Anuario del Instituto de Historia Argentina, nº 14, 2014. ISSN 2314-257X
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Historia Argentina y Americana

 

DOSSIER:
Comunistas y anticomunistas. Redes políticas y culturales en Argentina y Chile durante la Guerra Fría (circa 1960)

 

Intelectuales y Guerra Fría: el Congreso por la Libertad de la Cultura en Argentina y Chile, 1950-1964

Jorge A. Nállim

University of Manitoba. Department of History
(Canadá)
jorge.nallim@umanitoba.ca

Cita sugerida: Nállim, J. A. (2014). Intelectuales y Guerra Fría: el Congreso por la Libertad de la Cultura en Argentina y Chile, 1950-1964. Anuario del Instituto de Historia Argentina, (14). Recuperado a partir de http://www.anuarioiha.fahce.unlp.edu.ar/article/view/IHAn14a10

 

Resumen
El artículo compara la trayectoria de las filiales argentina y chilena del Congreso por la Libertad de la Cultura — una institución creada en 1950 y vinculada con la política estadounidense de la Guerra Fría cultural—entre 1950 y 1964. Basado en numerosas fuentes primarias y secundarias, contribuye a de-centrar los estudios sobre la Guerra Fría cultural, mostrando la manera en que desarrollos históricos internacionales fueron procesados y resignificados a nivel local y revelando similitudes y diferencias entre las dos filiales relacionadas con el contexto político, ideológico y cultural específico de cada país.

Palabras clave: Guerra Fría, Argentina, Chile, Intelectuales.

Intellectuals and Cold War: the Congress for Cultural Freedom in Argentina and Chile, 1950-1964

Abstract
The article compares the trajectory of the Argentine and Chilean branches of the Congress for Cultural Freedom— an institution linked to the American cultural Cold War created in 1950—between 1950 and 1964. Based on numerous primary and secondary sources, it contributes to de-centering studies on the cultural Cold War, showing the different ways in which international historical developments were processed and re-signified at the local level and revealing similarities and differences between the two branches related to the particular political, ideological, and cultural context of each country.

Keywords: Cold War, Argentina, Chile, Intellectuals.

 

Dentro del campo de estudios sobre la Guerra Fría cultural, las políticas e instituciones utilizadas por los Estados Unidos para apoyar su política exterior han recibido una renovada atención en las dos últimas décadas. El innovador trabajo de Frances Stonor Saunders, que demostró con una amplia documentación el involucramiento de la CIA y distintas entidades privadas en varios de los proyectos culturales inscriptos en la lucha contra el totalitarismo soviético, contribuyó decisivamente a esa renovación historiográfica (Stonor Saunders, 2000). En particular, echó nueva luz sobre uno de las principales instituciones que formaron parte de dicho proyecto, el Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC). Fundado en 1950 en Berlín y clausurado en 1977, el CLC se destacó por su longevidad y extensión, que incluyó el establecimiento de filiales en numerosos países y el despliegue de una notable actividad en cuanto a publicaciones, conferencias, exposiciones y demás iniciativas culturales.

El aporte documental de Stonor Saunders fue central para una más acabada comprensión sobre el CLC, dejando al descubierto la intervención directa del gobierno estadounidense y la CIA que otros autores habían minimizado (i.e., Coleman, 1989). Por otra parte, este trabajo compartía las limitaciones de otros estudios sobre el CLC y la Guerra Fría cultural que se habían enfocado en Europa y en la relación de los intelectuales europeos con los EEUU pero no habían dado mayor consideración a la historia del CLC en América Latina (Grémion, 1995; Scott-Smith, 2002; Berghann, 2001). Esta faceta sería abordada por una nueva serie de estudios, que han explorado las distintas dimensiones de los proyectos transnacionales estadounidenses en la región y las redes culturales y políticas detrás de ellos (Glondys, 2012; Calandra & Franco, 2012; Iber, 2011; Albuquerque, 2011; Cancelli, 2008). Asimismo, estos trabajos expandieron el análisis que otros autores ya habían avanzado, más acotado a las ideas y publicaciones del CLC en América Latina en las décadas de 1950 y 1960 (Ruiz Galvete, 2006; Gilman. 2003; Franco, 2001; Mudrovcic, 1997; Vanden Berghe, 1997).

El presente artículo establece un diálogo con esta bibliografía, ofreciendo un estudio comparativo de las filiales del CLC en Chile y en Argentina durante su primera época en la región, desde principios de 1950 hasta fines de 1963. El Comité Chileno del Congreso por la Libertad de la Cultura (CC) y la Asociación Argentina por la Libertad de la Cultura (AALC), establecidos en 1953 y 1955, respectivamente, fueron de las filiales más activas en la región. Si bien respondieron a las orientaciones emanadas desde los cuarteles parisinos del CLC en cuanto a la lucha contra el totalitarismo, por otra parte su historia y actividades estuvieron directamente relacionadas con sus contextos nacionales específicos. Así, la lucha contra el comunismo en el caso chileno y contra el peronismo en el caso argentino delimitaron los grupos políticos y culturales de cada comité, sus estrategias y sus relaciones con el estado, a la vez que explican las razones particulares que llevaron al fin de las dos filiales a fines de 1963.

Al abordar el tema de esta manera, este estudio se entronca con los trabajos más recientes ya mencionados y con otros que también han de-centrado el estudio de la Guerra Fría cultural, buscando las múltiples y cambiantes áreas de encuentro, conflicto y negociación entre los proyectos culturales hegemónicos estadounidenses y su recepción, adaptación y transformación por los actores latinoamericanos (Pieper Mooney & Lanza, 2013; Joseph & Spenser, 2008; Joseph, LeGrand & Salvatore, 1998). En particular, establece un diálogo directo con trabajos específicos sobre el CLC en ambos países y en América Latina (Iber, 2011; Janello, 2014; Janello, 2013-2014; Janello, 2013; Janello, 2012; Nállim, 2012), aportando nuevas perspectivas y fuentes y detallando la evolución de los comités en relación con sus contextos políticos específicos y contribuyendo a la comprensión de los debates intelectuales, políticos y culturales en ambos países. En línea con todos estos aportes recientes, el trabajo también matiza la visión de Saunders del CLC como instrumento de la política cultural estadounidense en la región, al echar luz en los motivos e intereses propios de los heterogéneos grupos involucrados en sus comités nacionales y que no pueden ser reducidos a una mera y absoluta sujeción a la política estadounidense durante la Guerra Fría.

Orígenes, miembros y redes del CLC en Argentina y Chile

El Congreso por la Libertad de la Cultura debe ser comprendido como parte de las estrategias culturales desplegadas por Estados Unidos en el contexto de la Guerra Fría. Contando con el apoyo de los Estados Unidos, incluyendo financiamiento secreto de la CIA y de un consorcio de fundaciones y donantes privados, el CLC fue creado en un congreso que reunió a más de cien delegados en Berlín en junio de 1950. Las autoridades del flamante organismo incluían una serie de prestigiosos intelectuales, entre los cuales figuraban Jacques Maritain, Salvador de Madariaga y Bertrand Russell como presidentes honorarios y Denis de Rougemont, Nicolás Nabokov, Stephen Spender, Raymond Aron, Ignazio Silone y Nicola Chiaramonte como miembros de su Comité Ejecutivo. En los años siguientes, el CLC desarrolló una amplia labor a través de encuentros internacionales, exhibiciones de arte y otras variadas actividades en el campo cultural, al tiempo que extendía su alcance a través de la fundación de filiales en los Estados Unidos, América Latina, Europa Occidental, Japón y Australia y de un amplio abanico de publicaciones en distintos países e idiomas (Stonor Saunders, 2000; Grémion, 1995).

El objetivo principal del CLC era la oposición al comunismo soviético, y por este motivo, sus actividades fueron una respuesta y contrapunto a la política cultural soviética desplegada a nivel internacional a través de los partidos comunistas locales y emprendimientos tales como el Consejo Mundial de la Paz. En ese sentido, tanto el CLC como sus contrapartes soviéticas tenían sus antecedentes en disputas culturales y políticas a nivel local, regional e internacional que se remontaban a las décadas anteriores (Iber 2011; Albuquerque F., 2011; Janello, 2012). Por otra parte, este objetivo se matizaba con otras ideas más generales, en tanto el CLC se presentaba como una agrupación comprometida con los ideales de la democracia liberal occidental y, por lo tanto, opuesta no sólo al comunismo sino a cualquier totalitarismo, tanto de derecha como de izquierda. A lo largo de su existencia, el CLC pasó por varias etapas y estuvo constantemente surcado por tensiones, dada la variedad de grupos, individuos e intereses que involucraba. Su reputación sufrió un daño irreparable cuando una serie de artículos en el New York Times en 1966 reveló la participación de la CIA, lo que lo llevó a ser clausurado y reemplazado por la Asociación Internacional por la Libertad de la Cultura, que finalmente cerraría sus puertas en 1977.

La fundación de las filiales chilena y argentina del CLC fue parte de su estrategia para extender su influencia en América Latina. En 1952 el Comité Mundial de la organización inició una serie de consultas sobre la conveniencia de establecer extender su influencia a la región.1 Al mismo tiempo, quien sería el principal animador del CLC en la región, el español Julián Gorkin,2 elaboraba sus primeros reportes a fines de 1952, proponiendo inicialmente la creación de tres centros desde donde coordinar la actividad en la región: uno en México que cubriera también Centroamérica, otro en Montevideo para Sudamérica y otro en Río de Janeiro específicamente para Brasil.3 Finalmente, se decidió por la creación de filiales en distintos países latinoamericanos, sin dejar de lado la potencial creación de los otros tres centros para coordinar la acción en las distintas regiones.4

La acción concreta se inició en 1953, cuando a la par que el CLC lanzaba su revista en español para la región, Cuadernos por del Congreso por la Libertad de la Cultura (de acá en adelante, Cuadernos), Gorkin viajaba a la región junto con el anarquista belga Louis Mercier Vega para iniciar la fundación de filiales que quedarían bajo la supervisión de Gorkin. La filial de Chile, simplemente denominada Comité de Chile (CC) del CLC, fue la primera en ser establecida en junio de 1953, mientras que la Asociación Argentina por la Libertad de la Cultura tuvo que esperar hasta la caída de Perón para ser inaugurada en diciembre de 1955. En esta primera etapa del CLC en la región, que se extendería hasta su reorganización en 1965, el CLC también estableció sedes en Uruguay (1953), México (1954), Cuba (1955), Perú (1957) y Brasil (1958) (Janello, 2013-2014). Otros comités, como los establecidos en Honduras, Costa Rica y Nicaragua a fines de 1953 o el que se intentó en Colombia en 1958, no consiguieron echar raíces.5

De todos los comités latinoamericanos, los de Chile y Argentina fueron los que tuvieron mayor importancia por la intensidad y variedad de sus actividades. Además, se desarrollaron en contextos nacionales que demostraban la relevancia de la agenda del CLC en tanto institución opuesta a los totalitarismos de todo tipo. Así, el CC se debe comprender en el contexto del final de los gobiernos del Frente Popular (1938-1952) y durante los de Carlos Ibáñez del Campo (1952-1958) y Jorge Alessandri (1958-1964). Los miembros locales del CLC tendrían como principal contendiente a los partidos políticos de izquierda, principalmente el comunista, de fuerte presencia y actividad en los ámbitos políticos, sindical e intelectual en el país—ambos habían formado parte de los gobiernos del Frente Popular en distintos momentos--, y en especial, a Pablo Neruda. En el caso argentino, por el contrario, la AALC se desarrollaría a lo largo de los gobiernos de Juan Perón (1946-1955), la Revolución Libertadora (1955-1958) y Arturo Frondizi (1958-1962). En un contexto de profundos y abruptos cambios, el enemigo local sería no tanto el comunismo sino el peronismo, en tanto desde la perspectiva del CLC representaba un ejemplo de totalitarismo de derecha, una dictadura tradicional de corte latinoamericana que, en el contexto de la Guerra Fría, podía ser funcional al comunismo soviético. En este sentido, tanto el caso chileno como el argentino se podían enmarcar dentro de los objetivos generales del CLC y explicitados en el “Manifiesto a los hombres libres” aprobado en la reunión fundacional de Berlín, que lo definía como una institución apolítica en defensa de la libertad intelectual en contra de “regímenes totalitarios” de cualquier signo.6

