyecto historiográfico incrementó notablemente su importancia en la segunda mitad del siglo XIX cuando se buscó construir una nueva memoria histórica. En la consolidación de la versión canónica de la historiografía incidieron autores como Gregorio Funes, Manuel Moreno, Ignacio Núñez, Luis Domínguez, Vicente Fidel López y Bartolomé Mitre.

Figuras señeras, Mitre y López compartieron la apreciación de la importancia de las Invasiones Inglesas y del accionar de Buenos Aires. Pero en otros temas el disenso fue contundente. La interpretación de Vicente Fidel López plantea la nación argentina como heredera de la nación española y resultado de su evolución y critica la revolución por haber destruido un orden sensato y con garantías sin remplazarlo por una organización libre y representativa. Por el contrario, es una Revolución de Mayo promovida por nuevos actores e inicio de una nueva época, expresión de soberanía para la masa del pueblo y para quienes debían guiarla, la que conforma la visión de Bartolomé Mitre. Considera Mitre que el pueblo, hasta ese momento siervo de los españoles, había madurado y estaba en condiciones de seguir a la minoría inteligente que lo representaba y que conducía una revolución sin violencia. Una revolución que se distinguía entre otras. La democracia fue el resultado de esa transición sin convulsiones y obra de una elite que supo moderar el impulso de la masa y mantenerla en los medios pacíficos y parlamentarios. Pensada, preparada, exitosa esta revolución surgió, así como la primera constitución política, en Buenos Aires.

Mitre consolidó y modeló un relato histórico sobre el mito de los orígenes de la nacionalidad. Convalidó una visión del pasado y una apreciación del presente, estrechamente ligadas a un bosquejo de la Argentina futura sustentada en un acontecimiento depurado de conflicto y válido como elemento de homogeneización común de nuevas generaciones más heterogéneas que las anteriores. Fue Bartolomé Mitre quien al aceptar, criticar o rechazar las apreciaciones de los autores previos y de sus contemporáneos estableció una lectura única de la historia argentina. Esta visión constituyó una piedra angular de un proceso tendiente aglutinar una población variada y en constante transformación.

Es la interpretación de Bartolomé Mitre de la historia nacional y, fundamentalmente, de la Revolución de Mayo la que se percibe más nítidamente en los libros de texto. Discutida en el ámbito historiográfico, fue indiscutible en el ámbito de la enseñanza en este período. Esta visión de la historia de notable persistencia temporal, que la historiografía generó y los textos divulgaron, construyó la "Revolución de Mayo" como lugar de memoria fundacional y elemento simbólico esencial de la Nación y la historia argentinas.

La grandeza de la república requería imprescindiblemente la apropiación por parte de la sociedad en su conjunto de una memoria común. La educación resultó un eficaz instrumento para lograr las metas previstas. Las tareas emprendidas demuestran la importancia que se le otorgó para la construcción de la Nación y la expansión de la ciudadanía. Incrementar y perfeccionar la formación docente, modificar planes y programas de enseñanza y, especialmente, depositar en los textos escolares el peso mayor en la transmisión de los contenidos, fueron algunas de las alternativas utilizadas.

Pocos libros inicialmente, la vigencia de algunos en prolongados períodos, la ampliación de la oferta, el incremento de las ediciones con el transcurso del tiempo y una activa política de difusión caracterizan este período. Licitaciones, concursos, subvenciones, recomendaciones, rechazos aprobaciones y se sucedieron con el objeto de homogeneizar los contenidos de los textos en uso que el Estado nacional buscó celosamente controlar. Los concursos oficiales actuaron como incentivo para autores, editores e importadores, al mismo tiempo que cumplían su función esencial de fiscalización. Los contenidos, rigurosamente controlados, conformaron el inventario de los conocimientos que los habitantes de la Argentina debían hacer propios.

La enseñanza de la historia, en este particular contexto, fue considerada de suma importancia. Autores como Juana Manso, Benigno T. Martínez, Mariano Pelliza, Clemente Fregeiro y posteriormente, Alfredo Grosso tuvieron una notable difusión con obras de dispar nivel. La relación entre los contenidos de estos libros y la historiografía fue esencial para la difusión y apropiación por parte de una sociedad en plena mutación de un determinado patrimonio memorístico y cultural. Programas y textos cambiaron en repetidas oportunidades pero siempre otorgaron a la Revolución de Mayo un tratamiento preferencial y plantearon una versión altamente homogénea del proceso revolucionario.

