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Anuario del Instituto de Historia Argentina, 2009, nº 9, p. 179-208. ISSN 2314-257X
Universidad Nacional de La Plata.
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Instituto de Historia Argentina "Dr. Ricardo Levene".

Artículo/Article

La voluntad organizada. La CGT de Los Argentinos, una experiencia de radicalización sindical

The voluntad organizada. The CGT de los Argentinos, a Radical Union Experience

Juan Alberto Domingo Bozza

Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, UNLP
albertobozza@speedy.com.ar

Resumen
Este trabajo está integrado a un Proyecto colectivo que estudia las condiciones del surgimiento de la "nueva izquierda" en Argentina, durante la década de 1960. Se propone examinar una experiencia de radicalización en el campo sindical, creada en 1968: la CGT "de los Argentinos". El artículo reconstruye la trama histórica de su surgimiento, durante el periodo del gobierno militar, autocalificado "Revolución Argentina"; analiza el programa de construcción de un sindicalismo pluralista, antiburocrático y descentralizado; indaga los contendidos de su crítica antiimperialista a las estructuras económicas del país; describe su participación en las luchas sociales y políticas contra el régimen militar, como el Cordobazo; discierne su estrategia de alianzas con el movimiento estudiantil, con sectores medios, profesionales e intelectuales y señala los obstáculos y desafíos que asediaron y disgregaron a la organización.

Palabras clave: CGTA; Sindicalismo; Radicalización; Nueva izquierda

Abstract
This paper is framed by a collective project for research on the conditions of the rise of the "new left" in Argentina, during the 1960s. It offers an examination of a radical union experience: the CGT "de los argentinos", created in 1968. The article reconstructs the historic plot of the rise of the CGT, during the military government of the "Revolution Argentina". The paper analyzes the building of a pluralist trade unionism, anti-bureaucratic and decentralized; it investigates the contents of its anti-imperialist critic to the economic structures of Argentina; it describes its participation in social and political fights against the military regime, like the Cordobazo; it assess its strategy of alliances with the student movement, middle class, professionals and intellectuals and it points the obstacles and challenges that besieged and disintegrated the organization.

Keywords: Peronism; Provincial state; Municipal autonomy; Province of Buenos Aires


El examen del proceso de radicalización política y social germinado en la década del sesenta desplegó un animado espacio controversial de la historia reciente. A partir de la restauración de la democracia, han proliferado narraciones sobre episodios y actores del período y memorias de militantes que intentaron comprender sus múltiples tramas, cuando no ajustar cuentas con debates no saldados. Ese foro de investigadores y memorialistas adeuda, a nuestro entender, un tratamiento más exhaustivo del fenómeno de la radicalización sindical. Una de sus experiencias más representativas, la conformación de la CGT de los Argentinos (CGTA), ha merecido una modesta atención entre los historiadores y analistas sociales. Obras muy significativas, destinadas a estudiar las transformaciones en el mundo sindical, prácticamente ignoraron la irrupción de aquella organización1.Otras, igualmente valiosas, analizaron aspectos parciales o regionales de su actuación o registraron algunas de sus acciones en el marco de estudios más generales sobre el período2.

Este trabajo forma parte de un proyecto de investigación colectiva abocado a desentrañar el fenómeno de la radicalización política y social que, durante la década de 1960, dio nacimiento y protagonismo a diversas vertientes de la llamada nueva izquierda . Dentro de ese marco, el presente artículo es una derivación del subproyecto destinado a analizar las experiencias de radicalización que afectaron a sectores y activistas del movimiento obrero. Ubicados en esa trama específica, creemos pertinente estudiar a la CGTA por su contribución al proceso de contestación social y como espacio de convergencia de diversas militancias que configuraron ulteriores desarrollos de la "nueva izquierda" 3.

El presente trabajo se propone analizar las condiciones históricas de su irrupción; los protagonistas y registros de la diseminación territorial del nuevo sindicalismo y su participación en las iniciativas de resistencia social y política que enfrentaron a la dictadura presidida por el general Juan Carlos Onganía. La reconstrucción de las iniciativas de confrontación antidictatorial desplegadas por la CGTA tiene, además, la intención de matizar y enriquecer las apreciaciones que hacen germinar en el Cordobazo la etapa de la radicalización del conflicto político en nuestra sociedad, como si se tratara de una cisura abrupta e indeterminada, sin sopesar ni explicar las diversas experiencias y prácticas radicales incubadas en un umbral tan revelador como inmediato. La indagación realizó un estado de la cuestión sobre el conocimiento provisto por la bibliografía sobre el tema. Al efecto de aligerar la estructura del relato, la misma fue presentada concisamente en los párrafos iniciales del texto4. La colección completa del periódico CGT, un conjunto de recopilaciones documentales, folletos y publicaciones emanadas de la organización, así como las memorias y escritos de sus principales militantes, se constituyeron en fuentes significativas de la investigación. Se utilizaron, además, los testimonios de la prensa diaria (La Nación, La Prensa, el diario platense El Día, etc.) y diversos artículos de revistas políticas de la época (entre ellas Primera Plana y Confirmado) que registraron pronunciamientos y episodios en los que estuvo involucrada la central obrera.

Interpretaciones y controversias.

1. Las indagaciones sobre la CGTA han construido un campo de conocimientos no exento de controversias. No son pocas las interpretaciones que dispensan un aire de condescendencia hacia una experiencia a la que caratulan de fugaz, fallida o irrelevante. Analistas referenciados con diversas tradiciones teóricas y políticas la consideraron como un instrumento creado por el General Perón para ampliar su injerencia en la realidad política argentina y reafirmar, promoviendo un ala sindical combativa, su condición de líder del movimiento frente a jefes sindicales considerados desleales y oportunistas. La decisión de Perón se constituye, en este tipo de relatos, en un acontecimiento central, casi autosuficiente, para explicar la irrupción y el desarrollo de la novel organización sindical5. Dentro de esta tónica, algunos enfoques destilan un tono apologético sobre la capacidad de liderazgo del gran conductor del Movimiento. Otros estudios, que también asimilan la historia de la CGTA al fruto de la capacidad de maniobra de Perón, proyectan un acendrado estilo crítico sobre su experiencia, a la que señalan como frustrada, puramente "declamativa", impura, marginal, no revolucionaria ni anticapitalista; o un fruto "agónico" que representaba a sectores gremiales de "industrias en crisis"6. En este catálogo de argumentos, el juicio rotundo e implacable tiende a sustituir a la interrogación de un objeto histórico, a un problema que debe ser explorado. Si bien el General Perón apoyó la emergencia de la central obrera (nuestro artículo da cuenta de su encuentro en Madrid, en febrero de 1968, con Raimundo Ongaro y Rodolfo Walsh); parece simplista y superficial explicar el origen y el desarrollo de la organización sindical como la mera concreción del designio del General residente en Puerta de Hierro, o como un artificio dócil y manipulado a distancia por un experto timonel. Estas perspectivas, seductoras por el efecto expeditivo que transmiten sus tempranas conclusiones, redundan en un empobrecimiento del análisis histórico. Los fenómenos sociales y los comportamientos colectivos entrañan relaciones más densas y complejas, y la lógica de las partes involucradas no puede ser sustituida por la metáfora del titiritero y las marionetas. En otros términos, tales interacciones no pueden ser traducidas a una dinámica mecanicista de acción y reacción entre el Líder inefable que decide y una masa indivisa y compacta que acata. Los actores implicados en aquel segmento de nuestro pasado eran bastante más que un coro de autómatas siguiendo la partitura o el soplo sagrado proveniente del Olimpo madrileño. Por más gravitación que alcanzara, el liderazgo de Perón tenía condiciones y obstáculos que superar, a comienzos de 1968: la distancia, un movimiento político todavía coloidal y desorganizado, mediadores y representantes de un campo sindical bastante más intrincado, volátil y contradictorio de lo que suele ser presentado.

Perón apostó a la promoción del liderazgo de Ongaro y tuvo demostraciones de simpatía por la emergencia de la CGTA. Sin embargo, la cuestión no concluye en el enunciado autocomplaciente de dicha interacción; con más razón, si se postula un conocimiento histórico atento a que las dinámicas sociales no son lineales ni flotan en cápsulas incontaminadas.

Es menester examinar un radio más amplio de condicionamientos y comportamientos colectivos que contribuyen a la irrupción de un acontecimiento.

El malestar, por no decir la irritación e indignación, existente en núcleos de activistas y sectores sindicales varios, contra la conducción de la CGT, en momentos previos a marzo de 1968, era una experiencia latente y creciente, con su lógica propia y con los liderazgos y corrientes que manifestaban una voluntad de renovación, depuración, probablemente también de ruptura, contra las dirigencias tradicionales del vandorismo y del participacionismo, para mencionar los casos más concretos de los grupos prevalecientes.

Nuestro artículo intenta reconstruir y describir los debates, alineamientos y conflictos que gravitaban en el campo del sindicalismo; presentar las conductas, estrategias y acuerdos de dirigentes, agrupaciones y gremios que veían con hastío la perpetuación de tácticas y dirigentes que usufructuaban patrimonialmente los aparatos sindicales en tiempos de la dictadura del General Onganía y que habían demostrado cierta complacencia con su régimen. La decisión de Perón, según nuestra perspectiva, debe ser analizada y comprendida en el marco de esta atmósfera de crispaciones preexistentes y proyectos renovadores o críticos en curso.

2. Otros dictámenes, igualmente lapidarios, suelen objetar (a veces ningunear) la experiencia de construcción social y la radicalidad del programa insinuado por la central obrera. Sugieren, incluso, que las prácticas de varios gremios que se encolumnaron en su seno no diferían de las de la "burocracia sindical". Argumentar contra estas conclusiones requiere exponer un dispositivo interpretativo más matizado, menos esquemático sobre algunos objetos.

El proceso de confrontación iniciado por la CGTA contra la tradicional dirigencia vandorista, desprestigiada por su actitud frente al gobierno militar, como ya se dijo, arrastró a varios gremios a sumarse al nuevo realineamiento sindical, crítico e intransigente, que eligió a Ongaro como secretario general, a fines de marzo de 1968. En ese proceso, las demandas de democratización sindical se abrieron paso y progresaron en diverso ritmo en los gremios existentes; sus peripecias y resultados se consumaron en una gama muy heterogénea de experiencias. El mismo término "burocracia" sindical, debería ser tratado con mayor cautela conceptual. La tendencia general hacia la complejización de funciones y actividades que afrontaron los sindicatos hizo imprescindible, a escala global y local, la configuración de una capa administrativa que cumpliera con cierta especificidad los nuevos servicios prestados y administrara los crecientes recursos de las asociaciones. Este es un sentido del término burocracia y es sensato pensar que ninguna entidad se sustrajo de esta evolución. Otro sentido del término, que es al que alude principalmente nuestro artículo, se refiere a la instrumentación y perpetuación de mecanismos que anulaban la democracia interna de los gremios (desde las prácticas electorales amañadas hasta la conformación de séquitos o aparatos de disuasión o represión del disenso interno). Este fenómeno, la burocracia como aparato antidemocrático y de coacción, también tenía distintos niveles de afianzamiento en las organizaciones gremiales: estaba fuertemente arraigado en varios sindicatos y federaciones que respondían al vandorismo y a la "nueva corriente de opinión" o participacionismo, y era más "débil" su implantación en otras organizaciones, algunas de las cuales se plegaron a la CGTA.

