Anuario del Instituto de Historia Argentina, vol. 16, nº 2, e023, octubre 2016. ISSN 2314-257X
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro de Historia Argentina y Americana

 

DOSSIER
Claves para volver a pensar las culturas políticas en la Argentina (1900-1945). Perspectivas, diálogos y aportes



El mundo en la mira: prensa partidaria y política internacional en la izquierda socialista argentina, 1929 – 1935



Ilana Martínez

Universidad de Buenos Aires, Argentina
ilanamartinez@hotmail.com

 

Cita sugerida: Martínez, I. (2016). El mundo en la mira: prensa partidaria y política internacional en la izquierda socialista argentina, 1929 – 1935. Anuario del Instituto de Historia Argentina, 16(2), e023. Recuperado de http://www.anuarioiha.fahce.unlp.edu.ar/article/view/IHAe023



Resumen
Hacia 1929 un sector del socialismo argentino impulsó un proceso de radicalización político-ideológica que culminó con una escisión partidaria en 1937 y la creación del Partido Socialista Obrero. Este artículo propone desarrollar el tratamiento de algunos aspectos de la coyuntura internacional presentes en los emprendimientos editoriales de este “grupo de izquierda” a fin de contribuir a la comprensión de un escenario más amplio, el de las culturas políticas en la Argentina de esos años, entendiendo la prensa partidaria como un engranaje clave de aquel fenómeno. Se analizan, específicamente, aquellos escritos vinculados al avance del fascismo y al derrotero del socialismo español, entendiendo que los posicionamientos sobre la llamada cuestión internacional permiten profundizar el análisis sobre los móviles, trayectorias y la construcción de identidades políticas -entre otras cuestiones- del ala disidente.

Palabras clave: Disidencia socialista; Prensa partidaria; Política internacional.



The world in the sights: partisan press and international policy in the argentinian socialist left, 1929-1935



Abstract
In 1929 a group of the Argentine socialist party launched a process of political and ideological radicalization which ended in a party division towards 1937 and in the establishment of the Socialist Workers Party. This article aims to approach some aspects involving the international context present in this leftist group’s editorial enterprises, in order to contribute to the comprehension of a wider scenario: the political cultures in Argentina during those years, in the understanding that the partisan press was a key gear in such phenomenon. Those papers related to the advance of fascism, as well as the course of the Spanish socialism, are specifically analyzed, in the understanding that the positioning on the so called international question allows us to further analyze the motives, trajectories and political identity building –among other questions- of the dissident wing.

Key words: Socialist dissidence; Partisan press; International policy.




Introducción: publicaciones y disidencia

A finales de los años veinte el Partido Socialista argentino (en adelante, PS) atravesaba una grave crisis institucional, consecuencia de la escisión que devino en la creación del Partido Socialista Independiente en 1927 (Sanguinetti, 1987; Prislei, 2005; Pérez Branda, 2010; entre otros)1 y de la muerte de su principal referente y líder político, Juan B. Justo, un año más tarde.2 En esta coyuntura comenzó a organizarse un grupo dentro del partido que abogaba por la recuperación del Programa Máximo. Envuelto en una fuerte disputa con la dirigencia partidaria, el proceso resultó en la consolidación de una tendencia enfrentada a la cúpula partidaria, conocida como “grupo de izquierda”.3 Este no se constituyó como una facción orgánica dentro del PS sino más bien como una tendencia, un espacio de amplia circulación en el cual confluyeron militantes desconformes con diferentes aspectos de la política partidaria. Las confrontaciones con la dirigencia expresaron diversos tipos y niveles de disputas pero todas ellas se encontraban indefectiblemente articuladas en un enfrentamiento por el rumbo que debía tomar el partido. En líneas generales, el fenómeno de la radicalización y disidencia implicó la articulación en torno a un programa que contemplaba insertar el socialismo en el movimiento obrero, revalorizar el marxismo revolucionario contra el reformismo, cuestionar la política de la socialdemocracia internacional y sostener un posicionamiento antiimperialista, entre otras cuestiones. En enero de 1937, luego de los enfrentamientos entre la conducción nacional y su ala de izquierda, el conflicto llevó a que un conjunto de dirigentes de la Capital Federal formaran la Comisión Pro Unidad del Partido Socialista. En mayo de 1937 la Comisión se convirtió en el Partido Socialista Obrero (en adelante, PSO) (Iñigo Carrera, 2004, 2005 y 2006; Lacoste, 1993; Tortti, 1989, Portantiero, 2002 y 2005; Martínez, 2012; entre otros).

Este estudio propone reflexionar sobre las lecturas y miradas que algunos aspectos del turbulento escenario político internacional tuvieron en las publicaciones motorizadas por el grupo, a fin de analizar cómo estas consignas y posiciones repercutieron en la organización y crecimiento de esta ala del socialismo argentino.

Así como en sus publicaciones proliferaron las notas sobre el “desastre alemán” o el “giro revolucionario español”, tampoco faltaron las loas a la Revolución de Octubre y a las políticas soviéticas o las evaluaciones del New Deal, entre tantos otros temas del escenario político mundial. La elección de los mencionados en primer y segundo término se debe a que permiten el estudio de la agenda ideológica a partir de la cual el grupo se fue articulando. La lectura de la victoria del fascismo como la “prueba del error” de la estrategia reformista conllevaba la idea de que los partidos socialistas del mundo debían comenzar a intentar llevar adelante el Programa Máximo; fenómeno que, entendieron, se estaba produciendo paulatinamente en España. A mediados de la década, con el llamado “cambio de rumbo” de la Comintern y de un importante sector de la Internacional Obrera Socialista (en adelante, IOS), el grupo argentino se sumó a la convocatoria por la conformación de un Frente Popular y encontró en la experiencia española su principal referente.

Los emprendimientos editoriales se han revelado como aquellos documentos que permiten un tratamiento más sistemático del proceso de radicalización y disidencia. Se trata de Bandera Roja. Tribuna Marxista de 1929; Cauce. Tribuna del pensamiento marxista, en circulación desde septiembre de 1933 hasta agosto de 1934, e Izquierda. Crítica y acción socialista, publicada entre octubre de 1934 y diciembre de 1935. El estudio se detiene a fines de 1935, dado que luego que Izquierda finalizase su tirada no aparecieron nuevas ediciones de relevancia hasta el momento previo a la escisión partidaria de 1937.4 Cabe señalar que no se incluye en el análisis la publicación El Socialista. Periódico decenal de la Federación Socialista Mendocina, que apareció desde 1914 hasta octubre de 1938 (el 15 de marzo de 1937 pasó a subtitularse Órgano decenal del PSO). Su función como principal elemento de organización y propaganda del socialismo mendocino estuvo orientada a informar sobre las actividades de la Federación Socialista Mendocina (en adelante, FSM) –uno de los epicentros de la radicalización y disidencia –, como la apertura de centros, reuniones partidarias, actividades culturales, deportivas, etc. y dejando a un lado las disidencias ideológicas con el Comité Ejecutivo Nacional (en adelante, CEN).5

Más allá de su preponderante carácter propagandístico, en la prensa partidaria se impulsaron una serie de debates político-ideológicos que la convirtieron en una arena privilegiada para difundir las distintas tesis izquierdistas. Así, estas revistas y periódicos permiten dar cuenta, entre otras cuestiones, de cuáles fueron las imágenes y argumentos a los que se apeló para convocar a otros militantes, del grado de organización interno del grupo, de quiénes fueron sus figuras más destacadas, así como de la formación de una agenda política propia y en función de la cual se realizó el tratamiento de los temas considerados clave de la actualidad nacional e internacional. El esfuerzo por promover nuevos emprendimientos editoriales se relaciona con el abanico de posibilidades que brinda la prensa partidaria. Desde el impulso y difusión de actividades, reuniones o creación de nuevas instituciones, hasta la convocatoria de posibles “camaradas de ruta”, este medio ha sido una de las principales herramientas para la organización y la cohesión interna de cualquier entidad política del período.

Por otra parte –y quizá sea esta la dimensión más importante a los fines de este trabajo –, estas tribunas de papel permiten articular los planos prácticos del accionar político con sus fundamentaciones ideológicas. En este sentido se retoman los postulados de Alejandro Cattaruzza cuando afirma que “el pensamiento que se expresa en este tipo de fuentes es sin duda uno mucho menos preciso y homogéneo que el de los documentos oficiales de un partido político, y también … que el de las obras de los hombres de la alta cultura. Las ideas que, en muchas ocasiones, se expresan en estos textos, son huidizas, difícilmente aprehensibles, opacas y hasta contradictorias. Con ellas, sin embargo, estos hombres procesaban su experiencia, organizaban y comunicaban su visión del mundo, e intentaban actuar sobre las cosas y sus semejantes” (Cattaruzza, 1994, 32).6

Al mismo tiempo, el análisis de estas publicaciones posibilita detectar algunas diferencias ideológicas dentro del propio grupo, dado que frente a determinadas temáticas se evidencian posiciones encontradas entre un emprendimiento y otro. Sin embargo, conviene no perder de vista que, posiblemente, sea la misma naturaleza de la fuente la que tiende a crear una imagen del proceso de disidencia más fragmentaria que la que éste presentó en los hechos; ello ocurre debido, en parte, a que estas revistas y periódicos aparecieron en tres coyunturas diferentes. Las dramáticas transformaciones políticas, económicas y culturales del momento implicaron permanentes reconfiguraciones de los argumentos y postulados de los actores. Cambiaron los elencos, los staffs de autores e incluso, algunos de los posicionamientos político-ideológicos, pero la clave interpretativa general que ubicaba en su centro al clasismo se mantuvo a lo largo de esos años y agrupó a un conglomerado heterogéneo de militantes bajo una misma bandera, que no se abandonó: “Por la vuelta a Marx.”