Los distintos contextos nacionales se reflejaron en los miembros de las respectivas filiales y sus orientaciones generales. En el caso argentino, Gorkin reportaría en diciembre de 1955 a París desde Buenos Aires que la AALC incluía “los mejores nombres de la intelectualidad argentina” y sería una de las sedes “más sólidas en el continente” que ofrecía “las mejores posibilidades que en cualquier otro lado.”7 En efecto, la lista que Gorkin adjuntaba incluía prestigiosos intelectuales vinculados a la revista Sur—Victoria Ocampo, Francisco Romero (ambos figuraban como vicepresidentes de la AALC), Jorge Luis Borges, Eduardo Mallea, Vicente Fatone, Ernesto Sábato, Claudio Sánchez Albornoz, Carlos Erro y Guillermo de Torre—que desde 1931 había sido uno de los espacios culturales más importantes para escritores locales y extranjeros. También figuraban destacados políticos e intelectuales socialistas, incluyendo Alfredo Palacios (uno de los presidentes honorarios de la AALC), Juan Antonio Solari (secretario general), Nicolás Repetto, Américo Ghioldi, Roberto Giusti (presidente de la AALC), Juan S. Valmaggia, los historiadores José P. Barreiro y José Luis Romero. Asimismo, figuraban intelectuales y políticos relacionados a otros partidos como Santiago Nudelman (radical), Horacio Thedy y Sebastián Soler (demócrata progresistas), Rodolfo Corominas Segura (demócrata nacional) y Manuel Ordóñez (demócrata cristiano). Se incluían también artistas—el músico y compositor Juan José Castro, el pintor Raúl Soldi, el escultor Alfredo Bigatti —y científicos, académico y profesionales como Bernardo Houssay (el otro presidente honorario de la AALC y ganador del premio Nobel de medicina en 1947), José Babini, Adolfo Holmberg, Sebastián Soler, y Justiniano Allende Posse. La AALC también incluía un grupo de extranjeros, incluyendo entre ellos a los españoles Sánchez Albornoz, el periodista Pedro de Basaldúa y el presidente de la Comunitat Catalana José Rovira Armengol, el italiano Curio Chiaraviglio, secretario del Movimiento por los Estados Unidos de Europa, y los liberales gaullistes Alberto Guerin and René Siderski. Junto con Solari, el principal animador de la AALC fue el español Carlos Carranza, quien también fue su representante en el Comité Mundial del CLC.8 (Janello, 2014; Nállim, 2012).

Esta lista muestra claramente que la AALC estaba compuesta por personas que habían tenido una larga y activa participación en el mundo intelectual y político argentino desde la década de 1930. Habían participado de las movilizaciones antifascistas de los años 1930s y 1940s, primero en contra de los gobiernos de la restauración conservadora de 1932-1943 y luego contra el régimen militar de 1943-1946, al compás del impacto en Argentina de conflictos internacionales como la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Esa participación se había hecho a través de los partidos políticos a los que pertenecían y en instituciones culturales y publicaciones de corte antifascista y de apoyo a los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, como fue el caso de las revistas Sur y Nosotros, el Colegio Libre de Estudios Superiores (CLES), las organizaciones pro-aliadas Acción Argentina y Junta de la Victoria en 1940-1943 y el semanario Argentina Libre. A lo largo del período y en dichos frentes comunes construyeron lazos personales, institucionales e ideológicos, y explicitaron un programa común en defensa de la democracia liberal identificada con la tradición liberal argentina, el rechazo a ideologías y grupos totalitarios locales y extranjeros y el apoyo a la lucha antifascista a nivel internacional (Nállim, 2014; Bisso, 2007; Pasolini, 2006). Estos sectores finalmente confluyeron en la oposición a Perón en 1944-1946, quien fue percibido como una versión local del totalitarismo europeo. A lo largo de sus dos períodos en el poder en 1946-1955 esos grupos liberales antifascistas, ahora devenidos antiperonistas, continuarían explicitando su oposición al peronismo a través de su participación en los partidos políticos y asociaciones a los que estaban afiliados así como también en una serie de emprendimientos culturales creados en ese período, tales como las revistas Liberalis (1949-1961), Realidad (1947 -1949), e Imago Mundi (1953-1955), y la Asociación Cultural Argentina por la Defensa y Superación de Mayo (ASCUA, 1953-1962), cuyos directores—Agustín Álvarez, Francisco Romero, José Luis Romero, y Carlos Erro, respectivamente—serían activos miembros de la AALC (Fiorucci, 2011; Sigal, 2002; Nállim, 2014).

Es decir, hacia 1955 los miembros de la AALC no sólo ya tenían una larga e importante participación en el mundo político e intelectual. También habían definido una clara oposición al peronismo que los había hecho objeto en distintas oportunidades de represión y marginación, basada en la defensa de la democracia y las libertades, especialmente aquellas vinculadas a las libertades intelectuales, y que los hicieron receptivos y compatibles con las ideas y programa del CLC. Se puede afirmar sin dudas que los intelectuales y políticos de la AALC representaban el establishment intelectual y político antiperonista.

En el caso chileno, los animadores del comité local eran el socialista español Carlos de Baráibar9 (representante ante el Comité Mundial del CLC) y el francés André Germain, y la lista incluía intelectuales y políticos de orientación demócrata cristiana afiliados a la Falange Nacional— Jaime Castillo Velazco, Alejandro Magnet, y Andrés Santa Cruz, todos ellos ligados a la revista Política y Espíritu y a la Editorial del Pacífico--,10 al partido radical—la escritora feminista Amanda Labarca, el diplomático Hernán Santa Cruz, el periodista y ex-director de La Nación Ramón Cortez—y de simpatías o afiliados al socialismo—el historiador y profesor Julio César Jobet, el escritor y ex-diplomático Humberto Mendoza y el médico Juan Garafulio. Asimismo, incluía a personas con vínculos a publicaciones y círculos periodísticos e intelectuales como Roberto Aldunate-- escritor y periodista--Eduardo Barrios— escritor y Director General de Bibliotecas—, Rafael Cabrera--periodista y secretario general de El Mercurio--, Ricardo Donoso—historiador y Director de Archivos--, Hernán Díaz Arrieta—crítico literario bajo el seudónimo de Alone--, Raúl Silva Castro—importante miembro de la Academia de Letras y de la de Historia—y Josefina de Wiche—escritora ligada al periódico conservador El Diario Ilustrado. Se incorporarían luego otros escritores que tendrían relevante participación en la Sociedad de Escritores de Chile y en el PEN Club local, tales como Julio Barrenechea, Marta Brunet y Chela Reyes. Además de Baraibar y Germain, también formaban parte del comité otros extranjeros de tendencias de izquierda, como el anarquista alemán Georg Nicolai y el periodista y sindicalista español Miguel González Inestal. El comité inicial estaba presidido por Nicolai, que sería reemplazado en 1954, con Aldunate como vicepresidente, Cortéz como vicepresidente segundo y Castillo como secretario general.11

Un primer análisis revela interesantes similitudes y diferencias con el caso argentino. De manera similar, varios de los miembros del CC pertenecían a grupos que habían participado de la movilización antifascista desde la década de 1930. Por ejemplo, Aldunate, Barrenechea y Brunet habían participado de la Asociación de Intelectuales para la Defensa de la Cultura (1937-1940), la principal organización de intelectuales antifascistas presidida por Neruda. Los miembros socialistas y radicales del comité pertenecían también a partidos políticos que habían sido parte de los gobiernos del Frente Popular (1938-1952), y Brunet había desempeñado funciones diplomáticas en La Plata y en Buenos Aires entre 1939 y 1952. Por su parte, Amanda Labarca había fundado también en 1936 las Escuelas de Temporada a través de las cuales la Universidad de Chile buscaba extender su acción a distintos sectores de la sociedad, y la empresa Letras, que poseía junto con su esposo, el político radical Guillermo Labarca, publicaba títulos sobre la Guerra Civil Española (Subercaseaux, 2011: 63; Moraga Valle y Peñaloza Palma, 2011: 73; Ruperthuz Honorato, 2011). El pasado antifascista de los miembros de los comités argentino y chileno reforzaba los vínculos ideológicos y políticos con el del CLC, muchos de cuyos miembros pertenecían a la izquierda no comunista—trostkistas, socialistas, anarquistas, ex-comunistas desilusionados del stalinismo—y que defenderían al CLC desde un posición de izquierda democrática (Iber, 2011; Janello, 2012; Stonor Saunders, 2000).

Por otra parte, los nombres demuestran también que, comparativamente, los miembros del comité chileno no tenían el peso y la trayectoria política e intelectual, tanto a nivel nacional como internacional, de sus colegas argentinos. No solo Victoria Ocampo, Bernardo Houssay y Francisco Romero gozaban ya de un prestigio internacional importante, sino que en el caso de Sur y Ocampo, habían establecido sólidas relaciones con figuras centrales del CLC como de Rougemont y Maritain desde los años treinta. Además, políticos como Ghioldi, Nudelman o Thedy tenían detrás una larga, activa y central participación en el mundo político argentino y dentro de sus partidos. En el CC, sería el grupo de la Falange Nacional, que devendría en el núcleo del Partido Demócrata Cristiano en 1958—principalmente, Castillo y Magnet—, el que eventualmente tendría un rol principal dentro del CC y su mundo de publicaciones. En la AALC, el grupo más importante fue el de los socialistas, en particular, el grupo de Ghioldi y Solari que se separaría en 1958 en el Partido Socialista Democrático. Los núcleos políticos centrales de los respectivos comités también están vinculados a sus estrategias editoriales y culturales. Así, mientras en Argentina las editoriales socialistas, y en particular la editorial Bases de Solari, tuvieron un rol destacado en la publicación y circulación de material del CLC y la AALC, en el caso chileno ese papel lo cumplió la Editorial del Pacífico controlada por el grupo falangista de Castillo, Santa Cruz y Magnet (Janello, 2013 y 2012).

En ambos casos, la participación en el frente antifascista había acercado a los miembros y grupos de las filiales locales al comunismo en los períodos anteriores a su fundación, pero luego los quiebres producidos por la política local y el contexto de la Guerra Fría los había posicionado como adversarios. En Argentina, los comunistas habían participado del frente antifascista en 1935-39 y del antiperonista en 1943-46. Sin embargo, tras la victoria de Perón, progresivamente el comunismo local abandonó el frente antiperonista buscando una estrategia que le permitiera reconstruir sus bases políticas y sindicales, lo que le valió la crítica del resto del arco antiperonista, en especial los socialistas. Además, generó hacia 1952 rupturas y divisiones en instituciones como la SADE y el CLES, que ahora agruparon a los intelectuales independientes, socialistas y liberales que también confluyeron en ASCUA, a la par que los comunistas buscaban agruparse en instituciones como la Casa de la Cultura y el Congreso Argentino de la Cultura (Nállim, 2012; Janello, 2014; Prado Acosta, 2013). En Chile, el tránsito fue más complejo si bien no menos importante. Al anticomunismo cristiano de los falangistas se sumaría el de algunos grupos de radicales y socialistas a medida que los gobiernos del Frente Popular mostraran sus divisiones, en un contexto de progresivo movimiento hacia la izquierda del espectro político en el cual los partidos socialista y comunista consolidarían en la década del cincuenta su presencia. La oposición de los grupos del CC al comunismo también se daba en un contexto cambiante, en el que el comunismo pasaba de ser integrante del Frente Popular a excluirse durante el período 1939-41 para ser luego, durante el gobierno de González Videla (1946-1952), expulsado de la legalidad por medio de la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, conocida como la Ley Maldita, de 1948 (Subercaseaux, 2011; Fleet, 1986; Collier & Slater, 2002).

Otra comparación que se puede hacer es la referida al establecimiento de filiales sub-nacionales y comités juveniles. En el caso chileno, el CC rápidamente estableció un comité juvenil y, después de varios intentos, estableció una filial en Valparaíso en 1956 y otra en Concepción en 1961 con sus correspondientes comités juveniles.12 En el caso argentino, delegados argentinos asistieron a Santiago a la primera reunión de comités juveniles del CLC en América Latina en octubre de 1955, e inmediatamente después de la fundación de la AALC se estableció también un comité juvenil. En mayo de 1957, aprovechando la visita de Germán Arciniegas, se estableció un comité en Córdoba.13 Los comités juveniles tenían fuerte relación con los grupos estudiantiles universitarios afiliados con los partidos de los miembros de los comités—liberales y socialistas en Argentina, demócrata cristianos y radicales en Chile. Por otra parte, la evidencia recogida de las publicaciones y de la correspondencia señala que en el caso chileno, el comité juvenil y el de Valparaíso desarrollaron una actividad más importante y sostenida.14 En el caso argentino, si bien el comité juvenil demostró cierta actividad, fue afectado por las divisiones internas surgidas en 1958, como se explicará luego, (Janello, 2013-2014) y la filial de Córdoba parece no haber desarrollado una actividad particularmente intensa.