El análisis histórico debe ser más preciso y exhaustivo a la hora de reconocer los matices de un fenómeno en diverso grado de decantación (El empedernido burocratismo, incluso el "gangsterismo", reinante en la UOM de Vandor, Avelino Fernández, R. Otero, Rucci et altri, o de la UOCRA de los Coria, Palma y Papagno; era inconmensurablemente más implacable y fosilizado que el de, por ejemplo, La Fraternidad, la asociación de conductores y foguistas del ferrocarril). En la alianza gremial pluralista que dio origen a la CGTA, representada en su consejo directivo, esas organizaciones debían interactuar y consensuar con otros agrupamientos gremiales, algunos con fuerte enclave regional, como el Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba orientado por Agustín Tosco, donde la democracia sindical y la militancia combativa insinuaban un nuevo modelo de representación sindical. Aunque esta experiencia no había logrado una irradiación nacional, el protagonismo de Tosco no fue irrelevante en el derrotero y la práctica de la CGTA, como a veces se sostiene con cierta frivolidad7. Como los testimonios de época lo confirman, Tosco fue un dirigente muy allegado al proyecto de Ongaro y puntal en la tarea común de construcción de una alternativa de democratización sindical, de alcance nacional y con un nítido sesgo de descentralización en la toma de decisiones que jerarquizaba el papel de la regionales del interior de la central obrera. Aunque la experiencia de Tosco pudo estar acotada a Córdoba (una región, por otra parte, nada despreciable en el "mapa del movimiento obrero" de fines de los sesenta), su liderazgo era reconocido y su influencia en la CGTA era tan visible y desafiante para las agencias y los voceros del poder, que fue un objeto privilegiado de seguimiento y persecución. En línea con esta argumentación, es menester mencionar, aunque sus organizaciones no tuvieran enorme caudal de afiliados, a Amado Olmos en el gremio de Sanidad (murió a fines de 1967), a la Federación Gráfica orientada por Ongaro, a los telefónicos de capital (Guillán, Ribot), a los obreros navales de Ricardo De Luca, a los empleados de farmacia de Jorge Di Pasquale, entre otros. Estos señalamientos propenden a justipreciar los alcances y protagonistas de la dinámica de radicalización y democratización suscitada en la militancia de la central obrera.

Creemos necesario estudiar los procesos respetando el marco temporal en que se desenvolvieron, describiendo sus potencialidades reales o virtuales; evitando juzgarlos como fallidos, estériles o impuros, a la luz de los avatares posteriores que desembocaron en la disgregación de la CGTA, a fines de 1969.

3. Como ya adelantamos, se ha tendido a menospreciar (cuando no a invisibilizar) la inserción social de la CGTA y a sentenciar a sus acciones como "formales" y "declamativas" más que reales. Sin exagerar la gravitación de la organización, ni abonar un mito apologético sobre su rol, los testimonios recogidos (y no solo su periódico) señalan su participación en la conflictividad y en la movilización social y política iniciada en 1968. Resulta antojadizo o petulante no reconocer los registros empíricos de episodios de esa naturaleza. Otro reduccionismo nos parece igualmente equívoco: creer que "participar" en un movimiento reivindicativo o huelguístico significa, exclusivamente, dirigir orgánica e institucionalmente una huelga, o tener la conducción del secretariado de los gremios involucrados. "Participar" en un acontecimiento o proceso incluye también otra gama de conductas, compromisos y formas de involucrarse en un conflicto: encausar o difundir otro repertorio de acciones, contar con militantes en agrupaciones de base, con delegados, comisiones de fábrica, organizar jornadas de esclarecimiento, integrar o apoyar comités de huelga, articular solidaridades más amplias, etc.

El presente trabajo toma en cuenta y describe este tipo de acciones, invisibilizadas por los recitados adscriptos al dictamen de la futilidad o marginalidad de la CGTA. En línea con esta actitud, nuestro relato describe la "participación", en septiembre de 1968, de los militantes de la CGTA en la huelga petrolera estallada en Ensenada (en realidad, la visibilidad y repercusión nacional del conflicto fue obra de tales iniciativas más que de la conducción SUPE nacional y de Adolfo Cavalli, como ilustran los testimonios documentales de esas jornadas). El comité de apoyo a la huelga fue organizado y sostenido por militantes de la organización, junto a agrupaciones estudiantiles de la UNLP y militantes de la izquierda local. El protagonismo de la CGTA también fue notorio en la Intersindical de La Plata, Berisso y Ensenada, que también propagó los reclamos de los trabajadores de la destilería. Lo mismo cabe decir del largo y dramático conflicto en los ingenios tucumanos, episodio tamben narrado en este artículo con cierto detalle, en el que se observan las múltiples acciones de solidaridad de la CGTA y sus aliados; o del conflicto en las automotrices cordobesas y, meses después, en las huelgas de la empresa gráfica Fabril y en la química Electroclor de Santa Fe. Aunque se tratara de sucesos puntuales (en verdad, así comenzó la ola de malestar de 1968, no como una asonada nacional instrumentada por vaya a saber qué movimiento anticapitalista de masas), esas intervenciones de la CGTA fueron "reales", ocurrieron en distritos del país, las llevaron a cabo militantes concretos, se tradujeron en actos y conductas materiales, suscitaron repercusiones en el gobierno dictatorial, en grupos empresarios afectados, en la CGT vandorista, ocasionaron represalias, detenciones, etc. que fueron captadas, traducidas (también denostadas) por los propios medios del establishment como, por caso, La Nación, La Prensa, El Día de La Plata, etc. Aún considerando la fragmentación, la proyección accidentada o las derrotas parciales sufridas por algunas de estas experiencias de protesta, resulta frívolo subsumirlas como prácticas "formales" y "declamativas".

Los orígenes.

La aparición de la CGTA aconteció en un período de crecientes confrontaciones sociales y políticas. Las tensiones suscitadas por el despliegue del programa económico del gobierno militar y por los debates y disidencias latentes en las organizaciones sindicales ocuparon el epicentro del conflicto.

Surgida del golpe de estado de junio de 1966, la autocalificada "Revolución Argentina", puso en marcha un drástico disciplinamiento social y el congelamiento de la vida política8. Condensado en slogans referidos a la eficiencia y racionalización del gasto público, el Plan de Estabilización y Desarrollo del Ministro Krieger Vasena no solo agravió las expectativas salariales de los centros urbanos, sino que atacó a las economías regionales y a miles de pequeños propietarios rurales del norte y nordeste del país9. Los trabajadores del sector de servicios públicos recibieron los primeros embates del rigor gubernamental. Combatiendo la "ineficiencia" y el "exceso" de mano de obra, la dictadura arremetió contra los portuarios y los ferroviarios. Debido a la huelga de los trabajadores, intervino los sindicatos y encarceló a varios dirigentes10.

La intempestiva reacción antisindical no engendró medidas de solidaridad por parte de la CGT, dominada por dirigentes acostumbrados a la negociación con los militares.

Sucesivas disposiciones antiobreras pusieron al descubierto la existencia de tácticas divergentes en la conducción cegetista. Una coalición de poderosos gremios, orientados por March, Taccone, Coria y Alonso, optó por abiertas estrategias de colaboración con el gobierno11. Los sindicatos seguidores y aliados de Augusto Vandor, acostumbrados al pragmatismo y a tácticas oscilantes de confrontación y negociación, tampoco pudieron hacer frente a los primeros años de fortaleza del gobierno. El fracaso del paro convocado el 1 de marzo de 1967 señaló uno de los momentos más frágiles del vandorismo. Sin convicciones para forzar la confrontación con una huelga general de varios días, los dirigentes fueron sorprendidos por amenazantes medidas del gobierno que limitaron el accionar de la CGT. Se suspendió la personería gremial a los metalúrgicos, textiles, telefónicos y fueron intervenidos los farmacéuticos, canillitas, prensa, la Unión Ferroviaria y los trabajadores azucareros; se congelaron los salarios por 18 meses y se suspendió la ley 14.250 de negociaciones colectivas12.

Tras la dura respuesta militar, la CGT intentó reacomodarse. El Consejo Directivo presidido por Francisco Prado fue reemplazado por una comisión de 20 representantes controlada por el vandorismo. Debates y disconformismo se abrieron paso en sindicatos locales y en importantes Regionales de la CGT. Aunque inorgánico, el descontento fogoneó la disidencia en comisiones de base, logró recuperar algunos sindicatos o conformar corrientes alternativas en su seno. Estas experiencias fructificaron a fines de marzo de 1968, con la aparición de la CGT de los Argentinos. Como emergente de una intensa confrontación contra los dirigentes vandoristas, el Congreso Normalizador de la CGT "Amado Olmos", se impuso contra las maniobras de aquellos líderes y eligió al gráfico Raimundo Ongaro como Secretario General13. El movimiento sindical argentino había experimentado una profunda ruptura. Los gremios que respondían al vandorismo, al participacionismo y a otras pequeñas tendencias satélites se retiraron del Congreso solicitando al Ministerio de Trabajo que desconociera a flamante conducción de la CGT14.

Hacia un nuevo sindicalismo.

El nuevo Consejo Directivo, elegido en el Congreso Amado Olmos, estaba encabezado por Raimundo Ongaro (Gráficos), como Secretario General; Amancio Pafundi (UPCN), Secretario Adjunto; Enrique Coronel (La Fraternidad), Secretario de Hacienda; Pedro Avellaneda (ATE), Prosecretario de Hacienda; Julio Guillán (FOETRA), Secretario Gremial y de Interior; Benito Romano (FOTIA), Prosecretario Gremial y de Interior; Ricardo de Luca (Navales), Secretario de Prensa, Cultura y Propaganda; Antonio Scipione (Unión Ferroviaria), Secretario de Previsión Social. Una de sus primeras resoluciones pretendió promover un compromiso ético diferenciador. Todos los miembros del Secretariado y del Consejo Directivo debieron realizar una declaración jurada de sus bienes ante escribano; una conducta que aludía al enriquecimiento patrimonial ostentado por notorios jerarcas del sindicalismo peronista de la época15. La aparición de la CGT de los Argentinos expresó una ruptura profunda en el sindicalismo.