Estas fuentes se insertan, a su vez, en una larga tradición, como es la de las publicaciones socialistas en la Argentina. A excepción de la revista Claridad. Tribuna del pensamiento izquierdista, durante el período ninguno de los emprendimientos editoriales cercanos al PS o directamente vinculados con la organización estableció contactos significativos con las publicaciones del grupo. Claridad, aparecida entre 1926 y 1941, estuvo atravesa­da por los múltiples con­flictos que en los años treinta conmovieron al mundo socia­lista en general. Su director, Antonio Zamora, ubicó su línea crítica en sintonía con el ala de izquierda del partido pero, a medida que se pola­ri­zaron las di­fe­ren­cias entre este sector y la con­duc­ción, Zamora repre­sentó una línea intermedia que hacía hinca­pié en la necesidad de evitar rupturas, fiel a la idea cen­tral de aunar fuer­zas para formar un frente o un partido de ma­sas (Cattáneo, 1992).7 La Vanguardia –fundamental exponente de la prensa periódica partidaria argentina– sólo realizó escasas menciones de la experiencia de la radicalización y disidencia. Dicha política editorial responde a una estrategia frecuente –y nada original– de la cúpula partidaria (a cargo de su redacción) que no estaba dispuesta a otorgarles mayor entidad a aquellos fenómenos y procesos que pudiesen erosionar la cohesión interna del partido, tanto en el plano ideológico como en el institucional. En este mismo sentido operaron las importantes publicaciones Anuario Socialista, en circulación desde 1928 hasta 1951 –que pasó a reemplazar al Almanaque Socialista8 y Acción Socialista, dirigida desde 1923 por Nicolás Repetto, Esteban Jiménez y luego, por José Luis Pena, que presentó su último número en momentos de la aparición de Bandera Roja, en 1929. Si bien la política editorial de omisión al grupo de izquierda fue la norma general en las publicaciones oficiales y semioficiales del partido, hubo excepciones. En esta ocasión, no han sido incorporadas al análisis porque su utilización no significaba un aporte sustancial al objetivo principal de la investigación, que persigue fundamentalmente examinar uno de los actores del conflicto.

Realizando una breve descripción de las publicaciones periódicas del espectro de la izquierda socialista, se encuentra Bandera Roja, aparecida mensualmente, de marzo a noviembre de 1929. Motorizada por la Editorial Marxista, su administración se encontraba en la ciudad de Buenos Aires, calle Chile 1773. Contó con un formato de ocho páginas (a excepción del Nº 7, que posee 12 páginas) y un total de nueve números. Su costo fue de 10 centavos y su distribución se realizaba en kioscos varios de la ciudad.9 El emprendimiento no fue recuperado por las subsiguientes publicaciones promovidas por el grupo y prácticamente pasó inadvertida también para la propia historia oficial del socialismo, así como para la historiografía en general. La única seña de identificación admitida por la redacción fue la de constituir parte de un grupo de “antiguos militantes socialistas” que reingresaban al PS, luego de su paso por el PC. Según la misma revista, la partida del socialismo se produjo en el marco de los enfrentamientos de 1917, sin especificar las causas de su posterior salida del comunismo. Se definió como una publicación realizada por auténticos militantes del PS disconformes con el rumbo tomado por el partido. En su primer número, en el artículo “La línea de acción” –que ofició como una suerte de Declaración de Principios –, se criticaba el rumbo político reformista y contrarrevolucionario tomado por el partido y se definía a Bandera Roja como “una publicación de acción y combate, escrita por militantes socialistas y del Partido Socialista.” Como en muchas otras experiencias de la prensa política partidaria, los miembros de Bandera Roja utilizaron este emprendimiento editorial para delinear tanto su lugar de procedencia como su espacio de acción y su función dentro del partido. Entre las razones que plantearon para sustentar su proclamado “retorno” al PS, se encontraba la convicción de que una disidencia de izquierda podría contribuir a convertir el partido “en el centro de todo el movimiento revolucionario argentino y latinoamericano”.

A partir de 1932, la Confederación Juvenil Socialista contó con 145 agrupaciones y con más de 6000 adherentes,10 y se convirtió –junto con la FSM – en el otro núcleo del proceso de disidencia al CEN. El papel que estos jóvenes militantes se asignaron dentro del partido estaba en directa sintonía con las clásicas imágenes de renovación y transformación, propias de toda nueva generación. Como militantes juveniles, los promotores de Cauce destinaron un lugar central de la revista a la difusión de las múltiples actividades de las Juventudes Socialistas, especialmente a las de la Capital metropolitana, de la cual Ernesto Giúdici era dirigente.11 En este sentido, se publicaron varios artículos auspiciando la creación de la Agrupación de Estudiantes Socialistas de la Capital Federal.

Aspirando a representar a un importante sector de militantes juveniles, y tal como se indicó, Cauce se proclamó “Órgano de la izquierda socialista”, como reza su subtítulo, adoptado a partir del segundo número. El primer número de la revista se subtituló Tribuna del pensamiento marxista, para luego convertirse en Órgano de la izquierda socialista. Publicó nueve números –de manera mensual y bimensual– desde septiembre de 1933 hasta agosto de 1934. Su administración se encontraba en la ciudad de Buenos Aires, en Avda. Córdoba 2074. Salvo contadas excepciones, no publicó las firmas de los autores de sus notas así como en todos sus números –en recuadro y negrita– se anunciaba: “Cauce no pertenece a ningún círculo ni agrupación. Es el órgano de todos los que se sienten ideológicamente conformes con su contenido”. En mayo de 1934, cuando Cauce promediaba su publicación, el grupo se enfrentó orgánicamente con la dirigencia partidaria en el XXII Congreso Ordinario del PS en la ciudad de Santa Fe (el Congreso se celebró los días 23, 24, 25 y 26 de mayo en el Teatro Astral de la capital santafecina). Cabe señalar que ya antes de concretarse la reunión partidaria, los militantes nucleados en torno a Cauce libraron una serie de disputas con otros sectores también críticos del CEN y orientados hacia la izquierda, pero vinculados a la FSM y a la figura de su principal dirigente, Benito Marianetti.12 De hecho, desde la revista se intentaba organizar el escenario de las disputas y se denunciaba la existencia de un “grupo intermedio” operando en el partido, que estaría ubicado entre la izquierda socialista –encarnada en las juventudes y Cauce– y la derecha, consolidada en el CEN. Más allá de la existencia de diferentes posiciones dentro del partido, finalmente la votación en el congreso se resolvió con la presentación de dos despachos en competencia sobre orientación y táctica; el de la mayoría y el de la minoría. El grupo no consiguió librarse de su condición de minoría y fue derrotado. Como parte de las sanciones anunciadas previamente por la dirigencia, se resolvió disolver la Confederación Juvenil Socialista, convertida en una de las bases de sustentación de la oposición de izquierda. En el mes de agosto se publicó el noveno y último número de Cauce, en el que se proclamaba abiertamente la decisión del grupo editor de afiliarse al PC y se convocaba a posibles compañeros de ruta a seguir estos pasos.

Luego de las expulsiones y de las salidas del PS de los miembros del grupo de Cauce, el ciclo de debates y enfrentamientos promovidos por el ala de izquierda no sólo no menguó sino que tomó mayor visibilidad en torno a un nuevo proyecto editorial de envergadura, que logró nuclear a numerosas y destacadas figuras del socialismo. El núcleo de los militantes disidentes que se mantuvo en el partido impulsó la publicación de la revista Izquierda. Crítica y acción socialista, que apareció en octubre de 1934 y estuvo en circulación hasta diciembre de 1935. Publicada mensual y bimensualmente, con un total de entre 30 y 40 páginas, el costo de la revista era de 20 centavos por unidad y el valor de su suscripción anual fue de dos pesos. Su administración se hallaba en la ciudad de Buenos Aires, calle 25 de Mayo.

El Comité Editorial de Izquierda estuvo integrado por Benito Marianetti, Carlos Sánchez Viamonte, Urbano Eyras y Bartolomé A. Fiorini. Estos militantes, durante el congreso de 1934, habían impulsado la organización del VII Congreso Extraordinario a realizarse exactamente un año después de la reunión de Santa Fe, en mayo de 1935 en la ciudad de Buenos Aires. En su redacción trabajó un importante número de militantes e intelectuales del partido, que asumieron públicamente sus posiciones, y hubo secciones específicas de la revista que regularmente quedaban a cargo de determinadas figuras del grupo. A diferencia de Bandera Roja y Cauce, la mayor parte de sus notas y editoriales se encontraban firmados. Si bien quienes participaron más activamente en la revista eran, al mismo tiempo, figuras destacadas de la disidencia partidaria, otros autores de artículos y notas simplemente simpatizaron con cuestiones específicas planteadas por el grupo, sin considerarse por ello miembros del ala de izquierda. Al producirse la escisión de 1937, los caminos que emprendieron estos militantes fueron diferentes.

Las figuras que con más asiduidad publicaron en Izquierda cubren un abanico amplio de personalidades del campo socialista. Entre sus directores se encontraba el destacado Carlos Sánchez Viamonte,13 quien ocupó un lugar central en la producción de artículos de carácter teórico. Con la escisión de 1937, Sánchez Viamonte optó por mantenerse en las filas partidarias y a partir de ese momento pasó a formar parte de su CEN. A su vez, en la elaboración de los múltiples escritos teóricos participó Sergio J. Bagú, presidente de la FUBA entre 1930 y 1932. Fue un periodista destacado de varios diarios y publicaciones, así como un reconocido intelectual de proyección continental.14 Su hermano, Saúl Nicanor Bagú, también fue un asiduo autor en la revista; ambos integraron la formación del PSO. Otra de las figuras más representativas del emprendimiento fue el dirigente juvenil Bernardo Edelman, redactor del periódico de la Federación Obrera de la Construcción. En 1937 animó la creación del PSO y en 1938 –aún como militante del socialismo obrero – viajó a España, como corresponsal de España Republicana. Este viaje lo emprendió junto a su esposa, la reconocida militante comunista Fanny Jacovsky, quien se trasladaba como delegada del Socorro Rojo Internacional.15 El tucumano Rodolfo Aráoz Alfaro –quien fuera promotor de Cauce –, se encontraba entre los más activos miembros de la nueva publicación. Con la escisión de 1937 se convirtió en el Prosecretario del PSO y, junto a Juan Unamuno, en uno de los directores de su órgano de prensa oficial, el semanario Avance. Unamuno fue otro de los autores frecuentes de la revista. Miembro del Comité Central de las Juventudes Socialistas, se convirtió en el Secretario de la Federación Socialista de la Capital. En 1934 fue electo concejal por la Capital Federal y con la escisión de 1937 se convirtió en el Secretario General del PSO.16 Por su parte, Joaquín Coca escribió numerosos artículos en Izquierda, fue militante y dirigente sindical –primero dentro del gremio del calzado y luego de los gráficos–, concejal porteño y dos veces diputado nacional por el socialismo, Coca se convirtió en una de las figuras más destacadas de la radicalización y la disidencia e integró la dirigencia del PSO.17 Entre otros autores regulares se encuentran Ernesto Janin, Enrique G. Broquen y Mateo Fossa. Janin perteneció a la Comisión de Información Gremial del PS –que orientaba la acción de los militantes sindicales del partido– y fundó, junto a Ángel Borlenghi y Juan Argaña, la Asociación de Empleados de Comercio. Simultáneamente se encargó de la sección gremial del diario Crítica. Broquen fue un destacado dirigente de las juventudes socialistas y un referente intelectual para el ala de izquierda del socialismo; dentro de la revista se encargó de la producción de numerosos artículos de carácter teórico. Posteriormente se convertiría en el Secretario General del PSO.18 Rosa Scheiner fue la única mujer que escribió en Izquierda,salvo que alguna otra militante utilizara un seudónimo masculino. Desde su columna regular, que solía abarcar una o dos páginas completas, llamaba a la concientización de las militantes socialistas sobre las funciones y el lugar que debían tener dentro del partido. Al mismo tiempo, escribía artículos del mismo tenor en La Vanguardia. Ocupó una posición de relevancia dentro del grupo de izquierda y, junto a Marianetti, fue la oradora de cierre en el acto del primer aniversario de la revista. Entre los otros autores en el emprendimiento, se encontraban variadas figuras, como la de un jovencísimo Dardo Cúneo, la del tucumano Juan Octaviano Taire, la del encargado de la sección gremial de la revista, Adolfo Spector, así como otros nombres del socialismo argentino –como Emanuel Sudá, Miguel Gratacos, Cipriano Barreiro, José P. López, entre muchos otros–, que de manera esporádica o permanente participaron de la publicación, enviando sus escritos desde distintas regiones del país.