Estos libros enseñan que en la gesta de mayo participaron la elite dirigente, el pueblo y las tropas. Estos son los fundamentos del pasado que constituyeron la Nación y el Estado del presente. La importancia otorgada a las Invasiones Inglesas, denominador común en todas las obras, supera notoriamente sus consecuencias formales. Tanto los contemporáneos a los hechos como los historiadores posteriores inician con ellas el proceso que desembocará en la revolución. Su magnitud radica en el origen de la Nación argentina como tal y del patriotismo que hicieron evidente en la población.

En la memoria de los argentinos los textos pretendieron insertar una revolución cuyo carácter excepcional excedía largamente el marco local. Una revolución que, gloriosa y heroica, conformó el principio y modelo de la historia argentina. Esta gloriosa revolución permitió, según estos textos, dejar atrás el atraso y los defectos del largo y penoso dominio colonial. Planificada y dirigida por un grupo de hombres eminentes la Revolución de Mayo supo utilizar la fuerza cuando fue necesario. Su legitimidad, como origen de una Nación excepcional, justificó sobradamente su accionar.

Las apelaciones simbólicas y sentimentales utilizadas en su tratamiento fortalecieron los lazos entre los patriotas revolucionarios y sus sucesores creando una visión de correspondencia entre estos hechos únicos y una Nación también única. Configuraron también los roles a cumplir en relación con el modelo de la exitosa revolución. Una elite porteña pensante y sabia debía dirigir; un pueblo dispuesto, heroico y comprometido pero pasivo y obediente debía acompañar y respaldar el proceso en alianza con las imprescindibles tropas. Se definía de esta manera el proyecto de Estado y Nación que se buscaba concretar.

En el proceso de apropiación por parte de la sociedad los libros escolares fueron mucho más que simples difusores. Fueron funcionales al proyecto expandiendo y consolidando una memoria histórica en la que la Revolución de Mayo constituía la base simbólica indiscutida e indiscutible de la República Argentina. Estos textos, utilizados por el sistema escolar, ocuparon un singular espacio en las mentalidades individuales y colectivas al resultar uno de los instrumentos más eficientes para la internalización y naturalización de una versión de la revolución consagrada por una historiografía abocada a la construcción de la Nación.

Los libros de historia avalados por las autoridades y usados entre 1881 y 1905 no crearon la versión oficial de la Revolución de Mayo pero coadyuvaron a su construcción como lugar de memoria. La gestación de esta Nación es el núcleo de la historia argentina. La construcción de la "Revolución de Mayo" anudó fuertemente un pasado heroico con su presente en plena transformación y un porvenir de prosperidad y grandeza. Este uso del pasado dotaba de legitimidad y aparato simbólico a la Nación construida sobre ese mito fundacional y la vinculaba a un modelo de ciudadanía y Estado. En ese modelo que proponía conductas, reglas y modos de participación, les correspondía a Buenos Aires, y fundamentalmente a la elite porteña que había dado origen a la Nación, guiar los destinos de la Argentina. Proyecto, por demás ambicioso, que estableció un fuerte lugar de memoria e historia, determinó recuerdos y olvidos y abrió un juego de interacción recíproca entre pasado y presente para una sociedad que, en plena transformación, tenía en juego su supervivencia.

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Notas

(1) Para construcción de la nacionalidad y educación ver Bertoni (2001); Oslak (1999); Devoto (2002).

(2) Alonso (1997); Terán (2000). Para positivismo y educación ver Terán (1987) (2000); Puiggrós (1990); Scarzanella (1999).

(3) Palti (2000), 75-76. Para historiografía y construcción de la Nación ver Shumway (1995); Buchbinder (1996); Halperín Donghi (1996); Bertoni (2001); Palti (2002); Devoto (2002); Cattaruzza y Eujanian (2003); Bragoni (2005); Devoto y Pagano (2009).

(4) Halperín Donghi (1996), 45-46; Bertoni (2001)256-258;Cattaruzza y Eujanian (2003) 12-19 Madero (2005), p.133

(5) Mitre (1857) p.1-2

(6) Halperín Donghi (1996), p.43

(7) Para la incidencia de Mitre en la historiografía argentina y en los libros de texto ver Shumway (1995), 210-230; Buchbinder (1996), 59-81; Halperín Donghi (1996) 46-48,Pilia de Assunção y Ravina (1999), 31-41; Palti (2000) 76.80-82,90-92, 95; Devoto (2002), p.4-13; Bragoni (2005), 65; Madero (2005).