La nueva conducción celebró un pacto ideológico pluralista, antiimperialista, propenso a una reconstrucción "desde las bases" y promotor de iniciativas de amplia coordinación de luchas sociales y políticas. A poco andar, se convirtió en el principal espacio en el que diversos activistas combativos decidieron desplegar una política de masas16. Aunque no reunía a los sindicatos más poderosos, la CGTA aglutinaba a cuadros activistas que participaron de las huelgas y movilizaciones de 1968 (los ingenios azucareros de Tucumán, las automotrices de Córdoba, la destilería de YPF de Ensenada, la planta Electroclor de Capitán Bermúdez, Santa Fe, la gráfica Fabril, etc.), además de lograr una significativa penetración y organización en seccionales de los trabajadores del Interior del país.

La central obrera funcionó como un espacio de convergencia de militantes del peronismo revolucionario con sectores de la izquierda sindical y del movimiento estudiantil.

Su inicial influencia alcanzó a sindicatos del interior del país que se integraron a sus filas, como las delegaciones de Rosario, La Plata, Mar del Plata, Santa Fe, Paraná, Corrientes, Chaco, Tucumán, Salta, Córdoba, San Luís, Mendoza, Olavarría, Junín, Pergamino, Río Cuarto y Comodoro Rivadavia. La descentralización en la toma de decisiones y la jerarquización del papel de las regionales contrastaban con la férrea centralización ejercida por las dirigencias vandoristas rivales17. Un resultado resonante de este proyecto de construcción fue la incorporación de la Regional Córdoba de la CGT.

Fortalecido por una moderna y dinámica estructura industrial, el sindicalismo cordobés conservaba una abigarrada dosis de autonomía frente a las cúpulas nacionales de la CGT. La desconfianza que suscitaba la digitación centralizada y el proyecto político del vandorismo latía en Córdoba desde comienzos de los sesenta y daba impulso a comportamientos independientes. Distintas corrientes gremiales mantenían una participación equitativa en el Secretariado y en el Consejo Directivo de la regional. Junto al gremialismo peronista receloso de los jerarcas capitalinos convivían en la central provincial asociaciones sindicales que se declaraban independientes. Dos de ellas, el sindicato de Luz y Fuerza y la Unión Gráfica, eran orientadas por agrupaciones de izquierda; y en otras como en SMATA18, aquéllas se perfilaban como agrupaciones internas opositoras de cierto predicamento. Los unía un sentimiento antiburocrático, refractario contra el centralismo impuesto desde Buenos Aires. En este frente común, los dirigentes peronistas enarbolaban la "ortodoxia", lealtad incondicional al liderazgo de Perón (rechazo al llamado "peronismo sin Perón", preconizado por Vandor). En cambio, los líderes izquierdistas como Agustín Tosco proclamaban la necesidad de la democracia interna y la participación efectiva de los afiliados en la toma de decisiones, a través de la consulta a plenarios de delegados, asambleas, etc.19. Ambas vertientes se sintieron representados por las reivindicaciones levantadas por la CGTA e ingresaron en la central el 10 de mayo de 1968.

Por el número de afiliados y por la movilización que encabezaron, el SMATA, la Unión Tranviarios y del Automotor (UTA) y el Sindicato de Luz y Fuerza (SLyF) asumieron el rol de sindicatos líderes.

Fue este último, bajo la conducción pluralista de Tosco y Contreras, el que jugó un rol estratégico y persuasivo para lograr el ingreso de la regional cordobesa en la CGTA20. Tosco y Ongaro articularon el desafío más importante contra la burocracia sindical: la construcción nacional de una alternativa pluralista y anticapitalista. La incorporación de la regional Córdoba de la CGT fue decisiva para dotar a la CGTA del potencial social y militante imprescindible para proyectar su desarrollo nacional y aportar, quizás, el principal caudal de experiencia antiburocrática existente en la clase trabajadora argentina. El proyecto de la CGTA se plasmó en la elaboración del Programa del 1º de Mayo. El Manifiesto era un minucioso y crítico inventario de fenómenos económicos, sociales, educacionales, habitacionales, laborales, etc., inherentes a las estructuras de dominación capitalistas imperantes en el país. Repudiaba el sesgo prebendario y economicista del gremialismo tradicional. Proponía la construcción de un bloque multisectorial que, orientado por los trabajadores, expresara a grupos sociales e instituciones más amplios, entre ellos, sectores pequeño burgueses, profesionales, estudiantes, artistas y ciertas representaciones del "empresariado nacional" víctimas del capital monopolista. En los hechos, la convocatoria a los sectores empresarios no cosechó ninguna adhesión significativa, lo cual probablemente influyó en que el tono de sus interpelaciones fue adquiriendo un marcado signo izquierdizante. El claro diseño de un Frente Opositor, con fuertes anclajes entre la militancia obrera, atrajo a corrientes radicalizadas provenientes de aquel espectro ideológico21.

La crítica antiimperialista.

a. Monopolios, funcionarios y testaferros.

El programa de la CGTA denotaba un explícito compromiso antiimperialista. Lejos de una retórica de vagas conspiraciones, la crítica al imperialismo se proyectaba sobre sus concretas manifestaciones en la estructura económica: los grupos empresariales transnacionales, encarnaciones del "capital monopolista"; es decir, de un conjunto de grandes empresas cuyo liderazgo provenía de su potencial financiero y de su gravitación en la industria y en los sistemas de comercialización del país.

Bajo la impronta organizadora de Rodolfo Walsh22, los equipos de intelectuales colaboradores de la CGTA desentrañaron evidencias del proceso de concentración monopólica propiciado durante el Onganiato, además de poner al descubierto la conducta de personeros gubernamentales que se beneficiaron en las entrañas de tales intereses.

Estratégicos sectores de la producción exhibían la penetración de inversionistas extranjeros. La industria automotriz demostraba una creciente fragmentación en la que cada una de las partes caía en manos de grupos "monopolistas". Ramas tradicionalmente nacionales, como las manufacturas de cigarrillos fueron adquiridas por empresas extranjeras. Similar proceso de penetración experimentaban las industrias del sector petroquímico, textil y de la alimentación. La baja de aranceles a la importación facilitaba el ingreso de productos a precio de dumping, provocando cierres, endeudamientos, ejecuciones y desnacionalizaciones de empresas de capitalistas argentinos.

Las denuncias de la CGTA ponían al descubierto las sociedades urdidas por militares y tecno burócratas de la Revolución Argentina con personeros y directores de empresas transnacionales. El mismo ministro Krieger Vasena operaba como gerente o "testaferro" de los grupos transnacionalizados23. Director de varias empresas, bancos y financieras, había sido ministro de Economía del gobierno de Aramburu, en 1957. Durante ese período, Argentina ingresó al FMI, institución de la que el propio Krieger Vasena sería funcionario. Su gestión lo vinculó personalmente con medidas que ampararon al grupo transnacional Deltec24, responsable de la quiebra fraudulenta del frigorífico Swift. Recompensado, Krieger Vasena ingresó al directorio de algunas de sus empresas. La cooptación de funcionarios fue un dispositivo sistemático.

El súper Ministro de Economía se desempeñaba como director de tres empresas mineras pertenecientes al holding norteamericano The National Lead, de fuerte penetración en el noroeste del país; lazos similares unían al Ministro de Defensa, Emilio van Peborgh, como director de Sominar S.A., otra empresa minera norteamericana25.

Los investigadores de la CGTA constataron la concentración operada en la industria química instalada, amparada por decisiones del gobierno, como asegurarles posibilidades ventajosas para la obtención de créditos. Ducilo, dependiente del grupo Du Pont, aprovechó estos beneficios en la época en que su vicepresidente, el doctor Rodolfo Guido Martelli, fue designado Presidente del Banco Industrial de la República Argentina y su gerente, Raúl Peyceré, como Secretario de Industria de la Nación26.

Los analistas de la CGTA señalaron el encumbramiento logrado por la trasnacional con sede local Bunge y Born27.

El gigante agro industrial (exportador dominante en materia de cereales) tenía a un hombre, el doctor César Bunge, en el cargo de Ministro de Hacienda. Las autoridades reconocían en él una trayectoria confiable: dispuesto a prestar sus servicios a gobiernos militares y con experiencia en la liquidación de organismos estatales reguladores del pingüe negocio exportador28.

La central obrera también descifró la manera en que el capital trasnacional ligado al transporte marítimo fue favorecido por el gobierno militar, a través de la inclusión de jerarcas castrenses como directivos de filiales de trasnacionales norteamericanas. Otras pesquisas revelaron las ventajas de grupos monopolistas de origen inglés y norteamericano en la industria frigorífica. El control dominante que tenía sobre el sector permitía a estos grupos efectuar maniobras fraudulentas a costa de productores, consumidores y del propio fisco.

El bisturí de los redactores de CGT hurgó en el tumefacto tejido en el que se desarrollaba la exportación de carnes a Inglaterra; un coto en el que los grandes frigoríficos aprovechaban a su favor las fluctuaciones del tipo de cambio, a raíz de las devaluaciones del peso. Antes de que se produjeran, compraban a los ganaderos "al fiado" la carne que exportaban. Luego de producida la devaluación, liquidaban los pagos con una moneda nacional que había menguado su valor frente al dólar. En la opacidad en que transcurrían las transacciones hacia Inglaterra, los frigoríficos disponían de otros ardides para maximizar sus ganancias, eludiendo o mitigando las obligaciones fiscales29.

Los militantes de la CGTA siguieron atentamente el proceso de concentración que, en la segunda mitad de la década, modificó la estructura de la industria automotriz. Como en los casos anteriores, la preocupación no era el resultado de una curiosidad economicista, sino el interés urgente de enfrentar, con un diagnóstico crítico certero, las consecuencias que acarreaba en las condiciones de trabajo y en la intensificación de los ritmos de explotación de los asalariados del sector; especialmente los de la industria localizada en Córdoba. El análisis de la concentración en el sector metalmecánico era la clave para comprender el origen de las maniobras patronales que dieron nacimiento a un intenso conflicto con los trabajadores representados por el SMATA30, a la vez que una guía para el diseño de una estrategia de resistencia frente a un sector capitalista tan poderoso e internacionalizado.

b. Las "agencias imperialistas" y el sindicalismo.

Una añeja obsesión de la política exterior norteamericana, acunada desde la guerra fría y el maccarthismo, buscaba neutralizar las tendencias radicales y la influencia comunista en el movimiento obrero latinoamericano31.

Tras este propósito se movilizaron fondos y programas administrados por agencias gubernamentales, fundaciones, institutos y por líderes del sindicalismo conservador de la American Federation of Labour (AFL). Serafino Romualdi, el "embajador volante" de la AFL en América Latina, desarrolló una intensa actividad en cursos de formación y cooptación de dirigentes latinoamericanos que rechazaran al sindicalismo de confrontación de clase. Los militantes de la CGT descifraron la urdimbre local de aquella estrategia. José M. Pasquini Durán señaló el flujo de cuantiosas subvenciones, provenientes de organizaciones internacionales ligadas a la CIA y de otras agencias, a líderes e instituciones del sindicalismo anticomunista de América Latina y de la Argentina. Ese torrente financiaba institutos de capacitación de líderes sindicales partidarios de la conciliación de clases y embanderados en el campo occidental durante la guerra fría. Pasquini Durán identificó al Instituto Americano para el Desarrollo del Sindicalismo Libre (IADSL) como el mecenas principal de sindicalistas argentinos. Fundado en Washington en 1960 y apañado por la AFL-CIO y por la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID), era un complemento del programa de cooperación de la Alianza para el Progreso. Becas y cursos en EEUU atraían a dirigentes que admiraban el modelo de "sindicalismo práctico" de la AFL/CIO. Se había radicado en Buenos Aires en 1964, pero ya tenía un proselitismo consolidado en otros países de la región 32.