El fascismo y la “prueba del error”

Embanderados contra el reformismo, fueron sus propios miembros, así como sus adversarios, quienes denominaron a este sector de militantes socialistas como grupo de izquierda y si bien se retoma aquí dicha caracterización ello reclama ciertos recaudos. Por una parte, muchas de sus demandas no coincidieron plenamente con el programa clasista que pretendían representar; la bandera del clasismo y del Programa Máximo abrigó una heterogénea serie de personalidades y también de reclamos. El proceso de disidencia implicó la articulación de un conglomerado de postulados y tomas de posición en debates diversos, que exhibieron una nota común: el profundo malestar desatado por el férreo control que del aparato partidario ejercía el CEN.

La complejidad de la “doble tarea” encarada por el PS y, en general, por el socialismo internacional –por un lado democrático / reformista y por otro socialista– dio lugar a múltiples enfrentamientos internos (Aricó, 1999; Camarero y Herrera, 2005, entre otros).19 Si bien esta es una de las claves analíticas insoslayables a la hora de analizar al grupo de izquierda, por sí misma no resulta suficiente y es necesario desarrollar sus particularidades. Estos militantes recuperaron muchas de las banderas izadas por otras divisiones izquierdistas de la historia socialista pero al mismo tiempo impulsaron una serie de propuestas novedosas. Entre 1929 y 1935 esta renovada voluntad por empujar al partido “hacia la clase” revistió características originales frente a las disputas protagonizadas por internacionalistas y terceristas en los años que siguieron a la Revolución de Octubre.20

Desde la modificación de la organización partidaria –a fin de lograr una redistribución interna del poder –, a la consolidación de un programa económico que contemplase la especificidad de las diferentes actividades productivas regionales y el llamado a la federalización del partido, el accionar del grupo daba cuenta de las particularidades de la coyuntura política por la que atravesaba la Argentina luego del estallido de la crisis económica internacional. En este sentido, es necesario destacar que la política de abstención electoral llevada adelante por la Unión Cívica Radical21 contribuyó al crecimiento del PS en distritos del país donde anteriormente su representación era poco relevante, lo que agregaba una nueva nota que caracterizaba la situación en la primera mitad de la década de 1930. Este incremento de la fuerza política de algunas de las federaciones provinciales y centros socialistas del interior del país durante el período –incluidos los centros de los Territorios Nacionales– contradice una visión muy difundida que desconoce su presencia más allá de la Capital Federal. En este sentido, entendemos que la modificación del equilibrio de poder en un partido en rápida expansión en distritos previamente marginales cambió las reglas del juego institucional y contribuyó a crear las condiciones necesarias para el crecimiento de la disidencia (Martínez, 2012).22

En junio de 1929, el periódico Bandera Roja publicaba las resoluciones del Congreso Antifascista Internacional, en el que se sostenía que la dominación fascista no era la expresión de la estabilización del poder capitalista sino de su crisis. Asimismo, advertía a las masas trabajadoras contra la ilusión de que fuera un Estado “burgués y democrático” el que pudiera aportar la protección necesaria contra el avance del fascismo:

Las diversas clases que están fuera y contra el régimen fascista son las clases trabajadoras, el proletariado y los campesinos […] la lucha contra el fascismo no significaba otra cosa que una forma de lucha de clases […] La experiencia ha demostrado que en todos los Estados capitalistas la democracia burguesa abre la vía al fascismo y que es la política social fascista de los reformistas la que ocasiona, precisamente la victoria de la revolución fascista. El sangriento torrente del fascismo reina en Italia, Polonia, España, Portugal, Bulgaria, Yugoeslavia, Hungría y Lituania. El peligro de los golpes de Estado fascistas amenaza a un gran número de países donde, hasta ahora, el sistema burgués democrático está todavía en el timón.23

En la sección “Exteriores” predominaron los artículos sobre la experiencia del fascismo italiano entramados en una crítica general al parlamentarismo reformista del socialismo local. Así, el Comité Editorial sostenía:

La democracia sirve tanto para los liberales, para los reformistas, como para los dictadores, ya nadie que tenga dos dedos de frente lo discute. Y si no, oigamos a Mussolini. Es un dictador perfecto, el prototipo de todos los dictadores. Pero cuando quiere que su régimen muestre la gran consistencia que posee, pide la escupidera de la democracia y llama a comicios. Y he aquí como el Duce es ratificado en su política por el plebiscito abrumador del pueblo italiano. Recomendamos el procedimiento a todos los demócratas de Argentina.24

Del amplio programa del antifascismo presente en la escena político-cultural de la Argentina y el mundo es importante distinguir a partir de qué cuestiones específicas se organiza la prédica del ala de izquierda (Bisso, 2007).25 La apelación al antifascismo de este incipiente grupo contenía puntos de contacto con los postulados de la Comintern, entendiendo que esta lucha debía conllevar un proceso revolucionario de carácter marxista. En el período ultraizquierdista de “clase contra clase”, la Internacional Comunista (en adelante, IC) calificaba a las distintas socialdemocracias europeas como “socialfascistas.” Concordando con la IC, los promotores de Bandera Roja abonaron al proceso de construcción de la imagen de un cómplice autóctono de los regímenes totalitarios externos y aquellos acusados como promotores del fascismo local fueron mutando a través del tiempo. Tanto para las experiencias europeas como para las locales, en las lecturas del grupo la estrategia reformista se convirtió en la clave explicativa decisiva del avance del fascismo. Con el título “Contra el Reformismo” se advertía a los lectores sobre los peligros de la estrategia socialdemócrata:

[Ella] encierra al movimiento proletario en el marco de las leyes hechas en colaboración con la burguesía, sin tener en cuenta que la nueva sociedad se hará a pesar de la burguesía, después de una cruenta guerra civil […] Los reformistas cifran todas sus esperanzas en la democracia burguesa con su parlamentarismo y sus conquistas gremiales, en colaboración con la patronal […] en una palabra, son los negadores de la concepción marxista que significa la guerra a muerte entre explotados y explotadores y por ello son contrarrevolucionarios.26

El Partido Socialdemócrata alemán se convirtió en el principal blanco a atacar y, a partir de 1933, lo que se veía como el resultado de su estrategia fue exhibido como “la prueba del error”. Si en un principio el fascismo mussoliniano había sido considerado como un ejemplo más de una dictadura, el triunfo de Hitler llevó a una reevaluación del fenómeno a escala planetaria. El ascenso del nazismo comenzó a ser interpretado como una divisoria de aguas en todas las plazas políticas del mundo y “ante la nueva descripción del fascismo como la forma más desembozada de la dictadura, todas las dictaduras comenzaban a ser pensadas a través de él. Así se invertían las categorías y el concepto genérico de dictadura terminaba siendo absorbido por el fenómeno particular del fascismo” (Bisso, 2007, 69).

Aparecida el mismo año del triunfo electoral hitleriano, Cauce acusaba al reformismo europeo de cometer los mismos errores que frente a la Primera Guerra Mundial, entendiendo que junto con la debacle del liberalismo político se derrumbaba el socialismo democrático. En el número del 1° de mayo de 1934, la nota de tapa de la revista anunciaba:

Tiempos sombríos nos trae este año el día de los trabajadores. Los compañeros de Alemania y Austria lo festejarán en los campos de concentración […] y sin embargo, la consigna de nuestros dirigentes reformistas pretenderá ser, en este año nacido bajo el signo del fascismo, la misma que era cuando creían seguir el camino ascensional hacia el gobierno: Sin armas y en orden.27

El grupo llamaba a la acción revolucionaria como única vía de acción contra el fascismo. La consigna de la toma del poder a partir de una estrategia revolucionaria para combatir el peligro nazi-fascista se repitió a lo largo de toda la publicación con argumentos como:

Quien vea a Alemania entregada a la matanza obrera por un gobierno elegido democráticamente. Quien vea al socialismo español retirándose democráticamente para entregar el poder a los grupos conservadores de Lerroux. Quien vea al nuevo grupo fascista que acaban de formar los antes reformistas de Deat, Montagnon y Renaudel, comprenderá que si es verdaderamente socialista debe plantear un “BASTA”, que tiene que ir subrayado por una cinta de ametralladora y no solamente por una boleta impresa que se deposita en las urnas de la mentida democracia capitalista.28

Hacia 1934, el otro periódico de la disidencia continuaba con la proclama del retorno al Programa Máximo; el Comité Editorial de Izquierda denunciaba al CEN por el “total abandono de los objetivos de máxima del marxismo”, en un contexto internacional en el que su recuperación era de vital importancia. En el primer número de la revista, Dardo Cúneo publicaba en el texto “La vuelta a Marx”:

La táctica revisionista de Bernstein nos ubica al margen del proceso de la historia. Atentos a las lecciones que se desprenden de la torpe deserción de la socialdemocracia alemana y de la insurrección a deshora del austro-marxismo […] volvamos a informar al movimiento socialista en los viejos y fundamentales principios del marxismo.29

La apuesta del grupo era, en todos los casos, marcar la oposición entre marxismo y reformismo, y en este sentido la experiencia europea parecía sumarles a estos argumentos una suerte de línea causal entre reformismo y fascismo. En relación con el cambio de táctica, Marianetti, publicó una serie de notas destinadas a criticar las fallidas experiencias de las socialdemocracias europeas, sin perder de vista su blanco principal: la línea política oficial de su propio partido. Para este dirigente –clave para el grupo de izquierda – el PS aplicaba la doctrina justista sin contemplar los cambios ocurridos, tanto en el contexto internacional como en el nacional.