Otra diferencia interesante fue el peso relativo del exilio español en los comités locales. Intelectuales y políticos españoles opositores a Franco y exiliados después de la Guerra Civil Española tuvieron un papel relevante en el CLC en general, especialmente aquellos provenientes de la izquierda no comunista (ex-comunistas, socialistas, anarquistas, trotskistas). Más allá de intereses personales, estas personas verían en el CLC la posibilidad de entroncar la lucha contra Franco con los ideales de una democracia liberal y de una izquierda democrática opuesta tanto al comunismo como al fascismo. La red de intelectuales exiliados españoles fue uno de los circuitos fundamentales del CLC y tuvo especial relevancia para América Latina. La lista comenzaba por el mismo por el mismo Gorkin y el grupo relacionado con el POUM que él activó para el funcionamiento de Cuadernos y para iniciar las sedes en América Latina, usando las redes que había construido durante su exilio en México en 1940-1948 (Glondys, 2012; Iber. 2011). Como en otros comités latinoamericanos, en las filiales chilena y argentina exiliados españoles o relacionados con la Guerra Civil Española fueron animadores principales, como fue el caso de Carranza en Argentina y de de Baráibar y Germain en Chile.

Al mismo tiempo, el peso y la importancia del exilio variaban en los comités, teniendo en Argentina un lugar más destacado. Además de Carranza, el periodista de Basaldúa y el presidente de la Comunitat Catalana Rovira Armengol, la AALC también incluía al historiador Sánchez Albornoz, ex-rector de la Universidad de Madrid, con participación en los gobiernos de la República Española y quien desde su posición en la Universidad de Buenos Aires de 1942 mantuvo una activa participación en asociaciones de exiliados españoles opuestos al gobierno de Franco.15 En Buenos Aires, el semanario España Republicana y el Centro Republicano Español, en donde dichas personas mantenían una presencia activa, funcionarían como espacios sociales e ideológicos para el CLC. En contraste, esa presencia era mucho menor en el caso chileno, en donde además de de Baráibar y Germain sólo se ve la presencia del sindicalista González Inestal. A diferencia de Argentina, y salvo esporádicas referencias al Centro Republicano Español, los registros de la filial chilena no muestran vínculos con publicaciones o instituciones como las mencionadas para Argentina. Más allá del impacto que el exilio español tuvo en ciertas áreas de la vida cultural e intelectual del país, como en el Teatro Experimental de la Universidad de Chile, el CC no parece haber establecido vínculos ideológicos, políticos o sociales de relevancia similar a la de la AALC, lo que reflejaría el menor volumen de exiliados españoles y la menor presencia de aquellos dedicados a las profesiones liberales en comparación con el caso argentino (Subercaseaux, 2011; Moraga Valle & Peñaloza Palma, 2011; de Salas, 1991).

Evolución política, relación con el estado y participación en campañas internacionales

Los diferentes contextos nacionales explican también la diferente relación con el Estado y la evolución política de los dos comités. En Argentina, los intelectuales y políticos de la AALC siguieron una trayectoria cambiante, pasando de la oposición abierta al peronismo en el poder antes de la fundación de la filial en diciembre de 1955 a apoyar y ocupar cargos relevantes durante los gobiernos de la Revolución Libertadora en 1955-58, finalmente volviendo a una posición de marginación y oposición durante el gobierno de Arturo Frondizi en 1958-62. Respecto del período anterior a 1955, y como se ha señalado anteriormente, los miembros del AALC representaban el frente político-intelectual antiperonista con raíces en el antifascismo. Más allá de la red de relaciones personales, institucionales e ideológicas, cabe mencionar que la preocupación sobre el peronismo apareció en el Comité Ejecutivo del CLC desde los primeros momentos en que se discutió la posibilidad de extenderlo a la región. Así, en 1952, Víctor Alba sostenía desde Mexico que dicha tarea ayudaría, entre otras cosas, a contener “el nuevo imperialismo Argentino”, mientras que desde la Universidad de Rutgers, Robert Alexander destacaba que en América Latina la principal amenaza totalitaria era la de Perón, no la de Stalin.16 La preocupación no era del todo infundada, ya que más allá de la exageración sobre su real influencia, el peronismo buscó extender su influencia en América Latina a través de distintas estrategias (Zanatta, 2013).17

Es más, el CLC le prestó ayuda directa a los intelectuales argentinos, como fue el caso en 1953, cuando la explosión de bombas en un acto oficial en la Plaza de Mayo derivó en la destrucción de las sedes del Jockey Club y los partidos radical y socialista y llevó a la cárcel a numerosos políticos e intelectuales opositores, entre ellos toda la comisión directiva de ASCUA, Ocampo y otros escritores y políticos futuros miembros de la AALC. Desde los cuarteles parisinos se lanzó una campaña internacional, convocada por De Rougemeont, al paso que Cuadernos denunciaba la represión, que incluyó pedidos de intervención al Primer Ministro de la India, la protesta de intelectuales mexicanos, y una carta enviada a Perón defendiendo a las intelectuales encarcelados y pidiendo por su libertad.18 A partir de este momento, el apoyo del CLC a los intelectuales antiperonistas y la crítica a Perón se intensificaron, presentando en Cuadernos al peronismo como una forma “sui generis de Fascismo” con elementos propios del “sistema ruso” y sugiriendo, como única solución, “un nuevo golpe militar.”19 En 1954, Gorkin viajaba a la Argentina y se entrevistaba con Ocampo, Francisco Romero y Borges, evaluando positivamente las posibilidades de Cuaderno y del CLC en el país.20 A la vez, un delegado argentino en la primera conferencia de los comités latinoamericanos del CLC en Santiago en junio de 1954 reportaba que la Argentina se había convertido en “un país neo-totalitario”, con Gorkin respondiendo que el caso argentino contaba con la atención preferencial del Comité Ejecutivo.21

Con estos antecedentes, es posible comprender que el CLC celebrase la caída de Perón en septiembre de 1955, al paso que Gorkin presidía la fundación de la AALC en diciembre del mismo año. A la par que instituciones como el CLES y la SADE reiniciaban sus actividades y los intelectuales de Sur y Liberalis celebraban la caída del régimen, desde París Cuadernos saludaba el final del “sistema totalitario más perfecto de América Latina” e incluía duros textos de Giusti y Solari contra Perón.22 En este contexto, los intelectuales y políticos miembros de la AALC pasaron del ostracismo a ocupar posiciones de poder en los gobiernos militares de la Revolución Libertadora, por el alineamiento que sus respectivos partidos políticos y grupos intelectuales adoptaron en esas circunstancias. Por ejemplo, la Junta Consultiva, creada para asesorar al gobierno nacional y conformada por el espectro político antiperonista, incluía al demócrata nacional Corominas Segura, los socialistas Ghioldi y Repetto, el demócrata cristiano Ordóñez y el demócrata progresista Thedy. El demócrata progresista Sebastián Soler fue nombrado Procurador General de la Nación, Borges director de la Biblioteca Nacional, Vicente Fatone embajador en la India y Alfredo Palacios embajador en Uruguay. En la Universidad de Buenos Aires, José Luis Romero fue designado rector, Giusti del Instituto de Literatura Iberoamericana, y José Babini decano de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Además estos nombramientos, los miembros de la AALC sumaban su pertenencia en los partidos políticos y circuitos culturales, como la SADE, Sur, ASCUA y el CLES. Bajo la conducción fundamentalmente de Carranza y Solari, la AALC extendió su influencia en los medios: Barreiro era el director de El Mundo, donde Solari contribuía activamente, Nudelman era director de Crítica, y Juan Valmaggia era vice-director de La Nación. Además del semanario España Republicana, la AALC también pagaba programas en radios como Belgrano, Excelsior y Rivadavia. Además de contar con la serie de editoriales vinculadas con el socialismo (Janello, 2013), la red de la AALC facilitaba la distribución de información del CLC de su Servicio de Prensa en periódicos provinciales como La Capital (Rosario), La Voz del Interior (Córdoba), y Los Andes (Mendoza).23

Sobre esta evidencia, se puede afirmar sin lugar a dudas que la AALC fue el comité latinoamericano del CLC que tuvo una relación más directa y fluida con el estado, a través de la participación de sus miembros en la Revolución Libertadora. Si bien es verdad que habían alcanzado esas posiciones fundamentalmente por sus afiliaciones políticas específicas y no por ser miembros de la AALC, por otra parte no es menos cierto que para la AALC y el CLC representaban una vinculación estrecha y específica con los grupos en el poder. Este apoyo a la Revolución Libertadora también se demostró de otras maneras. En junio de 1956 el alzamiento del general Juan José Valle expresó el rechazo a la dura política antiperonista impuesta por el gobierno nacional presidido por el general Pedro Aramburu. Cuando el alzamiento fue duramente aplastado, incluyendo el fusilamiento de Valle y otros implicados, sendas contribuciones de Carranza, Germán Arciniegas y Victoria Ocampo en Cuadernos expresaron su inequívoco apoyo a la represión y al gobierno militar.24 Cuando Salvador Madariaga visitó Buenos Aires a principios de 1957, Aramburu le envió uno de sus edecanes a recibirlo y puso un auto con chofer a su disposición, y cuando Gorkin arribó a la ciudad en mayo de 1958, fue invitado a almorzar con Aramburu en la Casa Rosada.25 La posición política del antiperonismo duro se combinaba con el anticomunismo. Como expresara Carranza al comentar elogiosamente el reemplazo del general Eduardo Lonardi por Aramburu en noviembre de 1955, la amenaza era que el “peligro peronista” se convirtiera en “peligro peronista-comunista,” a medida que los líderes peronistas empujaran a sus bases a colaborar con los comunistas para mantener su presencia.26 Gorkin, por su parte, comentaría que en su conversación con Aramburu le recomendó no declarar ilegal al partido comunista, ya que esa decisión llevaría a los comunistas a unirse a los peronistas y que les permitiría, eventualmente, a los primeros controlar el movimiento peronista.27

Esta relación estrecha con el antiperonismo duro generaría divisiones hacia dentro de la AALC, como se explorará más adelante. También explica que con la elección de Frondizi en 1958, la AALC pasara una vez más a la oposición al gobierno nacional y, eventualmente, a una creciente marginación y falta de relevancia, a la par que endurecía su posición antiperonista y anticomunista. Frente a la elección presidencial, Carranza no dudaba en afirmar que con tal de ganar, Frondizi “no vacila en cualquier porquería” y que comunistas, “nazi-clericales” y peronistas habían anunciado que votarían por él.28 Desde las páginas de Cuadernos, Solari y Carranza continuaron expresando su oposición a Frondizi, su colusión con el peronismo y el ambiente de inestabilidad que su gobierno creaba y que era propicio para la expansión del comunismo.29 Carranza no criticó el Plan CONINTES, implementado por el gobierno en 1958-61 y que le otorgaba amplios poderes al presidente y a las Fuerzas Armadas para enfrentar potenciales amenazas al orden público. Por el contrario, para él en 1960 lo importante era que el plan había reunido información que demostraba “serios aspectos de la infiltración comunista” a la par que consideraba inconcebible e intolerable “que semejante acción subversiva del comunismo y el peronismo, ahora complicada con el castrismo, reciba protección oficial y encuentre facilidades en los medios gubernamentales.”30 Además, en 1960, Aramburu e Isaac Rojas, los duros ex-presidente y vicepresidente, respectivamente, de la Revolución Libertadora, fueron invitados y participaron de reuniones privadas organizadas por la AALC que contaron con la presencia de las autoridades de la organización, periodistas y representantes del radicalismo del pueblo, el socialismo democrático, la democracia cristiana y el la Federación de Partidos de Centro.31

Revelando las conexiones de la AALC y el CLC con la Libertadora, en el mismo año la Armada ordenaba 500 copias del libro de Carranza, Intelectual, ¿por qué eres comunista?, publicado en la Biblioteca de la Libertad lanzada por la AALC en 1958, para distribuir entre la oficialidad “material de orientación democrática” que ayudara en la lucha contra el comunismo.32 Al mismo tiempo, Víctor Alba desde México sugería al CLC el nombre de Aramburu para escribir un estudios sobre “militarismo y defensa continental”, como parte de una serie de estudios para inocular a la opinión pública latinoamericana contra “la propaganda comunista y la demagogia.”33 Sólo para citar un ejemplo más, en septiembre de 1961 la AALC organizó un acto en su local de Libertad 1258, al que asistieron 200 personas, para celebrar el aniversario de la Revolución Libertadora. 34

Esta somera descripción muestra los abruptos cambios que la AALC tuvo en su relación con el poder a lo largo de la década de los cincuenta. En comparación, la sede chilena no tuvo una relación tan directa y estrecha con el estado. Más allá de los circuitos culturales en los que transitaban—la Universidad de Chile, archivos y bibliotecas oficiales--en el período a partir de la fundación del comité sus miembros no formaron parte o tuvieron influencia importante en los gobiernos de Ibáñez del Campo o Alessandri. La excepción es Roberto Aldunate, el vicepresidente del comité y ministro de relaciones exteriores de Chile en 1954-55. Es probable que Aldunate fuera el contacto que consiguió la presencia de Ibáñez del Campo en la inauguración de la conferencia de las filiales latinoamericanas del CLC en Santiago en junio de 1954, que contribuyó a prestigiar la reunión y llevó a acallar las críticas que los distintos grupos del CC le dirigían para ese entonces (Janello, 2012). Sin embargo, aun en el caso de Aldunate, y además de que duró en el cargo por un período breve, sus responsabilidades oficiales le impidieron tener un rol más activo y sólo ayudó a resolver algunas situaciones puntuales, como las demoras del visado del pasaporte de Raúl Haya de la Torre para asistir a la mencionada conferencia en Santiago en 1954.35 La Falange Nacional, integrada por varios de los miembros del CLC, aumentó progresiva y lentamente su presencia en el mundo político a lo largo de la década, teniendo mayor relevancia a partir de la fundación del Partido Demócrata Cristiano en 1958 que llegaría al poder en 1964, pero sucedió precisamente el año cuando el CC fue disuelto.