Pasquini Durán examinó la amplitud de los programas del IADSL. Hasta la mitad de los sesentas había adiestrado a miles de sindicalistas latinoamericanos, algunos de los cuales ingresaban a la Escuela de Adiestramiento Laboral de la Universidad de Loyola, en Nueva Orleáns. Sus actividades recibieron donaciones de más de sesenta grandes empresas norteamericanas, interesadas en "difundir el concepto de moderno sindicalismo democrático, y para contribuir al desarrollo y estabilidad de América Latina...".

Entre las instituciones aportantes figuraban la Fundación Rockefeller, la ITT, W. Grace and Co; Standard Oil; Pan American World Airways y United Corporation, entre otras, todos éstos grupos transnacionales titulares de las mayores inversiones en América Latina durante la década del sesenta33.

La CGTA señalaba a los miembros de la cúpula del Instituto como agentes o colaboradores de la CIA34. Según recordaba Pasquini Durán, el sindicalismo libre había apoyado las intervenciones militares norteamericanas en América Latina y participado en el derrocamiento de algunos gobiernos de la región. Alumnos del IADSL aprobaron, en 1964, el putsch contra Joao Goulart en Brasil y colaboraron con la reorganización sindical de la dictadura de Castelo Branco. Los sindicatos del mismo instituto aprobaron, en coro con la AFL-CIO, la intervención norteamericana en Santo Domingo un año después. Pasquini.

Durán recogía informaciones provenientes de Estados Unidos que corroboraban las sospechas sobre espionaje, apuntando la participación de funcionarios norteamericanos de la sucursal argentina en asociaciones que recibían aportes monetarios de la CIA35.

La central obrera localizó episodios concretos de la injerencia de organizaciones "imperialistas" en el sindicalismo vernáculo. Existían pruebas de la cooptación, por parte de instituciones colaterales de la CIA, de dirigentes de la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza (FATLYF); organización orientada por el peronista Juan José Taccone; una de las figuras principales de la Nueva Corriente de Opinión, es decir, el sindicalismo "participacionista" allegado a la dictadura militar del General Onganía36.

Según el relato de Pasquini Durán, los puentes de la colaboración eran disimulados a través de instituciones sindicales supranacionales y fundaciones de "estudios laborales". El informe consignaba la invitación a líderes de FATLYF para integrarse, en octubre de 1968, a una entidad sindical dirigida por líderes norteamericanos confidentes de la CIA, la Internacional de Correos, Telégrafos y Teléfonos (ICTT); también miembro del IADSL. La cúpula del ICTT comulgaba abiertamente con la política exterior norteamericana; practicaba un acendrado anticomunismo y salmodiaba las bondades de la "libre empresa". La pesquisa de Pasquini Durán reveló los roles intercambiables de funcionarios de esos institutos, una urdimbre de relaciones polifuncionales cultivadas en la atmósfera de la guerra fría. Wallace Legge oficiaba de representante interamericano del ICTT, William Doherty Jr. era el administrador del IADSL y Arturo Jáuregui era el secretario general de la Organización Regional Interamericana del Trabajo (ORIT), también aliada del sindicalismo pronorteamericano.

Representantes de la FATLYF concurrieron al Congreso del ICTT, realizado en Santo Domingo; firmaron el proyecto de organización continental de un sindicalismo de colaboración de clase y fueron anfitriones, en abril de 1969, de una nueva sesión interamericana del organismo. El periódico CGT asociaba la inclinación pronorteamericana de la conducción nacional del sindicato con no tan antiguas simpatías hacia las FFAA y con el beneplácito que sus dirigentes ofrecieron al golpe militar que derribó a Illia37.

La crítica antiimperialista no sólo esclarecía -con los procedimientos de la contrainformación de Rodolfo Walsh-, las configuraciones y mutaciones prevalecientes en la formación social argentina; también operaba como fundamento de las estrategias de movilización que, al finalizar la década, ampliaban su potencial con nuevas alianzas sociales.

Alianza y confrontación.

a) Trabajadores y estudiantes.

Los activistas de la CGTA establecieron una sólida alianza con el movimiento estudiantil para coordinar diversas iniciativas de resistencia social y política contra la dictadura militar. Las movilizaciones conjuntas encendieron las energías antidictatoriales más incisivas de la década. La CGTA apoyó activamente la lucha del movimiento estudiantil contra la Ley Universitaria y por la recuperación de sus organizaciones y prerrogativas38.

La radicalización de los estudiantes contribuyó con una notable incorporación de militantes al crecimiento de un conjunto de fuerzas que, aunque heterogéneas, configuraron un dinámico torrente de confrontación política, social e ideológica, identificadas como una emergente Nueva Izquierda. Varios de sus activistas participaron en los plenarios de debate político en el seno de la CGTA. Además de empalmar con reivindicaciones de la clase obrera, la explosión del movimiento estudiantil argentino, durante 1968, formó parte de una vasta movilización del estudiantado del mundo, expresada como intensa activación anticapitalista y antiimperialista. Estas características de la agitación estudiantil hacían reverberar en el Gobierno las hipótesis conspiracionistas internacionales. No sólo la radicalización estudiantil se había diseminado, desde los primeros meses de 1968, a las Universidades de La Plata, Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Tucumán y del Nordeste; sino que adoptaba perfiles y prácticas similares a las de los movimientos estudiantiles que conmocionaron a grandes ciudades de Europa y América Latina, entre ellos, el Mayo francés, las revueltas ocurridas en Alemania, Italia; en Méjico, en Brasil y en Montevideo39.

Un año antes del Cordobazo, la convergencia en la lucha del sindicalismo combativo y las organizaciones estudiantiles comenzaba a horadar el orden impuesto por las FFAA. La chispa la encendieron los reclamos contra la Ley Universitaria de la dictadura y los estatutos discriminatorios de las distintas universidades, las protestas gremiales contra el congelamiento salarial y el malestar reinante al cumplirse, el 28 de junio, el segundo aniversario del golpe de estado.

Una oleada de movilizaciones, barricadas y actos callejeros sacudieron a importantes ciudades del país. En el marco de esta confluencia multisectorial en lucha contra la dictadura, la CGTA propició la construcción de un frente de resistencia civil40. En Plaza Once, la CGTA y la FUA convocaron una movilización que suscitó un descomunal despliegue del aparato represivo: más de 3000 efectivos impidieron la realización del acto. Además, algunas deficiencias en la organización culminaron con centenares de detenidos, heridos y contusos41. En Córdoba, la movilización estudiantil ocupó el Barrio Clínicas y, con la participación de militantes obreros -especialmente del sindicato de Luz y Fuerza de Tosco- se reagruparon y desplegaron en 30 manzanas de la capital. La movilidad y organización de la protesta desbordó a la policía que debió recibir el auxilio del Ejército, dirigido personalmente por el General Lanusse42. El mismo día, en la capital de la provincia mediterránea, Ongaro recibió a representantes de catorce centros de estudiantes que constituyeron el Frente Estudiantil en Lucha, ampliando las posibilidades de la confrontación nacional y sectorial contra la dictadura. En La Plata, la jornada de protesta demostró una notable sincronización organizativa. Fue convocada por la FULP junto a la Intersindical de La Plata, Berisso y Ensenada, coalición de varios gremios impulsada por la CGTA. Ante la imposibilidad de concretar el acto central en la plaza San Martín, debido a la prohibición y al accionar policial, un eslabonamiento de actos relámpagos, barricadas y pedreas irrumpieron en varios distritos céntricos de la ciudad, demostrando una gran movilidad en la desconcentración y reagrupamiento de fuerzas, especialmente por parte de los núcleos estudiantiles. Un paro universitario de gran acatamiento refrendó la masividad de la jornada nacional de protesta obrero estudiantil, que se extendió al distrito fabril de Berisso. Otras protestas de similares características se produjeron en Rosario, Mendoza, Tucumán, Corrientes, Resistencia, Salta, Jujuy y Santiago del Estero43.

b) La CGTA en el Cordobazo.

Tanto el programa como la práctica de la CGTA posibilitaron a sus militantes imbricarse en las grandes explosiones de protesta desencadenadas en Córdoba, Rosario y Tucumán, en 1969.

La orientación descentralizadora en la agenda de las demandas obreras y en la toma de decisiones de su cuerpo directivo fue una estrategia que procesó las manifestaciones de malestar social y sindical ocurridas fuera de Buenos Aires. Sectores del sindicalismo de las provincias formaron parte de los núcleos más combativos de activistas de la CGTA. Esta característica fue refrendada por la permanente difusión que su periódico, CGT, ofreció de la situación laboral en las provincias y por las giras de sus líderes, especialmente Ongaro, a regiones donde se produjeron manifestaciones de resistencia sindical44.

Otro factor de la gravitación de la CGTA en la pueblada cordobesa fue la ya descripta alianza concertada con el movimiento estudiantil en las universidades de Córdoba, Rosario, Tucumán, Santa Fe, La Plata, Bahía Blanca y del Nordeste; unidad de acción expresada en los diversos conatos regionales de la protesta social contra la dictadura, iniciada frecuentemente por la agitación de los estudiantes universitarios. En esas ciudades, los locales de la central obrera, se pusieron a disposición de las reuniones y actividades programadas por las federaciones universitarias y por las agrupaciones que militaban en su seno. Recíprocamente, representantes y oradores de la CGTA se solidarizaban y participaban en los actos estudiantiles.

En el marco de esta alianza, los reclamos de índole gremial se potenciaron con la estrategia política antidictatorial, en la cual se inscribieron las acciones por la recuperación de las libertades democráticas, los reclamos por la liberación de los presos políticos, gremiales y estudiantiles, la derogación de la ley universitaria prohijada por el régimen, las campañas contra la censura y el oscurantismo cultural, etc. Estas prácticas estuvieron presentes, en mayo de 1969, en los episodios que precedieron y desencadenaron el Cordobazo No era ninguna novedad que los fenómenos convergentes en la explosión de la protesta cordobesa venían siendo descriptos y analizados en las páginas de CGT o formaban parte de los repertorios de acciones y pronunciamientos de los activistas de la central sindical. Efectivamente, como corroboraron estudios posteriores, la rebelión estalló tras un encadenamiento de decisiones gubernamentales irritantes, agravios originados por conductas de empresarios, represiones al movimiento estudiantil y reacciones conjuntas de trabajadores y estudiantes. El 29 de mayo esa confluencia hizo de la capital provincial el escenario de una masiva protesta política, cuyas consecuencias afectaron a actores e instituciones de la escena nacional, así como obligaron a replantear la estrategia y los liderazgos en el seno del gobierno militar.