El su primer número la revista publicó la carta que Friedrich Adler, Secretario de la IOS, le había enviado a Otto Bauer, en la que llamaba a realizar una lectura crítica sobre el avance del fascismo.30 Sobre esta misiva, Marianetti –en el artículo titulado “La estrategia de la derrota”– criticaba lo que entendía como una estrategia defensiva:

¿Defensa de qué? Lógicamente, de la democracia burguesa. Este error suicida ha hecho escuela. Nuestra tarea no es, como plantea la IOS: impedir que los fascismos lleguen al poder, nuestra tarea está dirigida contra el régimen capitalista […] Nosotros no podemos convertirnos en guardianes a mano armada de las instituciones democrático-liberales, cuando la burguesía se deshace de ellas. Los camaradas austríacos, que siguieron al pie de la letra esta consigna [debería ir coma] ya conocen perfectamente sus consecuencias.31

Para febrero de 1934, la Primera República austríaca –y con ella la experiencia previa de la llamada “Viena Roja”– fue derrotada por las armas; el episodio tuvo un fuerte impacto en el imaginario de la izquierda mundial. En el primer aniversario de la jornada del 12 de febrero, en el cuarto número, de 1935, Dardo Cúneo sostenía que el “austro-marxismo” había dejado pasar su hora, dado que el levantamiento proyectado entonces por la fracción de izquierda había sido condenado por la dirección reformista. A pesar de las críticas a la denominada posición defensiva de la IOS, el grupo siguió de cerca los movimientos que se iban efectuando en ambas Internacionales a favor de fomentar un frente de acción común ante el avance del nazi-fascismo.

España y las posibilidades revolucionarias

Los vínculos intelectuales entre Argentina y España tienen una larga y arraigada tradición que vincula ambos escenarios (Halperín Donghi, 1987). Cattaruzza propone una imagen de estos diálogos, constituidos como una extensa red de emprendimientos editoriales político-culturales de revistas y publicaciones de la prensa periódica partidaria en general, circulando a uno y otro lado del Atlántico (Cattaruzza, 1994 y 2005, 16). Dentro de esta trama de contactos pueden ubicarse las publicaciones del grupo de izquierda, que dedicaron a los acontecimientos españoles encendidos artículos. Las acciones y postulados de algunos sectores del Partido Socialista Obrero Español (en adelante, PSOE) se convirtieron en modelos posibles a partir de los cuales estos militantes juzgaron el rumbo que el PS argentino estaba tomando. Es importante señalar que estos esfuerzos por vincular las propias batallas con las libradas por sus correligionarios españoles iban a encontrar una serie de obstáculos evidentes, relacionados con los diferentes contextos políticos.

El grupo argentino fue modificando su línea ideológica de acuerdo con los cambios ocurridos a nivel local así como en el propio PSOE. De la crítica más acérrima a las figuras de Francisco Largo Caballero y Luis Araquistain durante el período de “colaboración” de la Unión General de Trabajadores (en adelante, UGT) con el gobierno de Primo de Rivera –registradas en Bandera Roja –, se pasó a una ambigua evaluación de sus acciones luego del triunfo de los conservadores. Cauce, si bien felicitó el “giro ideológico” hacia la izquierda del PSOE, reprochaba la posición ambivalente de la dirigencia frente al Programa Máximo. Finalmente, Izquierda llegó a la reivindicación total del largo-caballerismo. Los vínculos con la experiencia socialista transoceánica pervivirán una vez fuera del PS, cuando la mayor parte del grupo se escinda para animar la creación del PSO y desde su órgano de prensa proclame: Tenemos soldados, oficiales y muy pronto tendremos aviadores que llevarán el nombre del PSO en los días de gloria que esperan al proletariado español.”32

La sección dedicada a los acontecimientos internacionales de Bandera Roja estaba dominada por las notas sobre España. En líneas generales, su posición fue la de una dura condena al accionar de la UGT. Como se reconoce habitualmente, la política de reformas del gobierno de Primo de Rivera –a quien denominan “el majadero auténtico” o “el dictador de opereta” –, basada en una extensa legislación social recogida, en parte, en el Código del Trabajo de 1926, tuvo como pieza clave para su éxito la colaboración de la central sindical de la cual Largo Caballero fuera Secretario General. El periódico homologaba la política reformista del socialismo argentino con lo que consideraron el “colaboracionismo” del largo-caballerismo. Acusaban a los socialistas españoles de promover “una evidente degeneración” ya que “parecen haber perdido la noción de partido de clase al negociar con el dictador.”33 El Comité Editorial rescató la figura de Indalecio Prieto justamente por enfrentarse a la política ugetista:

Los cuadros de la organización sindical han estrechado sus filas bajo el imperio de la dictadura. Por gran mayoría, y a pesar de la enérgica oposición de Prieto-Tuero, los organismos obreros han decidido colaborar con la dictadura en los comités paritarios. Enemigos acérrimos de la colaboración socialista en España, como en cualquier burguesía, creemos que las organizaciones de los trabajadores deben mantenerse frente a la dictadura sin transacciones de ninguna clase.34

En el artículo titulado “¿Dónde está el proletariado español?” Bandera Roja concluía que las esperanzas revolucionarias no se encontraban en manos de la clase obrera, sino en las del movimiento universitario. Contradiciendo así las propias banderas clasistas, pareciera que la clave política fue más fuerte a la hora de definir las posiciones de estos militantes:

España se revuelve contra la dictadura del grande botarate, y éste no hace más que redactar notas oficiosas con olor a manzanilla y cerrar universidades […] Es lógico que sean las universidades las que tenga Primo que cerrar, pues los estudiantes y profesores españoles han tenido que hacer lo que el proletariado español, castrado por los dirigentes entregados a la dictadura, no sabe hacer.35

Los años que mediaron entre el cierre de Bandera Roja, en noviembre de 1929, y la aparición de Cauce, en septiembre de 1933, fueron testigos de profundas transformaciones en el escenario político nacional e internacional. En España, la transición del régimen dictatorial al ciclo abierto con la Segunda República estuvo signada por cambios de gran impacto social. Durante el primer bienio republicano, de 1931 a 1933, el PSOE fue una fuerza fundamental en la coalición de centro-izquierda que presidió el gobierno de Manuel Azaña, presidente del Consejo de Ministros. Tras una enorme serie de dificultades, las elecciones de 1933 supusieron un fuerte golpe a las izquierdas republicanas y al socialismo y consolidaron la Confederación Española de Derechas Autónomas como principal partido en el Parlamento. La figura de Azaña se vio profundamente desprestigiada luego de la represión con la que el gobierno respondió a la toma del cuartel de la Guardia Civil de la localidad gaditana de Casas Viejas, producida luego de la huelga de enero de 1933, liderada por la corriente anarco-sindicalista de la CNT.

A lo largo de este nuevo ciclo, la conflictividad social en España experimentó un proceso de radicalización acompañado por una marcada confrontación ideológica; el PSOE no fue la excepción. El partido sufrió una división en tres sectores: el dirigido por Indalecio Prieto –quien terminó plegándose a la mayoría partidaria, aunque de manera intermitente –; los grupos liderados por Julián Besteiro (dirigente de la considerada “ala burocrática” de la UGT) y el “ala de izquierda”, con Largo Caballero como su cara más visible y que terminó dominando la dirigencia del partido. La base sindical permaneció con Largo Caballero, así como las Juventudes Socialistas, que desde 1934 impulsaban una “bolchevización” del partido; entendían que “la huelga general de clase” iba a provocar la toma del poder y en esta clave interpretaron la huelga de octubre de 1934, en Asturias. Este fue el clima político que Cauce analizó a lo largo de artículos que celebraban la posibilidad de que se produjera el esperado “giro revolucionario” del socialismo español:36

¿Y España? ¿Para cuándo la revolución? Ya está anunciada; la UGT está de acuerdo en todo con Largo Caballero, pero por lo visto éste no puede lanzar a la lucha al PS. ¿Será tan pesado el lastre de la derecha en su seno? ... Las masas proletarias quieren el Frente Único y la lucha revolucionaria. Largo Caballero también. Falta el nexo de unión. Los resortes revolucionarios del PSOE están oxidados por el desuso y si el Lenin español no puede moverlos, pues, ¡que los rompa!.37

Al tiempo que avivaba el llamado al giro revolucionario, Cauce acusaba cuanto menos de “tímida” a la dirigencia del PSOE y proponía una gráfica imagen de Luis Araquistain:38

Pese a su posición de hombre de izquierda del socialismo español, nos produce el efecto de un estornudo visto de perfil. Ante el formidable ascenso revolucionario de las masas proletarias y campesinas de España, temblamos de pavor por la decrepitud y senilidad de algunos de sus jefes. ¿O es que cree Araquistain que también en España habrá que gritar: ¡El PS ha muerto. Viva el Socialismo!39

A la hora de definir a la izquierda del PSOE, los miembros del grupo calificaban a sus referentes como “tibios con desviaciones reformistas” pero al mismo tiempo se los reconocía como interlocutores válidos a la hora de motorizar un proceso de radicalización dentro del partido y encausar un posible movimiento revolucionario en España. En este sentido, la experiencia republicana –considerada como un “espejismo burgués”–, y particularmente la figura de Manuel Azaña, ocuparon el lugar del enemigo a combatir:

No hay términos medios en España. Los llamados republicanos de izquierda, apenas cuentan con anémicas organizaciones políticas, ofreciendo en cambio, individualidades como las de Manuel Azaña, Marcelino Domingo, etc., ideólogos de esa pequeña burguesía española, tan afecta a la frase bonita y al gesto detonante, que está esperando al amo clasista que la domine como una hembra.40