(8) Para la polémica Mitre-López ver Madero (2005). Ver también Halperín Donghi (1996)47, Buchbinder (1996), Pilia de AssunÇao y Ravina (1990). 36-37, Devoto (2002), 9, nota 11, Cattaruzza y Eujanian (2003), 23-28, 32, 60-67; Bragoni (2005); Devoto y Pagano (2009), p.38-71.

(9) Halperín Donghi (1996), 45-46. Para López historiador ver Madero (2005); Devoto y Pagano (2009).

(10) Para el proyecto educativo de la generación del ochenta ver Tedesco (1986); Puiggrós (1990); Albergucci (1996); Bertoni (2001); Devoto (2002).

(11) Oszlak (1997), p.104,151-152.

(12) Tedesco

(13) Escudé (1990); Braslavsky (1994); Wainerman y Heredia (1999); Rodríguez y Dobaño Fernández (2001); Poggi (2003); Romero (2004).

(14) Ver Tedesco (1986); Puiggrós (1990); Albergucci (1996); Alliaud (2007).

(15) La importancia que adquirieron los textos en la educación en este período quedó registrada en el Anuario Bibliográfico de la República Argentina. Ver Sagastizábal (2002), p.16-17.

(16) Fregeiro (1910), 1° parte, p.18-22.

(17) Poggi (2003)4-9; Poggi (2004).

(18) Carbia (1940), p.287-301.

(19) Bertoni (2001), 255-258, 282-284; 2002), p.14-24.

(20) Devoto (2002), 13; Shumway (1995), p.208.

(21) Para el Compendio de Manso ver Santomauro (1984); Armoux (1992); Lewkowicz (2000). Para autores y textos en uso a partir de 1870 en enseñanza secundaria ver Saab y otros (2001) Para Martinez y Pelliza ver Devoto y Pagano (2009), p.59-61.

(22) Para los libros escolares como lugares de memoria ver Nora (1984), XXIV.

(23) Como ejemplo de construcción de un mito fundacional ver Amalvi (1984).

(24) Para la Revolución de Mayo como lugar de memoria ver Pilia de Assunçao y Ravina (1999). Para historia y memoria ver Cuesta (1996); Yerushalmi y otros (1998); Britton (1998).

(25) Para Lugares de memoria ver Nora (1984), XXIV. Para el concepto de memoria ver Rossi (2003); Candau (2001); (2002). Para memoria y olvido ver Cuesta (1996); Yerushalmi y otros (1998).

(26) Rossi (2003), p.87

(27) Cuesta (1996), 62; Rodríguez de Sillero y Paci de Carmona (2003), 96-101. Para memoria e identidad ver Candau (2001).

(28) Para la Revolución de Mayo en los textos escolares ver Poggi (2009).

(29) Carbia (1940), 51-58; Bertoni (2001), 256-258; Cattaruzza y Eujanian (2003), 12, 19; Madero (2005), p.8-11.

(30) Funes (1856), III-IV.

(31) Funes (1856), III-IV.

(32) Al dedicar la 2° edición a "servir a la juventud estudiosa de mi país donde tan escasos son esta clase de trabajos", Julio Núñez consigna que la primera fue incluida en las bibliotecas de las escuelas oficiales. Núñez (1898).

(33) Moreno (1910), 7, 133, 145-146; Núñez, (1898), p.387..

(34) Funes op. Cit. Pp. 352-360, 368.

(35) Funes (1856), 359, 365-368. Para el uso de parejas nacionales ver Armoux (1992), 132-137.

(36) Funes (1856), p.342-352.

(37) Prólogo de Julio Núñez de 1857 en Núñez (1898), VI. Por densidad de texto se entiende "la relación que existe entre los contenidos históricos hipotéticamente cubiertos por un texto y la cantidad de páginas del mismo". Lewkowicz y Mussi (2001), p.111.

(38) Funes (1856), .367, p.4, III-IV.

(39) Funes (1856), p.368.

(40) Funes (1856), p.353, 359-361, 364.

(41) Funes (1856), p.359-360.

(42) Funes (1856), p.370-371.