Entre los detonantes específicos de la provincia, la CGTA denunciaba la cruzada autoritaria del gobernador Carlos Caballero, un adalid del proyecto "corporativista" que, con el ropaje de "comunitarismo", se proponía como sustituto de la actividad política y de los partidos, tal como emanaba de las locuaces declaraciones del Ministro Borda y de los balbuceos del parco General Onganía 45.

Caballero denostaba por "anacrónicas" y disfuncionales a las fuerzas políticas organizadas; además de enzarzarse en una vitriólica contienda verbal contra los movimientos sindicales y estudiantiles, en quienes veía a expresiones de desorden social y subversión política.

Según la CGTA, las provocaciones del gobierno provincial tuvieron consecuencias inflamables sobre el curso de un convulsionado panorama laboral. Los activistas de la central obrera venían denunciando el malestar provocado por leyes, como la 18.204, que eliminaba el llamado sábado inglés en Córdoba y otras provincias. Transformada en quita salarial, la ordenanza provocó la respuesta del poderoso gremio metalmecánico, SMATA, liderado por el peronista antivandorista Elpidio Torres. Planes de lucha, paros, movilizaciones desnudaban la perduración de una conflictividad que se mantenía latente desde hacía un par de años.

Aunque la conducción del SMATA no se había integrado a la CGTA y mantuvo relaciones ambiguas con el vandorismo, agrupaciones identificadas con el sindicalismo de liberación ongarista - como la Agrupación Lista Azul - participaron en el movimiento de resistencia de los mecánicos ante la ofensiva de las empresas trasnacionales o "monopolios" del sector.

La CGTA había analizado las causas soterradas del conflicto y evaluado formas organizativas de resistencia a los planes del sector empresario. Su periódico desarrolló una campaña de esclarecimiento y denuncias contra las medidas antilaborales que, amparados por las disposiciones económicas de los gobiernos nacional y provincial, llevaron a cabo los empresarios.

El otro factor decisivo en la revuelta, el movimiento estudiantil de las principales universidades había conformado, como ya se mencionó, una alianza fluida con la central obrera. Sus protestas adquirieron una rápida diseminación nacional. Tal como consignaba CGT, las revueltas eran provocadas por diversos episodios de represión policial, así como por actitudes y medidas reaccionarias de algunos rectores e interventores de las casas de estudio. Claramente, desde comienzos de 1969, esa dinámica se irradiaba desde el norte hacia el centro y sur del país como un eslabonamiento de protestas en las universidades más importantes. Los sucesos en la Universidad del Nordeste tuvieron inesperadas e incontrolables repercusiones.

Desde el 12 de mayo, una movilización y huelga estudiantil había rechazado el encarecimiento de los productos del comedor universitario en ambas sedes de la Universidad, reclamando la renuncia del Rector Walker y de los decanos. Las simpatías gremiales hacia el movimiento estudiantil se plasmaron rápidamente en Corrientes: los estudiantes organizaron un comedor alternativo en la sede de la CGTA. Al día siguiente, una asamblea de alumnos en la sede Resistencia fue desalojada por la policía, produciéndose gran número de detenidos. El 14, se realizó una olla estudiantil en la Catedral de la capital chaqueña. El día 15, en los actos estudiantiles en la Plaza Cabral de Corrientes, tras un feroz ataque policial, fue asesinado Juan José Cabral46. La conmoción embargó a la Provincia. Varios profesores exigieron la renuncia del rector y los abogados de Resistencia proclamaron una huelga de repudio. El 16 se produjo una Marcha de Silencio en la ciudad de Corrientes, mientras una multitud acompañó el cortejo fúnebre en Paso de los Libres. Varios profesores de la Escuela de Policía renunciaron. El 17 de mayo, la protesta y movilización estudiantil se extendió a las Universidades de La Plata, Tucumán, Córdoba y del Litoral (Santa Fe). Como respuesta y para desarticular la acción estudiantil, los rectores de varias unidades académicas suspendieron durante algunos días las clases.

Los disturbios y las protestas se extendieron a Rosario, epicentro de graves sucesos. Al atardecer, organizaciones estudiantiles y sindicales de la ciudad se lanzaron a las calles en repudio por el asesinato de Cabral. En las refriegas en el centro de la ciudad, las fuerzas policiales dieron muerte al estudiante Adolfo Bello. Al día siguiente, en la sede de la CGTA de Rosario, líderes sindicales y estudiantiles organizaron una Marcha de Protesta y Repudio para el 21 y un paro general para el 23 de mayo.

Las marchas de silencio y repudio se reprodujeron en importantes universidades del país. El 20 de mayo, en representación de la CGTA, Ongaro participó del acto de conmemoración que se realizó en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. En Tucumán, las protestas desembocaron en actos relámpagos, barricadas y gases lacrimógenos frente a la Casa de Gobierno.

El mismo día, en el local de la CGTA de Rosario se organizó una olla popular para los estudiantes.

Decenas de pequeñas escaramuzas y breves actos de agitación en calles o frente a edificios importantes se desarrollaron en las principales ciudades del país por parte de núcleos de estudiantes y activistas gremiales. La movilidad que reflejaban las protestas operó como técnica de cansancio y desorientación sobre las fuerzas policiales, dando rienda suelta a los rumores de autoacuartelamiento47

El 22 de mayo varias universidades del país fueron protagonistas de actos y refriegas. Las principales facultades de la UBA organizaron diversas protestas callejeras, sumándose también a la acción estudiantes secundarios y alumnos de la Universidad del Salvador. En Rosario, una seguidilla de actos y barricadas en los que participaban estudiantes y trabajadores desbordaron a las fuerzas policiales, produciéndose otra muerte de manifestantes48.

La ciudad fue declarada "zona de emergencia" por el General Fonseca, Jefe de la Policía Federal.

La agitación estudiantil se generalizó en todo el país en las semanas finales de mayo. El paro y movilización, decretado por la CGT cordobesa, el día 29 marcó el punto culminante de la protesta unificada. Las columnas de manifestantes de SMATA, provenientes de IKA-Renault, y las del gremio de Luz y Fuerza, acompañadas por estudiantes, empleados, hombres y mujeres (unas 40.000 personas según informes policiales), ocuparon varios lugares de la Capital, dando lugar a dramáticos enfrentamientos. "Durante dos semanas, concluía CGT, se sacudió el país, es cierto. Pero todavía quedan muchos para mantear. O hacer otra cosa, en fin"49.

c) Frente social y cultural.

Partidarios de consultar bases sociales más amplias, los activistas de la CGTA convocaron a otros sectores en proceso de activación.

La nueva identidad combativa se forjaba con la integración de equipos de profesionales universitarios, abogados, técnicos, artistas e intelectuales que inscribieron sus prácticas en el seno de la central obrera combativa50. Como fruto de esta confluencia, los intelectuales enrolados en la central obrera desarrollaron una serie de intervenciones críticas, características de la agenda anticapitalista de los años Sesenta: estudios sobre las ramificaciones del capital trasnacional en la economía nacional, sobre la marginación social provocada por las políticas económicas gubernamentales en el noroeste, sobre los dispositivos de cooptación de dirigentes sindicales, sobre las raíces de la burocratización gremial; la concentración monopólica en los medios de comunicación, experiencias de ruptura de las vanguardias artísticas comprometidas con las luchas de los trabajadores, etc.51.

El frente social de resistencia impulsado por la CGTA despertó las simpatías y el apoyo del recién creado Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo (MSTM)52.

Influida por la tradición obrera y resistente del peronismo, la práctica terrenal de los curas radicalizados acogió las demandas de los sectores más sumergidos del proletariado argentino.

Algunos de sus miembros se insertaron en el trabajo en las fábricas del cinturón industrial metropolitano, participaron del movimiento gremial y recorrieron un camino que dejó una marca imborrable en sus vidas53. Sin embargo, la inserción más profunda de estos clérigos y laicos se produjo entre los trabajadores de zonas rurales, especialmente en Tucumán y en las empobrecidas provincias del nordeste54.

Identificada con la ética emancipadora cristiana de Ongaro, una creciente ola de simpatía de los militantes cristianos se abrió camino en apoyo al programa y las perspectivas de la CGTA. Miembros de las comunidades cristianas de base, curas obreros, intelectuales y teólogos de la liberación55, promovieron un compromiso activo con la central obrera y encontraron en sus ámbitos de militancia y en su periódico un generoso espacio de difusión. Iniciativas solidarias de la CGTA, como la ayuda militante a los obreros tucumanos - por ejemplo, a los cesanteados del ingenio San Pablo-alentaron la adhesión de sacerdotes y militantes cristianos56. La CGTA apoyó, en noviembre de 1968, otra experiencia radical impulsada por sacerdotes tucumanos, la lucha por la obtención de tierra para el funcionamiento de la Cooperativa Agropecuaria Fray Justo Santa María de Oro, de la localidad de Monte Grande. El conflicto se suscitó a raíz de las dilaciones y negativas de un gobierno provincial demasiado alineado con los patronos de la rosca azucarera norteña. "Hoy estamos de pie -señalaron- porque se nos ha dicho que el espíritu del Señor hace violencia para la liberación de los pobres"57. Mientras la cúpula eclesiástica tenía una relación complaciente con el gobierno militar, el programa de transformaciones estructurales de la CGTA ofrecía un fundamento concreto y entusiasta para el evangelio de la liberación preconizado por los cristianos radicalizados.

d) Los dilemas de la construcción política.

Como fruto de las experiencias unitarias, los activistas de la CGTA insinuaron formas incipientes de construcción política. Al calor de la tarea de apoyo a los trabajadores petroleros de Ensenada58, la CGTA comenzó a delinear dispositivos de acumulación política para la resistencia. La confluencia se proyectaba también como una lucha por la recuperación de las libertades cívicas y los derechos soberanos del pueblo. El 24 de octubre promovió un encuentro de activistas sindicales, estudiantiles y agrupaciones políticas radicalizadas59. La unidad remitía al Programa del Congreso Normalizador y al Manifiesto del 1º de Mayo de la central obrera. Instaba a construir un "eje reagrupador" que posibilitara "la paulatina formación del Movimiento Revolucionario que organice y encuadre las luchas generales de los trabajadores y el pueblo"60. Quizás existía entre los activistas peronistas e izquierdistas una confianza sobredimensionada en la proyección de este capital político impugnador. Consideraban a la CGTA como la mayor fuerza organizada contra el gobierno militar. Esta responsabilidad les planteaba el desafío de promover estrategias insurreccionales más amplias que las revueltas fabriles. Según la central obrera, las luchas populares habían ingresado a una nueva etapa con la ampliación de la capacidad combativa de la población (trabajadores, estudiantes, inquilinos). Se requerían, por lo tanto, nuevos instrumentos de confrontación contra el régimen militar. Este podía derrotar las protestas que se producían aisladamente, concentrando su capacidad represiva. No alcanzaba con ocupar una fábrica si el barrio donde estaba emplazada, los vecinos, estudiantes, comerciantes, etc., se comportaban como espectadores pasivos. (Lo mismo ocurría con iniciativas similarmente inconexas protagonizadas por estudiantes, inquilinos y arrendatarios). Se volvía imprescindible coordinar los conflictos sectoriales. Puesto a pensar esta cuestión, el semanario CGT consideraba al barrio, a la región, a la comarca como espacios más efectivos para la lucha de masas.