Cauce dejó de publicarse luego de la derrota sufrida por el grupo de izquierda en el XXII Congreso Ordinario del PS de mayo de 1934. Luego de una serie de expulsiones y renuncias –que tuvo a los promotores de Cauce como principales exponentes–, el importante sector de militantes disidentes que permanecieron en el PS se embarcó en el proyecto editorial de Izquierda. Aparecida el mismo mes en que se producía la “huelga revolucionaria” de Asturias, en octubre de 1934, el título de su primera plana, “El proletariado español en armas”, daba cuenta de la intención del grupo por establecer una filiación ideológica con el rumbo que el socialismo español estaba tomando. Era una acción que no sólo buscaba legitimación frente a sus correligionarios, sino que permitía encontrar en la trayectoria del PSOE un posible ejemplo de acción política que –por lo menos en España– se mostraba exitoso: el triunfo de un grupo de izquierda en la conquista de la dirección partidaria. Celebrando la huelga, anunciaban “gloria a estos esforzados obreros, que bajo la dirección del Partido Socialista, se han propuesto la conquista del poder. La brújula de Marx lo llevará al derrotero ansiado: la Dictadura del Proletariado.”41

Las figuras de Largo Caballero y Araquistain pasaron a ser completamente reivindicadas por el grupo argentino como símbolos del auténtico militante socialista, “no corrompido por el virus del revisionismo” (Bizcarrondo, 1975: 4). Así, el grupo insistió en identificar sus propios combates en el interior del PS con el que aquellos desplegaban dentro del PSOE. Su posición frente la insurrección en Asturias fue definida como el accionar de un verdadero partido de clase, cuyo fin era la revolución para la toma del poder y la instauración del socialismo efectivo:

Es el movimiento socialista obrero de España uno de los sectores de la Internacional de más perfecta línea marxista […] mientras que los partidos socialistas del centro de Europa declaraban su fe infinita a la democracia reformista, el partido español aceptaba la insurrección armada […] No estancó jamás en sistema las prácticas, no fue reformista ni insurreccionista, fue marxista.42

Hasta avanzado el año 1935, la posición del grupo frente a la figura de Manuel Azaña continuaba siendo la de una condena taxativa. La crítica por comulgar con un programa considerado reformista estuvo dirigida, una vez más, a la propia dirigencia del socialismo argentino. En este sentido, afirmaban que “nos asombra que hoy haya todavía compañeros que ensalcen la personalidad de Azaña, cuando la masacre de Asturias se ha encargado de mostrar los efectos de haber colaborado mansamente en una coalición liberal”.43 De un tenor semejante fueron las acusaciones efectuadas a Julián Besteiro ante su ingreso a la Academia de Ciencias Morales y Políticas de España en 1934, realizado “en el mismo momento que centenares de obreros socialistas esperaban el fallo de los tribunales de la reacción española, y en que los cadáveres de muchos otros empezaban recién a fecundar el suelo sojuzgado”.44

Para los primeros días de 1935, Izquierda publicó una proclama por la formación de un “Comité Pro Libertad de Largo Caballero”, encarcelado luego de los episodios de octubre. Paulatinamente, se incrementaron las reproducciones de artículos publicados previamente en Leviatán. Establecidas las relaciones entre ambos emprendimientos, Izquierda funcionó como uno de los representantes del largo-caballerismo en la Argentina. Es importante señalar que fue Claridad. Revista de arte, crítica y letras. Tribuna del pensamiento izquierdista la publicación del ámbito de la izquierda argentina en la que aparecieron con mayor frecuencia artículos y colaboraciones de los escritores de Leviatán. En mayo de 1935 Sánchez Viamonte recibió una carta que Araquistain le enviara desde la prisión dirigida al Comité Editorial de Izquierda, de la cual era editor; publicada bajo el título “Una adhesión muy valiosa”, argumenta:

Mi estimado amigo y compañero, por casualidad ha llegado a mis manos el tercer número de Izquierda, que no conocía. Me parece una revista excelente. Tendrían ustedes la bondad de aceptar el canje con Leviatán. Mucho me agradaría que el grupo de Izquierda colaborase con Leviatán sobre tareas básicas de política argentina.45

Hacia mediados del año, el “cambio de rumbo” de la IC y su convocatoria a la formación de Frentes Populares para combatir al fascismo confluyó con una política que importantes sectores de la IOS venían impulsando; la formación de un Frente Popular se dio primero en Francia, en diciembre de 1935, y luego, en enero de 1936, en España. El cambio de rumbo del llamado “sector de izquierda” de la IOS, liderado por Otto Bauer y León Blum, amenazaba seriamente con una escisión y respondió, entre otros factores, al mencionado viraje táctico resuelto por el VII Congreso de la IC, de 1935. La estrategia de “clase contra clase”, sostenida desde el VI Congreso de 1928, daba paso a una nueva política de impulso a la formación de Frentes Populares.46 Así, los partidos comunistas tenían que dar una vuelta desde una táctica extremadamente sectaria hacia otra de gran amplitud, que les permitiese cambiar no sólo su condición de grupos de propaganda y agitación, y volverse partidos de masas (Caballero, 1987: 100). En una nota editorial que acompañaba la ponencia de Bauer sobre la conformación de dos tendencias político-ideológicas en la IOS y la necesidad de bregar por una política de alianzas con los comunistas, para hacer frente al fascismo –“Bloque de Derecha y Bloque de Izquierda”–, Izquierda evaluaba los cambios de posición en la IOS:

Dos hechos de gran importancia se han producido en el campo obrero y son: el fracaso del reformismo en Alemania y Austria y el movimiento arrollador hacia la unidad en Francia y España, donde faltó poco para derribar el poder burgués. Son hechos de tal resonancia, que han motivado en la IOS la formación del llamado bloque de izquierda, a cuya cabeza, Otto Bauer y León Blum se han transformado en abanderados de la necesidad de unificar las fuerzas políticas y gremiales proletarias y la imperiosa obligación para el proletariado mundial de defender la URSS de los ataques del imperialismo.47

Cabe señalar que luego de las resoluciones de la IC, desde las páginas de Leviatán Araquistain criticó la estrategia frente populista por no considerar las especificidades nacionales (Bizcarrondo, 1975, 358-359). De hecho, la Comintern tuvo que enviar como delegado a Jacques Duclos para conseguir convencer a Largo Caballero de que aceptase la formación del Frente Popular. Es importante destacar que el Frente Popular no fue sino una consigna que adoptó formas diversas, a partir de realidades muy diferentes.48

En la última fase de la revista se recogió la experiencia del grupo de izquierda del socialismo argentino. González Tuñón publicó un artículo auspiciando el socialismo revolucionario argentino, así como se reprodujo el escrito de Edelman, “Penetración imperialista y semidictadura en la República Argentina”, que sugería que la única solución política para la Argentina consistía en la imitación del ejemplo que estaba dando el socialismo español: forjar un Frente Popular.

En Izquierda el primer llamando a la formación de un frente político apareció en simultáneo con las resoluciones del VII Congreso de la IC. Se trata de una nota editorial titulada “La unidad de acción se impone en todo el país. El Frente Popular es una realidad”, en la que se celebraba el hecho de que las federaciones socialistas de las provincias de Tucumán, Entre Ríos, Mendoza y Santiago del Estero resolviesen armar comisiones a favor de consolidar un frente. En el mismo número Edelman publicó otro artículo sobre lo que ya se había convertido en la “cuestión de la unidad”; repasando la formación del único Frente Popular constituido hasta ese momento en Latinoamérica, la Alianza Nacional Libertadora, argumentaba:

Este movimiento hacia la unidad de acción, cuya necesidad imperiosa le reclama el avance de la reacción, ha tenido un impulso vigoroso en el frente único sellado en España, en el Frente Popular de Francia que ha logrado agrupar sobre la base de los partidos socialistas y comunistas a todas las fuerzas antifascistas y antiguerreras y en Sudamérica en la Alianza Nacional Libertadora del Brasil, cuya potencia aumenta diariamente.49

En noviembre de 1935, la Comintern lanzó en Brasil una aventurada insurrección militar liderada por el dirigente comunista brasileño Luis Carlos Prestes, capitán de la legendaria Columna Prestes.50 Izquierda definió esta experiencia como “el mayor movimiento de Frente Popular y el único que se conoce en la historia política del continente. Todas las fuerzas contrarias al fascismo y al imperialismo, todas las energías dispersas que luchan desde distintos sectores contra el gobierno, estrechan filas en la ANL”.51 Cabe señalar que, al analizar estos acontecimientos, Caballero (1987: 164) sostiene que la ANL desarrolló una evolución exactamente opuesta a los Frentes Populares de Francia, España y Chile puesto que la revolución de Prestes parecía contradecir prácticamente todas y cada una de las nuevas proposiciones políticas hechas por el Comintern.

El mismo artículo esgrime las razones que explicaban la necesidad de constituir un frente local; a la lucha contra el fascismo se le sumaba el otro gran argumento que sostenía la política frentista del grupo: el combate contra el imperialismo. Este posicionamiento va a contramano de un sentido común ampliamente difundido en la historiografía argentina, que durante muchos años –y abonada por las lecturas de corte militante – indicaba que el comienzo del abandono de las consignas antiimperialistas se inicia justamente con el llamado al Frente Popular. Priorizando la lucha contra el fascismo, el combate antiimperialista se relegaría. Sin embargo, estos militantes disidentes van a sostener que:

En nuestro país, su necesidad [la de un Frente Popular] es imperiosa. El gobierno representa los intereses imperialistas, prosigue su plan entregando los intereses de la nación al capital extranjero. Lesionados sus intereses inmediatos y a los trabajadores y junto con ellos, capas pequeño burguesas y hasta pequeños industriales se han unido para la lucha en común.52

El lugar que ocuparon en el socialismo las discusiones sobre la política de coaliciones es un elemento significativo para comprender el proceso de radicalización y disidencia en su seno. Los debates en torno a la conveniencia de llevar adelante una política de cooperación con otras fuerzas políticas, tanto con las consideradas burguesas como con el comunismo, fueron corrientes entre el ala izquierda y el oficialismo partidario durante los años treinta. La política de alianzas con otras fuerzas, especialmente el radicalismo, fue modificándose de acuerdo con los cambios en la coyuntura. Así, por ejemplo, cuatro años antes del llamado de Izquierda a la formación de un Frente Popular, la Alianza Civil consolidada entre el socialismo y el demoprogresismo despertó posiciones encontradas en el PS (Macor, 2001, 71-82).

