Editorial. vol.17, Nro.1 (2017)

2017-07-13

Anuario del Instituto de Historia Argentina. Balance de 16 años

Apenas transcurrieron 17 años desde aquel momento en que con Claudio Panella decidimos conversar con Fernando Barba, entonces director del extinto Instituto de Historia Argentina de esta Facultad, con el objetivo de armar una publicación. No teníamos muy claro qué tipo de publicación, sí sabíamos que queríamos -como tantos otros- dar a conocer nuestros trabajos  dentro del ámbito académico.

Claudio Panella acababa de defender su tesis de doctorado y yo estaba en proceso de finalización de la mía. Los proyectos de incentivos, las urgencias laborales, los congresos y la necesidad de hacernos un lugar dando a conocer nuestras investigaciones estaban dentro del objetivo propuesto. Conversando entre los tres surgió la idea de un libro intercátedras pero luego, con el sueño de tener una publicación periódica, tomó forma la propuesta de crear un Anuario. Era un período en el que las revistas científicas todavía no habían ocupado el ciberespacio e Internet estaba ganando el suyo, por ello, además del trabajo de edición teníamos que conseguir recursos para imprimir la revista. Así fue que con recursos salidos de nuestros bolsillos y la generosidad de Fernando Barba (que desde ese momento dedicó los subsidios automáticos del proyecto de Incentivos que él dirigía a la edición de los Anuarios) pudimos publicar el primer número en el año 2000. Ese volumen estaba compuesto por ocho trabajos de investigación de profesores de nuestra Universidad, Fernando Barba aportó lo suyo con dos artículos de su autoría sobre la historia política de comienzos del siglo XX. El Anuario número 1 circuló modestamente y fue distribuido mano a mano casi con una clandestinidad masónica, sin embargo y a pesar de las dificultades pudo llegar a los repositorios donde queríamos que estuviera presente.

En las palabras preliminares de esa primera edición Fernando Barba anunciaba: Es intención de quien esto escribe, promover a través de esta publicación a los jóvenes historiadores que, como tales, traen a la palestra nuevos asuntos tratados desde las más diversas perspectivas y con variadas interpretaciones ya que en ellos se percibe que temas del pasado y de la cultura están estrechamente vinculados a sus más nobles preocupaciones.

            El tiempo fue transcurriendo y el Anuario, como sus jóvenes investigadores (hoy ya no tan jóvenes), fueron madurando y creciendo. Al mismo se le fueron incorporando, dossiers con amplia temática y coordinados por destacados historiadores. También en los últimos años (gracias a su digitalización), el Anuario salió editado en dos volúmenes semestrales. La política llevada a cabo desde la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación permitió que tomara poco a poco, un cuerpo editorial, evaluadores externos e internos y, a partir de su  edición on line, fue ganando su lugar en la mayoría de los referentes donde está indizado. Fue evaluado por el Núcleo Básico de Revistas Científicas Argentinas y el Catálogo Latindex, Está indizado en Dialnet, REDIB, DOAJ, EBSCO, GALE, la Red de Bibliotecas Virtuales de CLACSO y está incluido en Journals & Autors. Desde el número 13 el Anuario pasó a ser publicado solamente en formato digital.

            En este largo trayecto la estructura de investigación de la Facultad de Humanidades se transformó, creándose el Instituto de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales, al tiempo que los cambios en la normativa de la UNLP nos llevaron a la transformación de nuestros viejos centros de investigación para incluirnos en las nuevas pautas. Así, el Instituto de Historia Argentina, se fusionó con el Centro de Historia Americana Colonial y el Centro de Historia Rural creando el CHAyA, Centro de Historia Argentina y Americana que nos nuclea y del que depende hoy nuestro Anuario, que sigue conservando su vieja nominación aunque el Instituto de Historia Argentina no exista más.

            Esta nueva estructura, acorde a los tiempos que corren dentro del ámbito académico, nos ha llevado a construir grupos de gestión plurales y con periodicidad en sus cargos, de este modo el Anuario pasa en este nuevo período a tener un staff de renovación trianual, así garantizaremos pluralidad en su manejo y renovación en su estructura de trabajo ampliando la participación de colegas de la casa tanto como aquellos que nos acompañan desde otras universidades en el Comité Académico.

En este nuevo ciclo de tres años estaré a cargo de la dirección del Anuario. El mismo seguirá ampliando su temática a través de dossier, artículos evaluados y reseñas bibliográficas. La política editorial tendrá como prioridad destacar a los jóvenes investigadores sin descuidar la excelencia, como se ha mantenido a través de los años.

Hoy Fernando Barba deja la dirección. El espacio vacante que se genera va a ser difícil de ocupar ya que desde el inicio de la revista su presencia constante y lúcida, su consejo adecuado y pertinente y su inquietud por los temas abordados en cada número llevarán siempre su impronta. Va de este modo nuestro agradecimiento por su apoyo, su iniciativa y fundamentalmente por su generosidad, porque sin él este camino tal vez no se hubiera transitado.  

No puedo dejar de mencionar también a Claudio Panella, quien recorrió la primera etapa de la revista con sumo esfuerzo, poniéndose al hombro la tediosa tarea de la edición e impresión, buscando presupuestos y calidad cuando no teníamos los recursos suficientes para la edición en papel. A la Facultad de Humanidades por su apoyo constante y crucial en la  distribución y canje para que la revista se hiciera visible dentro de los lugares necesarios en los tiempos del papel impreso y hoy desde la ventana digital. Guillermo Banzato, Cecilia Rozemblum y su equipo de trabajo son los pilares Fundamentales para que esto funcione. 

Diego Citterio tuvo mucho que ver durante unos cuantos años para que el Anuario estuviera en la calle y al día. Su trabajo fue tenaz y constante de forma totalmente desinteresada y generosa dedicando a él muchas horas de su valioso tiempo mientras elaboraba su propia tesis de doctorado. Para Diego nuestro mayor agradecimiento y el mejor de los recuerdos por los gratos momentos vividos en el octavo piso de la vieja Facultad.

Actualmente el grupo editorial tiene su apoyo en gente que también pone mucho de sí para que el Anuario siga creciendo. Todo ello sería imposible sin el trabajo de Julián Carrera, Andrés Stagnaro, María Cecilia Oyarzábal y Sol Calandria, quienes siempre están dispuestos a trabajar cuando se hace imprescindible la tarea.

A todos, a los de ayer y a los de hoy, inmensas gracias por esta realidad.

EMIR REITANO