Las experiencias territoriales harían gestar a los cuadros organizadores de las inminentes oleadas insurreccionales61.

Frente a estos desafíos, se confería al espacio sindical una gravitación preferencial para la unificación de las energías revolucionarias. Cada local sindical obraría como un eje organizador que congregaría y potenciaría las reivindicaciones multisectoriales de trabajadores, estudiantes, intelectuales, sacerdotes, pequeños comerciantes, inquilinos, militantes políticos62. La afirmación voluntarista de la central combativa alojaba en su seno signos de controversias y debates difíciles de conciliar entre activistas de gremios con disímiles experiencias de confrontación y radicalización. Algunos activistas plantearon serias objeciones al periódico, específicamente al contenido de algunos temas tratados y al sesgo dominante de la producción intelectual que los elaboraba. Para ciertos militantes de base, faltaba la voz directa, sin intermediarios, de los trabajadores63. Aunque esta opinión de disconformidad no se vio generalizada en los números posteriores, y fue refutada por la intervención de otros militantes de la CGTA, probablemente expresara sentimientos latentes, aunque no organizados, en otros sectores del campo gremial. El lenguaje combativo, la radicalidad izquierdista de ciertas consignas, propias del movimiento estudiantil, quizás contribuyeran a distanciar a los núcleos militantes con líderes sindicales más moderados con los que compartían la organización. Los líderes de la CGT de Azopardo sacaron provecho de la crítica a la injerencia militante y estudiantil en la entidad conducida por Raimundo Ongaro64.

Otra cuestión controversial latía entre las agrupaciones peronistas revolucionarias y el arco de los activistas de izquierda. En algunas ocasiones, el llamado a la unidad en la lucha antidictatorial colocaba en un lugar central el derecho del General Perón a retornar al país.

Si bien esta demanda no era objetada por ninguna de las agrupaciones, sí lo era la reivindicación de su jefatura del bloque de resistencia política.

Aunque no se materializara en conatos de rupturas, esa tensión emergió como debate abierto luego del Cordobazo y en los años que siguieron a la disolución de la central.

La CGTA no pudo consolidar una alternativa duradera y superadora frente al aparato vandorista y participacionista reagrupado en la CGT de Azopardo. El drástico aislamiento sobrevino en las semanas posteriores al Cordobazo y tuvo consecuencias devastadoras para la organización. Los embates represivos de la dictadura se ensañaron contra la central obrera, provocando la detención de sus cuadros dirigentes, la clandestinidad de su periódico y de sus militantes y fuertes sanciones a los sindicatos adheridos65.

Como fruto de esa ofensiva, algunos gremios abandonaron la organización para mantenerse transitoriamente independientes o incorporarse a la CGT vandorista. Otro factor gravitante en el debilitamiento provino del pronunciamiento de Perón, instando a cerrar filas junto a la conducción de la CGT Azopardo. A comienzos de 1970, sólo quedaban agrupaciones sindicales clandestinas que mantenían dificultosamente la identidad combativa, a través de una prensa discontinuada y perseguida66.

Epílogo.

Un año antes de la explosión social del Cordobazo, la constitución de la CGTA aglutinó un torrente de activistas, protagonistas de la radicalización que enfrentó y minó las expectativas de perpetuación del autoritarismo militar. En su seno, los militantes provenientes del peronismo revolucionario articularon acuerdos o alianzas con activistas sindicales izquierdistas, materializados en agrupaciones y corrientes opositoras a la burocracia sindical que, en ocasiones, alcanzaron la conducción de seccionales de gremios y delegaciones regionales de la CGT.

La creación de la CGTA, una experiencia en la que tuvieron un protagonismo decisivo organizaciones obreras del interior del país, insinuó un proyecto sindical alternativo pluralista que disputó al sindicalismo peronista tradicional el liderazgo en el movimiento obrero. Sus organizaciones alentaron la movilización social contra los sectores empresariales beneficiados por la política económica militar y, conjuntamente con las organizaciones estudiantiles, dieron nacimiento a las luchas por la recuperación de las libertades democráticas aplastadas por la autocracia militar.

Las concepciones antiimperialistas de la CGTA no sólo revelaron la preponderancia de las tramas monopolistas, sus agentes y beneficiarios en la economía argentina. También fundaron nuevas estrategias de movilización de los trabajadores, como las experimentadas en los grandes establecimientos automotrices e industriales cordobeses, que las transformaron en el conflicto más desafiante contra la dictadura militar y principal detonante del Cordobazo.

La unificación de distintas vertientes de la protesta social contra la dictadura, convocando a sectores medios -estudiantes, técnicos, profesionales, intelectuales, artistas, clérigos combativos-, contribuyó decisivamente al desarrollo del proceso de contestación anticapitalista que se desplegó en los primeros años de la década del setenta.

En los senderos de su experiencia, en las posibilidades y límites de sus prácticas, en los ulteriores reagrupamientos políticos que ensayaron sus activistas (Peronismo de Base, FAP, MR 17 de Octubre, PRT, izquierda clasista, insurreccional y pro guerrillera, etc.), podemos avizorar un proyecto de confluencia de las vanguardias sindicales, políticas y culturales que permite comprender los itinerarios y los protagonistas de la radicalización en la década siguiente.

Notas

1- Por ejemplo, los muy valiosos libros de DANIEL JAMES, Resistencia e integración, Bs. As., Sudamericana, 1990; PATRICIA BERROTARAN Y PABLO POZZI, Ensayos inconformistas sobre la clase obrera argentina, (1955/1989), 1994, Bs. As., Letrabuena. PABLO POZZI y ALEJANDRO SCHNEIDER, Los setentistas, Bs. As., Eudeba, 2000

2- JAMES BRENNAN, El Cordobazo. Las guerras obreras en Córdoba, 1955-1976, Bs. As., Sudamericana, 1996. MONICA GORDILLO, "Los prolegómenos del Cordobazo: los sindicatos líderes de Córdoba dentro de la estructura de poder sindical"; en: Desarrollo Económico, v. 31, nº 122, julio- septiembre de 1991. También CARLOS E SANCHEZ, "Estrategias y objetivos de los sindicatos argentinos", Documento de Trabajo nº 18, Córdoba, Instituto de Economía y Finanzas de la Universidad Nacional de Córdoba, 1973,. JORGE LANNOT, ADRIANA AMANTEA EDUARDO SGUIGLIO, Agustín Tosco, conducta de un dirigente obrero, Bs. As., CEAL., 1984. OSCAR ANZORENA, Tiempo de violencia y utopía, 1955/1975, Bs. As., Contrapunto, 1988.

3- La Nueva Izquierda Argentina, 1955-1976. Aportes al estudio de la Historia Reciente (Código H 438). Equipo dirigido por el Dr. Alfredo Raúl Pucciarelli e integrado por los profesores Ana Barletta, Cristina Tortti, Ana Lenci, Mauricio Chama, Adrián Celentano, Ana Julia Ramírez, Magdalena Lanteri, Emmanuel Kahan y Talia Meschiany. Proyecto aprobado por la UNLP, en enero de 2006, para el programa de incentivos a la investigación del Ministerio de Educación de la Nación.

4- El acervo completo del estado de la cuestión sobre la bibliografía se encuentra JUAN ALBERTO BOZZA, LA CGT DE LOS ARGENTINOS. UNA EXPERIENCIA DE RADICALIZACIÓN SINDICAL, Inédito, 2003.

5- RICHARD GILLESPIE, Soldados de Perón, Bs. As., Grijalbo, 1997, p. 70.

6- LILIANA DE RIZ, La política en suspenso, 1966-1976, Bs. As., Paidós, 2000, p. 64. SILVIA SIGAL, Intelectuales y poder en la década del sesenta, Bs. As., Puntosur, 1991, p. 247. El dictamen de Mónica Gordillo resulta más implacable: la CGTA no habría expresado una radicalización sindical, ya que" no tenía un programa anticapitalista". Intervención en las IV Jornadas de Trabajo sobre Historia Reciente, Facultad de Humanidades y Artes, UNR, 16 de mayo de 2008

7- El Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, conducido por Agustín Tosco, fue el principal promotor del ingreso de la regional Córdoba en la CGTA, en los primeros días de mayo de 1968.

8- Los partidos políticos fueron proscritos, la libertad de prensa mutilada, el congreso clausurado, la Corte Suprema removida, la universidad intervenida. Cf. LILIANA DE RIZ, La política en suspenso, 1966-1976, Bs. As., Paidós, 2000, pp. 41-44.

9- La quita de subsidios y el cierre de ingenios en Tucumán provocaron un intermitente conflicto social con movilizaciones y tomas de tierras impulsadas por la FOTIA y apoyadas por grupos de sacerdotes radicalizados, dos sectores que bregaron por nuevas formas de organización sindical que canalizaran las urgentes demandas de los asalariados del interior. En el conflicto tucumano, las fuerzas policiales asesinaron a la militante y organizadora de las ollas populares Hilda Guerrero, MIGUEL MURMIS, SILVIA SIGAL y CARLOS WAISMAN, "Tucumán arde"; en: Cuadernos de Marcha, nº 27, Montevideo, julio de 1969, pp. 43-49.

10- El SUPA, La Fraternidad y la Unión Ferroviaria fueron intervenidos por funcionarios del gobierno militar.

11- Representantes de los empleados de comercio, de Luz y Fuerza, de la construcción y de la industria del vestido, respectivamente. La así llamada Nueva Corriente de Opinión expresaba a sectores inclinados al "pacto amarillo". Cf. ARTURO FERNANDEZ, Ideologías de los grupos dirigentes sindicales (1966-1973), T. 2, Bs. As. CEAL, 1986, p 12.

12- CGT, nº 1, 1º de mayo de 1968. También DANIEL JAMES, Resistencia... op. cit., p. 291- 292.

13- En virtud de las medidas coercitivas del gobierno, solo 59 organizaciones estaban en condiciones estatutarias para votar. Pero el plenario reunido rechazó los criterios surgidos del gobierno y defendidos por los vandoristas y aceptó a todas las representaciones, que sumaban 393 delegados. La Nación, 28 y 29 de marzo de 1968.