En la Argentina, el cambio de rumbo de la IC y de parte de la IOS hacia el frentismo coincidió con el fin del abstencionismo radical, lo que dotó de renovados bríos al debate por el problema de las alianzas. Para los partidos opuestos al gobierno conservador se hacía claramente visible que la UCR era el único con las posibilidades concretas de derribar al oficialismo, lo que demostraba la utilidad del frentismo para aquellos que alentaban una lucha anticonservadora (Bisso, 2007, 85). Si bien el 1° de mayo de 1936 la UCR compartió el acto con el PS, el PC y el PDP, ello no implicó que el radicalismo estuviese dispuesto a ingresar en un frente con fuerzas políticas que le fueron históricamente hostiles y que no le significaban mayores ganancias electorales (Persello, 2004, 196-197).53 La relación de fuerza entre comunistas, socialistas y radicales explica las posiciones de cada uno de ellos ante esta estrategia. En su último número, Izquierda publicó una carta de Marianetti al CEN en la que sostenía que la primordial actividad del partido debía ser la de promover la nueva política frentista:

Yo sé que se me puede decir que los radicales no aceptan integrar un frente popular. Es posible que la dirección de ese partido se niegue a hacerlo. Pero es indudable que la masa radical no permanecerá impasible. Si la dirección radical se opone, nuestro partido tendrá un gran motivo de acción pública, mucho más popular que el de levantar tribunas para decir que los radicales son iguales a los conservadores. En las actuales circunstancias políticas y sociales del país y del mundo, la verdadera oposición no es la fórmula propugnada por la dirección de Solos contra todos, sino que debería ser: Unidos contra la Reacción.54

Consideraciones finales

Considerando los emprendimientos editoriales y la prensa partidaria, en particular, como una de las claves analíticas insoslayables a la hora de reflexionar sobre las particularidades de las culturas políticas argentinas en los años treinta, este estudio se centró en el examen de las tres publicaciones más significativas impulsadas por el grupo de izquierda del socialismo argentino, entre 1929 y 1935: Bandera Roja, Cauce e Izquierda. Como se mencionó, la posibilidad de convocar a potenciales camaradas de ruta, de organizar y difundir actividades de la más variada índole (desde mitines y acciones políticas y gremiales, hasta eventos culturales, deportivos y recreativos en general), así como la creación de nuevas instituciones, entre muchas otras opciones, convirtieron a este tipo de publicaciones en articuladoras privilegiadas de identidades políticas como ninguna otra herramienta político-cultural del período. En este sentido, su rol ha sido central para la cohesión interna de cualquier entidad política y es, principalmente, este plano el que se abordó en el presente estudio. El ejercicio se realizó a partir del análisis de las lecturas que los militantes de la disidencia socialista formularon sobre distintos temas de la situación internacional, articulando los planos prácticos del accionar político con sus fundamentaciones ideológicas.

La consolidación del grupo de izquierda se produjo en un contexto signado a escala internacional por el estallido de la crisis económica y los debates en torno al funcionamiento del capitalismo, el ascenso del fascismo, la consolidación del estalinismo, los cambios en las Internacionales socialistas y comunista y la conformación de Frentes Populares, entre muchos otros novedosos fenómenos. Por su parte, la realidad local se encontraba impactada por la crisis económica mundial y por los límites que presentaba la rentabilidad del modelo agro-exportador, la crisis político-institucional desatada con el primer golpe de Estado, un sistema electoral atravesado por prácticas proscriptivas y fraudulentas por parte del oficialismo y por la política de abstención de la UCR, entre otras cuestiones. Particularmente, dentro del PS se produjo una fuerte crisis institucional a partir de la escisión de los socialistas independientes y de la muerte de Justo. Ya en los años de 1930 el partido experimentaba un marcado crecimiento en su representación electoral durante el período de alejamiento del radicalismo de las urnas, fenómeno especialmente destacado en el interior del país. Factores todos, que en diferentes formas y medidas impactaron poderosamente en la formación del grupo y en la organización de su agenda política.

Una de las banderas más emblemáticas de estos militantes, en sintonía con la recuperación del Programa Máximo, fue la explicación del avance del fascismo por el fracaso de la aplicación de estrategias socialdemócratas: la llamada “prueba del error.” Denunciando la “ilusión del reformismo”, trazaron una línea causal entre reformismo y fascismo y llamaron a la toma del poder mediante una estrategia revolucionaria. Sobre esta cuestión se montó su reclamo por el “cambio de táctica”. El ala de izquierda denunciaba que la dirigencia aplicaba el programa justista sin contemplar las dramáticas transformaciones del contexto; incluso hacia 1934, importantes sectores de la propia IOS llamaban a rever la estrategia reformista. En este sentido, buscaron en la experiencia del socialismo español un referente político-ideológico con el cual medir sus propias acciones; atacándolo cuando consideraban que éste comulgaba con una estrategia reformista y reivindicándolo cuando entendieron que estaba realizando el mentado “giro revolucionario.” Cuando se sumen al llamado de la Comintern y de parte de la IOS por la consolidación de Frentes Populares, la justificación elegida –quizá más importante que la lucha contra el fascismo – será la batalla contra el imperialismo.

Este artículo finaliza en el año en el que la UCR levantó su política de abstención, lo que reorganizó nuevamente el mapa político del país. Los llamados para crear un frente político que incluyese tanto al radicalismo como al comunismo se inscribieron en este nuevo ciclo iniciado con el retorno de los radicales a la contienda y el incremento de las prácticas fraudulentas por parte del oficialismo. Las batallas institucionales dentro del socialismo por la redistribución de los cargos, junto con las demandas del grupo por la realización de una estrategia frentista que incluyese al comunismo, potenciaron las fuerzas centrífugas entre la disidencia y el CEN, preanunciando ya su retirada del partido.



Notas

1 Respecto del impacto que la creación del PSI produjo en el PS, Darío Macor destaca que el socialismo independiente fue el adversario más duro para el PS en el distrito capitalino, capaz de ofrecerle competencia no sólo en el terreno estrictamente electoral sino también en lo más profundo de la identidad partidaria (Macor, 2001).

2 Juan B. Justo fue uno de los organizadores del partido en su fase inicial. Consolidó el programa de acción política del socialismo con el “Programa Socialista del campo”, en 1901: el llamado programa justista. Si bien el predominio del núcleo partidario que rodeaba a Juan B. Justo fue muy temprano, este fenómeno tuvo un desarrollo conflictivo. Durante los años subsiguientes a la creación del PS se produjeron disputas y fracturas, y lo que José Aricó ha denominado la “hipótesis de Justo” se fue imponiendo, pero con reparos y dificultades (Aricó, 1999).

3 Si se aplica el esquema que propone Angelo Panebianco, el grupo de izquierda aquí analizado puede ubicarse dentro de la categoría de “tendencias” de un determinado partido político. Según aquel autor, las tendencias se caracterizan por poseer una cohesión interna lábil, ser fluidas y ser el fruto de agregaciones episódicas y discontinuas; se diferencian de las “facciones” por su grado de organización, que en el caso de las últimas implica la existencia de fuertes bases de poder propias y un cierto control del partido en cuestión (Panebianco, 1995: 149 y 203-211).

4 De las publicaciones socialistas existentes fuera del ámbito porteño, El Socialista fue el periódico de carácter provincial que circuló durante el plazo más prolongado. Cabe señalar que en su relato acerca de la experiencia de la radicalización, el diputado socialista y exmiembro del grupo de izquierda, Joaquín Coca, señala los siguientes emprendimientos periodísticos del grupo: Cauce, La Lucha, Izquierda y El Socialista, sin hacer mención alguna a Bandera Roja. Consultar: Coca, J. (1940), Quinta columna bolchevique, Buenos Aires: Talleres Gráficos Súper. Sobre la publicación mendocina La Lucha, el primer número de Izquierda efectuaba una única referencia a ella. En un breve pie de página se sostenía que habría dejado de publicarse “ante el anuncio de la publicación de Izquierda, ya que los compañeros editores de La Lucha han desistido de su publicación a los efectos de unificar energías a favor de nuestro movimiento”; ver Izquierda. Crítica y acción socialista, Nº 1, marzo de 1929, pág. 32.

5 Circunscripto a un reducido grupo a comienzos del siglo XX, el núcleo dirigente del PS se organizó en torno de la figura de Justo. Sus miembros, vinculados además entre sí por una cohesionada y compacta red de relaciones familiares, lograron controlar la estrategia partidaria al ocupar la mayoría de los cargos del CEN. Sus representantes más destacados fueron Enrique y Adolfo Dickmann, Nicolás Repetto, Mario Bravo, Jacinto Oddone, Américo Ghioldi, entre otros; luego de la aplicación de la Ley Sáenz Peña, las bancas socialistas en el Parlamento fueron ocupadas por muchos de los miembros de la dirigencia partidaria y este grupo pasó ser conocido como Grupo Parlamentario. Para esta dirigencia, la vía parlamentaria, y no la revolucionaria, se convirtió en la clave para la realización de las múltiples reformas contenidas en el Programa Mínimo.

6 Para el tratamiento de la prensa política partidaria consultar: Sarlo (1992). “Intelectuales y revistas: razones de una práctica”, en Le discours culturel dans les revues latino-americaines (1940-1970). París: Presses de la Sorbonne Nouvelle; Saítta, S. (2001). “Entre la cultura y la política: los escritores de izquierda”. En Cattaruzza, A. (Dir.). Crisis económica, avance del Estado e incertidumbre política (1930-1943). Nueva Historia Argentina, Tomo VII. Buenos Aires: Sudamericana; Lobato, M. Z. (2010). La prensa obrera. Buenos Aires: Edhasa; Martínez Mazzola, R. H. (2005). “El papel de la prensa en la formación del socialismo en la Argentina (1890-1912)”, ponencia presentada en el VII Congreso Nacional de Ciencia Política-SAAP. Córdoba y (2003). “De la Federación al Partido. El periódico El Obrero y los tempranos debates acerca de la relación entre lucha económica y lucha política”, ponencia presentada en el VI Congreso Nacional de Ciencia Política de la Sociedad Argentina de Análisis Político. Rosario; Anapios, L. (2011). “Una promesa de folletos. El rol de la prensa en el movimiento anarquista en la Argentina (1890-1930)”, en www.ncsu.edu/project/acontracorriente. Vol. 8. N º 2; Porrini, R. (2007). “La prensa periódica de la izquierda uruguaya (1919-1950)”, presentado en las IV Jornadas de Historia de las Izquierdas-CeDInCI. Buenos Aires, entre otros.