Además, tanto Ibáñez del Campo como Alessandri no se les presentaban al comité chileno y sus miembros como posibilidades para aproximarse al estado y ejercer una acción directa desde el poder. En cuanto a Ibáñez del Campo, su pasado y las buenas relaciones que inicialmente estableció con Perón, además de que su personalidad y actitudes mostraban similitudes con su colega argentino, eran suficientes motivos para el recelo (Collier & Slater, 2002; Loveman, 2001). En particular el grupo de falangistas del comité criticó varias veces al presidente chileno en las páginas de Política y Espíritu y en los discursos de sus representantes en el Congreso Nacional. Por ejemplo, la revista criticó al gobierno a mediados de 1953 por llevar a cabo actos de censura de prensa y mantener la Ley Maldita,36 y denunció el discurso presidencial en el congreso del 21 de mayo por atacar a todo el resto de las fuerzas políticas como corruptas o dañinas, lo que revelaría una tendencia hacia el autoritarismo.37

Las buenas relaciones con Perón ciertamente, reflejados en los acuerdos económicos firmados entre ambos países en 1953, sólo alimentaron las críticas. Radomiro Tomic, senador de la Falange Nacional, denunciaba en mayo en el Senado la “insensatez” de que Chile se incorporara “a una política argentina de antagonismo a Estados Unidos” y criticaba el tratado suscrito entre Ibáñez del Campo y Perón por su precipitación y falta de estudio.38 Política y Espíritucriticaba el Tratado de Unión Económica Chilena suscripto en julio de 1953 como beneficioso para la Argentina y parte de la “infiltración peronista” en Chile.39 Por su parte, Alejandro Magnet publicaba en ese año su libro titulado Nuestros vecinos justicialistas, que tendría una amplia recepción y alcanzaría las diez ediciones. En él, Magnet atacaba las intenciones políticas argentinas detrás de los acuerdos y tratados firmados con Argentina, a las que entroncaba con el expansionismo argentino desde el siglo XIX y que ahora se agravaban con Perón. El autor no dudaba en calificar a Perón y su movimiento como totalitarios y expansionistas, citando argumentos y opiniones de opositores argentinos como el radical Silvano Santander (Magnet, 1953: 207-208). De hecho, el CC organizó un foro de discusión, los días 6 y el 13 de noviembre de 1953, en su local sobre el libro de Magnet.40 Unos meses más tarde, Política y Espíritu denunciaba la propaganda e intromisión del peronismo en la política chilena y las protestas de la cancillería chilena ante Perón.41 En un artículo en la revista del comité chileno, Cultura y Libertad, De Baráibar celebró luego la caída de Perón, que en el caso concreto de Chile representaba la eliminación de la “quinta columna”, el espionaje y “las veleidades imperialistas del régimen recién hundido” en Chile, argumento también expresado por Política y Espíritu, que había seguido con atención el conflicto de los católicos argentinos con Perón. 42

Lo anteriormente mencionado muestra que los falangistas del CC no dudaron en criticar a Ibáñez del Campo. Por otra parte, el comité se cuidó de adoptar una posición política explícita propia. Esto se demostró con claridad con motivo de los graves incidentes a principios de abril de 1957, conocidos como la batalla de Santiago. Ante un contexto de crisis económica y la estrategia oficial de adoptar un plan económico ortodoxo, la decisión aumentar la tarifa del transporte público provocó movilizaciones e incidentes en Santiago que resultaron en una severa represión que provocó decenas de muertos, acompañada por la implantación del estado de sitio, el otorgamiento de facultades extraordinarias al presidente, censura y numerosos arrestos. El CC no hizo público ningún pronunciamiento público frente a los incidentes, si bien tanto Germain como de Baráibar enviaron detallados informes a París sobre la situación y sus opiniones que explican este silencio público. Ambos señalaban que los disturbios tenían su origen en la situación económica que había llevado a estudiantes, obreros y público general a las calles, y tras proveer una breve evaluación de las consecuencias políticas y sociales de los disturbios, recomendaban precaución en la actitud del comité chileno. Según Germain, el CC debía evitar “toda actitud apasionada” y trabajar para el restablecimiento de las libertades, dado que su pasado de lucha contra el comunismo lo convertiría “en el punto de encuentro de los intelectuales libres.” Por su parte, de Baráibar argumentaba que “durante una temporada tendremos que marchar con cuidado en Chile”, y que el silencio público era recomendable dado que ese tipo de situaciones eran excepcionales y siempre terminaba predominando “el criterio democrático.”43

Si Ibáñez del Campo no le ofrecía oportunidad al CC de acercarse al poder, aún menor era la posibilidad de que lo hiciera desde el gobierno del conservador Jorge Alessandri en 1958-64. En tanto ubicado ideológicamente en una posición de centro-izquierda democrática no comunista, el comité también había criticado desde sus inicios al partido conservador y a los sectores tradicionales—en especial la jerarquía local de la Iglesia Católica, de matriz profundamente conservadora—como obstáculos en la construcción de una democracia liberal progresista. Los ataques contra el Partido Conservador y publicaciones en esa vertiente ideológica fueron especialmente dirigidos por los falangistas del comité chileno, quienes buscaban demostrar que el catolicismo en la versión demócrata cristiana de Maritain era compatible con la democracia, y se expresaron con abundancia y frecuencia en las páginas de Política y Espíritu. Por ejemplo, la revista criticó el anticomunismo reaccionario y conservador de la revista Estudios del Comunismo,44 incluyó frecuentes críticas al diario conservador El Diario Ilustrado en esa clave45 y reprodujo declaraciones del Congreso Internacional Demócrata Cristiano de 1956 en Santiago atacando al comunismo soviético, las dictaduras latinoamericanos y el “anticomunismo negativo” conservador.46 Para el comité chileno, la elección de Alessandri en 1958 no era lo deseado pero era ciertamente un mal menor comparado con la candidatura del Frente Amplio Popular (FRAP) que llevaba a Salvador Allende como candidato de la alianza de comunistas y socialistas. Como evaluara de Baráibar, si bien las políticas económicas conservadoras de Alessandri podrían incidir negativamente sobre los obreros y las clases medias, creando un clima revolucionario favorable al comunismo, por otra parte el comité podría desarrollar su actividad con libertad.47 Frente a esta situación, la Falange Nacional, y el Partido Demócrata Cristiano a partir de 1958, eran las opciones preferidas, tanto por la participación de figuras tales como Castillo y Magnet y las buenas relaciones del comité con Frei y Tomic48 como así también porque su programa de reformas democráticas y capitalistas, opuestas a la alternativa revolucionaria de la izquierda, era compatible con el programa del CLC.

Así, a diferencia de la extrema y directa participación de la AALC en el proceso político argentino, el comité chileno no encontraba posibilidades, por razones políticas e ideológicas, de ejercer una influencia similar desde el estado a la que habían alcanzado sus colegas trasandinos durante la Revolución Libertadora. Por esa razón, la lucha contra el comunismo se desarrollaría en dos ámbitos específicos, el sindical y el cultural. En el caso sindical, la actividad se canalizaría a través del apoyo al denominado sindicalismo libre, en contra de los sectores comunistas y más radicales que tenían fuerte influencia en el movimiento obrero chileno. En particular, esta acción se realizó a través del apoyo y colaboración del comité con los grupos obreros afiliados a la Organización Regional Interamericana del Trabajo (ORIT, 1951), la organización regional americana de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), una organización sindical internacional surgida en 1949 de la escisión con aquellas de tendencia comunista (Alexander, 2009; Rodríguez García, 2010). Por su orientación contraria al comunismo, la CIOSL y la ORIT se transformarían en uno de los vehículos para la influencia de los Estados Unidos en América Latina, y en ese sentido, la acción del CLC en América Latina fue facilitada por la estrecha colaboración con el CIOSL. Ya en 1954, en el marco de la primera conferencia de los comités latinoamericanos del CLC, Gorkin reconoció que la labor del CLC contaba con el apoyo del CIOSL (Iber, 2011).

La relación del CIOSL-ORIT con el comité chileno fue particularmente intensa. En septiembre de 1954, de Baráibar informaba sus planes de “penetración” en el mundo obrero y que había entrado en contacto con del delegado en Chile de la CIOSL para organizar una filial de la ORIT, comprometiéndose a formar un comité de colaboración entre el comité chileno y la filial, integrado el primero por él mismo, Germain, Castillo y González Inestal. El plan incluía el dictado de cursos de capacitación para “futuros dirigentes sindicales,” para lo cual solicitaba apoyo financiero del CLC.49 A los largo de los años, el comité le prestaría apoyo a grupos aliados socialistas y social cristianos en el movimiento obrero para tratar de construir una alternativa a la fuerte influencia de comunistas y socialistas. Tras la elección de Alessandri, De Baráibar informaba sobre la creación de una nueva Confederación Nacional de Trabajadores, afiliada a la CIOSL-ORIT, a la que “tanto hemos ayudado indirectamente” a través de su participación y la de Germain. Por cierto, las acciones del CLC y del comité chileno en el mundo obrero no pasaron desapercibidas para sus antagonistas comunistas, y así, por ejemplo, el diario comunista El Siglo los atacaba como “dependientes del aparato norteamericano CIOSL” y, por lo tanto, parte de la estrategia imperialista de EEUU.50

Cabe destacar que la labor del comité chileno respecto de la CIOSL-ORIT contrasta claramente con la de la AALC en el mundo laboral argentino. En el caso argentino, los grupos sindicales socialistas y antiperonistas, vinculados con los grupos que se sumarían a la AALC, se unieron luego de la victoria de Perón en el Comité Obrero Argentino de Sindicatos Independientes (COASI), y sus delegados serían los representantes argentinos en el CIOSL en 1949 y la ORIT en 1951.51 Sin embargo, la hegemonía del peronismo en el mundo obrero, antes y después de la caída de Perón, limitó fuertemente la influencia de dichos sectores, especialmente dadas las combativas acciones de resistencia de las bases obreras peronistas después de 1955, y no permitió una acción similar a la desarrollada en el caso chileno, lo que se demuestra en la escasísima referencia al tema en la correspondencia de la AALC con la central parisina.

En el ámbito de la cultura, el comité chileno desarrolló una intensa actividad en varios frentes. Si para la AALC el peronismo fue la preocupación principal, el enemigo principal de sus colegas chilenos era el partido comunista y sus intelectuales, especialmente Neruda, verdadera bête noire y adversario personal de Gorkin y de de Baráibar en publicaciones y eventos. El CC se enfrentó con el comunismo local desde sus mismos inicios. Así, en respuesta al Congreso Continental de la Cultura organizado por Neruda en 1953, los miembros del comité no dudaron en atacarlo desde Cuadernos al mismo tiempo que Gorkin y el comité local procedían a organizar la primera conferencia de las filiales latinoamericana en 1954 en Santiago. A partir de ese momento, el comité procedió en sus primeros años a un duro contrapunto con Neruda y el PC, denunciando la organización e infiltración comunista en el Festival de la Juventud Sudamericana de enero de 1955 y en la Conferencia sobre las Libertades de agosto de 1955.52 Cómo lo ha destacado Iber (2011: 243), la tirria del comité y sus dirigentes con Neruda y el diario comunista El Siglo era mutua y directa, y llevaba a un contrapunto constante de denuncias y ataques. Así, por ejemplo, en noviembre de 1956 y en representación del comité Jaime Castillo iniciaba acciones legales en contra de El Siglo por difamación.53

Para llevar adelante su tarea cultural, y de la misma manera que la AALC, el CC también contaba con una red de publicaciones y radios. Ya en sus inicios en julio de 1953, de Baráibar señalaba que el comité podía contar con los periódicos El Mercurio –en el que de Baráibar escribía frecuentemente y que publicaría constantemente información sobre el CLC y el comité-- y el conservador El Diario Ilustrado, además de las radios Sociedad Nacional de Minería y Cooperativa Vitalicia—estas dos principalmente, si bien el comité también difundía información y programas en otras, tales como la Radio Sociedad Nacional de Agricultura, Radio Chilena, y Radio Cruz del Sur.54 Estos espacios, sumados a los otros ya mencionados como las publicaciones falangistas de la Editorial del Pacífico y Política y Espíritu y la publicación Cultura y Libertad del comité—que sólo publicó cinco números en 1954-1955—permitían difundir sus actividades a un público más amplio. Asimismo, en su lucha contra Neruda y los comunistas, el comité chileno libró una batalla en instituciones culturales en las que sus miembros tenían participación, como fue el caso de la Universidad de Chile, el PEN Club y la Sociedad de Escritores de Chile (SECh).