(43) Funes (1856), p.371. Nota [a].

(44) Funes (1856), p.352-360, 368.

(45) Moreno (1910), p.6, 125-126, 129-130, 132-141.

(46) Funes (1856), p.369.

(47) Núñez (1898), p.393-395.

(48) Núñez (1857), p.169-174.

(49) Núñez (1857), p.169-174; Funes (1856), 368-370.

(50) Moreno (1910), p.148-150, 163.

(51) Bragoni (2005), p.64.

(52) Myers (2005), p.73-75.

(53) Prólogo y dedicatoria de Julio Núñez (1857) en Núñez (1898).

(54) Para las referencias de Mitre a obras y autores previos y contemporáneos ver Mitre (1947), t.1, 17-22, 33, 36, 51-53, 245, 363, 385; Mitre (1857), p.64, 124.

(55) Algunos autores citan a Mitre explícitamente. Ver Manso (1881), 170; Fregeiro (1881), p.6, 162; Larrain (1885), advertencia, p.100.

(56) Mitre (1857), 1-2, 38; Mitre (1947), t.1, 7 (preámbulo de la 1° ed.)

(57) Mitre (1857), 1.

(58) Mitre (1857), 1-2, 40-41; Mitre (1947), t.1, 37 (preámbulo de la 3° ed.), 55-56, 253, 351-352.

(59) Mitre (1857), 1-2; Mitre (1947), t.1, p.396.

(60) Mitre (1947), t.1, p.159.

(61) Manso (1881), p.35-39; Martínez (1888), 25-32; Cambón (1884), 12-13; Larrain (1885), p.38-40.

(62) Mitre, (1857), 52; Mitre (1947), t.1, p.221. Cita del Daily Advertiser, Londres, 14 de septiembre de 1807.

(63) Mitre (1947), t.1, p.216, 248-250.

(64) Mitre (1947), t.1, p.309, 311-312.

(65) Mitre (1947), t.1,p.113.

(66) Mitre (1947), t.1, p.115, 189, 192, 258, 357.

(67) Mitre (1857), 53-54, 61, 64; Mitre (1947), t.1, p.193, 252-255, 353.

(68) Mitre (1947), t.1, p.254-255.

(69) Mitre (1857), 53-57, 61; Mitre (1947), t.1, p.196, 200-201, 210, 215, 254, 257, 259, 290, 328, 360-362.

(70) Mitre (1947), t.1, p.329.

(71) Mitre (1947), t.1, p.344, 347-348, 353.

(72) Mitre (1857), 64. Ver también Mitre (1947), t.1, 353-356, 361. Esta caracterización de la revolución se reitera en la Biografía de Rivadavia de Juan María Gutiérrez. Mitre (1857), 18-21.

(73) Mitre (1947), t.1, p.379, 386.

(74) Mitre (1947), t.1, p. 380.

(75) Mitre (1947), p.380-383.

(76) Mitre (1947), t.1, p.373.

(77) -Mitre (1857), p.69.

(78) Mitre (1857), p.65-71; Mitre (1947), t.1, p.364-368,373, 377-381, 385-386, 390.

(79) Mitre (1857), 71; Mitre (1947), t.1, p.391.

(80) Mitre (1857), 71; Mitre (1947), t.1, pp. 366, 392-393.

(81) Mitre (1857), 64. Ver también Mitre (1947), t.1, 332-336, 340-341, 352-353.

(82) Mitre (1947), t.1, p.398.

(83) Mitre (1947), t.1, p.394.

(84) Mitre (1857), 73; Mitre (1947), t.1, p.395, 397-401.

(85) Mitre (1947), t.1, p.349.

(86) Mitre (1947), t.1, p.65.

(87) Mitre (1857), 76; Mitre (1947), t.1, p.72-74, 400, 411-413.

(88) Mitre (1947), t.1, 58-68, 77-78, 101, 396.

(89) Mitre (1947), t.1, p.110-112.

(90) Bragoni (2005), p.65.

(91) Para la opinión de López sobre Funes, Domínguez, Mitre, Núñez y Moreno ver López (1883), LVII-LIX. Para Vicente Fidel López como historiador ver Halperín Donghi (1996), 35-43; Madero (2005).

(92) Halperín Donghi (1996), p.39-41, 46.

(93) López (1881a), introducción; López (1881b), advertencia; López (1883), VI-IX, XVIII, LIV- LX.