7 El 29 de octu­bre de 1932 la Junta Ejecutiva de la FSM envió una carta al CEN propo­niendo la celebración de un con­greso extraordi­nario, a fin de discutir el requerido cambio de táctica. En este contexto la revista Clari­dad dedi­có tres nú­me­ros a la difusión de una en­cues­ta sobre el tema, destinada a los llamados militan­tes activos del partido. La polémica encuesta se tituló “¿Debe cambiar de Táctica el Socia­lis­mo?” y apareció entre enero y marzo de 1933, en los números 261, 262 y 263. (Cattáneo, 1992).

8 Sobre Anuario Socialista (1899 - 1909), consultar los trabajos de Laura Eisner, quien analiza, entre otras cuestiones, el inesperado papel del género literario presente en una publicación política. Ver: Eisner, L. (2007). “El Anuario Socialista argentino como género editorial: una propuesta metodológica para el abordaje de publicaciones periódicas desde el análisis del discurso”, trabajo presentado en las IV Jornadas de Historia de las Izquierdas-CeDInCI. Buenos Aires y (2005). “Ilustración, modelo y testimonio en los relatos del Anuario Socialista argentino (1928-1936)”, Lenguaje Sujeto Discurso. Revista de los alumnos de Maestría en Análisis del Discurso. Facultad de Filosofía y Letras – UBA, Nº 1.

9 Cabe mencionar la existencia de otros dos emprendimientos editoriales que, en la Argentina, compartieron el nombre de Bandera Roja: el primero fue publicado en 1919 y su título completo era Bandera Roja. Diario de la Mañana. Perteneció al círculo anarquista rosarino. La segunda publicación, de marzo a julio de 1932, estuvo enmarcada en el ámbito de las publicaciones comunistas. Sin ser un órgano oficial del partido, se constituyó como un intento por continuar la censurada La Internacional. Su subtítulo fue Diario obrero de la mañana. Desde sus páginas se realizaron fuertes críticas a la “izquierda socialista.” Consultar: Doeswijk, A. L. (2000) “Entre camaleones y cristalizados: los anarco-bolcheviques rioplatenses, 1917-1930”. Tesis de Doctorado - Universidad de Campinas y (2000) C.T.A. Departamento de Cultura, Las hojas de la memoria. Un siglo y medio de periodismo obrero en la Argentina. Buenos Aires: Talleres Gráficos Manchita.

10 La Vanguardia, 23 de mayo de 1934, pág. 1.

11 Giúdici fue dirigente estudiantil reformista, Presidente del Centro de Estudiantes de Medicina de la UBA. A principios de los años treinta se convirtió en el Secretario General de la Federación Juvenil Socialista y en uno de los principales promotores de la conformación de un ala de izquierda dentro del PS. A partir de su expulsión, y ya como miembro del PC, fue Secretario del Comité de Ayuda a las víctimas del Fascismo y participó en varias publicaciones anti-fascistas. Militó en el comunismo y formó parte de su Comité Central hasta el año 1973, cuando presenta su renuncia sosteniendo la necesidad de conciliar una política frentista entre la “izquierda tradicional” y la “izquierda peronista”. Consultar: Giúdici, E. (1932) Ha muerto el dictador pero no la dictadura. Buenos Aires. s/e.; (1938) Doctrina y táctica socialista. Reformismo y marxismo, Buenos Aires, Claridad, 1932; Hitler conquista América. Buenos Aires: Acento; 1984 (1940) Imperialismo inglés y liberación nacional. Buenos Aires: CEAL y (1973) Carta a mis camaradas. Buenos Aires: Gránica, entre otras publicaciones del autor.

12 Marianetti fue legislador provincial en reiteradas ocasiones y entre 1934 y 1937 integró el CEN del PS, como representante de la minoría partidaria conformada por el grupo de izquierda. En 1937 impulsó la creación del PSO, del cual fue uno de sus dirigentes más saliente. En las elecciones generales de 1938 obtuvo 26.512 votos, la mayor cifra alcanzada por un candidato mendocino en su propia provincia (incluido el lencinismo). En 1942 fue electo senador provincial y convencional constituyente. A fines de ese mismo año, Rodolfo Ghioldi y Vitorio Codovilla viajaron a Mendoza para proponerle formalmente su ingreso en el PC, el cual acepta en 1943 desde la cárcel de Neuquén, a la que fue confinado luego del Golpe de 1943. Dentro del comunismo su figura obtuvo una destacada relevancia hasta el día de su muerte. Nicolás Guillén le dedicó el poema “Canción para Benito Marianetti, señor de los cerezos en flor”, de su libro de 1958 La paloma de vuelo popular.

13 Carlos Sánchez Viamonte fue militante de los grupos herederos de la Reforma Universitaria y un notable abogado constitucionalista. En la Convención Constituyente de la provincia de Buenos Aires de 1934, jugó junto a Nicolás Repetto un papel fundamental en la elaboración del proyecto de Constitución provincial presentado por el partido. Ver Herrera, C. M. (2001) “Carlos Sánchez Viamonte o el destino político de un jurista socialista”, Taller, Vol. 6, N º 17. Como miembro del PS, fue convencional en la Constituyente por la provincia de Buenos Aires en 1936, diputado provincial y, en 1940, diputado nacional por la Capital Federal. Fue miembro del CEN del PS hasta la gran división producida en julio de 1958. El sector minoritario socialdemócrata, llamado “de derecha”, conformó el PS Democrático (entre ellos estaban Nicolás Repetto, Américo Ghioldi y Jacinto Oddone) y la mayoría “socialdemócrata de izquierda” organizó el PS Argentino. Entre sus miembros se encontrarán el propio Sánchez Viamonte, Alicia Moreau y Alfredo Palacios.

14 En 1936 Sergio Bagú publicó Vida ejemplar de José Ingenieros, con la que alcanzó cierta notoriedad. Su oposición al gobierno de Perón lo llevó a irse del país. Hacia finales de los cuarenta orientó sus investigaciones hacia el campo de la historia económica. Durante cinco años ejerció como traductor en la ONU. Retornó a la Argentina con el derrocamiento del peronismo y fue nombrado profesor en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA; en 1960 fue electo para integrar el Consejo Superior. Fue editor de la Revista de Historia y uno de los fundadores del IDES, desde donde comenzó a publicar, en 1961, la revista Desarrollo Económico. Luego de “La noche de los bastones largos” se exilió de manera itinerante, hasta que en 1974 lo hizo de manera definitiva, en México, donde falleció en el año 2002.

15 A su retorno en 1939, Edelman escribió España contra el fascismo. Buenos Aires: JAEL. Las impresiones de este viaje y de la vivencia de la guerra pueden consultarse en el trabajo autobiográfico de Fanny Edelman (1996) Banderas. Pasiones. Camaradas. Buenos Aires: Dirple. En el proceso de disgregación del PSO se afilió al PC, en el que militó hasta sus últimos años de vida.

16 Juan Unamuno comenzó a militar en las Juventudes Socialistas. En 1934 fue electo concejal de la Ciudad de Buenos Aires. Con la escisión de 1937 fue designado primer secretario general del PSO. En 1939 Unamuno se encontró entre los militantes del PSO que, enfrentados a la fracción dirigida por Marianetti, reingresaron al PS. En este grupo se hallaban las figuras del diputado nacional por el socialismo y Secretario General de la Federación Gráfica Bonaerense, Luis Ramicone, Joaquín Coca y el concejal porteñ, Fortunato Zavala Vicondo. En 1945 fue uno de los fundadores del Instituto de Estudios Económicos y Sociales, que impulsaba un espacio de encuentro entre la izquierda y el peronismo. En 1948 fue denunciado en la prensa socialista como uno de los inspiradores de las protestas internas del PS, para provocar una escisión interna. Acompañó a los disidentes socialistas en sus encuentros con Perón y con el ministro del Interior, Ángel Borlenghi, con quien tenía una gran cercanía ya en los tiempos de su común militancia. Impulsó la segunda candidatura de Perón y trabajó por generar adhesiones de intelectuales al nuevo gobierno. En 1953, junto con un nuevo grupo de disidentes del PS (entre los que se encontraban Emilio Dikmann y el exmilitante del PSO, Saúl Bagú), fundó el Partido Socialista de la Revolución Nacional. Con el derrocamiento de Perón se retiró de la vida pública. Murió en Buenos Aires en 1973.

17 Joaquín Coca se incorporó al PS en 1917. Organizó la agrupación de obreros gráficos socialistas. Electo diputado nacional en 1924, se especializó en cuestiones relativas a la organización jurídica del movimiento obrero, y en particular promovió lla creación de tribunales de trabajo. En el plano partidario, se transformó en uno de los mayores críticos del “ala derecha” del PS, que culminará con la escisión de 1927. Su libro El contubernio sintetiza sus críticas al grupo y deja entrever también algunas diferencias con la organización del PS. Volvió a ser electo diputado por la ciudad de Buenos Aires en 1934 y formó parte del ala de izquierda. Integró la dirección del PSO; sin embargo, en 1939 atacó violentamente la “infiltración comunista” en las filas del nuevo partido. Terminó abandonándolo en agosto de 1939 y se reincorporó al PS. En 1945 se alejó del socialismo y, ya sin partido, se encuentra entre los primeros núcleos sindicales que apoyaron el trabajo del entonces coronel Perón, y que terminaron fundando el Partido Laborista. Formó parte de la lista de electores de la fórmula Perón-Quijano en las elecciones de 1946 y presidió luego el Colegio Electoral que los proclamó Presidente y Vicepresidente de la República. Con el peronismo en el poder, se dedicó esencialmente a una tarea publicista de apoyo al gobierno pero sin abandonar nunca las referencias socialistas. Murió en Buenos Aires en 1962. Sobre Coca, ver Corbière E. y Unamuno, M. (1985) Joaquín Coca: peronismo y socialismo en la Argentina, “Prólogo a J. Coca, Derecho burgués y derecho obrero (1929)”. Buenos Aires: CEAL.