Tanto en el PEN Club como la SECh, el comité se preocupó de lograr que sus miembros y allegados consiguieran el dominio de dichas instituciones sobre el comunismo, lo que lograron en la segunda mitad de la década. En el caso del PEN Club, las elecciones de 1958 consagraron a un directorio en el que varios de sus miembros tenían también una participación activa en el comité chileno—como la secretaria general, varias veces reelegida, Chela Reyes, y los directores Luis Melendez (esposo de Reyes) y Amanda Labarca, vicepresidenta del CC—o bien tenían una buena y fluida relación en él—como era el caso de el caso de la nueva presidenta, Marta Brunet, y otros directores como Hernán Poblete. La intencionalidad en logar el control de la institución era manifiesta; por ejemplo, De Baráibar sostenía en su reporte sobre las elecciones que Magnet le había hablado sobre la necesidad de que el PEN Club tuviera una mayor actividad.55 Además, en el caso de la SECh, para entonces los escritores del CC ya arrastraban una historia de conflicto con Neruda y los comunistas como eco de las disputas que mantenían en otros ámbitos. Así, por ejemplo, Magnet, que había sido designado como delegado ante el comité organizador del Conferencia Latinoamericana por las Libertades de 1955, renunció a dicho cargo aduciendo que existía “influencia comunista en dicha organización.”56 El conflicto eclosionó a principios de 1958. De Baráibar reportaba a París de la “durísima pelea para evitar” la elección de una comisión directiva presidida por Neruda. Como parte de esta lucha, Magnet presentó, y logró, el ingreso de treinta y tres nuevos socios, mayoritariamente demócrata cristianos—entre ellos, Jaime Castillo--, lo que fue vigorosamente denunciado por El Siglo.57

El intento fracasó y Neruda fue elegido presidente de la SECh. El conflicto era particularmente virulento, dado que Gorkin se encontraba en esos momentos en Chile y mantenía una áspera disputa en los diarios con Neruda y El Siglo. Gorkin no dudaba a en atacar Stalin como “un loco al que Neruda dedicó sus poemas” y denunciando que Neruda lo había atacado (a Gorkin) “con un lenguaje soez y calumnioso.” Desde El Siglo, rescataban a Neruda como “un hombre de la cultura mundial” y lo contraponían a Gorkin, presentado como un “canalla,” “funcionario del FBI”, “delator”, “soplón”, “un confuso y confusionista como el bien rentado, cebado y dolarizado ‘Congreso por la Libertad de la Cultura’”58 De todas maneras, Magnet y los otros miembros del comité chileno se encargaron de agitar constantemente las sesiones de la SECh, y eventualmente, consiguieron triunfar en las elecciones de la Comisión Directiva de 1959. Dichas elecciones no solo consagraron presidente a Julio Barrenechea y secretario a Magnet—entonces presidente y secretario, respectivamente, del CC—, sino que entre los miembros del directorio se destacaban también Brunet y Raúl Aldunate.59 El comité chileno se aseguró así el control, si bien temporariamente como se detallará luego, de la SECh.

El PEN Club y la SECh muestran así las estrategias desplegadas por el comité chileno. En el caso de la SECh, se puede relacionar con los esfuerzos que la AALC hacía por asegurar el control de la SADE., que atravesaba después de la caída de Perón una situación de división y crisis producto de la polarización política. Así, en 1956 los debates entre los escritores de la SADE sobre si aceptar o no el apoyo del estado—la Revolución Libertadora—para organizar el cuarto congreso de escritores argentinos en ese año derivaron en la renuncia del vicepresidente en ejercicio de la presidencia y miembro de la AALC, José Luis Romero (Fiorucci, 2011: 197-198). Frente a las elecciones de la comisión directiva de 1957, Carranza informaba que Carlos Erro, otro integrante de la AALC, había triunfado sobre “el semi-demente Martínez Estrada”, quien había sido apoyado por comunistas y “compañeros de ruta”, y prometía que la AALC le ayudaría a Erro a reforzar “la posición democrática” en la SADE.60

Más allá de sus diferencias relacionadas con sus particulares contextos nacionales, tanto el CC como la AALC movilizaron sus redes en apoyo de las campañas internacionales organizadas por el CLC. Un ejemplo es la que desplegó en protesta por la represión soviética de las manifestaciones de Hungría, una de las principales campañas que el CLC desplegó en su historia. Entre los actos organizados por la AALC, se cuentan un programa en radio Excelsior en marzo de 1957, con la participación de Solari, Agustín Alvarez y el exiliado húngaro Luciano Klein en el aniversario de la revolución húngara de 184861 y un acto en julio del mismo año sobre la situación húngara, organizado por los miembros de la AALC que eran también miembros de la Asociación Pro-Naciones Unidas.62 En julio de 1958, la AALC organizó otro acto público en protesta por las ejecuciones en Hungría, con la participación de un refugiado húngaro y representantes de distintos partidos políticos, y le siguió con otro en noviembre en solidaridad con “Hungría libre” con la participación de políticos radicales, socialistas y demócrata progresistas, el ex diputado húngaro demócrata cristiano, Ladislao Varga, y el ex alcalde de Budapest, Joseph Kovago.63 En noviembre, Carranza y Solari enviaron telegramas al canciller argentino y a las Naciones Unidas solicitando la exclusión del “gobierno títere de Hungría” de las Naciones Unidas porque su aceptación representaba “un agravio moral internacional.”64 La AALC también estuvo a cargo de publicar la traducción del Libro Blanco de la Revolución Húngara por la Editorial Kraft en 1959—Carranza se aseguró de enviarles copias a Aramburu y Rojas--, y también circuló otro material sobre la revolución húngara, como el libro de Tibor Meray Thirteen days that shook the Kremlim, enviado desde los cuarteles de París.65

Por su parte, el comité chileno también desarrolló una activa campaña sobre el tema. Ya en noviembre de 1956, el comité aceptó la propuesta, y comprometió su apoyo y el de sectores obreros opuestos a los comunistas que dominaban en la Central Única de Trabajadores (CUT) para organizar un acto en protesta en contra de “la intervención y deportaciones rusas en Hungría.”66 En enero de 1957, de Baráibar lanzó una campaña en los periódicos chilenos El Mercurio, El Diario Ilustrado y La Tercera de la Hora, entre otros, a favor de los “intelectuales democráticos” húngaros, seguida luego por la petición de una iniciativa en favor de Hungría firmada por los intelectuales democráticos chilenos y un desafío a los comunistas para que se pronunciaran a favor o en contra de la represión soviética. Esto derivó, según el reporte de Germain al CLC, en el mes de febrero en una “violenta polémica en la prensa” y la revista Ercilla entre de Baráibar y Castillo, por parte del comité chileno, y los intelectuales comunistas Neruda, Pablo de Rokha y Juan de Luigi.67

Como parte de la campaña de los comités latinoamericanos, el comité chileno también envió a fines de 1957 a las Naciones Unidas un telegrama a favor del pueblo húngaro firmado por representantes de numerosos sindicatos y grupos universitarios radicales, liberales, católicos y conservadores.68 En octubre de 1958, y conmemorando el segundo aniversario de los sucesos, el comité organizó una “velada a la democracia húngara” en el Salón de Honor de la Universidad de Chile, presidida por Aldunate y con la participación de un representante del Consejo de los Húngaros, el diputado demócrata cristiano Tomás Reyes (presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados) y el senador radical Julio Durán, a la que le siguió una manifestación pública y un mitín en el centro de Santiago organizados por agrupaciones estudiantiles y juveniles afines al comité.69 Los miembros del comité llevaron el tema a otras instituciones como la SECh, en donde también chocaron con los comunistas y escritores de otras tendencias. Esforzándose en mantener el balance entre las distintas tendencias políticas, en noviembre de 1956 el directorio de la SECh acordó no solo protestar frente a los sucesos de Hungría sino también a la intervención occidental en Egipto y todos aquellos tendientes “a fomentar un clima de guerra y la guerra misma.”70 En junio de 1958, y con Neruda como presidente de la SECh, el escritor Raúl Aldunate propuso al directorio una resolución de protesta frente “al alevoso asesinato de intelectuales periodistas húngaros…por un gobierno dictatorial, bajo dominio extranjero soviético”. La propuesta motivó un apasionado debate, con algunos escritores sosteniendo que la SECh era una organización apolítica y que debería dedicarse a temas exclusivamente gremiales, mientras otros de izquierda reclamaban que se agregara a la protesta la condena a los atropellos cometidos por Francia en Túnez, el fusilamiento de adolescentes griegos por Inglaterra en Chipre, la libertad del matrimonio de Julius y Ethel Rosenberg en EEUU, y la condena de los sucesos de abril de 1957 en Santiago.

Finalmente, se aprobaría una declaración que sostenía que la SECh, “respetuosa de las ideologías y creencias religiosas de sus asociados y en bien, de la fraternidad del gremio”, mantenía su tradición de “abstenerse de pronunciamientos de carácter político.” Estos incidentes, producidos en el contexto de la lucha del comité chileno contra Neruda en la SECh, motivaron a Neruda a señalar “la atmósfera de provocación que se está estimulando por sectores muy conocidos, vendrá un Directorio con fobia anticomunista que determinará la reacción consiguiente” y que de seguir este ambiente ofrecería su renuncia.71

Tensiones, crisis y el fin del CC y la AALC

Como se puede apreciar, los comités de Argentina y de Chile siguieron las directivas generales del CLC en la campaña internacional sobre Hungría, que se repetiría en otros temas como el caso del premio Nobel de Boris Pasternak y sobre la revolución cubana, que por razones de espacio no se expanden en este texto. Ahora bien, las posturas políticas asumidas por los comités generaron tensiones, conflictos y renuncias tanto hacia adentro como respecto del resto del arco político. En el caso de la AALC, los conflictos se enmarcaron en las fracturas generadas en el frente intelectual y político antiperonista luego de 1955 y la progresiva pérdida de la hegemonía cultural que habían gozado círculos como Sur frente a nuevas tendencias desde el peronismo y la izquierda (Sigal, 2002, Terán, 1993). Un ejemplo conocido son las disputas que enfrentaron Borges—quien mantuvo su antiperonismo visceral—, Martínez Estrada—quien, si bien crítico del peronismo, reconocería sus raíces populares-- y Ernesto Sábato—como Borges, miembro de la AALC y que pasaría a criticar la agenda antiperonista en 1955-57. En un programa de radio de 1957 en el que Sábato participó junto al Directorio de ASCUA—todos ellos miembros de la AALC—, Sábato denunció casos de tortura cometidos por la Revolución Libertadora contra peronistas, lo que motivó su alejamiento de ASCUA y de la AALC (Fiorucci, 2011: 186-197, 203-204)— ese es el motivo por el cual el nombre de Sábato aparecería desde entonces tachado en el papel membreteado oficial de la AALC.