(94) López (1883), XVIII.

(95) Posteriormente, López publicó una crónica de la Revolución de Mayo que fue impresa y difundida en las escuelas por el Consejo Nacional de Educación. El Monitor de la Educación Común (1909), t. XXIX, N° 437, 401. Para la Gran semana de Mayo ver Saab y otros (2001), p.67.

(96) López (1896), 3-4, 11. Ver Madero (2005), p.125.

(97) López (1896), p.15.

(98) López (1896), p.16.

(99) Para el análisis del vocabulario político en este período ver Chiaramonte (2005), p.36, 38-39, 44-54.

(100) López (1896), p.18.

(101) López (1883), XVII; López (1896), p.20.

(102) López (1896), p.30.

(103) López (1883), XVII.

(104) López (1896), p.25-27.

(105) López (1883), p.13.

(106) López (1881b), t.1, 17-18; López (1896), p.21.

(107) López (1896), p.29.

(108) López (1896), p.30-31.

(109) López (1896), p.32-33, 36-37, 39.

(110) Madero (2005), p.129, 133.

(111) López (1883), XIX.

(112) López (1883), XXIII-XXIV.

(113) Ver Halperín Donghi (1996); Bragoni (2005).

(114) Carbia (1940), p.287-301.

(115) Saab y otros (2001), 57-75.

(116) Carbia (1940), p.287-301. Para la política aplicada con respecto a los libros de texto en este período ver Poggi (2004).

El Monitor de la Educación Común, t. II, N° 27 (1883), 259-261; t. III, N° 50 (1884), 308-309; t. VI, N° 110 (1887), p.316-317 y N° 120 (1887), 752 y ss; t. VIII, N° 145(1888), 229 y N° 153 (1889), 679-680; año XI, N° 154 (1889), 713 y ss.; t. XI, N°218 (1892), 490-499; t. XII-XIII, N° 245 (1894), 775-776; N° 247 (1894), 855; t. XV, N° 298 (1898), 859-861; t. XVI, N° 303 (1898), 144; XVII, N° 339 (1901), p.1127.

Monitor de la Educación Común, t. XI, N°220 (1892), 562-568; t. XV , N° 283 (1897), 97-107; t. XVI , N° 314 (1899), 626; t. XVIII , N° 344 (1901), 193-194, 202-210; t. XXIV , N° 413 o 2° serie N° 33 (1907), p.438-441. Para programas de estudios

(117) Formación de ciudadanos ver Escudé (1990) 14, Bertoni (2001), p.45-46.

(118) El Monitor de la Educación Común presenta modelos de clase a seguir y recomendaciones para la aplicación de los programas que contribuían a pautar la actividad docente. Ver El Monitor de la Educación Común, t. XI , Nº 203 (1891), 53-58; t. XV , N° 250 (1894), p.984-988; t. XV , N° 294 (1897), 626-627; t. XV , N° 299 (1898), p.911-912.

Para formación de maestros ver Alliaud (2007).

(119) El Monitor de la Educación Común, t. XI, N° 218 (1892), 490-499; t. XII-XIII, N° 247 (1894), 855; t. XV, N° 298 (1898), 859-861; t. XVI, N° 303 (1898), 144; t. XVII, N° 339 (1901), p.1127.

(120) El Monitor de la Educación Común, t. XVII, N° 334 (1900), 850-851; N° 339 (1901), 1127; t. XVIII, N° 341 (1901), p.46-

(121) El Monitor de la Educación Común, t. XX, N° 385 (2°serie N° 5) (1905), CLXXV; t. XXIV, N° 409 (2° serie N° 29) (1907), p.109.

(122) Pizzurno (1906), Pp.34, 44, 99- 106.

(123) Manso (1881).

(124) Manso (1881); Martínez (1888); Cambón (1884).

(125) Cambón (1884); Domínguez (1861); Martínez (1885), (1888), (1895).

(126) Pelliza (1898); Gutiérrez (1893).

(127) Tufró (1890), 132-138. Para 3l uso del manual de Lavisse durante la III República francesa ver Nora (1984), p.265 y ss.

(128) El Monitor de la Educación Común, t. II, N° 23 (1883), 75-78; t. XI , N° 203 (1891), 53-58.

(129) Luna (1878), p.33.