14- Los vandoristas conservaron la sede gremial de la calle Azopardo. El Consejo Directivo de la CGTA sesionó en la sede de la Federación Gráfica, en la avenida Paseo Colón.

15- Un comunicado de la CGTA anunciaba: "Para que los trabajadores puedan verificar que en esta CGT de los argentinos, nadie se enriquece de la noche a la mañana para comprar autos de lujo, colecciones de pintura, perros de caza". Ya Amado Olmos, el mentor de la recuperación combativa de la CGT, había declarado: "Hay dirigentes que han adoptado las formas de vida, los automóviles, las casas, las inversiones y los gustos de la oligarquía a la que dicen combatir..." Reproducido en CGT, nº 1, 1 de mayo de 1968. Vandor, Coria, March, entre otros, ya disfrutaban de un nivel de vida propio de empresarios dispendiosos.

16- Entre ellos Raimundo Villaflor, Leandro Fote, Gustavo Rearte, Armando Jaime, Ricardo de Luca, Jorge di Pascuale, Benito Romano, etc. Sindicatos como los mecánicos navales, empleados de farmacia, de publicidad, cortadores de cuero, gráficos, telefónicos, etc., ejercieron una importante influencia impugnadora, desde la CGTA, al Onganiato.

17- MONICA GORDILLO, Córdoba en los ‘60. La experiencia del sindicalismo combativo, Córdoba, REUN, 1996, p.111.

18- El Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor, conducido nacionalmente por Dirk Kloosterman y José Rodríguez, no ingresó en la CGTA y se mantuvo, durante cierto tiempo, independiente. Sin embargo, en su seno se constituyeron listas opositoras como la Azul, formada por activistas miembros de agrupaciones de la central obrera presidida por Ongaro.

19- (...)"no hay otra relación posible que la democracia de bases. Es decir el contacto directo entre los trabajadores y sus representantes o dirigentes. La concientización a nivel de bases. La reciprocidad del intercambio de opiniones. Las asambleas generales, las de sectores, las de unidades de trabajo... nada es válido, sin la democracia de bases y la consecuente reciprocidad entre las bases y las direcciones". "Entrevista a Agustín Tosco"; en: Cristianismo y Revolución, noviembre diciembre de 1970.

20- Debido al compromiso de Tosco con la CGTA, el Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba fue castigado con la suspensión de su afiliación a la Federación Nacional de trabajadores del sector. AGUSTIN TOSCO. Escritos y discursos, (selección de Osvaldo Lannot), Bs. As., Contrapunto, 1988, p. 35.

21- La convocatoria incluía a "los empresarios nacionales, para que abandonen la suicida política de sumisión a un sistema cuyas primeras víctimas serán ellos mismos...Ustedes eligen sus alianzas: que no tengan que llorar por ellas". "CGT de los Argentinos. El Programa del Primero de Mayo de 1968"; en CGT, nº 1, 1º de mayo de 1968. En octubre de 1968, propició un encuentro de agrupaciones políticas radicalizadas para sentar las bases del enfrentamiento contra la "dictadura de los monopolios" y rechazar las componendas de dirigentes en pro de las "falsas salidas electorales". CGT, nº 27, 31 de oct. de 1968.

22- Walsh fue el director del periódico CGT, órgano de difusión de la CGTA. Lo concebía como instrumento de organización y vehículo de contrainformación. Entre 1968 y 1970 se editaron 55 números. JUAN ALBERTO BOZZA, "La palabra urgente. CGT. El periódico de la CGT de los Argentinos", IV Jornadas de Historia de las Izquierdas "Prensa política, revistas culturales y emprendimientos editoriales de las izquierdas latinoamericanas", CeDInCI (Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en la Argentina), Buenos Aires, 14, 15 y 16 de noviembre de 2007.Entre las varias biografías del director de CGT se destaca la de EDUARDO JOZAMI, Rodolfo Walsh. La palabra y la acción, Bs. As., Grupo Editorial Norma, 2006.

23- Rogelio García Lupo, intelectual orgánico de la CGTA y redactor de su periódico, así lo definió: "Krieger Vasena no es un empresario; un creador de industrias, un productor del campo, un explorador del subsuelo. Nada de eso. Krieger Vasena es uno de lo diez testaferros internacionales mejor cotizados en las sociedades de negocios de la Argentina". ROGELIO GARCIA LUPO, Mercenarios y monopolios, Bs. As., Legasa, 1988, p. 34. Por linaje familiar heredó los vínculos con la gran burguesía local y extranjera. Su padre, turco nacido en Jerusalén, fue propietario del Banco Finanzas y Mandatos, muy relacionado con el gobierno dictatorial de Uriburu. Su madre pertenecía a la familia propietaria de la metalúrgica Vasena, donde se originaron los sucesos de la Semana Trágica.

24- El consorcio dedicado al comercio internacional de carnes, tenía su sede central, en Nassau, Bahamas.

25- Además de la National Lead Corp., Krieger era director de otras sociedades vinculadas a ella, Metalmina S.A. y Minera Castaño Viejo S.A.. "Los monopolios en el poder", en CGT de los Argentinos (recopilación de documentos de la central obrera), Bs. As., Federación Gráfica Bonaerense, 1973, p. 35.

26- El presidente saliente del Banco Industrial era Emilio van Peborgh, oficial simultáneo de la Fuerza Aérea Argentina y de la R.A.F británica, Ministro de Defensa y miembro del directorio de Sominar S.A. CGT nº 5., 30 de mayo de 1968, también CGT de los Argentinos (recopilación de documentos de la central obrera), op. cit., p. 151.

27- El presidente de Bunge y Born, Mario Hirsch, fue designado consejero económico del presidente Juan Carlos Onganía. "Los monopolios en el poder..." op. cit., p. 35.

28- Cuando Bunge fue designado ministro de Comercio por el gobierno de Aramburu, en 1957, se desempeñaba como abogado consultor de Bunge y Born. Entre sus principales medidas figuró la liquidación del IAPI, el instituto oficial que compraba a los productores y vendía al exterior.

29- Inglaterra era el único importador de carne argentina que no pagaba al contado, sino que la recibía "en consignación". El precio final de esas exportaciones solo se sabía después de un remate. El gobierno, que obligaba a los exportadores a otros mercados a ingresar la totalidad de los dólares de su venta, no hacía lo mismo con los frigoríficos que abastecían a Inglaterra. Como "no se sabía" el precio final de la carne en Londres, las autoridades les fijaban un ingreso del 70 por ciento sobre un precio promedio, con lo cual los frigoríficos embolsaban una renta adicional. Según la CGTA, entre los años 1965 y 1967, los frigoríficos sustrajeron al fisco 25 millones de dólares. "Los monopolios en acción"; CGT nº 8, 20 de junio de 1968.

30- Para el conflicto estallado en Córdoba en agosto de 1968, véase JUAN ALBERTO BOZZA, "Resistencia y radicalización. La CGT de los Argentinos"; IXº Jornadas Interescuelas Departamentos de Historia, Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba. Facultad de Filosofía y Humanidades. Escuela de Historia, 24, 25 y 26 de septiembre de 2003.

31- Las purgas anticomunistas la aplicaron al mismo sindicalismo norteamericano. Por presiones gubernamentales, los activistas comunistas fueron expulsados del CIO, en 1945. En 1947, la administración Truman prohijó la ley Taft/Hartley, que les prohibía desempeñar cargos en todo el sindicalismo del país. Roxborough Ian, "La clase trabajadora urbana y el movimiento obrero en América Latina desde 1930". En: LESLIE BETHELL comp.(1994), Historia contemporánea de América Latina, Barcelona, Crítica, p. 150.

32- Antes de su aparición en Argentina, el IADSL había hecho sus progresos en Uruguay. En 1962 había cooptado, a través de su filial, el Instituto Uruguayo de Estudios Sindicales, a una de las centrales sindicales que disputaba la representación de la clase obrera, la Confederación Sindical Uruguaya (CSU). Este sector estuvo en contacto hasta el comienzo de la década de 1970 con funcionarios del espionaje norteamericano y de la AFL/CIO y recibió ingentes subsidios para enfrentar al sindicalismo orientado por la izquierda oriental La filial uruguaya del IADSL estuvo dirigida por el norteamericano Charles Wheeler. El hombre de la AFL/CIO, Rubenstein, operaba como agregado laboral de la embajada norteamericana en Montevideo. En abril de 1970, el semanario izquierdista El Popular exhibía la prueba de un recibo por 1.500.000 pesos remitido por el IADSL en beneficio de la cúpula de la CSU. Citado en Historia de los Tupamaros (1988), Montevideo, TAE, tomo I, p. 26.

33- Según CGT, cerca de 80000 sindicalistas habían sido adiestrados por los cursos del IADSL, a fines de los sesenta. JMPD, "La penetración en los gremios"; en. CGT nº 43, 24 de abril de 1969. El mismo semanario anunciaba que importantes personeros de la dictadura de Onganía estaban relacionados con estos grupos. Krieger Vasena era director de tres compañías mineras norteamericanas controladas por la corporación Rockefeller. El canciller Costa Méndez y el almirante Gnavi estaban asociados con William Reynal, accionista de las empresas de aeronavegación privadas ALA y Austral, parte de cuyo paquete accionario era propiedad de la Pan American. Esta, a su vez, estaba ligada a los grupos Morgan y Mellon, propietarios en la Argentina de SOFINA CADE. Cf. José Pasquini Durán, "Denunciamos penetración imperialista en los gremios"; en CGT, nº 19, 5 de septiembre de 1968.

34- El administrador y el tesorero del IADSL, William Doherty Jr y Joseph Bairne, respectivamente, eran hombres de la Agencia. Según refería el Washington Post: "En círculos próximos al IADSL, se dice que su programa publico es perjudicado por sus actividades secretas, que consisten en recoger información". La prensa norteamericana confirmaba múltiples vinculaciones entre capacitación sindical y espionaje. El Programa Internacional de Formación Sindical, desarrollado por la Universidad de Cornell y financiado por la CIA había sido sufragado con 300.000 dólares. Citado por JMPD, "La penetración..." en: CGT, nº 43, 24 de abril de 1969.

35- Según un periodista del Washington Post, "la atención particular prestada por el IADSL a los asuntos del espionaje le ha traído más enemigos que amigos entre los trabajadores de América Latina". Citado por José M. Pasquini Durán "Denunciamos la penetración..." en: CGT nº 19, 5 de septiembre de 1968.

36- Coria, Cavalli, Taccone, March eran asiduos interlocutores participacionistas del gobierno militar instalado en 1966. El Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, liderado por Agustín Tosco, fue una seccional opositora que enfrentó implacablemente la orientación pro gubernamental de la FATLYF.

37- Concurrieron al Congreso de Santo Domingo Néstor Piferrer, secretario general del SLyF de Capital y Jesús Blanco, como presidente de la FATLYF. En marzo de 1966, altos jefes militares visitaron la sede capitalina del SLyF. "Con profunda emoción adhiero a los propósitos patrióticos de ese sindicato", telegrafió el general Onganía. Citado por JMPD en "La penetración en los gremios", CGT, nº 43, 24 de abril de 1969.