Los conflictos se agravaron a medida que las fracturas políticas se hacían evidentes. Así, en 1958 el Partido Socialista se dividió, dejando en las dos facciones a miembros de la AALC: el Partido Socialista Democrático—que incluía a Ghioldi, Solari y Repetto y mantendría un antiperonismo furioso y aliado a los sectores de la Revolución Libertadora—y el Partido Socialista Argentino—que incluía a Palacios, José Luis Romero y Sánchez Viamonte. Con la AALC bajo la dirección de Carranza y Solari ahora vinculada al PSD, la división socialista afectó también al comité juvenil de la AALC, cuyos líderes se unieron al PSA, y a la filial de Córdoba, y a partir de entonces prácticamente desparecen las menciones a ambos grupos en la correspondencia de la AALC y en publicaciones como Cuadernos (Tortti, 2009; Janello, 2014). El alineamiento con el PSD también explica que a partir de entonces el periódico del PSD, Afirmación, incluyera abundante información del CLC, quien desde París y a través de Gorkin le expresó su apoyo en las circunstancia de la división socialista.72 Este conflicto podría explicar la renuncia del presidente de la AALC, Giusti, en 1958. Giusti no había cedido ni en su antiperonismo—evidente en el discurso en que aceptó el Gran Premio de Honor de la SADE en 1958 (Giusti, 1958: 25-34) —ni en su anticomunismo—expresado en el prólogo al libro de Carranza publicado por la AALC en 1959, Intelectual, ¿por qué eres comunista? (Carranza, 1959). Si bien expresó que su decisión no era desacuerdo con la AALC, ya que estaba renunciando también al CLES y sus cargos en la Universidad, y prometió su apoyo a otras actividades, es posible, como argumenta Janello (2014), que la decisión estuviera motivada por los conflictos mencionados. Bajo la dirección de Solari y Carranza, y como se ha explicado anteriormente, la AALC se consolidaría bajo el gobierno de Frondizi aliada a sectores del antiperonismo duro y el anticomunismo, lo que resultó en su progresiva marginación y alienación.

En el caso del comité chileno, la lucha contra el comunismo ya había creado problemas desde sus orígenes. De hecho, su primer presidente, Nicolai, seria desplazado tanto por su avanzada edad como por la incomodidad que ya en 1954 provocara su rígido anticomunismo y sus críticas al comité chileno por lo que él percibía como una posición exageradamente dura respecto de los Estados Unidos y que no compartía —Gorkin y el comité chileno preferían que esa posición anticomunista no fuera tan explícita (Iber, 2011). Además, ciertamente existían tensiones entre los grupos políticos que integraban el comité. Por ejemplo, si bien El Diario Ilustrado era uno de los canales de difusión del comité, por otra parte eso no quitaba que los miembros falangistas del comité lo atacaran en Política y Espíritu por sus posiciones tradicionalistas, o bien que el comité en general se distanciara del conservadorismo a pesar de usar ese medio o El Mercurio.

La lucha contra el comunismo también tenía sus costos para la participación de los miembros del comité en otros ámbitos. En el caso del socialismo, en julio de 1957 se realizaba el congreso de unificación entre el Partido Socialista Popular y el Partido Socialista de Chile. En el contexto de aproximación al partido comunista con vistas a la colaboración en el FRAP, se estableció la incompatibilidad de la afiliación al nuevo PS con la del CLC. Por esta decisión, Julio C. Jobet, miembro del comité chileno e histórico socialista, tuvo que renunciar a la participación en el comité chileno. Durante los debates, Jobet y el comité chileno fueron atacados duramente desde El Siglo como dependientes del Departamento de Estado estadounidense, lo que motivó al comité a defenderse con una declaración publicada en El Mercurio, El Diario Ilustrado, La Nación y La Tercera de la Hora. Si bien Jobet pudo mantener su cargo en el consejo directivo del PS unificado, la incompatibilidad redujo la posibilidad de influencia del comité en PS.73 Para contrarrestar el hecho, y de la misma manera que lo haría frente a la división del socialismo argentino un año después, Gorkin le envió a de Baraibar una lista de “los más eminentes nombres socialistas de nuestro Congreso” para demostrar que el verdadero socialismo era compatible con el CLC.74 No parece haber tenido mayor éxito, y hacia 1960, de Baráibar reportaba que encontraba a Jobet “en un estado psíquico deplorable como consecuencia de su total divorcio con este bellaco Partido Socialista de Chile.”75

En el caso de la SECh, en 1960 y un año después del triunfo en las elecciones de la comisión directiva, se reportaba que “la comisión democrática” presidida por Barrenechea no había acertado a “preparar la reelección” para asegurar “un nuevo total predominio de los demócratas”, y que los comunistas habían trabajado con independientes para asegurarse así cuatro puestos frente a siete demócratas.76 A fin de año Chela Reyes reportó a la comisión directiva del CC que socialistas y comunistas estaban desplegando una intensa actividad para lograr el triunfo en las elecciones del año próximo.77 Así, en las elecciones de 1961 los candidatos auspiciados por el comité chileno fueron derrotados, y cuando Chela Reyes y Carmen Castillo buscaron ansiosas la ayuda de Magnet este les respondió que “por ningún motivo volvería a luchar en las elecciones de la SECh.” Magnet luego aclararía los motivos de la derrota a la Comisión Directiva, producto de la indiferencia de los “elementos demócratas,” visión compartida y lamentada por de Baráibar.78

Tanto el caso de Jobet y el socialismo como el de la SECh demuestran que la influencia del CC se revelaba decreciente frente al proceso de izquierdización de la cultura y la política chilenas. En este sentido, el comité chileno se enfrentaba a una situación similar de marginación a la que afectaba a la AALC en el contexto de las violentas rupturas generadas por el peronismo. En el caso del socialismo chileno, esa influencia sería cada vez más difícil, si no imposible, de lograr a medida que el socialismo y el comunismo afirmaban su colaboración en el FRAP y que culminaría en los años venideros en la Unidad Popular. La polarización también afectó al comité juvenil. En 1961, de Baráibar reportaba que dos de sus miembros, Anselmo Sule y Pedro Gugliemetti, se habían pasado a los comunistas y trabajaban con ellos para organizar el congreso de la Federación Mundial de la Juventud Democrática.79 Las relaciones del comité chileno con los otros partidos tampoco prosperaron. En el caso de los demócrata cristianos, se vieron cada vez más absorbidos por la creciente importancia que el partido tenía en la política chilena, lo que parece haber relegado la participación y el interés en el comité chileno, como el gesto de Magnet sobre la SECh en 1960 parece indicar. De hecho, es sintomático que la amplia cobertura que Política y Espíritu había dado al CLC y el comité chileno hacia 1961 se había transformado en esporádica y escasa.

Este contexto de creciente marginación, junto a cambios en el contexto regional e internacional, contribuyó al final de los comités argentino y chileno. En 1959 la revolución cubana no solo revigorizó los debates intelectuales y políticos en América Latina sino que llevó al CLC a reevaluar sus operaciones en la región. El CLC, que había apoyado la lucha contra Batista a través de su comité local y saludado el triunfo de la revolución cubana, un año después se pronunciaba en contra dado el giro pro-soviético de la revolución. La AALC y el CC habían seguido esa trayectoria, tal como habían apoyado la campaña de Hungría, pero la crítica a la revolución a partir de 1960 confirmaba su posición marginal frente a las nuevas corrientes y desafíos políticos. Frente a esta situación, el CLC evaluó que sus filiales se habían concentrado en una agenda demasiado enfocada en el anticomunismo y en una crítica de carácter conservadora a la democracia, vinculadas a grupos que no tenían una llegada clara a la sociedad y sin capacidad de influir concretamente en el mundo intelectual y político. En consecuencia, a principios de la década inició una serie de reformas. Gorkin dejó su lugar a cargo de la secretaría latinoamericana del CLC y como director de Cuadernos, que sería ocupado por Germán Arciniegas durante sus dos últimos años en 1963-65. A fines de 1963 y principios de 1964, los comités argentino, chileno y mexicano fueron dados de baja, y en 1965 todas las filiales latinoamericanas fueron reorganizadas y colocadas bajo el Instituto Latinoamericano de Relaciones Internacionales (ILARI). Louis Mercier Vega—el trotskista belga que junto con Gorkin, había participado en la creación de las filiales latinoamericanas—presidió la transición y quedó a cargo del ILARI. El ILARI también terminó la publicación de Cuadernos y la reemplazó, con dos nuevas publicaciones: Mundo Nuevo, dedicada a temas intelectuales y literarios, y Aportes, enfocado en cuestiones sociológicas (Mudrovcic, 1997; Iber, 2011; Glondys, 2012).

El proceso de cambio en Argentina y Chile se inició en 1962. A principios de ese año, Mercier Vega y el escritor Keith Botsford viajaron a América Latina, describiendo la situación de la región y la realidad y perspectivas del CLC. El caso argentino no recibió mayor atención, pero en el chileno se detallaban su actividad y destacaba que las acciones del comité reflejaban la “difícil situación política del país” y por ello eran “más tendenciosas y polémicas” que en el caso de Brasil. El reporte avanzaba las nuevas ideas para la reorganización del CLC, entre ellos dar un mayor énfasis a lo cultural antes que lo político y crear grupos de estudio sobre temas contemporáneos que pudieran desarrollar relaciones con el mundo intelectual y académico.80

En el caso argentino, Mercier Vega ofrecía luego en agosto de 1962 un descarnado reporte a París sobre la situación del país--bajo “un gobierno instalado y controlado por los militares y sin autoridad ni crédito ante la opinión pública—y de la AALC, que gozaba de “muy poca presencia en el vida argentina”. Mencionaba que prestigiosos intelectuales del comité, como Borges, Ocampo, Houssay y Giusti, se mantenían alejados del comité, que tenía la reputación de “una organización anticomunista dedicada únicamente a esa política.” Los que frecuentaban o usaban la asociación eran de “tendencias de centro-derecha”, el diálogo se reducía a gente de ideas similares y la AALC no se abría nunca a “grupos de izquierda” y juveniles. Bajo la dirección de Carranza y Solari, se había transformado en un grupo cerrado, cuyas publicaciones tenían un “tono social conservador.” Como solución, Mercier Vega proponía, para evitar una crisis mayor, rodear a Solari y Carranza de miembros más jóvenes y reorganizar la AALC con la creación de grupos de trabajo sobre “temas contemporáneos” –la reforma universitaria, el peronismo y la crisis editorial argentina--realizados con un espíritu más académico y científico. Junto con un ciclo de conferencias y la revitalización del grupo juvenil, esperaba preparar las nuevas actividades y personas para liderar la asociación en la nueva etapa. Mercier Vega sostenía que había explicado su programa a la AALC, y si bien no había habido ninguna acción consecuente, había sido recibido en general de buena manera.81 Mercier Vega se movió rápidamente y en agosto había contacto un grupo de académicos en Rosario para establecer el grupo de estudios sobre el peronismo y designado un representante para Córdoba y el litoral.82

En el caso chileno, en noviembre de 1962 de Baráibar y Castillo eran informados en París sobre los nuevos lineamientos, y en diciembre Mercier Vega participó de una reunión extraordinaria del comité chileno en Santiago, exponiendo sus ideas sobre los grupos de trabajo que incluirían a intelectuales al margen del congreso y sobre temas de interés para la vida intelectual del país, lo que fue bien recibido.83 A nivel de la central parisina del CLC, Mercier Vega expuso sus planes en dos reuniones en enero de 1963, detallando la propuesta de grupos de trabajo para diferentes países y la necesidad de crear una oficina especial que sirviera de enlace entre los grupos de trabajo y el CLC.84 A partir de entonces, y contando con la aprobación de la central de París, Mercier Vega avanzaría en su plan general y sobre Chile y Argentina en particular. Un factor adicional que parece haber contribuido a la decisión de terminar los comités mencionados es de orden financiero. A partir de 1961 e intensificándose en los dos años siguientes, en la correspondencia de las filiales con París se percibe un endurecimiento en las exigencias sobre las cuentas financieras de los comités, específicamente, sobre gastos y déficits incurridos por Carranza.

Hacia mayo de 1963, Mercier Vega ya había decidido el reemplazo de Carranza y Solari, y sin decírselo a ellos, informaba a París que tres voluntarios se habían ofrecido para “la toma” de la asociación--Horacio Rodríguez, Jorge Oscar Serrat y Héctor Murena—, expresando su confianza de que estos nuevos y más jóvenes líderes podrían extender la acción del CLC al interior del país.85 Mercier Vega enviaría finalmente en septiembre de 1963 una dura carta a Solari explicándole las razones y el programa de cambios.86 El proceso no parece haber sido tan duro con el comité chileno, y Mercier Vega reportaba en el mismo mes que había mantenido reuniones con los miembros del comité en el que se discutieron las nuevas iniciativas. Si bien sugería la búsqueda “un equipo de nuevos elementos” para el relevo de la dirección, por otra parte señalaba que el comité chileno no era “adversario” de la nueva orientación.87

Más allá de las diferencias, la realidad es que en diciembre los líderes de los dos comités fueron despedidos. Mercier Vega viajó Sudamérica, incluyendo Buenos Aires y Santiago, oportunidad en la que notificó a Carranza, Solari, de Baráibar y Germain sobre la decisión. Mercier Vega reportaba a París que “había asestado el golpe:” “Solari, groggy…Carranza, enfurecido, ya ha hablado de dinero y compensaciones.” Mercier Vega inmediatamente se puso en contacto con Rodríguez, Serrat y Murena, para preparar un aviso en los diarios avisando el fin de la AALC y su reemplazo por un nuevo Centro Argentino por la Libertad de la Cultura, arreglar la liquidación de los bienes y activos de la AALC, buscar un nuevo local y discutir los pagos de las deudas pendientes de la AALC88—tanto el CALC como la central de París pronto recibiría numerosos recibos de deudas impagas de la Biblioteca de la Libertad y otros gastos en los que había incurrido Carranza.