(130) Domínguez (1861), 203; Aubin (1896), 69; Gutiérrez (1893), 102; Fregeiro (1881), 6, 136; Fregeiro (1910), 2° parte, 8-39; Cambón (1884), 31; Manso (1881), 99; Tufró (1890), 132; Martínez (1888), 56; Martínez (1885), 9-10.

(131) Pelliza (1892) 40. Ver también Larraín (1885), p.80.

(132) Larrain (1885), p.81.

(133) Pelliza (1892), p.42.

(134) Larrain (1885), p.95.

(135) Fregeiro (1910), 2° parte, p.38-39.

(136) Gutiérrez (1893), p.113; Cambón (1884), p.33; Fregeiro (1881), p.150; Fregeiro (1910), 2° parte, 48; Manso (1881), p.99.

(137) Luna (1878), p.36

(138) Manso (1881), Pp.100-101, 172. Este texto gozó de gran prestigio y difusión. Ver Poggi (2003)

(139) Manso (1881), p.126.

(140) Gutiérrez (1893), p.121, 125.

(141) Martínez (1885), 10.

(142) Aubin (1896), 58-59; Gutiérrez (1893), 107; Cambón (1884), p.27.

(143) Fregeiro (1910), advertencia de la 1° edición, 2° parte, 9.

(144) Manso (1881), Pp.120-125, 263.

(145) Fregeiro (1881), p.155; Manso (1881), p.120-125; Luna (1878), p.112; Pelliza (1892), p.44.

(146) Manso (1881), p.176; Luna (1878), p.36; Larrain (1885), p.81; Fregeiro (1910), 2° parte, p.42-43.

(147) Aubin (1896), 68. "Nadie durmió esa memorable noche en Buenos Aires..." hace referencia al 2 de julio de 1807 en Manso (1881), p.78.

(148) Luna (1878), 32

(149) Aubin (1906), 91; Manso (1881), p.118. Para listado de trofeos ver Domínguez (1861)

(150) -"Nuestras fuerzas se distribuyeron en las azoteas" en Gutiérrez (1893), 110. Para el uso del "nosotros" ver Armoux (1992), p.138.

(151) Tufró (1890), p.153. Con respecto a Nación-Estado, su equivalencia y problemática en este período, ver Bertoni (2001); Voto (2002); Palti (2002) Bragoni (2005); Chiaramonte (2005).

(152) Ver Manso (1881), Pp.65-80, 114-115; Larrain (1885), Pp.78, 79, 83, 89.

(153) Fregeiro (1910), advertencia de la 1° edición, 2° parte, 9.

(154) Aubin (1896), p.50-52.

(155) Manso (1881), 82.

(156) Aubin (1896), p.64; Aubin (1906), p.84; Martínez (1888), 52; Manso (1881), p.87.

(157) Aubin (1896), p.50-52.

(158) Manso (1881), p.85-86.

(159) Aubin (1896), p.60; Larrain (1885), p.80.

(160) Aubin (1896), 66; Manso (1881), 83-84; Gutiérrez (1893), 106.

(161) Luna (1878), 26; Cambón (1884), 29.

(162) Manso (1881), p.104-107.

(163) Larrain (1885), p.83.

(164) Aubin (1896), p.68.

(165) Manso (1881), p.110.

(166) Luna (1878), p.35-36

(167) Manso (1881), p.106-119.

(168) Manso (1881), 117; Gutiérrez (1893), p.123-125; Aubin (1896), p.70; Aubin (1906), p.89; Martínez (1885), 10-12; Pelliza (1892), p.46.

(169) Manso (1881), p.119; Larrain (1885), p.83.

(170) Gutierrez (1893) 125. Ver también Aubin (1896), 65, 70-71: Manso (1881), 102.

(171) Luna (1878), p.34.

(172) Luna (1878), p.30, 35-36.

(173) Larrain (1885), p.87.

(174) Martínez (1885), 10-12; Martínez (1888), p.56-57.

(175) Manso (1881), p.119. Ver tambien Aubin (1896) p.72; Gutierrez (1893), Pp.126-128; Pelliza (1892), p.44.

(176) Larrain (1885), p.85.

(177) Manso (1881), p.122.

(178) Fregeiro (1910), advertencia de la 1° edición, segunda parte, Pp.10-11, 64.

(179) Larrain (1885), p.93; Gutiérrez (1893), p.132; Pelliza (1898), Pp.46-47.

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