18 En 1917, Mateo Fossa, que era un joven obrero tallista y militante socialista, abandonó el PS junto a los “internacionalistas” y se encuentra entre los fundadores del PS Internacional. Ya consolidado el PC, pasó a formar parte del grupo “izquierdista” que fue expulsado del partido, luego del III Congreso Ordinario de 1925. Estos militantes conformaron en 1926 el Partido Comunista Obrero (PCO) y sus miembros fueron conocidos como chispistas. En 1927, Fossa se convirtió en uno de los fundadores de la Liga Antiimperialista, hegemonizada por los chispistas. En 1930, disuelto el PCO, apareció vinculado a diferentes grupos trotskistas y reingresó en el PS, a su ala de izquierda. Con la escisión de 1937 llegó a ser candidato a diputado por el PSO. Al retornar de México se incorporó, casi inmediatamente, al Grupo Obrero Revolucionario de Liborio Justo. Luego de su paso por el PSO, y con la llegada del peronismo, Enrique Broquen transitó por un período de exilio en el Uruguay, en donde se afilió al PS uruguayo y nuevamente animó un ala de izquierda disidente en su interior. A mediados de los cincuenta retornó a la Argentina y participó del Partido Socialista Argentino, liderado por Alfredo Palacios. En 1964 participó del Movimiento de Unidad Socialista y con el Golpe de 1966 volvió a integrar el PSA, que en 1972 se fusionó con el Partido Socialista de los Trabajadores, del que fue su apoderado. Tras el Golpe de 1976 fue secuestrado y pasó un tiempo desaparecido. A fines de 1982 fue uno de los fundadores del Movimiento al Socialismo. Mantuvo una postura disidente dentro del MAS y entre 1984 y 1985 promovió la publicación de una nueva revista llamada Izquierda.

19 En la línea argumental de Aricó (1999), la original versión del socialismo planteado por Justo –adaptado a las condiciones específicas de un capitalismo agroexportador periférico – se iba a caracterizar por considerar que la participación política era un factor imprescindible en la transformación del Estado. Se esbozaba así la doble tarea para el partido: luchar por los intereses de clase de los trabajadores y conducir la vida política local hacia la constitución de partidos orgánicos. En esta sentido, Hernán Camarero y Carlos Miguel Herrera exponen una hipótesis que supone analizar la historia del PS como la de una saga de escisiones y fracturas internas causadas por esta suerte de “falla genética” situada en su carácter inestable y bifronte de su proyecto político. Ver: Camarero y Herrera (2005: 10).

20 En abril de 1917 la posición del PS frente a la guerra provocó una fractura que concluyó con la expulsión del grupo disidente. En enero de 1918 este fundó el Partido Socialista Internacional, que defendía una posición clasista y revolucionaria, directamente inspirada en el triunfo de la revolución rusa. En 1920 aceptó las 21 condiciones de la Internacional Comunista, y cambió su nombre al de Partido Comunista. Desde comienzos de los años veinte se fue conformando, especialmente entre las juventudes del PS, una nueva corriente disidente denominada “tercerista”, pues planteaba su adhesión a la Tercera Internacional. Este grupo fue expulsado y resolvió adherirse al PC.

21 Para 1931, la experiencia dictatorial llevada adelante por el General Uriburu se encontraba desgastada. Presionado para retornar a la normalidad institucional por los distintos partidos, la mayoría de los medios de prensa y, especialmente, por el influyente sector de altos oficiales reunidos en torno al general Agustín P. Justo, el gobierno ensayó una salida electoral. La contienda en la provincia de Buenos Aires, el 5 de abril de 1931, dio como vencedora a la UCR. A la anulación de los comicios le siguió el veto a la candidatura de Alvear –para las elecciones presidenciales de noviembre de ese mismo año –, y a esto último el radicalismo respondió con la implementación de la política de abstención, hasta 1935.

22 La idea de que el PS era básicamente un “partido municipal” tuvo entre sus expresiones académicas el trabajo de Alberto Ciria, Partidos y poder en la Argentina Moderna (1930-1946). Su quinto capítulo, “Partidos políticos, fuerzas políticas”, cuenta con el apartado “Un partido municipal y un partido provincial” para referirse al socialismo y al demoprogresismo (Ciria, 1975). Sobre la base del análisis de los resultados electorales, Nicolás Iñigo Carrera impugna esta cimentada imagen, señalando no sólo la variedad de distritos donde el PS logró hacerse de varios puestos sino también el crecimiento de agrupaciones y afiliados, así como la multiplicación de la prensa periódica partidaria y de publicaciones socialistas en general, que en dichos distritos florecieron (Iñigo Carrera, 2005).

23 Bandera Roja. Tribuna Marxista, Nº 4, junio de 1929, pág. 4.

24 Bandera Roja. Tribuna Marxista, Nº 3, mayo de 1929, pág. 2.

25Siguiendo a Andrés Bisso, si bien es posible establecer una filiación directa entre la lucha del comunismo con la del antifascismo –caracterizándolo como un movimiento internacionalista, revolucionario, antiimperialista y anticapitalista –-, también es necesario considerar su carácter principalmente preservador de la nacionalidad, de la defensa de la civilización, la modernidad y las instituciones democrático-liberales. Consultar: Bisso, A. (2007: 56).

26 Bandera Roja. Tribuna Marxista, Nº 2, abril de 1929, pág. 1.

27 Cauce. Órgano de la izquierda socialista, Nº 7, mayo de 1934, pág. 1.

28 Cauce. Tribuna del pensamiento marxista, Nº 1, septiembre de 1933, pág. 5.

29 Izquierda. Crítica y acción socialista, Nº 1, octubre de 1934, pág. 5.

30 Otto Bauer, Max Adler, Karl Renner, Friedrich Adler y Rudolf Hilferding fueron las figuras más destacadas del socialismo austríaco.

31 Izquierda. Crítica y acción socialista, Nº 1, octubre de 1934, pág. 15.

32 Avance. Semanario de los trabajadores, septiembre de 1937, pág. 3. Esta cita se recupera del estudio de Cattaruzza (2005:15).

33 Bandera Roja. Tribuna Marxista, Nº 2, abril de 1929, pág. 2.

34 Bandera Roja. Tribuna Marxista, Nº 1, marzo de 1929, pág. 2.

35 Bandera Roja. Tribuna Marxista, Nº 3, mayo de 1929, pág. 2.

36 Respecto del llamado “giro revolucionario” del sector mayoritario del PSOE, Santos Juliá (1985: 108-109) sostiene que la mentalidad revolucionaria proviene de la tradición del sindicalismo societario y no de la política socialdemócrata; Huelga General, acción política republicana y conspiración militar componen el trípode revolucionario de 1934.

37 Cauce. Órgano de la izquierda socialista, Nº 6, marzo de 1934, pág. 6.

38 La publicación Leviatán. Revista mensual de hechos e ideas fue dirigida por Luis Araquistain, desde 1934 hasta 1936. Sobre la trayectoria de Luis Araquistain, especialmente durante el período de radicalización del PSOE, ver: Bizacrrondo, M. (1975: 141).

39 Cauce. Órgano de la izquierda socialista, Nº 8, 23 de mayo de 1934, pág. 8 (el destacado es original).

40 Cauce. Órgano de la izquierda socialista, Nº 7, 1 de mayo de 1934, pág. 7.

41 Izquierda. Crítica y acción socialista, Nº 1, octubre de 1934, pág. 1.

42 Izquierda. Crítica y acción socialista, Nº 2, noviembre de 1934, pág. 5.

43 Izquierda. Crítica y acción socialista, Nº 2, noviembre de 1934, pág. 5.

44 Izquierda. Crítica y acción socialista, Nº 6, junio-julio de 1935, pág. 6.

45 Izquierda. Crítica y acción socialista, Nº 5, abril-mayo de 1935, pág. 9.

46 Sobre los frentes populares, Caballero (1987: 100) sostiene que los partidos comunistas tenían que dar una vuelta desde una táctica extremadamente sectaria hacia otra de gran amplitud, que les permitiese cambiar no sólo su condición de grupos de propaganda y agitación y volverse partidos de masas.

47 Izquierda. Crítica y acción socialista, Nº 5, abril-mayo de 1935, pág. 1 (el destacado es original).

48 Siguiendo el análisis de Gabriel Pere para el caso español, lo que se observa son “alianzas que pretenden la reconstrucción del movimiento popular y, en muchos sentidos, la nacionalización de la política revolucionaria y no una universalización de la revolución”. Pere, G. 2006. “Contexto internacional y Frente Popular”. Barcelona: Papeles de la FIM, Nº 24 – segunda época, primer semestre, 28.

49 Izquierda. Crítica y acción socialista, Nº 7, agosto-septiembre de 1935, pág. 22.

50 El gobierno de Getulio Vargas reprimió rápidamente la insurrección y apresó a Prestes y a sus otros dos organizadores: los dirigentes comunistas Rodolfo Ghioldi y Arthur Ewert, de Argentina y Alemania, respectivamente. Ghioldi se convirtió, junto con Prestes, en uno de los mártires más destacados con los que contó la insurrección; pasó largos años recluido en la remota cárcel de la isla de Fernando de Noroña, ubicada en el noroeste brasileño.

51 Izquierda. Crítica y acción socialista, Nº 8, octubre de 1935, págs. 27-28. Al analizar estos acontecimientos, Caballero (1987: 164) sostiene que la ANL desarrolló una evolución exactamente opuesta a la de los Frentes Populares de Francia, España y Chile, puesto que la revolución de Prestes parecía contradecir prácticamente todas y cada una de las nuevas proposiciones políticas hechas por el Comintern.

52 Izquierda. Crítica y acción socialista, Nº 7, agosto-septiembre de 1935, pág. 23.

53 Ana Virginia Persello analiza cómo, una vez que la UCR resolvió levantar la abstención, el tema de las alianzas con otras fuerzas políticas se constituyó en una de las fuentes de tensión interna. La oposición a los pactos electorales había sido uno de los elementos identificativos del radicalismo. Sin embargo, en la práctica nunca los impidió y en los años treinta “las alianzas se sustentaron, aunque no siempre públicamente” (Persello 2004: 196)

54 Izquierda. Crítica y acción socialista, Nº 9, noviembre-diciembre de 1935, págs. 7-8 (el destacado es original).

 

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Fecha de Recibido: 16 de septiembre de 2016
Fecha de Aceptado: 30 de octubre de 2016
Fecha de Publicado: 14 de octubre de 2016


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