La transición chilena fue menos abrupta pero no exenta de tensiones. En Santiago, tras informales a de Baráibar y Germain sobre su despido, Mercier Vega mantuvo reuniones para revitalizar contactos y buscar el nuevo equipo que se hiciera cargo, además de reunirse con el resto del comité chileno para informar la situación.89 Labarca y Castillo, entre otros miembros del comité, expresaron que no se oponían a los cambios pero sí pidieron que se tratara con mayor flexibilidad la transición para evitar choques y rupturas. Mercier Vega les respondió, como lo haría con De Baráibar, que las sugerencias que él había hecho a principios de 1963 no se habían tomado en cuenta y que era necesario un cambio.90 El CC expresó su disgusto enviando una carta en papel membreteada, firmada por su presidenta, Amanda Labarca, y demás autoridades y miembros, destacando la labor realizada, sosteniendo que ya había avanzado con lo que ahora se pretendía con la reorganización, negando que se hubiera hecho solamente campaña anticomunista y expresando su desacuerdo con la remoción, especialmente en cuanto al procedimiento, de de Baráibar y Germain.91 Después de esta carta, el viejo comité dejaría de funcionar y a mediados de 1964 Mercier Vega anunciaría los nuevos líderes de la rama chilena: Juan Holederski, administrador, Miguel Arteche, a cargo de las conferencias y relaciones, y Victor Carvacho, a cargo de la sala de exposiciones “Libertad.”92

Conclusión

La historia de las filiales del CLC en Argentina y Chile en la década de 1950 y hasta 1964 es importante por varios motivos. En primer lugar, rescata y pone en valor la década de 1950 y la temprana Guerra Fría frente a visiones que la colocaban como un período de transición entre los regímenes populistas en países como Argentina y Brasil y los conflictos que atizaron a América Latina en los años 1960s producto de la revolución cubana y la crisis de los modelos industrialistas en varios países de la región. En segundo lugar, contribuye a una revisión del concepto y las dimensiones de la Guerra Fría cultural en la región, una perspectiva que deconstruye temporal, espacial y metodológicamente la Guerra Fría en sus fragmentos. Cronológicamente, demuestra que las disputas que involucraron a los intelectuales chilenos y argentinos afiliados con el CLC tenían raíces profundas en procesos culturales y políticos ya en curso, siguiendo en este sentido el llamado a revisar las fronteras temporales de la Guerra Fría en la región (Grandin & Joseph, 2010).

Espacial y metodológicamente, la historia del CC y la AALC cuestiona un enfoque que ve a la Guerra Fría cultural en América Latina como solamente derivativa del conflicto entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. Si bien es cierto que dicho conflicto constituyó la matriz de los enfrentamientos entre las filiales del CLC y sus adversarios, por otra parte queda claro que quienes se sumaron al CLC lo hicieron teniendo en cuenta sus propios intereses, ya fuera por el interés explícito de grupos como el PSD en Argentina y los falangistas/demócrata cristianos chilenos o bien porque, como señalara Franco (2002), el CLC y sus publicaciones les ofrecían a los latinoamericanos la posibilidad de la compañía, y el consiguiente prestigio, de intelectuales de renombre internacional además de beneficios tales como viajes, salarios y remuneraciones. Es decir, la visión del CLC en la región como una institución del imperialismo estadounidense y manipuladora de los procesos culturales, que aún dominaba el aporte por otra parte innovador de Saunders, debe ser matizada por otra que preste atención también a los intereses y estrategias de los grupos e individuos que se afiliaron en distintos países. Distintas redes y circuitos operaban a diferentes niveles incluyendo la conexión directa del CLC con la CIA y los Estados Unidos, la red de exiliados españoles, la red continental latinoamericana de intelectuales de prestigio como Arciniegas y Ocampo, y los diversos círculos políticos e intelectuales en cada uno de los países. Reconstruir las relaciones entre estos circuitos, como lo muestra la historia del CC y la AALC, es una manera de lograr una comprensión más acabada de la Guerra Fría cultural en América Latina.

Finalmente, y en relación con lo anterior, la historia desarrollada en este texto cuestiona el uso facilista de rótulos ideológicos y políticos. Los miembros chilenos y argentinos del CLC no tenían una sólida homogeneidad ideológica. Más allá de las coincidencias básicas sobre un concepto de liberalismo político y cultural y el anticomunismo, las tensiones, diferencias y matices abundaron. No sólo el término “cultura” tenía múltiples significados, en tanto fue apropiado por intelectuales comunistas y anticomunistas en sus disputas en la región (Janello, 2012). El mismo concepto de anticomunismo era multívoco. Como lo revelaron las críticas de los falangistas y del CC al anticomunismo conservador, o como lo habían hecho desde la década de 1930 los miembros de la AALC contra sectores de derecha anticomunista y antiliberal, el anticomunismo constituyó un ingrediente más para una diversidad de intelectuales y políticos con distintas orientaciones. Por otra parte, las crisis de la AALC y el CC señalaron un proceso de consolidación política e ideológica y revelaron las limitaciones del proyecto del CLC en la región. Esta crisis es más evidente en el caso de la AALC, ya que la vinculación con el antiperonismo y la Revolución Libertadora desde sus orígenes inevitablemente derivó en su marginación y pérdida de influencia.

En ambos casos, el proyecto del CLC demostró sus limitaciones frente a un mundo político e intelectual que se polarizaba progresivamente hacia fines de la década del cincuenta. Los cambios introducidos en 1963-64 y la creación del ILARI en 1965 no pudieron hacer nada por detener ese proceso. Sacudido por las revelaciones de la participación de la CIA y con restricciones presupuestarias por parte de la Fundación Ford, su principal fuente de fondos en los años 1960s, (Iber, 2011), el CLC terminaría sus operaciones en América Latina en 1972, cerrando así una capítulo importante en la historia de la Guerra Fría cultural en la región.

 
Notas

1 Correspondencia entre François Bondy y Víctor Alba, Robert Alexander y Nicolás Nabokov, y Serafino Romualdi y Nabokov, en International Association for Cultural Freedom (IACF) records, University of Chicago Special Collections, caja 204 Guía Vieja (GV), folio 5. Los archivos de la IACF fueron reorganizados entre 2012 y 2014, incluyendo una nueva catalogación de cajas y folios. El material consultado de acuerdo al catálogo antiguo será indicado al lado del número de caja con GV. Caso contrario, la numeración señalada corresponde al nuevo catálogo.

2 Gorkin, alias de Julián Gómez García, había sido fundador del Partido Comunista de Valencia y secretario general del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) durante la Guerra Civil Española. Ya opuesto al comunismo, se exilió en Mexico en 1940-1948, donde consolidó una red de relaciones con otros exiliados tales como Víctor Serge. De regreso a Europa, se unió al CLC para ayudar a expandir su acción a América Latina y para dirigir Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura. Iber, 2011; Janello, 2012, Glondys, 2012.

3 Julian Gorkin, “Congrès pour la Liberté de la Culture (Amérique Latine)”, 4 de noviembre de 1952, IACF records, caja 204GV, folio 5.

4 “Voyage en Amérique Latine de MM. Julian Gorkin et Louis Mercier”, s.f., IACF records, caja 204GV, folio 7.

5 “Vida del Congreso”, Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura [Cuadernos] no. 5 (marzo/abril 1954), pp. 108-109; Gorkin, “Rapport Sur Ma Dernière Tournée En AmériqueLatine (du 13 mars au 11 mai)” [1958], IACF records, serie 2, caja 131GV, folio 3.

6 El Congreso por la Libertad de la Cultura (1960).

7 Gorkin a Michael Josselson, 4 de diciembre de 1955, IACF records, serie 2, caja 131GV, folio 2,

8 Carranza, un abogado y periodista llegado a Buenos Aires en 1942, era también director del semanario España Republicana y secretario desde 1949 de la Federación de Asociaciones Democráticas Españolas. Abad de Santillán, 1956: 167.

9 De Baráibar era un periodista que había subsecretario del Ministerio de Guerra con Francisco Largo Caballero en 1937, colaborando durante la guerra con periódicos socialistas y anarquistas. Se exilió en Chile tras la victoria del franquismo. Iber, 2011: 241.

10 Además de los nombres citados, otros falangistas de prestigio y que desarrollarían carreras políticas relevantes en las décadas siguientes, como Eduardo Frei y Radomiro Tomic, estuvieron cerca del comité y participaron de varias de las actividades que organizó durante la década de 1950.

11 Carlos de Baráibar a Michael Josselson, 5 de julio de 1953, IACF records, serie 2, caja 204GV, folio 6; Janello, 2013-2014.

12 “Vida del Congreso”, Cuadernos, no. 22 (enero-febrero de 1957), p. 127. En Concepción, el CC había establecido contactos tempranos y a lo largo de la década organizó eventos y llevó a sus intelectuales de visita, pero recién en agosto de 1961 se concretó la creación de los comités juvenil y adulto en esa ciudad. Germain a Hunt, 5 de agosto de 1961, IACF records, serie 2, caja 220, folio 9.

13 “La Conferencia Juvenil de Santiago de Chile,” Cuadernos no. 16 (enero-febrero de 1956), pp. 126-127; Carranza, “Informe del viaje a Córdoba, efectuado del 28 al 30 de mayo, por don Germán Arciniegas, don Juan Antonio Solari y don Carlos P. Carranza, con el fin de organizar en la mencionada ciudad el Comité filial de la Asociación Argentina por la Libertad de la Cultura”, IACF records, serie 2, caja 216, folio 2.

14 Se puede apreciar en la participación de los estudiantes demócrata cristianos y radicales del comité juvenil chileno, por ejemplo, en su campaña para ser incluidos en el Congreso Latinoamericano de Juventudes de 1959. De Baráibar a Gorkin, 28 de noviembre de 1959, IACF records, serie 2, caja 218, folio 3.

15 Sánchez Albornoz fue presidente de la Asociación de Intelectuales Democráticos Españoles y en 1957 fue designado representante del gobierno republicano español en el exilio. Abad de Santillán, 1960: 421-422; “En honor de un ilustre español. Brillantísimo homenaje al Dr. Claudio Sánchez Albornoz,” España Republicana, 30 de septiembre de 1957, pp. 1, 2.

16 Víctor Alba a François Bondy, 2 de julio de 1952, y Robert Alexander a Nicolas Nabokov, 14 de julio de 1952, IACF records, serie 2, caja 205GV, folio 5.

17 Según Zanatta, el peronismo tenía un carácter expansionista en tanto buscó proyectarse a nivel internacional, fundamentalmente en América Latina. Esta característica fue percibida claramente por otros países y generó no pocos recelos que podían derivar en las acusaciones sobre las “ambiciones imperiales” de Perón. Por otra parte, esa proyección internacional peronista se asentaba sobre la base de la tradicional política exterior argentina que buscaba asentar un lugar privilegiado y de liderazgo regional, no tenía el carácter imperial de dominio que se le atribuía y, en último caso, no tuvo éxito en sus objetivos finales. Zanatta, 2013.

18 “Detención de intelectuales en Argentina,” Cuadernos, no. 2 (junio-agosto de 1953), p. 111; “Congreso por la Libertad de la Cultura,” 1960, pp. 24-25; Denis de Rougemont al Presidente Perón, 29 de mayo de 1952, IACF records, serie 2, caja 204GV, folio 7.

19 Américo Corrientes, “La República Argentina a la deriva,” Cuadernos, no. 3 (septiembre-diciembre 1953), pp. 91-95.

20 Gorkin to Josselson, 3 de junio de 1954, IACF records, serie 2, caja 211GV, folder 5.

21 “Informe del observador argentino,” en “Actas de las Sesiones Plenarias de la Primera Reunión de Comités Latinoamericanos del Congreso por la Libertad de la Cultura”, 9 de junio de 1954, IACF records, serie 2, caja 211GV, folio 5; ver también Julián Gorkin, “Information sur la réunion de Santiago du Chili (du 6 au 14 juin 1954),” IACF records, serie 2, caja 204GV, folio 11.

22 “La Argentina en la hora de libertad,” Roberto Giusti, “Los intelectuales bajo el peronismo” y Juan Antonio Solari, “Proceso y fin de una dictadura,” los tres en Cuadernos, no. 15 (noviembre-diciembre de 1955), pp. 6, 17-21 y 22-30, respectivamente.