38- "Hoy los estudiantes enarbolan banderas de lucha y sus vanguardias empiezan a pagar el precio de esa decisión en las cárceles... Es una batalla que nuestros hermanos estudiantes no pueden perder si cuentan con el respaldo incondicional de los trabajadores... Compañeros: que haya una delegación de trabajadores en cada acto estudiantil y viceversa..." CGT, nº 6, 6 de junio de 1968.

39- Según La Nación, los movimientos estudiantiles tenían una "asombrosa simultaneidad universal": en Nueva York, Roma, Tokio, París y en La Plata. Para la tribuna de los Mitre, existían "órdenes que cursadas por extraños carriles secretos son inmediatamente ejecutadas por secuaces siempre dispuestos a la sumisión". "Editorial", 2 de mayo de 1968.

40- La Nación, 29 de junio de 1968.

41- La Nación, 29 y 30 de junio de 1968; CGT, nº 10, 4 de julio de 1968. Según ciertos medios de información, la magnitud del acto convocado había provocado el acuartelamiento de las tropas de Campo de Mayo. El Día, 29 de junio de 1968.

42- En el acto convocado por la CGTA de Córdoba, y prohibido por el Gobierno, el ex presidente Arturo Illia concurrió a dar su solidaridad a la clase obrera cordobesa y a Raimundo Ongaro. La Nación, 29 de junio de 1968.

43- CGT, n º 10, 4 de julio de 1968; El Día, 29 de junio de 1968. La Nación, 29 de junio de 1968.

44- En 1968 y 1969, Ongaro viajó varias veces a Tucumán, a solidarizarse con los movimientos huelguísticos, movilizaciones y ocupaciones de tierras, cooperativas en los ingenios azucareros. Córdoba fue otra región privilegiada por las acciones de la central obrera. Allí la participación de Ongaro adquirió predicamento e irradiación provincial merced a la coordinación con Agustín Tosco, del S L y F y con Atilio López del gremio de los conductores del transporte público (UTA).

45- Con tal objetivo había tenido lugar, el 6 de mayo, en la ciudad de Alta Gracia, una reunión de gobernadores, a la que concurrió el General Onganía, para impulsar el proyecto "comunitario", un ensayo de organización corporativa de las instituciones del establishment que asumía la función de "consejo asesor económico y social" de la política oficial, con la meta de sustituir la representación de los cuestionados partidos políticos. La Nación, 7 de mayo de 1969.

46- Según un matutino regional, la policía cargó a sable desenvainado "disparando pistolas 45 y bombas lacrimógenas (...) rematando todo ello con el ametrallamiento a mansalva, disparando las PAM al bulto, manejadas por criminales vestidos de civil, pero que no pertenecen al hampa, sino a la oficialidad de la policía correntina". Norte, 16 de mayo de 1969.

47- Este rumor embargó a la policía cordobesa en aquellos días, tal como los consignó un diario cercano a los servicios de informaciones: "Dentro de la repartición policial el personal no se preocupa ya en ocultar el tremendo descontento que lo embarga, debido a los escasos emolumentos que perciben, cosa que como lo anunciáramos días atrás, amenazó y amenaza, según pareciera, ya que de esto se guarda lógica y estricta reserva, provocar un paro de los efectivos de la repartición". La Razón, 21 de mayo de 1969.

48- El policía que disparó y mató a Bello en el interior de la galería Melipal fue el oficial de la Seccional 3ra. Juan A. Lescano. Una versión antojadiza de los sucesos preparada por la policía fue refutada minuciosamente por el periodista Jorge Marrone. Así, 27 de mayo de 1969, p. 6. Los argumentos fueron mendaces. El Colegio de Abogados de la ciudad criticó el accionar de las fuerzas del orden. Declaró: "Que ambos episodios (las muertes de Cabral y de Bello) contribuyen a conformar una tendencia notablemente peligrosa, en cuanto pareciera orientada al logro de un orden basado en la represión y no el en marco de seguridad que brinda el derecho" Declaración reproducida en CGT, nº 46, 5 de junio de 1969. Unos días después, la policía dio muerte al joven trabajador Luis N. Blanco. Ibídem.

49- CGT, nº 46, 5 de junio de 1969.

50- Grupos de intelectuales se integraron a la CGTA a través de la militancia integradora de Rodolfo Walsh. Rogelio García Lupo, José M. Pasquini Durán, Horacio Verbitsky, Pino Solanas, Octavio Getino, León Ferrari, Luís F Noé, Ricardo Carpani, Miguel Briante, Silvia Rudni, Luís Guagnini, Lilia Ferreyra, Carlos Aznares, Susana Viau, Milton Roberts, Andrés Alsina, Roberto Jacoby, Ignacio Ikonicoff, Jorge Bernetti, Eduardo Jozami, Carlos Burgos, Hugo Rapoport etc.

51- Entre las más importantes, cabe mencionar a las investigaciones de Rogelio García Lupo sobre los monopolios socios del gobierno militar, los estudios de Murmis, Sigal y Waisman sobre la crisis social de Tucumán; la indagación de Pasquini Durán sobre la cooptación de lideres sindicales por agencias de información de EEUU; los informes de Rodolfo Walsh sobre la estructura de la burocracia sindical, sobre concesiones de radioemisoras a militares y socios de la dictadura y sobre la penetración imperialista en las agencias de información y publicidad; la organización del evento "Tucumán arde" por parte de varios artistas plásticos en Rosario y Buenos Aires, el proyecto cine liberación de F. Solanas y O. Getino; las intervenciones plásticas y políticas de los pintores L. Ferrari, L. F. Noé, R. Carpani, etc. JUAN ALBERTO BOZZA, "Fiscales contra el imperio. Las concepciones antiimperialistas de la CGTA. Rigor analítico y compromiso militante" (2005), inédito.

52- En el programa del 1 de mayo, la CGTA saludó con alborozo a los sacerdotes que firmaron el manifiesto de los obispos del Tercer Mundo: "La Iglesia durante un siglo ha tolerado al capitalismo... pero no puede más que regocijarse al ver aparecer en la humanidad otro sistema social menos alejado de esa moral... La Iglesia saluda con orgullo alegría una humanidad nueva donde el honor no pertenece al dinero... sino a los trabajadores, obreros y campesinos". Cf. "1º de Mayo: mensaje a los trabajadores y al pueblo argentino"; en: CGT, nº 1, 1 de mayo de 1968. "Sacerdotes del pueblo" CGT nº 33, 12 de diciembre de 1968. Los primeros grupos locales del MSTM fueron organizados por el sacerdote y militante Miguel Ramondetti. A fines de 1968, reunió 370 firmas de apoyo a la declaración, conformando el núcleo inicial de la organización. Ibídem.

53- En Lomas de Zamora, Wilde, Avellaneda, etc. CGT nº 33, 12 de diciembre de 1968.

54- Durante 1968, curas adscriptos a este movimiento desarrollaron su práctica evangélica y militante en distritos del interior como Reconquista, Santa Fe, San Luís, Resistencia y Goya, en esta ciudad bajo la protección del obispo Antonio Devoto. Este obispo tuvo pronunciamientos críticos contra el gobierno militar, se despojó de los símbolos de su investidura episcopal y renunció al sueldo del Estado. CGT nº 33, 12 de diciembre de 1968.

55- Por ejemplo el colectivo de la revista Cristianismo y Revolución, creada y dirigida por Juan García Elorrio.

56- En realidad, desde el comienzo del colapso de las industrias azucareras, algunos sacerdotes se pusieron a la cabeza de las protestas obreras. A principios de enero de 1968, el sacerdote Rubén Sánchez, fue acusado de "subversivo", por el gobernador de la provincia, general Aliaga García, por participar en las manifestaciones de los obreros del ingenio San Pablo, al ser cesanteados un centenar de ellos.

57- El ministro Bauer y el gobernador tucumano Aliaga García se habían comprometido a conseguir las tierras para la cooperativa. Ante la negativa, los sacerdotes Sánchez, Lagarte, Wurschmidt, Ballesteros. Albornoz y otros, participaron de la movilización obrera. CGT nº 33, 12 de diciembre de 1968.

58- La huelga, originada por la derogación de la jornada de seis horas, fue saboteada por la conducción nacional del SUPE dirigida por Adolfo Cavalli: se extendió entre septiembre y noviembre de 1968.

59- Por la CGTA asistieron, entre otros, dirigentes como Coronel, Ribot, Carballeda; más delegados de agrupaciones políticas como PSIN, PRT, Movimiento de la Juventud Radical, Acción Popular del Movimiento Peronista, PSRN, PVP, PC Comité Recuperación Revolucionaria, Movimiento Democracia Cristiana Argentina, Movimiento Peronista de la Provincia de Buenos Aires, M. Juventud Agitación y Lucha de la UCRP, M. L. N., MRP y otros. CGT n º. 27, 31 de octubre de 1968.

60- Ibídem.

61- Según CGT, existían atisbos de estas formas de resistencia. Estas nuevas formas de la resistencia se abrían paso aún bajo las desfavorables condiciones impuestas por la dictadura. Un proyecto autogestionario de trabajadores y una comunidad barrial de Santa Fe permitía la existencia de un semanario obrero; los consejos vecinales en Córdoba, impulsados por la regional de la CGTA, plasmaban la resolución participativa de problemáticas barriales; la Comisión Nacional de Solidaridad a Tucumán, creada por la central obrera, canalizaba donaciones de alimentos a los damnificados por la crisis azucarera regional.

62- CGT, nº. 14, 1º de agosto de 1968.

63- Para un activista de la industria del hielo los obreros no se veían reflejados en el periódico: "Todos los enemigos del pueblo salen fotografiados. No he visto una sola foto de un obrero en overol. No he visto la opinión de un autentico obrero (,,,) Ahí se habla de grandes problemas, grandes cosas, pero las opiniones y las inquietudes de las bases no se reflejan...La Agrupación del Hielo lo va a vender cuando sea el diario de la clase obrera argentina, y no el diario de un grupo de intelectuales que no conoce un corno de lo que pasa en las bases del movimiento obrero". CGT nº 15, 8 de agosto de 1968.

64- Algunos jerarcas aludían con cierto cierto sarcasmo a "la CGT de los estudiantes". Revista Siete Días, 7 de julio de 1968, p. 11.

65- Ongaro, Tosco, Di Pascuale, Romano y otros dirigentes fueron encarcelados por la dictadura en la segunda mitad del año 1969. El 4 de junio, la dictadura sancionó la ley 18234, agravando las penas y ampliando el campo de aplicación de la ley anticomunista 17401, en vigencia desde agosto de 1967. La Nación, 5 de junio de 1969.

66- El último ejemplar de CGT apareció en febrero de 1970.

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