23 “Rapport sur les Comités de L’Amérique Latine-Juillet 1960,” IACF records, serie 2, caja 220, folio 5.

24 Carlos Carranza, “Dos momentos críticos en la Argentina,” Germán Arciniegas, “Una revolución que duró doce horas” y Victoria Ocampo, sin título, los tres en Cuadernos, no. 21 (noviembre-diciembre de 1956), pp. 67-93, 25-27 y 26, respectivamente.

25 Carranza a Gorkin, 7 de junio de 1957, IACF records, serie 2, caja 216, folio 2; Gorkin a John Hunt, “Rapport Sur Ma Dernière Tournée En Amérique Latine (du 13 mars au 11 mai)” [1958], IACF records, serie 2, caja 131GV, folio 3; Gorkin a Carranza, 6 de mayo 1959, IACF records, serie 2, caja 218, folio 1; Cuadernos, no. 31 (julio-agosto 1958), pp. 111-112.

26 Julián Gorkin, “Informe sobre la situación en Argentina. Viaje del 24 de noviembre al 30 de diciembre de 1955,” IACF records, serie 2, caja 211GV, folio 6.

27 Gorkin a John Hunt, “Rapport Sur Ma Dernière Tournée En Amérique Latine (du 13 mars au 11 mai)” [1958], IACF records, serie 2, caja 131GV, folio 3; Gorkin to Carranza, May 6, 1959, IACF records, serie 2, caja 218, folio 1.

28 Carranza a Gorkin, 5 de febrero de 1958, IACF records, serie 2, caja 217, folio 3.

29 Juan Antonio Solari, “La nueva situación argentina”, Cuadernos, no. 31 (julio-agosto de 1958), pp. 73-76; Carlos P. Carranza, “Inflación y descapitalización en Argentina”, Cuadernos, no. 36 (mayo-junio de 1959), pp. 93-96.

30 Carranza a Gorkin, 14 de octubre de 1960, IACF records, serie 2, caja 219, folio 1.

31 Asociación Argentina por la Libertad de la Cultura. Reuniones de Carácter Privado” [1960], IACF records, serie 2, caja 219, folio 1.

32 Carranza a Gorkin, 19 de septiembre de 1960, IACF records, serie 2, caja 209, folio 1.

33 “Proyecto de Víctor Alba,” 20 de octubre de 1960, IACF records, serie 2, caja 220, folio 3.

34 Carranza a Gorkin, 30 de septiembre de 1961, IACF records, serie 2, caja 220, folio 6.

35 Carlos de Baráibar y André Germain a Josselson, 5 de agosto de 1953, IACF records, serie 2, caja 204GV, folio 6; de Baráibar a Josselson, 15 de julio de 1954, IACF records, serie 2, caja 204GV, folio 8.

36 “La libertad se conquista” y “La ley de defensa de la democracia en plena vigencia”, ambos en Política y Espíritu, no. 92 (1953), 1 y 17-18, respectivamente.

37 “El mensaje presidencial”, Política y Espíritu no. 93 (1 de junio de 1953), p. 1.

38 Radomiro Tomic “Análisis del panamericanismo y criterios para una política exterior en relación con Argentina”, Política y Espíritu, no. 93 (1 de junio de 1953), pp. 3-11.

39 Política y Espíritu, no. 96 (15 de julio de 1953), pp. 6-10.

40 De Baráibar, “Desarrollo del Congreso por la Libertad de la Cultura en Chile”, 1956, IACF records, serie 2, caja 216, folio 9; “A propósito de ‘Nuestros Vecinos Justicialistas’”, Política y Espíritu, no. 104 (15 de noviembre de 1953), pp. 10-12.

41 “La propaganda peronista”, Política y Espíritu, no. 109 (1 de febrero de 1954), p. 10.

42 De Baráibar, “En torno a la caída de Perón”, Cultura y Libertad, no. 4 (octubre 1955), pp. 7-10; “Política internacional”, Política y Espíritu¸ no. 143 (1 de octubre de 1955), pp. 5-8.

43 Germain a John C. Hunt, 7 de abril de 1957, IACF records, serie 2, caja 204GV, folio 10; de Baráibar a Gorkin, 9 de abril de 1957, IACF records, serie 2, caja 216, folio 3.

44 “Revistas”, Política y Espíritu, no. 123 (1 de noviembre de 1956), p. 26.

45 Ver, por ejemplo, “Los métodos de ‘El Diario Ilustrado’”, Política y Espíritu, no. 221 (1 de mayo de 1959), pp. 20-25.

46 “Congreso Internacional Demócrata Cristiano. Informe de la Segunda Comisión A”, Política y Espíritu, no. 151 (1 de febrero de 1956), pp. 19-28.

47 De Baráibar a Gorkin, 16 de junio de 1958 y 27 de junio de 1958, ambos en IACF records, serie 2, caja 217, folio 5.

48 De Baráibar a Joselsson, 3 de julio de 1958, IACF records, serie 2, caja 217, folio 6.

49 De Baráibar a Gorkin, 1 de septiembre de 1954, IACF records, serie 2, caja 204GV, folio 8

50 “Mr. Gorkin y la SECH”, El Siglo, 5 de abril de 1958, p. 3.

51 Alexander, 2009: 177-180; Bailly, 1967: 121-122.

52 De Baráibar, “Desarrollo del Congreso por la Libertad de la Cultura en Chile”, 1956, IACF records, serie 2, caja 216, folio 9. Janello (2012) ha explorado en detalle los conflictos alrededor de estos eventos

53 Germain a Josselson, 22 de noviembre de 1956, IACF records, serie 2, caja 204GV, folio 10

54 De Baráibar a Joselsson, 5 de julio de 1953, op. cit.; De Baráibar, “Desarrollo del Congreso por la Libertad de la Cultura en Chile,” op. cit.

55 De Baráibar a Gorkin, 25 de agosto de 1958, IACF records, serie 2, caja 217, folio 6.

56 Sociedad de Escritores de Chile (SECh), Libro de Actas 1953-1956, sesión del 20 de junio de 1955, p. 154.

57 De Baráibar a Joselsson, 7 de abril de 1958, IACF records, serie 2, caja 112, folio 1; SECh, Libro de Actas 1956-1960, sesión del 31 de marzo de 1958, p. 115; “Mr Gorkin y la SECH”, El Siglo, 6 de abril de 1958.

58 “Gorkin ataca: Stalin era un loco al que Neruda dedicó sus poemas,” Las Noticias de Última Hora, 4 de abril de 1958, s.p.; El Siglo, 5 de abril de 1958, p. 3, ambos en IACF records, serie 2, caja 205GV, folio 3.

59 “Asamblea general de socios del 13 de abril de 1959”, SECh, Libro de Actas 1956-1960, pp. 258-260; De Baráibar a Gorkin, 14 de abril de 1959, IACF records, serie 2, caja 218, folio 3.

60 Carranza a John Hunt, 2 de agosto de 1957, IACF records, serie 2, caja 216, folio 2.

61 Carranza a Gorkin, 26 de marzo de 1957, IACF records, serie 2, caja 211GV, folio 2.

62 Carranza a John Hunt, 29 de julio de 1957, IACF records, serie 2, caja 34GV, folio 7; Carranza a Gorkin, 14 de agosto de 1957, IACF records, serie 2, caja 216, folio 2. Los miembros de la AALC que estaban en la Asociación Pro-Naciones Unidos eran descriptos por Carranza como un “un núcleo de destacados europeos aquí residentes que trabajan por la federación libre de los pueblos europeos”, e incluía los españoles Carranza, Basaldúa, Rovira Armengol y Sánchez Albornoz, y también Chiaraviglio, Guerin y Siderski. Carranza a M.S. Charles, 18 de noviembre de 1958 y el adjunto “Informe sobre el año 1958,” IACF records, serie 2, caja 34GV, folio 7; Janello, 2014: 76-77.

63 Carranza a Hunt, 18 de noviembre de 1958 e “Informe sobre el año 1958.”

64 IACF records, serie 2, caja 217, folio 3.

65 Schleimann a Carranza, 27 de agosto de 1959, IACF records, serie 2, caja 34GV, folio 8; Carranza, “Distribución del Libro Blanco de la Revolución Húngara,” IACF records, serie 2, caja 218, folio 1. Se imprimieron mil copias del libro, todas ellas pagadas y compradas por el CLC.

66 Germain a Joselsson, 22 de noviembre de 1956, IACF records, serie 2, caja 204GV, folio 10.

67 André Germain, “Compte-Rendu des Activités Du Comité Chilien Du Congrès Pour la Liberté de la Culture pendant l’année 1957”, IACF records, serie 2, caja 131GV, folio 2.

68 “Rapport Sur Les Activités Des Comités Latino-Americains Du Congrès Au Cours Des Mois D’aout Et Septembre 1957”, IACF records, serie 2, caja 205GV, folio 3.

69 De Baráibar a Gorkin, 28 de octubre de 1958, IACF records, serie 2, caja 217, folio 6.

70 SECh, Libro de Actas 1956 -1960, sesión del 29 de noviembre de 1956, pp. 21-22.

71 SECh, Libros de Actas 1956 -1960, sesión del 30 de junio de 1958, pp. 162-164.

72 Gorkin a Carranza, 17 de septiembre de 1958, IACF records, serie 2, caja 217, folio 3.

73 De Baráibar a Gorkin, 8 de julio de 1957 y 12 de julio de 1957, ambas en IACF records, serie 2, caja 216, folio 3; Germain a Hunt, 15 de julio de 1957, IACF records, serie 2, caja 204GV, folio 10.

74 De Baráibar a Gorkin, 2 de agosto de 1957, IACF records, serie 2, caja 216, folio 3.

75 De Baráibar a Gorkin, 15 de septiembre de 1960, IACF records, serie 2, caja 219, folio 5.

76 “Elecciones en la Sociedad de Escritores de Chile”, IACF records, serie 2, caja 219, folio 4.

77 “Acta de la sesión ordinaria del Comité Chileno del Congreso por la Libertad de la Cultura realizada el martes 29 de noviembre de 1960”, IACF records, serie 2, caja 219, folio 3.

78 De Baráibar a Gorkin, 19 abril 1961 y “Acta de la Sesión del Comité Chileno del Congreso por la Libertad de la Cultura Realizada el Martes 18 de abril de 1961,” ambos en IACF records, serie 2, caja 220, folio 9.

79 De Baráibar a Gorkin, 19 de febrero de 1961, IACF records, serie 2, caja 220, folio 9.

80 Keith Botsford y Luis Mercier Vega, “Draft. Memorandum on Latin America”, IACF records, serie 2, caja 237, folio 1.

81 Louis Mercier Vega, “Rapport d’information sur les nouvelles activités du Congrès en Argentine”, 13 de agosto de 1962, IACF records, serie 2, caja 236, folio 4.

82 Mercier Vega a Carlos Machado, 16 de Agosto de 1962, IACF records, serie 2, caja 236, folio 4.

83 “Memorándum de la conversación con Baraibar y Castillo. Paris, 13 de noviembre de 1962”, IACF records, serie 2, caja 221, folio 3; Comité chileno, “Reunión extraordinaria del 27 de diciembre de 1962,” IACF records, serie 6, caja 2GV, folio 7.

84 “Latin American meeting. January 16-17, 1963”, IACF records, serie 2, caja 205GV, folio 8.

85 Mercier Vega a Hunt, 26 de mayo de, 1963, IACF records, serie 2, caja 236, folder 6. Rodríguez y Serrat tenían simpatías socialistas. Rodríguez era periodista en La Prensa y la televisión, mientras que Serrat, antiguo editor de La Vanguardia , era un abogado y jefe de en la Associated Press. Murena era un miembro del grupo Sur y ya había colaborado en Cuadernos.

86 Mercier Vega a Solari, 23 de septiembre de, 1963, IACF records, serie 2, caja 226, folder 5.

87 Mercier Vega a Hunt, 11 de septiembre de 1963, IACF records, serie 2, caja 236, folio 5.

88 Mercier Vega a Hunt, 12 de diciembre de 1963, IACF records, serie 2, caja 226, folio 5.

89 Mercier Vega a Hunt, 19 de diciembre de 1963, ICF records, serie 2, caja 236, folio 5.

90 Mercier Vega a Hunt, 28 de diciembre de 1963 y Mercier Vega a de Baráibar, ambas en IACF records, serie 2, caja 236, folio 5.

91 Comité Chileno a Hunt, 30 de diciembre de 1963, IACF records, serie 2, caja 112, folio 3.

92 “Situation, activitités, et projets du Congrès pour la Liberté de la Culture en Amérique Latine”, s.f., IACF records, serie 2, caja 205GV, folio 8.

 
Bibliografía

Archivos y bibliotecas

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